El Atardecer / Ella

1514 Words
Capítulo 14 El Atardecer Parte 1 / Ella [Jessica] La luz del amanecer, esa que irradiaba un sol naciente temprano en la mañana, era acompañado de manera egoísta con el sonar de los autos y de los autobuses pasando frenéticamente por la avenida en frente del edifico donde vivía ya hacia unas cuantas semanas; el sonido de los claxon de los autos se sentían en mis oídos cubiertos como pequeños golpecitos de un dedo, como si un niño pequeño te estuviera molestando para despertarte o para pedirte algo prestado, aunque era algo más molesto que eso… con el solo hecho de darme cuenta de lo que estaba escuchando desde la calle, ya sabía que mi sueño, mi muy valioso sueño, se había ido por el momento. Abrí lentamente mis ojos solo para ver como mi gato amarillo… el viejo Malú estaba aún acurrucado a mi lado, con su patita cubriendo su cabeza, se notaba que también despreciaba el ruido proveniente de la calle, el sonido de los autos e incluso el estruendo de las ollas de la vecina que a esa hora se apuraba a preparar el desayuno de su hijo y de su madre. Me di la vuelta y quede de frente al techo, mi mirada se confundía en el blanco profundo de su pintura al tiempo que repasaba por mi mente lo que debía hacer ese día… no mucho en realidad, mi gato se despertó en definitiva y se colocó de pie junto a mí, estaba aún dormido pues sus ojos no se abrían aun por completo, apenas me observaba con igual desprecio y al cabo de unos segundos algo lo inspiro a lamerse sus patitas. Me quede viéndole por un segundo, saque mi brazo de debajo de mi cobertor y le acaricie tiernamente en el cuello, el actuó indiferente, pero de momento su lengua se desvió a mi mano y lamio el dorso de esta como si fuese su mejor compañía… y en realidad lo era… o más su “Única compañía”. Me quede observando el techo mucho más tiempo, los rayos del sol entraban por las dilataciones de las cortinas rojas que mi madre me regalo hacia un tiempo, se notaba por el brillo de la luz aun e se dibujaba en el suelo, que el sol estaba tomando más y más fuerza como era de esperarse, lo cual tan solo fue una sutil señal que me llamaba a despertar completamente y que debía abandonar mi cama… al menos por ahora, levante mi torso en el instante que hice a un lado mi cobertor, mi gato salto de la cama algo molesto a la par que estiraba sus patas a cada paso que daba, como si ensayara sus saltos de ballet. Mire a mi alrededor y estire mi brazo para alcanzar mi teléfono celular que había dejado sobre la mesa de noche, lo tome en mis manos y revise una a una las notificaciones que habían llegado durante la madrugada, esperaba con ansias recibir un correo electrónico de mi amiga de toda la vida Diana, pero ninguna de las notificación tan siquiera tienen que ver con ella, finalmente conteste y envié mensajes a mi madre y mis hermanos, e ignore unos cuantos saludos aparentemente inofensivos, uno de mi exnovio… y uno del que sería mi ex amigo si me seguía molestando. Tire el teléfono a un lado… obviamente contra la almohada y el cobertor, estire mis brazos en el aire como si saludara un nuevo y algo monótono día, me levante de la cama y apenas si acomode la parte de debajo de mi pijama, era incomodo sentir que se iba más allá de donde debía estar y más en el momento en que me levante, una vez de pie, me estire de nuevo, esta vez con la intención de aumentar el irónico cansancio que sentía en ese momento luego de haber dormido casi toda la noche, camine hacia la ventana y tome las cortinas de cada extremo, respire profundo y de golpe abrí las ventanas para recibir en mi cuerpo completamente los rayos de sol que presagiaban un espléndido día soleado sobre la ciudad capitalina de Bogotá. Me encantaba ver el horizonte gris y tenue de la ciudad, manchado por la contaminación como de costumbre, pero con un espléndido sol que me motivaba… a quedarme en mi apartamento. Sin ningún tipo de preocupación alguna, camina por la habitación y Sali de ella, mi gato me esperaba a la mitad de la sala impaciente por que le sirviera su desayuno, se acercó a mis piernas y se froto con ellas entorpeciendo mis pasos, sin alternativa alguna tuve que acercarme a la alacena y servirle en su plato un poco de comida para gatos, sus maullidos solo se escuchaban como un quejido o un reclamo hacia a mí por no complacerle tan rápido como él lo quería, tome su plato y lo coloque en el lugar de siempre, en el suelo al lado del televisor, su atención se enfocó por completo en devorar su comida mientras yo aun con la flojera de haberme despertado temprano decidí ir a la cocina para ver que podía prepararme, coloque en una pequeña olla un poco de agua a calentar, y saque de la alacena el tarro del café que mi madre me había enviado desde la casa de mis abuelos en el campo, el aroma del café me hacía recordar los buenos tiempos cuando vivía junto con mi familia, pese a que mi padre se había ido al cielo hacia un par de años, aun éramos muy unidos, sin embargo mis hermanos tenían cada uno su familia y Vivian en diferentes lugares de la ciudad, mi madre por su parte le gustaba mucho viajar, pero en esos momentos estaba en la casa de sus padres, en el campo del sur del país, y yo en mi lugar, había pasado mi tiempo viviendo en diferentes apartamentos, pero todos cerca del centro de la ciudad, era algo un poco inexplicable pero me agradaba el paisaje de la ciudad, siempre buscaba vivir en los pisos más altos, con las mejores vistas al atardecer, era algo que amaba ver, al tiempo que leía un poco, sentada en el mueble de la ventana. Me dirigí al baño pero no tarde demasiado, cuando volví a la cocina, de camino prendí el computador de mi escritorio, ese que era el único símbolo de mi vida como adulta, ubicado en tan solo un rincón de la sala, volví a la cocina y baje el agua caliente, le agregue un poco de café y en contados segundos todo el apartamento olía a café, un aroma un poco amargo pero que en aire se hacía suave, se confundía con el aroma de mi perfume en medio de la habitación, me encantaba esa combinación, tanto así que no me quedaba en un solo lugar mientras bebía mi café, caminaba por doquier sosteniendo la taza de café y llevando consigo su aroma, mientras en mi mente repasaba de manera concreta lo que debía hacer ese día en especial, me había equivocado en pensar que no tenía mucho por hacer, pues debía comenzar a trabajar y de paso realizar algunos informes de la semana que ya casi acababa… algo totalmente aburrido y decepcionante para alguien que gasto mucho de su tiempo y de su dinero en estudiar algo que amaba, para venir a trabajar desde casa atendiendo llamadas de una muy importante compañía de ventas… pero ese era el destino de muchos jóvenes. Termine mi taza de café y me dirigí a mi escritorio, aun vestía mi pijama de forma despreocupada, aun se me notaba en el rostro el sueño frustrado que me había dejado el despertar tan temprano, pero al mirar la hora en el reloj de la sala, supe que era el momento de resignarme y dejar que la rutina comenzara, no importaba si afuera haría un buen día, si me sentía bien o mal con algo que me hubiese sucedido, mi única responsabilidad en ese momento era el sentarme frente al computador, reportar mi llegada al trabajo, y contestar amablemente si una llamada entraba a mi buzón. Estaba ya a tiempo, pero me tome unos minutos para ir a la habitación y cambiarme de ropa, ponerme algo menos provocador que mi pijama, nadie me vería, pero no por eso debía vestir mal, aun así escogí para la ocasión una sudadera y un saco de lana que me gustaba mucho usar en casa, una vez lista, tome la decisión de sentarme en mi escritorio, justo al lado de mi ventana, a un lado tenía el paisaje matutino de la ciudad, y del otro la pantalla de mi ordenador como si fuese un grillete para mi mirada. Inicie mi turno y en tan solo un par de minutos ya tenía una llamada en espera… “Buenos días, habla con Jessica, y este comunicado con la línea de atención al cliente… ¿En qué le puedo ayudar?” … eran las palabras que repetía en mi mente en el segundo ante de contestar una llamada.
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