Esa noche, Dan me llamó. Notaba en su voz preocupación. Me asusté pensando que algo le había pasado al zanahorio, pero él borró ese mal pensamiento enseguida. —Estoy preocupado por ti, tonta. ¿Qué pasó? Quiero la verdad. —Te conozco y te vas a poner como loco si te la cuento. —Te prometo que me controlaré. —¿Promesa de dedo meñique? —Sí, ahora mismo estoy levantando mi dedo meñique. Me reí imaginándolo hacer eso y, suspirando, le conté la verdad: —Me drogaron e intentaron abusar de mí. A diferencia del escándalo que me esperé que Dan hiciera, lo que vino fue silencio. Un silencio que me preocupó. —¿Estás bien? —pregunté cuando no dijo nada. —¿Tú estás bien? —Sí, Everett me salvó. —Adoro a ese tipo, hoy definitivamente se volvió mi persona favorita. Sonreí emocionada. —Yo tamb

