El Atardecer / Incomoda Visita

1836 Words
Capítulo 17 El Atardecer Parte 4 / Incomoda Visita [Santiago] “—No las hay… ¿O no las buscas? —me reprocho, —Ya ha pasado tiempo…—“agrego Charly de manera sentida a su sutil presunción. Sus palabras justo antes de irnos me recordó al viejo reproche de mi madre de que no era precisamente algo difícil el encontrar compañía, más si era imposible en ocasiones el no tener la compañía adecuada para las diferentes etapas de la vida… fue cursos que en medio de un sueño esas palabras se me repitieran de manera constante, quizá era mi mente cansada o bien el hecho de que no dormí cómodamente, ni en el sofá en la casa de mi amigo, mucho menos sobre mi cama con la ropa de calle puesta… si alguien dice alguna vez que es cómodo dormir con una chaqueta de cuero, les aseguro que si bien es un mentiroso, podría ser un vagabundo con nada más puesto en su cuerpo. Tímidamente mis ojos se fueron abriendo poco a poco, note enseguida que la habitación estaba más clara de lo normal pues el sol apenas iba a la mitad de su camino a lo más alto del cielo, era la mitad de la mañana cuando mi esfuerzo por levantarme, resulto en un leve quejido por el dolor en mi espalda y la sutil jaqueca que me acompañan esa mañana… como quisiera que los dolores de mi cuerpo fueran por el hecho de haber tenido una noche loca como las que tenía cuando estaba en la universidad, y no por el simple hecho de estar expuesto al frio de la madrugada. Trate de moverme sobre la cama, me acomode de costado mientras miraba a mi alrededor con curiosidad, las cortina blancas dejaban pasar la suficiente luz para sentir el calor del sol dentro de la habitación, revise sutilmente mis bolsillos y saque el dinero que tenía en ellos, unas cuantas monedas y un chicle sabor a menta que la verdad no recordaba había comprado, lo hubiese pensado mejor pero mi mente no estaba en su lugar en ese momento, destape el chicle y lo metí a mi boca sim pensarlo, me acomode boca a arriba y con mirada perdida me concentre el en techo de mi habitación… tan blanco como siempre, frio y sin emoción alguna… se parecía a mi… o al menos a eso que decían de mi mis amigos más personales. Me levante lentamente y me senté al borde de la cama, masticando lentamente el chicle de menta mire a mi alrededor, estire mis brazos para sentirme mejor, pero me tomo bastante energía hacerlo, me quite al fin mi chaqueta de cuero y la tire sobre la cama, tome mi camiseta y lentamente me la quite, sosteniéndola en mis manos la acerque a mi rostro, su aroma era tan suave y a la vez tan intenso… olía a mí y de eso no tenía dudas, ese aroma que en alguna ocasión fue la perdición misma de quien seguro ya no quería saber nada de mí. Me tome mi tiempo con mis manos sosteniendo mi rostro, mi espalda arqueada y apenas un suspiro como compañía, pensaba en mis amigos al igual que en lo que había sido la noche anterior, había un detalle que aún no olvidaba, no solo las palabras de mi amigo Charly, de hecho lo que me pasaba por la cabeza en ese instante de seguro fue lo que le dio que pensar a mi amigo… pues horas antes había estrenado de manera sorpresiva una canción que escribí hacía unos días, de la nada quise hacerlo, incluso con el riesgo de que la banda no la había ensayado con dedicación, apenas si sabían cómo tocarla, por supuesto yo si la toque como si me llegara al alma… y decir verdad podría decir que así lo hacía sin remedio alguno. Me levante de la cama y Sali de la habitación, camine con mi torso desnudo, por la sala del apartamento, buscaba por todos lados mi teléfono celular, sentí un sutil frio en la espalda al pensar que quizá lo había perdido, pues no recordaba con detalle donde lo había dejado, mucho menos si cuando volví a casa aun lo tenía conmigo. Revise la cocina, incluso cada rincón del sofá, irónicamente revise todos los lugares menos la cama donde había dormido… allí estaba, escondido por debajo de la almohada y en medio de los pliegues del cobertor que no me moleste en acomodar, tome mi teléfono y asomándome por la ventana decidí revisarlo, tenía un par de mensajes de texto de mi padre, un par de llamadas de un numero desconocido y finalmente un par de mensajes de Lucia… la chica por la cual había escrito la canción que tantos problemas había traído a mi cabeza, sentí la obligación de contestarle, más si tuve la intención de ignorarla, había pasado una semana ya desde la última vez que la había visto, aun recordaba el soldé aquella tarde y el arma de los árboles bajo el atardecer… mis manos sosteniéndose una con otra y ella en medio de lágrimas diciendo que se había equivocado… mi mirada decepcionada no podía ver más allá del suelo, no tuve el coraje o el cinismo de verle a los ojos, tan solo mis oídos pudieron escucharle su bien pensando y escrito discurso de disculpas, más en mi corazón aún no había lugar para entender el perdón del tiempo y de lo que había pasado hacia un par de meses… ¿Cuánto puede cambiar alguien cuando no está a tu lado?, me preguntaba eso cada día que deje que sus artimañas me sacaran de quicio y sus mentiras se daban lugar en mis pensamientos. Lucia fue esa chica que en medio de mi duro carácter, logre ablandarme tanto que nunca siquiera me percate de su trato o su forma de ser nociva, fue ese primer amor tan mágico como impredecible, romántico y a la vez doliente, que por un poco más de dos años fue el motivo de tantas sonrisas como ceños fruncidos, mi familia la apreciaba y por supuesto yo lo hacía también, pero todo cambio cuando en una noche de viernes, una chica se acercó a mí, una joven que había pertenecido a mi grupo de la universidad y que me dio el ánimo suficiente para arriesgarme de vivir de la música, pues mi trabajo como asesor contable no iba muy bien con mi personalidad, más si sentía que mi vida se estaba yendo por el retrete, mis padres estaban orgullosos de mí, aunque igual lo estarían si vendiera gomas de mascar en las calles de la ciudad, fue así como comencé a dudar de lo que en verdad quería hacer con mi vida… lástima que eso a Lucia no le pareció muy coherente, no quiso que dejara mi trabajo, que gastara mi tiempo ensayando una y otra vez las canciones que lograba escribir… si tan solo hubiera entendido que las escribí por ella, tan solo su refugio egocéntrico fue el escudarse con decir que yo no era el mismo… hasta que finalmente tuvo la razón, no fui el mismo en el momento que no tuve dinero, mucho menos me sentía igual en el momento que deje la casa de mis padres y sentí su ausencia en mi día a día, ella poco a poco se encerró en su ego para protegerse de sus propios errores, hasta que una noche, justo en la entrada de este edificio, ella me expreso que ya no sentía lo mismo… lo cual había sido obvio desde hacía un par de meses, recuerdo que no tuve más palabras que aceptar sus condiciones, mi corazón y mi pensamiento no daban más allá de la realidad, ella había cambiado y mi nueva vida, las dificultades y el tiempo, habían hecho que yo también cambiara. Terminamos nuestra relacione n los mejores términos posibles, como muy buenos amigos, sin embargo el tratar de hablarle se volvió una agonía, se volvió fría y más que distante, se convirtió por completo en una mujer diferente, pues era evidente que se había dado cuenta de su error, más nunca tuvo el coraje de admitirlo, se fue de mi lado con la excusa de que no era el mismo, más nunca tuve la mínima oportunidad de revindicar mis errores si esos alguna vez existieron… quizá el único error fue el soportar tanto tiempo de la misma manera, sin embargo era en vano el pensar más sobre el asunto. Ella me devolvió las canciones que le había escrito… yo le di de vuelta sus promesas y todo quedó en paz y aparente equilibrio, pero ahora que todo iba un poco mejor, su presencia en mi vida había tomado de nuevo un poco de fuerza… pero yo estaba seco por dentro, luego de que el tiempo pasara, ya no era posible el perdonar y seguir adelante. Tome mi teléfono en la mano y me dirigí a la cocina para preparar una bebida aromática, deje el teléfono sobre la mesa y de vez en cuando lo ojeaba solo para volver a dudar si debía contestarle su mensaje o simplemente dejar que mi plan de no hacer nada ese día siguiera su camino, de momento serví mío bebida en una taza y me dispuse a beberla mientras aun pensaba si debía contestar sus mensajes, pero por suerte el ruido de la calle, el sonido de la ciudad ya despierta, llamo mi atención, mi apartamento contaba con un pequeño balcón en el cual solía sentarme a ver el atardecer… era algo que mis vecinos envidiaban pues no todos los pisos tenían un balcón, mucho menos lo suficientemente grande para que acomodara mi piano y regalase unas cuantas tonadas a una ciudad indiferente, quise acercarme y asomarme por el balcón, ver el paisaje matutino a la vez que quería sentir la brisa en mi torso aun desnudo, camine hacia el balcón, pero mis pasos se detuvieron al sentir que llamaban a la puerta, me detuve de inmediato y confundido mire a mi alrededor… podría ser mi madre mas no me había dicho nada de visitarme… algún amigo de la banda mas no había ninguna señal de estos. Camine hacia la puerta y revise la mirilla, lo que vi fue algo totalmente desconcertante, pues afuera de mi puerta se hallaba Lucia, abrigada por su chaqueta de cuero rosa y su pantalón ajustado de color n***o que tanto le Lucia, sostenía su bolso con sus manos y esperaba paciente a que yo abriera, sin embargo yo no tenía idea alguna de lo que estaba pasando, no sabía si debía abrir la puerta o bien fingir que no estaba en casa, mis manos temblaban al igual mis piernas por los nervios que sentía en ese momento, fui rápidamente a mi habitación y tome cualquier camiseta que vi tirada por allí, me la coloque al tiempo que caminaba hacia la puerta de la entrada y tras respirar profundamente tome la cerradura y abrí la puerta de inmediato.
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