― No, papa, no pienso divorciarme de Guillermo ― respondió Salomé un tanto temerosa, pues ella empezaba a enamorarse de Guillermo
― No tienes que temer hija, es lo mejor para todos, es lo mejor para ti, para que no tengas que soportar a ese tirano que te hace la vida miserable ― le dijo Rafael haciendo que ella solo negara con la cabeza, pues la idea de separarse de Guillermo Altamirano le estaba matando.
― Ese tirano como tú lo llamas es mi esposo padre, perdóname, pero no me voy a separar de, él ― hablo Salomé decidida le daba miedo contradecir a su padre, pero por primera vez tenía que defender su amor, ese amor que estaba sintiendo por él.
Su padre se fue molesto, Salomé se sentía mal por contradecirlo, pero no estaba dispuesta a dejar a Guillermo Altamirano llámenla loca, pero se había enamorado de su propio verdugo sin saberlo, ella quien quería hacerle la vida miserable ahora estaba más enamorada que nunca.
Guillermo escuchó toda la conversación, sabía que el señor Rafael lo odiaba y como no hacerlo si se comportó como un patán, como un tirano o mejor dicho una bestia sin sentimientos que solo buscaba sus propios intereses, él también se había enamorado de su esposa por contrato fue algo tan de repente tan de pronto que ni el mismo sabe cómo explicarlo con sutileza entro a la cocina donde Salomé estaba parada se veía como un ángel asustado quien se sobresaltó al verlo.
― Dios Guillermo, me causaste escalofríos ― le dijo Salomé llevándose una mano en el pecho.
― Lo siento, creo que la silla de ruedas no es la mejor aliada para esconderse ― Hablo Guillermo tratando de aligerar el momento o que ella se sintiera menos tensa. ― Escuche lo que hablabas con tu padre, si deseas divorciarte de mí que entenderé no puedo obligarte a que te quedes conmigo por obligación ― le dijo Guillermo haciendo que ella se arrodillara quedando a la altura de su esposo.
― No pienso divorciarme ― respondió Salomé Tajantemente.
― Porque no Salomé, yo soy un tirano que lastime de todas las formas posibles, no puedo obligarte a que te quedes conmigo ― le dijo Guillermo acariciando su mejilla.
― No me estás obligando a nada mi amor, yo quiero quedarme contigo ― hablo Salomé acercándose a él.
― Tengo miedo de que te separes de mí ― le respondió Guillermo con los ojos brillosos.
― Eso no sucederá mi amor ― le respondió Salomé acariciando la mejilla de Guillermo, quien sonríe y sin decirle más la besa, si el beso era un beso tierno, sin prisas a pasos contaditos solo quería los labios de él.
Guillermo tenía miedo de todo lo que los separaba, pero ambos estaban consientes de luchar por su amor a pesar de todos los obstáculos que se estaban avecinando mientras que Aarón caminaba en un parque de la ciudad de Hong Kong, necesitaba pensar en todo lo que le estaba pasando en la empresa en Margaret que no hacía otra cosa más quedarse con la empresa, pero también pensaba en aquella chica que le parecía realmente extraña que parecía un espejismo, pero a la vez tan real que se estaba enamorado de ella...
― Porque no puedo olvidarla ― pensaba Aarón mientras se pasaba las manos por su cabello era más que obvio que necesitaba ordenar sus
pensamientos.
Esos pensamientos que por ahora estaban perdidos, por lo que camino por las calles frías de Hong Kong tenía que despejar su mente yendo a su restaurante preferido pidiendo su comida favorita y por su puesto su copa de vino leyendo ese libro que estaba en su maletín cuando de pronto una chica se sentó al lado de Aarón acariciando una copa de vino que ella tenía.
― Me pregunto que hace un tipo tan guapo solo en este restaurante ― hablo la chica viendo y acariciando su copa de vino.
― Me gusta estar solo ― hablo Aarón sin quitar la vista de su libro.
― Te digo algo, también aprecio mi soledad, creo que a veces es la mejor compañía ― hablo la chica tomando de su copa de vino.
― Creo que pienso lo mismo ― hablo Aarón tratando de sonreír.
― Mucho gusto soy Jeanette ― respondió la chica extendiendo su mano esperando ser correspondida.
― Aarón ― hablo él extendiendo su mano sonriendo dulcemente esa chica parecía tener algo en común con ella.
― Me parece que como si esto lo hubiese vivido antes ― comento Jeanette sonriendo.
― ¿Por qué lo dices? ― hablo Aarón tratando de sonreír.
― No sé, sí que pase lo mismo, pero siento que esto lo he vivido ― respondió la Jeanette sonriendo.
― Pienso lo mismo ― hablo Aarón sonriendo.
Dijo mirándola a los ojos esos ojos que a ella le gustaban, estaba naciendo una bella amistad o a lo mejor una relación que solo el destino lo dirá, pasaron los días y ambos seguían viéndose, se acompañaban a leer y también iban a los restaurantes más tranquilos, aunque no se pudiera sacar de la cabeza a Salomé que en el fondo esperaba verla de nuevo.
Mientras que Guillermo iba a la empresa, había empezado a trabajar en otro lado que no fuese su casa, por las noches se acercaba a la niña y la cuidaba como si fuese un tesoro, el cual no quería perder a Salomé, todos los días le daba una rosa la consentía como si fuese una muñeca de porcelana, pues su corazón ya le pertenecía a él.
Al día siguiente Guillermo ordeno que prepararan el desayuno, quería que ese desayuno fuese especial, por lo que el mando a comprar un hermoso ramo de peonias que eran las favoritas de Salomé, por lo que fue a despertarla quién estaba en un profundo sueño él acarició la espalda de Salomé por lo que ella sonríe tiernamente.
― Guillermo ― hablo Salomé sonriendo.
― Vi la mujer más hermosa, dormida ― hablo Guillermo sonriendo dulcemente.
Ella sonreía al ver que Guillermo era literalmente otra persona, ya no aquel tirano que era un ogro, era otra persona, el amor lo estaba cambiando para bien.
Bajaron a desayunar mientras que Rafael se había ido a desayunar con Isabela, la chica que de verdad lo estaba volviendo loco aún estaba enojado con su hija al saber que no podía hacer nada por separarla de ese hombre, el cual aborrecía.
― Hola ― dijo Isabella sonriendo un poco.
― Hola ― hablo Rafael tratando de sonreír.
― Por qué tan serio ― hablo isabela tratando de saber que era lo que tenía.
― Mi hija está casada con un tirano ― respondió Rafael tomando su café. ― Trato de separarla de, él, pero no se puede es como si estuviese cegada ― le dijo Rafael se oía nervioso, pero también preocupado por su hija.
― Muchas veces el amor es así que hace cegar, que hace encaprichar, pero tal vez nosotras tenemos la esperanza de que él cambie ― respondió Isabella, pues ella también se había enamorado.