Mi corazón latió con fuerza contra mi pecho. Sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, envolviéndome en una mezcla de sorpresa y emoción. Lo miré a los ojos, esos ojos que siempre parecían leerme como un libro abierto, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que todo a mi alrededor desaparecía. —¿Qué dices, zanahoria? —insistió con una sonrisa ladeada, pero su voz reflejaba un atisbo de nerviosismo. Abrí la boca para responder, pero no encontraba las palabras. ¿Cómo había pasado esto tan rápido? Hace apenas unos minutos estábamos discutiendo y ahora él estaba aquí, mirándome con tanta intensidad, esperando mi respuesta. Tragué saliva y me humedecí los labios antes de susurrar: —Sí… quiero ser tu novia. Apenas terminé de decirlo, una sonrisa triunfante iluminó su rostro. Sus ma

