Una confrontación decidida.

1210 Words
Melina atónita y confundida miró detrás de él y sus alrededores buscando algo extraño. Estaba solo y parecía que tenía prisa, al verlo con un poco más de detenimiento, sólo con una camisa descuidadamente puesta y un pantalón de vestir, se dio cuenta de que probablemente sí había algo urgente. —¿Sí? Albert estaba comenzando a desesperarse debido a la mujer tan lenta, pero al recordar el mal momento que estaba por pasar, decidió mantener la calma. —Disculpa, pero como dije, esto puede ser una emergencia, necesito que vengas conmigo. Ella bastante confundida negó inconscientemente con la cabeza. —Lo siento señor, pero es media noche y aún no somos jefe y empleado oficialmente. La hora no es muy apta para salir y me temo que no puedo salir así con un hombre a mitad de la noche cuando mi esposo está de viaje. Si hay algo en lo que le pueda ayudar por la mañana puedo hacerlo. —¡No! ¡Tienes que venir! ¡Ahora! Ella estaba por dar un paso atrás pero Albert la tomo del brazo y prácticamente la arrastró hacia afuera. —Señor, espere… ¡Vengo en pijama! —Eso no importa, vienes conmigo, nada va a pasarte. Ella ya un poco irritada estaba por zafarse cuando la voz algo molesta de Albert se volvió a escuchar. —Pase lo que pase, no te separes de mí. ¿Entendido? Ella frunció el ceño con algo de extrañeza, pero debido a su seriedad, optó por guardar silencio. Quién sabe, probablemente quería un testigo para atrapar a su novia infiel y fue la única que se le ocurrió. La subió al auto y como si fuera una niña, rápidamente y sin decir más, le colocó el cinturón de seguridad y cerró su puerta. Él encendió el auto y condujo moderadamente rápido. Melina no estaba muy acostumbrada a salir por la noche, por lo que la vista y los bares concurridos en esa gran ciudad, fueron una novedad para ella. Curiosamente para ella que había vivido toda su vida en una ciudad pequeña, parecía alguien de pueblo recién llegada. Sus ojos brillaban con curiosidad y la vista de las mujeres despampanantes y liberales le dio una nueva perspectiva. No era que Ethan le impidiera salir, era que Elle no tenía amistades lo suficientemente cercanas ni las intenciones de salir. Era muy sedentaria y, de no ser necesario, preferiría quedarse en casa a jugar videojuegos o ver una película para matar el tiempo. Hubo un momento en el que Albert perdió la concentración del camino y olvidó el motivo de su arranque y la búsqueda de Melina, ella se veía como una niña pequeña descubriendo el mundo, sus sonrisas curiosas y ese brillo en sus ojos, despertó cierta ternura en él. Hubo un tiempo muy corto en el que fue igual a ella. Demasiado corto… Al llegar a un lujoso y enorme hotel, Melina frunció el ceño. Inmediatamente miró a Albert con recelo. Él algo ofendido mostró una expresión de agravio. —No es nada raro, lo prometo. Ella antes de poder decir algo más, abrió los ojos atónita al ver a su esposo salir detrás de su jefa. Por un momento y sin exaltarse, esperó pacientemente a ver lo que sucedía. “Probablemente hubo algo de trabajo aquí…” Su mente trataba de darle excusas para lo que sea que hubiera estado haciendo ahí, sin embargo… Zulema se dio la media vuelta y lo besó suavemente mientras acariciaba su pecho y le susurraba algo con una sonrisa. Melina tragó saliva y sin apartar la vista vio solo vio como Ethan le daba un beso en la frente. Con el corazón adolorido y acelerado, se bajó del auto ante la sonrisita maliciosa de Albert. Qué aparentemente no esperaba que tomara acciones y se bajó detrás de ella tratando de detenerla. —Oye… oye… Melina, ¡Espera! Él probablemente esperaba que gritara y que comenzará a gritarle a Zulema o algo así, sin embargo, ella con los brazos cruzados se quedó de pie “pacientemente” esperando a que su esposo, se “desocupara”. No mucho tiempo después, Ethan incrédulo miró a Melina como si no pudiera creer que estaba ahí. Pero poco tiempo después si rostro palideció al ver cómo con una sonrisa furiosa Melina le levantaba el dedo medio y se iba. —¡Melina! ¡Espera! Él rápidamente trato de hablar con ella, pero no se detuvo. —Espera un poco, Melina… —¡Oye! La voz de Albert se escuchó desde la distancia mientras los seguía. Ethan incrédulo miró hacia él y luego a ella. Pero claramente la mirada de Melina parecía hablar. «Atrévete…» Tragó y trato de caminar nuevamente hacia ella, pero fue empujado por Albert que se acercó a darle un abrigo a Melina. Ella con algo de renuencia quería negarse, pero la mirada irritada y avergonzada de Ethan la solo la molestó más. —Lo siento por molestarlo con mis problemas señor. Albert inmediatamente entrando en personaje sonrió con algo de emoción y respondió con una media sonrisa. —No es ningún problema, te entiendo perfectamente. Ella entonces reaccionó y todo tuvo sentido. «Maldito imbécil» Pero no tenía intención de darle un espectáculo a nadie esa noche. Con una sonrisa altanera tomó el abrigo y comenzó a alejarse. Ambos se quedaron de pie algo sorprendidos, pero después de un momento Albert se acercó y la tomó del brazo. —No puedes irte así, déjame llevarte a casa. Ella por fin torció la boca con disgusto. —Le agradezco por la ayuda hoy, pero eso no significa que usted y yo seamos cercanos. Me presentaré en el trabajo el día que acordamos. Aunque… Casi parecía que su mirada hacia Ethan pudiera hablar. “Divorcio” Él la conocía desde la universidad y sabia lo decidida y tajante que podía ser, se sintió en crisis y profundamente herido. —Dígame, ¿A dónde quiere que la lleve? No se preocupe por la hora ni nada de eso, sin problema puedo apoyarla. Ethan desde el inicio estaba muy molesto, por lo que su irritación subió un grado al ver la mirada “cariñosa” y “comprensiva” de Albert hacia ella. —Creo que es suficiente, de esto. MI esposa y yo tenemos asuntos personales que arreglar. Melina rechinó los dientes y trató de alejarse de ellos, cuando su mano fue sostenida por Ethan. —Suéltame... Ahora. —Melina, por favor, necesitamos hablar... —¡Que me sueltes! ¡Maldición! Gritó ella ya sin poder contener su enojo. Albert se acercó y tomo el hombro de Ethan. —Es suficiente... Ethan furioso y ya sin poder contenerse, dio un fuerte manotazo y golpeo su mano. —¡No te hagas el inocente! ¡Tú la trajiste para que viera toda esta basura! ¡No eres capaz de complacer a tu prometida y haces lo posible por arruinar la vida de otros! ¡PAS! Una fuerte bofetada lo silencio, melina furiosa después de golpearlo exprimió de sus dientes apretados. —Entonces, ¿Eres tan destacado en eso que solo tú puedes complacerla? ¡Eres un maldito bastardo! Sin más e ignorando completamente a cualquiera de los dos. Se fue sin mirar atrás.
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