El Atardecer / Buzón de mensajes

1211 Words
Capítulo 16 El Atardecer Parte 3 / Buzón de mensajes [Jessica] Entre llamadas y reportes, no se sentía plenamente el pasar del tiempo, tan solo la luz del sol y las nubes en el horizonte, eran la prueba de que la mañana apenas iba por la mitad, no sentía hambre, mucho menos sueño en esos momentos, tan solo trabajaba automáticamente, entre cada llamada hacia el reporte pertinente de la solicitud de los clientes y de vez en cuando enviaba un correo electrónico como respuesta a alguna sugerencia o pregunta de las que había recibido el buzón de la empresa, era un trabajo que no hacía mucho de interesante a decir verdad, pero al menos daba un poco más de dinero para poder vivir en el centro de la ciudad, y comprar oportunamente las croquetas de Malú, que a esa hora del día, interrumpía mi trabajo paseándose por mi escritorio y acostándose en el extremo del escritorio donde la luz solar llegaba con mayor intensidad. Su pelaje n***o y sus ojos de felino, brillaban excepcionales en el brillo del sol, su pecho blanco le hacía resaltar elegante y sus patas estiradas apenas si me daban espacio para trabajar, sin embargo, no hallaba mejor compañía para un día que apenas si estaba comenzando. Tome mi tiempo para darme un breve descanso y estirar un poco mis piernas, estaba pensando en preparar se nuevo algo de café, aunque también pensé en parrar algo más elaborado para desayunar… no podía solo pasar la mañana tomando café, camine hasta la cocina y mi gato siguió mis pasos con su gracia al caminar, en ese preciso momento, recibió un mensaje en mi teléfono celular y escuche su sonar al otro lado de la sala, me acerque para revisarlo pero mi rostro cambio por completo cuando vi en la pantalla el nombre de quien menos esperaba en su momento, mi ex me estaba saludando por enésima vez desde que había amanecido, al parecer no sabía interpretar en ese momento que ni siquiera quería abrir su chat e ignorar su mensaje de buenos días… aun me parece ridículo el tener un contacto o confianza con él… pero debía admitir con honestidad que era en parte mi error, quizá debí ser más dura, más honesta o cruda con mis palabras, pero mi corazón de mujer muchas veces quería proteger el de los demás pese a que no lo merecían, oculte tanto tiempo la verdad y lo que me molestaba, que ahora no sentía más que rabia conmigo misma, mi ex novio era un claro ejemplo de esto, soporte tantas cosas con tal de mejorar todo el tiempo, pero él no era el que cambiaba cada vez que me lo decía, era yo la que me volvía más paciente cada vez con tal de que él no sintiera la corriente en contra de su barco, siempre me asegure de darle el viento a su favor… incluso en el momento que me decidí a terminar nuestro noviazgo, fue bastante duro y complicado… para él, que aunque jure lo contrario sé que lloro por mí, pues se dio cuenta de lo que había perdido cuando las decisiones estaban ya tomadas, fue en ese momento que cometí el error que estaba pagando cuando miraba con estrés que él me escribía al teléfono como si nada, pues en mi afán por no lastimarlo, deje la ventana de la amistad abierta, ventana por la cual el no comprendía que no podía pasar, más solo se ganaba que yo le tomara un poco de fastidio, aunque por otro lado me sentía en la mejor posición a mi favor, podía aun manipularlo incluso para que tuviera detalles conmigo… era lo menos que podía hacer, me estaba cobrando el precio de todas sus molestias, lo malo es que el pobre hombre estaba aún en la zona de desembarco de los ex novios, aun con la leve esperanza de devolver sus paso y subirse a este barco que por mucho ya estaba en la mitad del océano, inalcanzable e impredecible. Tome el teléfono celular y tan solo le envié un emoticón amable, repitiendo solo por amabilidad su cordial saludo que había enviado ya tres veces en la mañana, me imagino que le fue como un alivio al alma pues poco después me contesto con amabilidad… pobre chico… debería decirle la verdad. deje el teléfono en la cocina y me dispuse a preparar un sencillo caldo de carne para recobrar energías, algo sencillo de preparar que no llevara mucho tiempo, me quede sentada en la barra de la cocina en silencio mientras el agua se calentaba poco a poco sobre la estufa, tan solo estaba en silencio mientras a la distancia se escuchaba el sonar de mi buzón de llamadas, no quise contestar, siquiera le preste atención al pitido de la contestadora, me quede en mi lugar con la mirada perdida hacia el espacio vacío de la cocina, no tenía el pensamiento claro, mucho menos podía concentrarme en algo en ese momento, mi realidad se estaba desprendiendo y apenas si me preguntaba… “¿Estoy bien sola?”… pensé por un instante en los momentos que pasaba junto con alguien, hacía unos días había salido con mi mejor amigo pero las cosas se habían puesto algo incomodas, desde que estaba soltera de manera oficial, pues el sin darme cuenta comenzaba a ganar terreno, me invitaba a comer o bien me brindaba su compañía, tan solo con la excusa de estar atento a mis preocupaciones… también se estaba ganando que le tomara molestia incluso a hablar con él… en fin… una chica hermosa no puede ya estar sola… a los ojos de los hombres. Sentí el olor del caldo en el aire y no deje que se calentara más, tome un plato de la alacena y lo serví en el sin ninguna preocupación, tenía el tiempo necesario para comer y luego contestar las numerosas llamadas que en ese momento llegaban. Fue inevitable el pensar en contestar los mensajes que mi mejor amigo me estaba enviando… él también le gustaba molestarme, me invitaba a comer algo en horas de la tarde, más sin embargo yo no estaba muy seguro de esto pues no quería salir ese día, mas no sabía cómo explicárselo sin que se sintiera mal… de nuevo estaba cometiendo el error de proteger a los demás de lo que yo quería… “Ay Jessica… aprende de una buena vez…” me reclame en voz baja. Tomé mi desayuno y aparte con algo de molestia mi teléfono tirándolo con presocio sobre el sofá de la sala, al mismo tiempo que vi caer el teléfono sobre los cojines, irónicamente un sonido de un portazo sonó por los pasillos del edificio. —¡Uy!... alguien está enojado hoy…—dije sin pensar. Hasta mi gato se mostró alerta ante el fuerte sonido, sentí a la curiosidad de salir al pasillo para ver quien había sido el responsable de perturbar la paz, pero mi pereza fue más grande que la sensación de curiosidad, además ya me había tomado más tiempo del asignado a mi descanso y la contestadora d nuevo estaba sonando. —Buenos días… habla con Jessica de servicio al cliente, ¿En qué puedo ayudarle? —repetí como un autómata al contestar.
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