Ella solo con el abrigo y afortunadamente un pijama de pantalón largo, camino en silencio hasta el departamento de una muy buena amiga suya. Iris muy sorprendida la miro de pies a cabeza y la apresuro a entrar.
—¿Qué paso? ¿Por qué te ves así?
Melina se veía pálida y agotada. Aunque no lloraba, sus ojos se veían muy rojos junto con su nariz. Y el sudor de su frente debido a la larga caminata.
—¿Ese infeliz te hizo algo?
Preguntó al ver su estado, obviamente, Iris no era muy partidaria de Ethan. Desde que lo había visto una ocasión con su jefa, insistentemente molestaba a Melina con que en algún momento ellos podrían tener una aventura.
Al parecer, no se había equivocado.
Debido a esa molesta insistencia, Melina había decidido alejarse un poco de ella, dado que siempre confió plenamente en su esposo. Y vergonzosamente se encontraba en esa situación de la que tanto le había advertido. Pero, ¿Que más podía hacer?
Melina comenzó a suspirar y termino llorando muy dolorosamente. Iris la abrazo para consolarla y masajeo su espalda con pesar.
—Ya, ya, lo siento mucho. Sé que tal vez te sientas avergonzada, tenemos mucho de qué hablar, pero por mí no te preocupes, no tenemos ningún problema. Soy tu mejor amiga, jamás me enojare contigo por una ver... hombre. Por un hombre.
Melina soltó una leve risita desganada y se desahogó con su amiga.
*********
—¡¡Ese hijo de puta!! ¡¿Como se atreve?! ¡Ahhhhhh! ¡¿Como no lo golpeaste hasta desfigurarlo?! ¡Te juro que cuando lo vea...!
—Ya no hace falta, aprendí de mi error. No tenemos por qué mortificarnos por él. simplemente puede hacer su estúpida vida como se le dé la gana después de que firme el divorcio.
Iris suspiro profundamente y la miro con orgullo. Asintió con firmeza y la abrazó de nuevo.
—Muy bien amiga, No te preocupes, mandemos a ese imbécil debajo de la alfombra y centrémonos en nuestros trabajos. ¿Qué es lo que quieres hacer a partir de ahora?
Melina entonces recordó a Albert. Exhalo y dio la impresión de ser un globo desinflado.
—Ahora debo arreglar otra cosa.
—¿He? ¿Otra cosa?
—Bueno... Hay otro asunto de que no habíamos podido ponernos al corriente...
Completamente anonadada, Iris la miro con la boca abierta y no emitió sonido un largo tiempo. Melina sacudió su mano justo frente a sus ojos mientras sonreía divertida. Entonces Iris tomo su mano y sonrió.
—Jajajaja ¡Hasta tienes un Sugar Daddy!
Melina torció la boca y la miro con desagrado exagerado.
—Si lo conocieras no pensarías eso...
—¡Aish! Si fuera un rubio ojiazul, hasta brinco a su cama si quiere. Además... ¿No sería una venganza perfecta? Que ese idiota vea que no te destrozo y no es lo único en tu vida.
El enojo de Iris mientras apretaba el puño era palpable, pero por alguna extraña razón que ni ella podía explicar, sentía dolor, decepción y tristeza, pero no al grado de querer hundirse en su cama y no salir jamás.
Se quedo inmersa en sus pensamientos un momento e Iris suspiro profundamente.
—Amiga, sé que tal vez pueda ser difícil, pero si consideras que ese nuevo jefe tuyo puede servirte por lo menos en lo que te instalas aquí, por ti misma, no hay nada que te lo impida, ¿No lo crees?
**********
Mientras ellas mantenían una estrecha conversación, en el departamento silencioso de Albert, el teléfono de Melina sonaba sin parar.
Ethan había llegado a casa con su comida favorita y varios regalos que había conseguido de improviso, pero ella no llegó en toda la noche. Sabía que tenía una amiga, pero jamás pregunto nada relacionado con ella y obviamente no tenía manera de contactarla.
Pero también cabía la posibilidad de que estuviera con alguien más...
Se estremeció y se auto bofeteo por pensar de esa manera de ella. Estaba seguro de que estaría con esa amiga rara que tenía, pero no tenía ninguna manera de encontrarla directamente, por lo que llamo sin parar a su teléfono durante mucho tiempo.
Con una sonrisa, después de cerca de cien llamadas, Albert respondió presuntuoso.
—¿Diga?
Ethan se quedó rígido y sin aliento, al escuchar su voz.
—¿En dónde está mi esposa? Quiero hablar con ella.
Con una sonrisa Albert simplemente soltó un ligero suspiro.
—¿Quién sabe? ¿No recuerdas que fuimos severamente rechazados? Diablos, esa mujer es implacable. Me encanta eso de ella.
Completamente disgustado, Ethan con el rostro casi distorsionado por la ira y la desesperación rugió completamente furioso.
—¡¿Porque carajo la llevaste?! ¡¿Acaso olvidas lo loca que esta tu prometida?! ¡¿Porque demonios la insistencia de arruinarnos?!
Entonces Albert, como si cambiara de encendido a apagado, cambio su expresión a una completamente indiferente, su voz se tornó baja y amenazante.
—Si fueras lo suficientemente hombre, no habrías caído en ello sin importar cuánto dinero u honor pudiera costarte. No solo eso, si de verdad lo hubieras intentado, incluso pude ayudarlos. Pero tus excusas y pretextos, terminaron siendo aquello que termino de arruinarte. No culpes estúpidamente a los de más de tus decisiones.
Además, si tu esposa decide firmar el contrato, incluso podría ser beneficioso para ti.
Ethan harto, decidió colgar y hablar con Zulma directamente.
Sin embargo...
—Jajajaja, ¡Por supuesto que sí! En cuanto pagues los ocho millones por la anulación, serás capaz de irte en cuanto o desees.
Con los labios apretados en una sola línea, él le lanzó una mirada mordaz.