La recuperación fue mejor de lo que esperaba. Después del ataque de Erick en el auto, Kolt y Alfred me trataban entre algodones, casi como si fuera de un frágil y delicado cristal. Le habíamos mentido a mi madre, diciéndole que solo había tenido una caída y me había torcido el pie. Aunque su preocupación no disminuyó en lo absoluto. Mi madre llamaba constantemente, tanto a mí como a Kolt, para asegurarse de que estuviera bien. Kolt, con su paciencia característica, hablaba con ella, asegurándole que me estaba cuidando. También hablé con Dan y con Zara, mi hermano no se creyó demasiado lo del pie pero a Zara le dije la verdad e insistió en que debían meter a la carcel al bastardo de Erick, pero yo necesitaba despejarme. A quién quería engañar, la realidad era que aún no estaba preparada par

