¿ ― Tengo miedo de que me dejes a la deriva, tengo miedo de que me abandones ― hablo Guillermo asustado aun sin abrir los ojos, por lo que ella le da un beso en la frente tratando de calmarlo.
Guillermo era como un niño, un niño pequeño que necesitaba cariño y comprensión, él había pasado por cosas demasiado fuertes, perdió a su familia, a su esposa, tanto era su dolor que parecía morir en vida, ella le acariciaba su frente tratando de calmarlo de hacerle saber que todo estaría bien, aunque parecía no estarlo más tarde su madre entra a visitarlo cuando ve a Salomé cuidándolo y no solo eso sino también el anillo de compromiso que tenía en su mano sorprendiéndola aún más.
― Usted es ― dijo su madre haciendo que Salomé la interrumpiera un poco.
― Si soy la prometida de Guillermo ― hablo Salomé, dejando a su suegra un tanto desconcertada.
― ¿Pero ¿cómo? Guillermo no me ha dicho nada ¿Cómo es eso posible? ― preguntaba su suegra desconcertada, pues no sabía el porqué su hijo se había comprometido de una manera muy abrupta.
― Cuando Guillermo despierte él, le contará mejor ― hablo Salomé tratando de sonreír, por lo que ella solo asiente, pues no era ni el momento ni el lugar de preguntar el porqué su hijo se había comprometido de una manera muy rápida.
La noche había pasado muy larga, Salomé lo cuidaba mientras que los padres de Guillermo estaban en la sala de espera esperando que su hijo despertara y llevarlo a terapia para que pudiese recuperarse de la muerte de su esposa y de sus hijos, aunque sabía que ese sería un dolor que jamás se acabara.
Al día siguiente Guillermo fue dado de alta mientras que Salomé lo ayuda a ponerle su ropa, al principio él no quería ayuda de nadie, pero la verdad no podía ser tan orgulloso, ella estaba por irse cuando de pronto él la detiene.
― No te vayas quédate ― dijo Guillermo con la voz más calmada.
― Pensé que no me soportabas ― hablo Salomé cruzándose de brazos.
― Si vamos a vivir juntos por lo menos hay que tratar de llevar este infierno de la mejor manera más porque mis papás están en la ciudad ― dijo Guillermo haciendo que ella asintiera.
― Lo hare solo por tus papás, no por ti ― respondió Salomé haciendo que él rodara los ojos, mientras que la empresa de Rafael estaba marchando de la mejor manera, pues ya se estaba salvando de estar en la quiebra como mucho se decía.
Más tarde Guillermo fue a la casa mientras que Salomé solo se fue a la bebe que dejo encargada con María, quien sonrió al verlos entrar juntos, esta vez sin peleas, sin discusiones, ella pensaba que tal vez era un buen inicio que muy pronto se enamorarían, pues pensaban que ambos merecían ser felices.
Sin embargo, Aarón pensaba en esa chica que casi atropella, la vio tan aturdida, pero a la vez muy intrigante, había llegado a Hong Kong donde tenía que firmar el negocio con su esposa a causa de un engaño, la vería en la mañana en el juzgado para quitarle todo lo que alguna vez le había dado.
A la mañana siguiente Aarón se levanta con algo de pereza, pero tenía que presentarse aquel juzgado a firmar los papeles de divorcio, su amigo le llama para que estuviese tranquilo de verla con su ex mejor amigo.
― Aarón ¿Cómo estás? ― preguntaba su amigo Ricardo un tanto preocupado desde la oficina.
― Mal, después de tanto tiempo tengo que ver a mi exesposa, no sé si aguantare verla con ese idiota ― le dijo Aarón, sincero, no sabía si tendría la fuerza de verla.
― Te entiendo amigo, pero a una si ten suerte en el juzgado solo la vas a ver este día ― hablo Ricardo dándole ánimos a su amigo.
Por lo que él solo asiente para después colgar la llamada se puso su saco agarrando las llaves del auto para posteriormente ir al juzgado al llegar ahí estaba ella con su ex mejor amigo ambos se estaban besando él apretó los puños quería que se acabara esto lo más pronto posible por lo que se mete a la oficina siendo alcanzado por ellos.
― Hola Aarón ― hablo Margaret sonriendo, pero él solo la ignoraba. ― Aún sigues con rencores ― le respondió Margaret haciendo que Aarón solo mirara el periódico, la había escuchado, pero trataba de ignorarla.
Ella esperaba con su ahora pareja hasta que llego el abogado, él deja el periódico de lado y pone atención para acabar de una vez por todas con ese divorcio que le estaba matando.
― Bien le citamos para firmar la demanda de divorcio que solicito el señor Aarón Avillanando en Hong Kong por adulterio por parte de la señora Margaret Ruiz de Villalpando los bienes que tenían por bienes mancomunados se reducirán el 40 por ciento ― hablaba el abogado haciendo que ella abriera la boca con sorpresa, ya que también le quitara las acciones de la empresa por lo que Aarón saco su pluma para firmar aquella sentencia de divorcio por lo que Margaret lo detiene.
― Aarón, no firmes nada ¿Cómo se supone que vivir? ― preguntaba Margaret un tanto furiosa, pero también estaba angustiada.
― Ese no es mi problema, tú elegiste a ese tipo ¿No? Así que atente contra las consecuencias ― respondió Aarón molesto, firmando el divorcio y los papeles para quitarle más de 40 porciento de los bienes mancomunados.
― Esto es un atropello, no es justo ― Hablo Margaret molesta.
― Tú no hiciste las cosas justas, así que firma el maldito papel ― hablo Aarón molesto.
Por lo que Margaret firma la demanda de divorcio y los papeles correspondientes, por lo que ella se va molesta con quien era su mejor amigo, puesto que Aarón se va a la muralla china sin antes cancelar todas sus citas que tenía en la empresa, pues él quería respirar tranquilidad estar en un lugar solo donde desahogar sus penas que eran muchas su amigo Ricardo lo buscaba, pero había apagado el teléfono por lo que entendió que tal vez necesitaba estar a solas.
Sin embargo, Salomé baja a la sala después de dormir a la niña quiso tomar un té cuando Guillermo la llama.
― Necesito que vengas a mi oficina ― hablo Guillermo, por lo que ella sin decir nada se va a la oficina.
― Que se le ofrece, señor Altamira no ― hablo Salomé sentándose en la silla.
― Quiero que mañana que sientes a comer con mi familia, quiero que me ayudes a que mi mamá se crea esa historia de amor, no quiero que sepa que esto fue un acuerdo ― hablo Guillermo, por lo que ella sonríe negando con la cabeza.
― No creo que pueda ayudarlo ― dijo Salomé tratando de no sonreír.
― Por favor Salomé necesito tu ayuda ― hablo Guillermo un tanto desesperado. ― Pídeme lo que quieras, pero te pido que mis padres se crean esta historia de amor ― hablo Guillermo un tanto desesperado.
― Está bien, lo ayudaré, pero con una condición ― hablo Salomé tratando de sonreír.
― Cual condición ― hablo Guillermo rodando los ojos.
― Quiero que me digas amor frente a tus padres, no quiero que me trates con desdén como lo has venido haciendo ― hablo Salomé haciendo que Guillermo suspirara pesadamente.
― Está bien acepto ― suspiro él pesadamente, no le quedo de otra más que tratarla bien en estos días que estarán sus padres fingiendo amarse, aunque por dentro no se soportaban.