Fingir un cuento de hadas

1232 Words
― Está bien acepto ― suspiro él pesadamente, no le quedó de otra más que tratarla bien en estos días que estarán sus padres fingiendo amarse, aunque por dentro no se soportaban. ― Bien mañana, en la noche mi familia vendrá a la casa, te pido que te vistas adecuadamente ― le dijo Guillermo haciendo que ella negara con la cabeza. ― No sé con quién estás hablando, pero yo también vengo de una buena familia ― hablo Salomé furiosa, por lo que Guillermo solo rodó los ojos, pues no tenía ganas de discutir más porque sus padres le querían mandar a una terapia psicológica para superar más rápido la pérdida de su esposa y de sus hijos que habían muerto en aquel tsunami que le marco la vida. Tenían que inventar una historia de amor convincente, mientras que Rafael se pasaba las manos por su cabello queriendo impedir la boda de Guillermo a como diera lugar, por lo que agarro las llaves del auto tan rápido como podía subiéndose al carro manejando a toda velocidad, pero de repente frena de golpe al ver que estaba cometiendo una tontería, puesto que mejor se para en una cafetería a tomarse un te necesitaba calmarse aunque fuese un poco más tarde él estaba tomando su te tratando de sentirse mejor. Por otro lado, Isabella llamaba por teléfono al saber que una de sus empleadas no había podido ir a trabajar, ella negaba con la cabeza furiosa por lo que no se fijó, la avenida estaba a punto de atropellarla, pero alguien la había detenido de la cintura cayendo hacia atrás encima de su salvador quien era Rafael. Isabella se sorprendió demasiado al ver que le habían salvado la vida, por lo que ella se levanta a toda prisa, haciendo que él también se levantara de igual forma. ― Hola, ¿Se encuentra bien? ― preguntaba Rafael un tanto asustado. ― Sí ― decía un tanto aturdida. ― Gracias por salvarme ― le respondió Isabella sonriendo un poco. Por lo que Rafael estrecho su mano con la de Isabella sintiendo una extraña corriente, pues para ella era algo extraño sentir esa corriente. Tan extraño que los dos se separan abruptamente, mientras que él por extraño que pareciera le había parecido una chica un tanto intrigante. ― ¿Desea que la lleve a algún lado? ― preguntaba Rafael por lo que Isabella niega con la cabeza. ― No se preocupe, tomaré un taxi ― hablo Isabella tratando de sonreír. ― ¿Segura? ― preguntaba Rafael tratando de llevarla, ya que le había gustado mucho desde que vio su mirada. Isabella asiente por lo que Rafael se va en su carro haciendo que ella lo mirara, por un instante quería que se detuviese, pues en el fondo le había parecido un hombre interesante. Al llegar la noche Salomé se arregla lo más que podía, necesitaba estar presentable para esa cena con Guillermo quien entra viéndola boquiabierto, ella veía un ángel discretamente, él sonreía, pero tenía que mantenerse serio, tenía que hacer que no le interesaba Salomé, aunque por dentro se estaba enamorando. ― ¿Se puede pasar? ― preguntaba Guillermo desde la puerta. ― Pasa ― respondió Salomé cruzándose de brazos. ― Bien, mis padres ya están abajo, hable a tu padre viene en camino ― le dijo Guillermo, haciendo que Salomé se sentara, tenía que continuar con la mentira de estar enamorada, de soportar la noche en esa reunión. ― acabemos con esto de una vez ― hablo Salomé parándose de la silla, por lo que Guillermo sale de la habitación. Mientras que Aarón tenía que presentarse a trabajar, sacar fuerzas de donde no las tenía después del divorcio, él no quería luchar más, pero tenía que luchar, tenía que salir adelante, manejaba por las calles de Hong Kong hasta llegar a la empresa, quien el personal le llevaba carpetas para elegir el mejor logo para la marca del maquillaje que estaban próximo en sacar a la venta. ― Que bueno que te veo Aarón ― le dijo Ricardo por lo que Aarón lo voltea a ver. ― La empresa perdió a dos de nuestras modelos ― soltó sin más Ricardo, por lo que Aarón golpea levemente el escritorio. ― ¿Cómo sucedió eso? ― hablo Aarón tratando de calmarse. ― No lo sé, solo supe que las modelos pasaron su renuncia ― hablo Ricardo, por lo que Aarón se pasa las manos por su cabello. ― Quiero que me consigas a dos modelos, no me importa como le hagas, necesitamos lanzar el maquillaje y grabar el comercial ― respondió Aarón haciendo que él asintiera, por lo que Ricardo lo deja solo, pues su amigo no se encontraba de la mejor manera posible. Sin embargo, la cena trascurría, Salomé sonreía forzosamente incluso con su padre que estaba apretando los puños, si por él fuese Guillermo, él estaría con un golpe en la cara, pero no podía prohibirle nada, pues después de ese fraude tenía que andar con cuidado podía notar que su hija Salomé estaba inquieta y lo estaba, pues ella por dentro quería gritar quería irse y escapar estaba por pararse cuando Guillermo la sostuvo fuerte de las manos. ― Ni sé qué ocurra levantarte de la silla ― hablo Guillermo con dureza. Por lo que Salomé intento zafarse, pero no pudo, ya que tenía su mano bien sujetada evitando que escapara, Rafael tenía los puños cerrados todo el tiempo, apenas podía controlarse en romperle la cara. ― Salomé, querida, ¿Estás bien? ― hablo Clara un tanto desconcertada. ― Si lo estoy ― respondió Salomé tratando de sonreír. ― Este sufro de dolor de cabeza ― dijo Salomé tratando de dar una buena excusa para marcharse. ― Bueno, querida, te comprendo, has estado en vela con mi hijo ― respondió Clara haciendo que ella asintiera, por lo que Salomé separa de la mesa. Haciendo que Rafael fuese tras ella para hablar con su hija tratando de buscar otra solución que no sea casarse con un rico. ― Salomé, hija ― respondió Rafael tratando de sonreír. ― Papa ― hablo Salomé abrazando a su padre. ― hija vámonos, de aquí vemos la forma de pagarle a ese señor ― dijo Rafael con los ojos llorosos. Por lo que Salomé niega con la cabeza llorando. ― Tengo que casarme con el papa, de lo contrario te mandara a la cárcel ― dijo Salomé tratando de no llorar. ― No me importa que me manden a la cárcel, no quiero que te cases con ese tirano ― hablo Rafael haciendo que Salomé lo abrazara, no quería que se casara con alguien que no la merecía. ― No, papa, yo no dejaré que te metan a la cárcel ― hablo Salomé tratando de no llorar, tenía que casarse con él, tenía que ayudar a su padre al terminar la cena, Salomé se metió a su habitación, se estaba quitando el vestido los zapatos y por su puesto el maquillaje. Cuando de pronto llega Guillermo en su silla de ruedas estaba molesto por haberlo dejado en la cena solo con sus padres. ― Qué bonito, Salomé fingir un dolor de cabeza solo para escabullirte de la cena ― hablo Guillermo, furioso. ― No me escabullí, simplemente tenía que descansar, ya que alguien se cortó las venas ― hablo Salomé echándole en cara lo que habían pasado en el hospital.
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