El auto continuaba su curso, y a través del vidrio, el paisaje cambiaba de forma casi imperceptible. La ciudad había quedado atrás, sustituida por un tapiz de árboles y campos abiertos, donde la penumbra se mezclaba con la luz moribunda del atardecer. Cada árbol parecía recordarme que estábamos dejando atrás no solo un lugar físico, sino también un pasado lleno de promesas incumplidas. De repente, mientras mis ojos recorrían la cambiante silueta del bosque, algo llamó mi atención. Al final de la carretera, emergiendo lentamente de entre la espesura, se alzaba una estructura majestuosa y sorprendentemente imponente. Era una mansión, tan imponente y bella que parecía haber surgido de otro tiempo. —Guau... —solté sin poder evitar la exclamación, completamente absorta ante la visión. Él, no

