Aquel beso que Salomé se había dado con Guillermo la había dejado aturdida su convivencia con él era de lo más insostenible muchas veces quiso irse de este lugar huir lejos a donde fuera solo quería y anhelaba un momento de tranquilidad la que ahora no tenía o mejor dicho que le fue robada por el señor Guillermo Altamira no mientras que él se había ido al estudio tocándose los labios los besos de ella eran salvajes, pero a la vez eran fuego ternura se pasaba las manos por su cabello nuevamente convirtiéndose en una noche larga y de angustia para ambos, ya que los dos no querían enamorarse él por miedo a traicionar a su esposa fallecida y ella porque según le tenía repulsión y odio.
Mientras que María veía que ambos querían enamorarse, solo que no lo querían aceptar, puesto que los padres de Guillermo habían llegado después de un largo viaje, pues querían visitar a su hijo y a su nieta tocando la puerta de la casa abriendo María.
― Bienvenidos a casa, señora Clara y señor Miguel ― decía María dándole la bienvenida a los padres de Guillermo.
― Hola, ¿cómo está, Guillermo? ― preguntaba Miguel un tanto preocupado, sin embargo, le tenía confianza absoluta a María.
― Sigue con la depresión, señor Miguel ― decía María un tanto preocupada. ― Si me permite decirle el señor Guillermo necesita de apoyo familiar, él no está bien emocionalmente después de todo lo que ha pasado, no se siente bien consigo mismo ― hablo María haciendo que Clara agarrara del brazo a su marido, quien le da una mirada que todo estaría bien, pero no era así, ya que de pronto escuchan un golpe haciendo que se sobresaltaran.
― ¿Dios mío que ha sucedido? ― pregunto Clara un tanto asustada.
― No se vaya al estudio de mi hijo, yo creo que fue un objeto que el tiro ― decía Miguel tratando de sonreír yendo al estudio de su hijo llevándose la peor sorpresa de toda su vida, Guillermo se había cortado las venas mientras que la foto de su esposa estaba llena de sangre aquella escena sorprendió a su padre por lo que fue a ayudarlo cargándolo para llevarlo al hospital más cercano, ya que estaba perdiendo muchísima sangre.
― ¡Por Dios mi hijo! ― gritaba Clara haciendo que Miguel llevara a su hijo al auto.
― No llores mujer, tenemos que actuar de emergencia ― hablo Miguel manejando con brusquedad, por lo que María fue de inmediato a avisar a Salomé que estaba tratando de tomarse un té para los nervios.
― Señora Salomé, que bueno que la encuentro algo muy grave está sucediendo ― dijo María haciendo que ella se sobresaltara un poco.
― Por Dios, María, ¿Qué sucede? ― preguntaba Salomé un tanto sobresaltada y desconcertada.
― El señor Altamirano ― Hablo María asustada.
― ¿Qué sucede con el señor Altamirano? ― preguntaba Salomé un tanto nerviosa, no entendía qué estaba pasando.
― El señor Altamirano trato de quitarse la vida ― hablo María nerviosa, por lo que Salomé deja caer la taza donde contenía se te para los nervios.
― Dios mío Guillermo ― susurro Salomé asustada y desconcertada. ― Cuida a la niña iré con Guillermo ― respondió Salomé, dejando a la niña encargada bajando rápido las escaleras, encontrándose con la madre de Guillermo.
― ¿Quién es usted? ― preguntaba Clara un tanto confundida, por lo que ella se quedó callada, no sabía qué decir si decir que era su prometida o bien solo la niñera.
― Soy la niñera de la hija de Guillermo ― hablo Salomé suspirando, no quería decir que era su prometida por contrato.
― Mucho Gusto como verás Guillermo está muy mal ― hablo su madre haciendo que ella llorara.
Sin embargo, Salomé sintió horrible al saber que Guillermo estaba muy mal en el hospital y por muy ridículo que sonara, ella quería llorar, quería odiarlo, quería aborrecerlo, pero no podía, se sentía una tonta por ser buena persona con el cuándo no se lo merecía sin decir nada fue al hospital al llegar ella se quedó en la sala de espera con el padre de Guillermo una parte de ella quiso verlo y estar con él y la otra quiso odiarlo y aborrecerlo.
Después de largas horas Salomé por fin pudo ver a Guillermo al entrar, le dio un poco de ternura, se veía tan tranquilo, tan sereno como si no pensara en nada o mejor dicho como si él no sufriera en nada como si no llorara por su esposa que estaba muerta por esa familia que había visto morir se quedó con el cuándo de pronto despierta mirándola un poco confundido y desconcertado.
― Salomé ¿Qué haces aquí? ― preguntaba Guillermo haciendo que ella tartamudeara un poco.
― Yo quise... ― no sabía qué decir Salomé.
― ¿Qué has querido? ― pregunto Guillermo mirando a Salomé.
― Quise saber cómo seguía ― hablo Salomé por fin escondiendo sus nervios.
― Ya lo ves, estoy muy bien, ahora vete, quiero estar solo ― respondió Guillermo de mala manera.
― Es increíble que ni en el hospital dejes tu amargura ― hablo Salomé un tanto molesta. ― Su madre está preocupada por usted, su padre igual no se da cuenta de que tiene una pequeña por la cual luchar una familia que lo ama ― respondió Salomé enfrentando a Guillermo.
― Cállate Salomé, no sabes nada de mi vida ― grito Guillermo furioso.
― Lo único que se esté usted está desperdiciando su vida en el dolor y no se da cuenta de que su hija lo necesita ― respondió Salomé haciendo que él negara con la cabeza, ya que él no quería escuchar razones.
― ¡Te pido que te vayas lárgate! ¿No escuchaste lárgate? ― dijo Guillermo, alterado por lo que ella no se quería ir.
― Lo siento, pero no me iré, me quedaré ― contesto Salomé con los brazos cruzados.
― ¡Te dije que te largaras! ― gritaba Guillermo furioso.
Por lo que ella se negaba a irse y decide quedarse en el sillón haciendo que él solo se quedara callado, odiaba que Salomé fuese tan necia, aunque por dentro él adoraba esas peleas absurdas que tenían, sin embargo, se sacude la cabeza, pues él no quería enamorarse...
Salomé lo cuidaba, aquella mujer necia e irritable no quería irse de su lado, Guillermo la miraba molesto, quería hacerle la vida imposible, pero no podía.
― aunque no quieras, me quedaré, aunque me ignores, aquí estaré ― hablo Salomé haciendo que él volteara la mirada, no quería verla, no quería decirle que quedo desbastado, no quería mostrarse débil ante ella...
La noche pasaba, Guillermo finalmente había quedado dormido, ella lo miraba, se puso de pie físicamente, él no era mal parecido al contrario, era apuesto, sus ojos rasgados, su expresión era dura, pero por todo lo que había pasado quiso acariciarle su cabello, pero no pudo simplemente se dedicó a mirarlo... hasta que por fin ella se decide a acostarse queriendo dormir cuando de pronto Guillermo empezaba a gritar pidiendo un poco de ayuda haciendo que ella fuera con él.
― Mi amor no te vayas por favor― decía Guillermo dormido. ― Mi amor despierta ― hablaba Guillermo sin poder abrir los ojos haciendo que Salomé se quedara mirándolo trato de despertarlo, sin embargo, ella decide hacerse pasar por su esposa.
― Aquí estoy mi amor, no estás solo ― respondió Salomé haciendo que Guillermo le agarrara de las manos.
― Tengo miedo de que me dejes a la deriva, tengo miedo de que me abandones ― hablo Guillermo asustado aun sin abrir los ojos, por lo que ella le da un beso en la frente tratando de calmarlo.