El primer paso de un curioso plan.
—Considere la propuesta.
Melina, atónita miró al hombre que se puso de pie y se retiraba.
“¿Qué diablos acaba de pasar?”
Pensó, mientras observaba los documentos en la mesa frente a ella.
Una propuesta ridículamente perfecta frente a ella. Era una secretaria común, en un despacho común y no muy destacable. Si alguien era algo destacable ése debía ser su esposo.
Él era un secretario excepcional, con capacidades increíbles y un currículum perfecto e impecable.
No era que se menospreciara a sí misma, sino que era realista.
Era muy buena en muchas cosas, pero era muy torpe en otras, su marido siempre la apoyó, y nunca dudó de ella. Incluso ayudándole a conseguir un excelente trabajo para que no se sintiera sola en casa.
Pero en ese momento, no podía entender el porqué de esa repentina propuesta. El asistente y secretario del vicepresidente de la compañía número uno del país, la estuvieron buscando precisamente a ella.
¿Qué tan ridículo podía ser eso?
Comenzó a observar a su alrededor por si no estaba siendo víctima de una broma de mal gusto, pero por más que buscó y espero, nada pasó.
Entonces, después de mucho tiempo, volvió a revisar su contenido.
Paga de 10,000 USD por semana.
Seguro de vida, desempleo y médico al 100%
Un auto cero kilómetros para uso oficial, y, reservación individual en recámara de lujo cada viaje de negocios.
Dos días de descanso a elección del jefe y vacaciones pagadas en su totalidad.
Mas bonos de asistencia y desempeño.
“¡¿Qué rayos es esto?!”
Se cubrió la boca con una mano mientras trataba de procesar. Ese pago ni siquiera su marido podía soñar con obtenerlo. Aún aturdida comenzó su camino a casa y llamó a su esposo para saber a qué hora llegaría.
Pero pese a que llamó varias veces, nunca atendió. Con un suspiro de decepción, decidió simplemente regresar y dormir pacíficamente. Estaba exhausta y lo único que quería era descansar.
Sin embargo, se sorprendió al recibir una llamada. Por lo general nadie la llamaba fuera de horario de oficina y su esposo no respondería y llegaría a casa igual de exhausto, entraría a la cama y a primera hora de la mañana se despedirían después de desayunar algo ligero.
Melina era una mujer sencilla, no era que no tuviera muchas ambiciones, sino que, era feliz con lo que tenía. Amaba a su esposo, el cual era perfecto en toda la extensión de la palabra.
Amable, profesional, atractivo y muy cariñoso con ella. Ambos sabían lo demandante que era el trabajo, por lo que no era extraño que alguno no contestará alguna vez.
Al sacar el teléfono pensando que se trataba de él, no reconoció el número, no obstante, cuando estaba por rechazar, una inquietud de que pudiera ser algo importante la hizo responder.
—¿Qué decidió entonces, señorita Ramírez?
Antes de que pudiera siquiera auricular palabra, una voz masculina extraña la interrumpió.
Tenía cierto toque de coquetería y era lo suficientemente firme como para no saber que responder en ése momento.
Por un segundo frunció el ceño, debido al exceso de confianza y la irritable intimidad.
—¿Respecto a qué debería decidir señor?
El hombre al otro lado del teléfono sonrió y, respondió sin molestarse.
—¿Qué le pareció mi oferta de trabajo?
Melina se atragantó con lo que tenía que decir y en automático, su enojo se convirtió en vergüenza.
—Rayos…
Dijo por lo bajo.
—¿Disculpe?
Preguntó la voz. Ella al instante reaccionó y sonrió como si lo estuviera viendo en persona.
—Ah, no. Nada, disculpe. ¿Es solo… ¿Me podría decir el porqué de una oferta tan… Buena…? No es por infravalorarme, pero… siendo honestos… ¿No considera que no merezco tanto…?
No era que ella misma quisiera auto sabotearse, simplemente, quería dejar todo en claro, para prevenir futuros inconvenientes y a su vez, estar en paz con su consciencia.
El hombre al otro lado sonrió y con una voz tranquila y algo insinuante respondió mientras se servía un trago.
—Créame señorita Ramírez, usted vale eso más…
Melina tragó algo incómoda, pero aún así, dio su respuesta.
—Muy bien señor, entonces… arreglaré lo correspondiente a mi actual trabajo, y en unos días me presentaré.
—Excelente decisión, espero que esté lista para el viaje de la próxima semana, saldremos a un viaje de negocios por tres días.
Sin esperar respuesta, simplemente colgó.
Ella se quedó mirando el teléfono un largo tiempo, pero al final decidió ignorarlo. Había aclarado sus inquietudes y todo estaba relativamente bien, e incluso si hubiera algo que la incomodara, simplemente podía renunciar.
Sabía que era algo irresponsable, sin embargo, había algo en su interior que le decía que no era algo tan sencillo.
Después de ducharse se fue a la cama a descansar.
Mucho tiempo después, estaba acostada sin poder dormir, cuando se escuchó que tocaban la puerta.
Ella por un momento se sorprendió y, mientras se acercaba a la puerta comenzó a sentir temor.
Su esposo trabajaba arduamente para poder pagar un departamento seguro y cómodo. Por lo que el hecho de que ése edificio fuera de los más seguros de la ciudad la conforto.
Pero… ¿Sería que su esposo había olvidado la llave?
Melina tragó y se acercó a la puerta.
—¿Quién es…?
—Una disculpa por la hora, pero esto es muy importante.
Por un segundo arrugó las cejas esa voz era muy familiar, sin embargo, por un momento no supo donde la había escuchado.
—¿Qué tan importante puede ser? ¿Sabe que hora es?
Miró hacia el reloj de la sala y se sorprendió.
—¡Son las tres!
La voz nada apenada del hombre, se volvió a escuchar del otro lado.
—Una disculpa muy grande, pero, hay algo muy importante que debo tratar con usted y no puede esperar.
Al abrir ligeramente la puerta, casi gritó en shock al ver al hombre más guapo y perfecto del mundo.
Alto, hombros anchos, nariz afilada y perfecta, labios delgados y firmes, mirada penetrante y misteriosa y un cabello rubio grisáceo tan brillante y sedoso que llamaba la atención desde el primer instante.
¡Era el que sería su jefe!
¡Albert Gonzales, casi dueño del bajo mundo y, uno de los hombres más respetados en la ciudad entera!