Salomé abandona a Guillermo

1153 Words
― Estar toda la noche viendo las estrellas ― hablo él besando su mano como si con ello le convenciera. ― ¿Te gustaría? ― le pregunto haciendo que ella asintiera y sin decirle nada le diese un beso en la mejilla, se sentía nerviosa, se sentía un tanto inquieta, pero él sabía como calmarla, él sabía como decirle que estuviese tranquila. Más tarde salen al pasto, ella se recarga en él, era como si se sintiera protegida, era como si con el nada malo le iba a pasar, ambos se acostaron viendo las estrellas, Salomé abrazaba con fervor a Guillermo haciendo que él solo le diese un beso en la frente. ― Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida ― le dijo Salomé sonriendo. ― ¿De verdad soy lo mejor que te ha pasado? ― pregunto Guillermo mirándola. ― Si siempre serás mi gran amor aquel que en un principio desee odiarte, pero me di cuenta de que no puedo odiarte ― le dijo Salomé, por lo que Guillermo le dio un beso en sus manos. ― Te juro que jamás te voy a traicionar tú y mi hija ahora son mi prioridad, mi todo ― le dijo Guillermo haciendo que ella sonriese un poco, pues por primera vez se sentía segura a su lado. ― Estar a tu lado hace que todo sea más llevadero, hace que de verdad vale la pena vivir este amor que siento por ti ― respondió Guillermo sonriendo. Haciendo que ella sonriese un poco necesitaba un poco de esa alegría, necesitaba todo de ella, aunque fuese por un momento por un instante él, la necesitaba. Desde entonces han pasado más de dos meses, Rafael ya había conocido al gran amor de su vida, en efecto había vuelto encontrar el amor en una chica encantadora que le había robado el corazón a pesar de sus deseos de separar a su hija del tirano de Guillermo que parecía que la tenía embrujada que la tenía encantada como hace tiempo no lo sentía. ― Me encanta sentirte ― respondió Rafael sonriendo besando a su ahora novia. Mientras que Salomé buscaba por todos los rincones a Guillermo, quien estaba arreglando todo para que el matrimonio fuese verdadero y no en vano, como en un principio lo era estaba por entrar cuando de pronto escucha la conversación. ― Señor Altamirano, en un principio usted firmó para que Salomé fuese su esposa ― respondió su abogado haciendo que ella agachara la mirada. ― En efecto firme, pero ya no quiero divorciarme de ella ― hablo Guillermo dejando los documentos de lado, no quería perder a su gran amor a su esposa, la cual se había enamorado como un loco de ella. ― Usted sabe que este matrimonio es para quitarle la empresa a Rafael, el padre de Salomé no me venga con amor ― dijo el abogado un tanto furioso, por lo que Guillermo rompe aquellos documentos sin percatarse de que Salomé estaba escuchando todo. ― Listo ya rompí esos documentos, ahora vete ― hablo Guillermo rompiendo esos documentos haciendo que Salomé sin que nadie se diese cuenta corriera hacia su habitación a tomar sus maletas y un poco de dinero para después irse sin antes escribirle una carta que más o menos decía así. Perdóname por irme de esa manera, por reaccionar tan infantil, pero no tengo el valor de enfrentarte, de saber que te vas a divorciar de mí, supiste jugar muy bien tu papel, supiste enamorarme, no te preocupes por la empresa de mi padre que la regalo no me hace falta solo te pido que no me busques puedes firmar los papeles de divorcio cuando quieras hasta siempre Salomé... Salomé dejó la carta sobre la almohada para después llorar como si no hubiese un mañana, le dolía dejarlo, quería creer que fuese una mentira, pero lamentablemente no lo era y tampoco era una pesadilla, ya que era la más cruda realidad tanto se había peleado con su padre que ahora se daba cuenta de que fue un error pelearse con su padre por él, sin embargo, no tenía cara para irse con su padre, ya que llama a su mejor amiga que ahora estaba en Hong Kong. ― amiga como estás ― respondió su mejor amiga sonriendo de alegría hace tiempo que no hablaba con ella. ― ¿Crees que me pueda ir a Hong Kong? ― pregunto Salomé con los ojos llorosos, aún no podía creer que Guillermo jamás se enamorara de ella. ― Claro, amiga, te puedes venir a mi departamento el tiempo que desees ― respondió Jade sonriendo. ― Gracias, amiga ― hablo Salomé tratando de no llorar. ― Te escucho rara que tienes ― hablo Jade tratando de saber que era lo que le pasaba a su amiga. ― Te hablo cuando recupere el aliento, ¿Te parece? ― respondió Salomé tratando de sonreír, aún no se sentía lista de hablar lo que le había pasado. Puesto que Jade decide no preguntar más, entendía que tal vez era un dolor tan grande que no podía asimilar, sin embargo, al llegar la noche Guillermo fue a buscar a Salomé, pensaba que estaba en el cuarto de la niña, más no pensaba que ella se había marchado llevándose todas sus cosas. ― ¡Salomé! ― gritaba Guillermo buscando desesperado a su esposa, pero no la encontraba por ninguna parte. ― ¡Salomé, por favor esto no es un juego! ― respondió Guillermo sonando un poco enojado, pero por más que la buscaba no aparecía hasta que ve esa carta que ella había escrito acercándose con su silla de ruedas y con las manos temblorosas tomo esa carta. No podía creer lo que decía era tanto el dolor que sentía, que pensaba que iba a morir, no sabía por qué ella lo había abandonado o porque se había comportado de esa forma, realmente no lo entendía, había deshecho ese matrimonio por contrato para casarse con ella realmente para que ella tuviese una boda de ensueño toma su celular para llamarle, pero ella solo colgaba era tanto su dolor que decidió apagar su celular haciendo que Guillermo aventara su teléfono con todas las fuerzas aventando también cualquier objeto que tuviese cerca. Era increíble tanto dolor tanta angustia le costaba tanto creer que la mujer que amaba con toda su alma lo había abandonado dándose cuenta de que él tenía la culpa por lastimarla casándose con ella por un simple contrato, sin embargo, al día siguiente Salomé decidió irse a Hong Kong, ya que Jade le había enviado la dirección en donde se encontraba su departamento el vuelo le parecía eterno y como no si duro alrededor de 14 a 16 horas a pesar de que era de primera clase ella se sentía incómoda cerraba los ojos tratando de dormir, pero parecía que Guillermo simplemente se aparecía en cada sueño en cada pensamiento.
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