Capítulo 18
El Atardecer
Parte 5 / Casualidad
[Santiago]
No podría fácilmente olvidar su rostro, sus expresiones, peor aún su mirada, esa forma de mirar tan única en ella que es tan difícil de dejar en el olvido, de hecho nunca siquiera considere olvidar esa mirada, la misma que odiaba tanto y a la vez me inspiraba tanto cariño, aun en esos momentos en que había tomado la decisión de dejarla atrás pero irónicamente me había dejado llevar por sus juegos, esa manera sutil e inocente de volverse a meterse en mi vida pese a que cada quien debía vivir con las consecuencias de sus actos y sus decisiones.
—Hola Santi—saludo ella con timidez al tiempo que me miraba inocente a los ojos.
—Paula… que sorpresa verte aquí…—le respondí aun conmocionado por verla en ese lugar.
—Estaba realizando algunas diligencias del trabajo acá cerca y se me ocurrió que podía visitarte un momento… y ver como estabas… como te había ido…—contesto ella tranquilamente mientras jugaba con su cartera con sus manos algo nerviosas.
—Es un gusto que estes acá…—le respondí amablemente, —¿Quieres pasar?—le pregunte inconsciente.
Tan pronto como escucho mi invitación, ella se mostró regia, con un rostro serio a la vez orgulloso, dudo por un segundo, ojeo de momento mi vestimenta y finalmente acepto asintiendo con su rostro. Abrí paso para que entrara en mi apartamento, ella entro a pasos lentos y yo solo me hice a un lado para cerrar la puerta suavemente.
—Estaba a punto de calentar algo de café…—le dije dirigiéndome a la cocina, —¿Quieres un poco…?, o ¿prefieres otra cosa? —le pregunte con amabilidad.
—Una bebida aromática estaría bien…—contesto.
En ese preciso momento me di cuenta que había dejado la taza que había servido para mi sobre la barra de la cocina, ella la miro por un momento y tuve que estirarme para tomar de nuevo la taza y dejarla aparte para servir de nuevo dos bebidas aromáticas. Ella siguió sus pasos y se acomodó sobre uno de los sofás de la sala, me miraba algo nerviosa a la vez que inspeccionaba el lugar.
—Siempre me gusto esta foto de tu familia…—me dijo a la distancia.
Paula había caminado hasta la vitrina a un costado de la sala y tomado en sus manos el marco de la foto que contenía la imagen de mi familia, mis padres y mis hermanos y de fondo el paisaje de una laguna cerca de la ciudad.
—Es una bonita foto… todos tenemos una copia— le dije desde la cocina.
—¿Y tu familia?—pregunto ella.
—Están en casa… mi madre sigue en la ciudad y mis hermanos son quienes la cuidan… mi padre sigue de conductor… llegara en un par de días con su camión…—le explique al tiempo que servía la aromática en un par de tazas.
tome una bandeja y colocando las tazas sobre ella camine hasta donde Piala estaba parada viendo mis fotos familiares y le ofrecí lo que me había pedido.
—Gracias Santi…—me dijo al recibir la taza, —Me alegra mucho que tu familia este bien…—dijo con tono interesado.
—Te lo agradezco… ellos a veces te preguntan… confían en que tu estes bien…—le confese con timidez.
—¿Es enserio…? Me parece algo lindo...—respondió.
Tomo de su taza y se dirigió a la barra de la cocina como si nada, yo me quede desde la sala recostando mi espalda sobre la ventana cerrada, haciendo que mi silueta se confundiera con la luz del sol que brillaba en ese momento. Ella parecía estar algo nerviosa, su bolso había quedado en el sofá y ella ya se había quietado su abrigo, su blusa era algo modesta al igual que su pantalón de traje algo ancho, muy ajustado a la moda, a decir verdad, no podía negar que se veía tan hermosa como siempre lo pensaba, que su cuerpo aún tenía ese toque de sensualidad tan modesto que parecía mentira que fuese de la manera en que yo la había conocido. Mi pensamiento me traiciono al verla sentada en la silla alta de la barra de la cocina, cruzo sus piernas y aunque fuese imposible el notar su piel, me parecía llamativo la silueta de sus piernas y sus caderas dibujadas por el pantalón n***o de traje.
—¿Y cómo has estado…?— le pregunte ignorando el silencio incomodo por el cual estábamos pasando.
—Bastante bien… el trabajo es algo que me mantiene ocupada… pero rinde sus frutos—expreso con soberbia, —¿Y la música… como vas con eso…?—pregunto con interés, al dejar la taza a un lado de la barra de la cocina.
—Bastante bien… anoche tuvimos un toque y nos fue perfecto… incluso nos promocionaron para ir cada semana…— le respondió con orgullo.
En mi interior sabía que estaba mintiendo, mis manos nerviosas me delataban, pero para ella le era casi imposible saber cuándo mentía, en nuestra relación poco lo había hecho y si mentí había sido sobre cosas sin sentido… como haber llegado temprano a casa o con hacer lo que debía cuando solo estaba acostado sobre la cama.
—Me alegra mucho el escuchar eso…—respondió distraída.
Me termine mi bebida casi de un solo sorbo, mi taza estaba vacía ya desde hacía unos segundos, pero me tome mi tiempo para caminar hasta el balcón, asomarme despreocupado y darle así la espalda por un momento a Paula, pues buscaba de alguna forma hacerle una breve señal de que no tenía mi atención por completo, el silencio era incomodo a la vez que su mirada evadía por completo mi persona, se dedicó más a ojear lo que había en el apartamento que a mirar mi rostro, que por cierto en ese momento no podía evadir la incomodidad de la escena… mi ex novia sentada en la silla alta de la cocina, y yo apenas si me había levantado hacia varios minutos, de manera incomoda, puede apercibir su perfume por el aire, de hecho ya seria difícil el olvidar que toda la sala olía como ella, a sacudí mi nariz con mi mano, fingiendo estar algo molesto, como si tuviese alergia, pero ella ignoro por completo mi gesto de desagrado.
Camine hasta la barra de la cocina, me coloque de pie junto a Paula y me incline para alcanzar a dejar mi taza sobre el lavaplatos, en ese preciso momento mi mirada conecto con la de Paula, esa mirada nuevamente… como la aborrecía y la amaba al mismo tiempo, siquiera sabía que eso era posible, el tiempo se congelo y ella se me quedo viendo directo a los ojos, yo por mi parte me quede observando sus labios rosados y su sutil sonrisa cómplice, de repente, ella coloco su mano en su pacho y aprovecho que estaba cerca de ella para halarme de la camiseta y besarme, choco sus labios con los míos de una forma casi brusca, sus labios se abrieron de a poco y yo sorprendido solo podía pensar en lo bien que se sentía sus labios junto con los míos, miles de momentos se revivieron en mi mente pues había pasado mucho tiempo desde que siquiera me había detenido a oler el perfume dulce que usaba siempre. Su labios con los míos se dejaron llevar y de repente estábamos inclinando el rostro para combinar a la perfección nuestras bocas, pude sentir su respiración, la columna de aire exhalado contra mis mejillas y supe en ese momento lo que estaba pasando… como pude ser tan idiota, ella no estaba haciendo ninguna diligencia, no había ido casualmente al centro y llegado a mi edificio por casualidad, ella estaba en ese lugar porque precisamente había fabricado sus propias posibilidades, más mi corazón y mi mente me estaban traicionando en ese momento, pues ubique mi cuerpo frente a ella y con sus manos ella comenzó a abrazarme, un beso robado, un beso lento… ahora era un beso apasionado entre dos personas que se conocían a la perfección en esas situaciones, sus manos recorrían mi abdomen, pero yo permanecí en mi lugar, tenía mis manos sosteniendo mi cuerpo contra la barra de la cocina. Sus manos bajaron lento a la par que nuestros labios se apresaban mutuamente, mi pensamiento no funcionaba bien el ese momento, pero al sentir que estaba subiendo mi camiseta lentamente, mi cuerpo me traiciono pues eleve mis brazos para facilitarle el trabajo, separo su rostro del mío solo para detenerse a ver mi torso desnudo, pude ver en ese momento el deseo en su mirada y la complicidad del momento que ella misma había elaborado y que yo de inocente había dejado que pasara, tan solo era un actor más en el teatro que ella misma solía poner en escena.
Me tomo de la cadera y me acerco nuevamente a ella, un beso húmedo fue la bienvenida a una vista mucho más cercana, no pude negar que no era mi cabeza la que estaba pensando por mí en ese momento, pues de reojo quise ver por encima de su blusa, ese sutil escote que tan solo revelaba de momento la línea media de sus pechos, lo hice sin querer, como si fuese un instinto ya marcado luego de tanto tiempo en que solo la deseaba a ella, Paila tomo mi mano y la coloco en su pecho, se sentía bastante bien en ese momento acompañado por el beso, sentí su otra mano recorrer mi abdomen hasta el límite de mi pantalón y de mi entra pierna, abrió su mano y con poca sutileza paso su mano por mi pantalón, sentí como la recorría y sentí que no podía hacer nada en ese momento, me estaba sometiendo sin darme cuenta, subió su mano un poco y toco con ligereza el botón de mi pantalón, lo desabrocho con destreza inigualable. De repente, a mi mente llego una leve imagen de los momentos previos a la su decisión de dejarme sin siquiera escuchar lo que yo tenía por decirle, como si se congelara el tiempo, sentí en un solo segundo toda la desesperanza y la decepción que sentí cuando me di cuenta la forma en que ella me había dado la espalda en medio de las dificultades. Abrí de golpe mis ojos y con mi mano en su pecho me apoye para apartarme de allá, justo antes de que su mano abriera por completo mi cremallera, su mirada confundida era inexpresiva realmente.
—No puedo…—le dije con voz suave, —En verdad lo siento… pero no puedo hacer esto—le exprese resignado.
No estaba mi entiendo, mi cuerpo deseaba estar junto al suyo, más mi pensamiento aunque estuvo ausente por unos segundos, me hizo entrar en razón, si pasaba lo que ella había claramente planeado, me sería imposible el sacarla de mi vida, me seria inevitable el volver a sentir la decepción y el dolor que ella misma sabia me había provocado, era consiente de eso y por eso mismo se sentía culpable, más su inseguridad la había traído a mi apartamento esa mañana, creyendo efímeramente que no había más maneras de arreglar sus errores.
—No me estás hablando enserio…—me respondió enojada.
Apenas si pude verla a los ojos, la mire con seriedad y repetí en mis pensamientos… “No puedo…”.