Después de ese encuentro con mi ahora suegra fui a la habitación, me asearía antes de partir pues el viaje sería de al menos tres días, de acuerdo con lo que me dijo la Reina Aurora lo haríamos caminando para no levantar sospechas y avanzaríamos el primer tramo de noche para evitar las inmediaciones del castillo invadido, una vez que hayamos pasado el riesgo continuaríamos avanzando, haciendo breves paradas para descansar y consumir algunos alimentos. Enid entró a la habitación para ayudarme a tomar el baño, era extraño
– Su majestad- exclamó respetuosa – déjeme ayudarle
– Enid, no tienes que ser así cuando estemos solas, eres de las pocas personas que conozco aquí- lo haré yo misma, sólo cuéntame que lograste ver en el castillo, debió ser difícil – Su llanto estalló en ese momento, me acerqué y le abracé intentando consolarla
– Vi como muchos murieron, fue horroroso, aún cierro los ojos y puedo verlo todo, tengo pesadillas con eso, gracias a Marco pude salir de ahí con vida – la miré confundida y lo notó – Marco es uno de los guardias del Rey, el que dio el informe cuando llegamos
– Tranquila, eso ya ha pasado, eres afortunada de estar aquí hoy, haz que valga la pena, vive como si fuera una nueva oportunidad – decía esas palabras queriéndolas decir para mí también, quería sentirme bendecida de alguna manera por estar en esta situación.
Repentinamente Bernardo entró en la habitación haciendo que Enid se levantara de inmediato y le reverenciara
– Salga – ordenó – ella asintió y salió de inmediato dejándome sola a la merced del actual Rey – no deberías tener cercanía con ninguno de los criados, no son de fiar
– Su majestad ha olvidado que apenas un día atrás yo era una de ellas – hablé temeraria – puedo manejarlo – afirmé
– La vida que hayas tenido antes ya no existe – tomó mi brazo y lo apretó jalándome hacia su cuerpo- ahora eres la Reina y tienes que comportarte como tal – sus ojos estaban enrojecidos, no sabía si por enojo o por tanto reprimirse delante de los demás, un arrebato de humanidad sumado con las palabras que su madre me dijo por la mañana me hicieron aprovechar su cercanía y abrazarme a él… su cuerpo se quedó tenso, no lo esperaba, que puedo decir, ni yo pensé en hacer semejante cosa, fue algo natural
– No tienes que fingir delante de mí, puedes hacerlo con los demás si lo prefieres – sobé su gran espalda con mis manos – puedes ser una persona normal, puedes ser frágil, puedes confiar en mí – no terminé de hablar cuando de repente me besaba con ímpetu, una gran necesidad de posesión, intentaba llevarle el ritmo, comencé a acalorarme, besó mi cuello y ahí estaban otra vez esas sensaciones agradables con su cercanía cuando se tomaba la molestia de hacerme sentir, permitirme disfrutar los inevitables contactos que tendremos como esposos; se abrió paso entre mi sencillo vestido, retiró lo que estorbaba en su camino mientras me acariciaba las piernas, ni siquiera pensé en lo malo del día anterior hasta que su mirada cambió nuevamente… me embistió en varias ocasiones, se sentía bien, placentero, mucho mejor que las dos veces anteriores, sentí un gran escalofrío que me hizo gemir al igual que él; no pude evitar sentir vergüenza, no volvió a besarme una vez que se adentró debajo de mis ropas, casi podía pensar que su actitud había cambiado hasta que me habló al oído
– Tú eres quien no debe fingir delante de mí, esto sólo es una forma de prevalecer la monarquía, tú tendrás a mis hijos y los educaré para ser los mejores herederos, bueno eso en caso de que sobrevivamos… no te confundas, no necesito tu compasión, no necesito que quieras inmiscuirte en mi vida – me miró fijamente, mis ojos se nublaron, empuñé mis manos mientras Bernardo se limpiaba y acomodaba sus ropas
– Entonces si no vamos a fingir, déjeme decirle que me repugna su compañía como hombre- mis palabras llevaban las peores intenciones… dañar – lamentó no haber entregado mi virtud a alguien que lo valorara y no me malinterprete, cumpliré con mis obligaciones pero cada vez que lo haga recuerde lo que pienso de usted – Lo miré despectivamente, pude ver asombro e irá en su mirada – me necesita y puedo ser su amiga o su enemiga, no tiene poder ahora, no le queda más que resignarse a convivir conmigo; soportaré todo, pero a cambio quiero a mi familia segura, quiero que con el poco poder que le queda envié por ellos y los ponga a salvo – acomodé mi vestido intentando alisarlo con las manos, recogí mis ropas y caminé hasta el baño.
Si tenía que convertirme en una máquina de bebés, una esposa mal atendida, una reina con grandes responsabilidades y acompañada de un esposo sumamente insensible debía empezar a ser una mujer dura y pensar detenidamente cada paso pues el piso no era muy estable, podía gobernar un país, pero no podía gobernar todo de mí, mi esencia, mis metas y anhelos quedarían intactos.
– Todos quiere algo siempre, ahí estás tú, la verdadera, la que busca su beneficio.
Acepto tu petición y la concederé siempre y cuando tu familia siga con vida, aún puedo hacer traer sus cadáveres si los quieres contigo – se mofó azotando la puerta y saliendo de la habitación
– Maldito… susurré.
Cuando me recompuse de ese momento e hice el pequeño bolso que cargaría para nuestro escape nocturno, fui en búsqueda de Penélope, quería resarcir algunas dudas y no pude encontrar mejor fuente de información que la que obtendría de ella y de un par de criadas. Se encontraban en el jardín mientras reían de las ocurrencias de Penélope, ella seguía siendo modesta y respetuosa sin importar que fueran servidumbre, justo como lo hizo conmigo
– Su majestad – habló una de ellas, iban a inclinarse cuando las detuve
– Por favor, ahora eso no es necesario, ¿puedo sentarme con ustedes? – pedí
– Por supuesto cuñada – dijo Penélope mientras me daba un golpecito en la pierna sacándome una sonrisa- estábamos hablamos sobre la consumación de los matrimonios – la naturalidad con la que mencionó el tema lo hacía ver tan común – en ese momento las imágenes en mi cabeza sobre mi consumación vinieron como un torbellino e inevitablemente me ruboricé – ¿Qué tal el tuyo? – levantó una ceja y una chispa de picardía se asomó en su mirada
– Ha sido… inolvidable – mentí, bueno en realidad no, nunca olvidaría lo incómodo y doloroso que fue, aunque ahora ya había encontrado algo interesante en ello que no podía comprender del todo
– Dios, pero que presumida – chilló y todas reímos – pero ya sabes tenemos que aprender muchas cosas para poder complacer a los maridos y no vernos relegadas por una concubina o amante, las chicas me han contado unos cuántos trucos para sorprender a Erick ¿quieres escucharlos?
– Supongo – exclamé con resignación, igualmente lo contaría, aunque le dijera que no y la verdad si quisiera saber más sobre el tema
– Las chicas dicen que, si besas su oreja, su pecho y… su virilidad – al decir lo último soltó una risilla – el hombre se vuelve loco y solo piensa en ti.
- También puedes dejar unos pequeños azotes en su trasero o dejar que él te dé unos cuantos – dijo emocionada una de ellas.
– O qué decir de jalar sus cabellos, decirles palabras que los motiven, que inflen más que su virilidad… su ego – comentó otra.
Intenté mantenerme serena ante todas sus declaraciones, nada de eso había sucedido en mi muy reciente matrimonio, posteriormente dijeron más cosas, aún peores a las primeras, sobre las sensaciones de placer y cómo disfrutarlas nosotras, las cosas que el hombre podía hacer y magnificar el efecto; a pesar de que al inicio me escandalicé después no paraba de imaginar como se sentiría hacerlo y cuán grato podría ser.
Cuando las criadas regresaron a sus actividades, Penélope y yo nos quedamos solas al fin
– Eso ha sido inspirador- sonrió – ¿Te sucede algo?
– Me sucede todo – mi desconsolada voz decía demasiado – ¿Basta con que me casé con un completo desconocido? - dije irónica
– Oh por favor, no creo que sea un sacrificio, Bernardo es muy guapo y si al menos se parece en algo a mi Erick estoy segura de que en la intimidad te debe ir muy bien – presumió
– Hay cosas que no deberías suponer – acomodé mi vestido y me levanté yéndome del lugar – sería deshonesta si no culpara un poco a Penélope de mis desgracias, después de todo si yo no hubieras estado allí de chaperona no me habría visto involucrada en todo lo que estoy, quizás hubiera sido un cuerpo más en ese castillo… – Dios, qué estaba pensando – Doy la vuelta de regreso y me dirijo a mi ahora cuñada
– Disculpa mi humor, no tienes la culpa de lo que me pasa, mi cabeza es un lío ahora, espero puedas comprenderme – ella se acercó y me abrazó de inmediato, le conté a grandes rasgos mi pesar, mi suplicio ante Bernardo y mis miedos a futuro
– Lo harás bien, se que todo va a mejorar el Rey está bajo mucha presión, no justifica su actitud, no obstante, puedo relacionar una cosa con la otra, sólo se leal y obtendrás tu recompensa – por varios minutos analicé sus palabras y esperaba que tuvieran algo de razón, que todo lo que sucedía tenía un fin y una recompensa, no me refería a riquezas, sino a estabilidad, felicidad…