Capítulo 13
El Viaje
Parte 7 / Inesperado
[Jorge]
Recuerdo… recuerdo haber estado frente a esa mirada hacia ya bastante tiempo, tan solo un mes después de conocer y pedirle a Sara que fuera mi novia, tuve que ir a su casa para cocerlo, yo estaba nervioso y el lucia tan arrogante como siempre lo había sido… según lo que me contaba Sara sobre él, su pasado, las cosas que vivieron juntos, nadie más propia precisamente saber tanto de ella como él y ahora yo que estaba a su lado, lo conocí una tarde de domingo por petición de él mismo, Sara no quería que yo lo conociera por lo delicada que era su situación con él, y claramente yo no quería hacer algo por obligación del compromiso propio, además de que el tan solo lo hacía por los celos puros de que Sara ya no estaba a su lado, tampoco lo necesitaba, mucho menos lo necesitaría en un futuro, mucho tuvo que vivir ella a tal punto de incluso sentir que su corazón estaba tan cansado, por suerte me conoció a mí, esa fue la diferencia entre un pasado turbulento y un futuro algo prometedor… de manera modesta puedo decirlo.
Mire la perilla y de inmediato lo vi, supe que era él y mi mirada cambio por completo, voltee a mirar a Sara y su rostro era inconfundible, era obvio que tenía miedo y entendí en ese instante que de eso constaba el hecho de que ella se había sorprendido con mi presencia, no fue evidente minutos antes pero ella estaba nerviosa y yo lo ignore por completo pues pretendía olvidar lo que me había pasado horas antes en la oficina del Doctor Peláez, la vida misma estaba a punto de venirse abajo, y esa visita, ese hombre tras la puerta era tan solo el presagio de que llegaban más malas noticias, esta vez eran personales y directamente a la puerta de mi apartamento. Ignore todo sentimiento de comprensión en ese momento, hale con fuerza la puerta y la abrí casi de golpe, para tan solo encontrarme con el frente a frente.
—Jorge… que sorpresa…—me saludo de inmediato el hombre, —Sara… cariño, te ves hermosa…—agrego el hombre despreocupado.
—Hola papá…—Respondió Sara resignada.
Yo honestamente no sabía que hacer, el hombre que había llamado a la puerta, no era del todo mi agrado, de hecho era mi suegro Hernando.
—¿Puedo pasar?—pregunto desconfiado, —No tardare mucho tiempo—explico.
Me hice a un lado y el hombre entro de inmediato, mi incomodidad bajo la guardia en el momento que note que Sara tenía lágrimas en su rostro, sabía lo que había hecho su padre hacía mucho tiempo, y lo difícil que fue todo luego de que su madre… su esposa dejara este mundo. Hernando abrazo sentidamente a su hija y podría jurar que vi en sus ojos una expresión tranquila, antes lo que estaba pasando yo no podía decir nada, también extraño a mi padre y estoy lejos de casa, me quede en silencio mientras cerraba la puerta lentamente, pensé en calentar un poco de café, pero de camino a la cocina el hombre me detuvo brindándome su mano para saludarme, lo mire confundido, su energía era distinta además de su semblante, no estaba frente a mí el mismo hombre que me dijo de frente que yo era nadie para su hija… lo recuerdo bien y me da rabia pues apenas si me conocía, pero el hombre que estaba estrechando mi mano era totalmente diferente… y se sentía de esa forma.
—¿Le ofrezco una taza de café?—le pregunte de momento.
—Si, un poco claro… pero bajo en azúcar…—respondió el hombre confiado.
Me que3de a la distancia desde la cocina apenas ojeando lo que esos dos charlaban, hablaron en ese momento de cómo iba todo en el trabajo y en la universidad de Sara, pregunto por mí pero lo hizo hablando con ella, Sara dudo por un segundo, lo note pues la estaba observando, pero no estaba de más que ella misma dudara de cómo estaba yo, o solo no quería responder… no quería responder, y si lo hizo no estaba segura de su respuesta. Tome la taza de café y se la lleve a Hernando, me senté en el sofá frente a él y con algo de timidez me quede escuchando la sutil y normal conversación que padre e hija estaban sosteniendo, parecía normal, una fiel conversación de quienes se estaba reencontrado después de mucho tiempo, sin embargo, al cabo de un par de minutos Hernando se colocó de pie, supe de inmediato que algo iba a suceder pues el hombre busco dentro de su chaqueta su billetera y la abrió somo si nada.
—Sara… Quiero ayudarte… mas no es un préstamo, quiero ayudarte en lo que me dijiste, pero no quiero que sientas me debes algo… solo quiero que ustedes estén bien…—
—¿De qué está hablando tu papa, amor?—le pregunte a Sara por completo confundido.
—No sé cómo explicarlo…—contesto al instante, —Se que hace mucho no ves a tus padres, que sientes que todo ha sido complicado, pero sé que tu mayor preocupación es tu familia…—
—¿Pero y eso que tiene que ver con tu padre?—le reclame confundido.
—Sara me comento lo que pasaba, me pidió le ayudara pero hare algo mejor… ambos tomaran sus maletas… sara tiene todo listo… y tu Jorge, vas a ir a ver a tus padres…—me explico Hernando con seguridad.
Mire a Sara, mire a Hernando, y me costaba entender lo que me estaban proponiendo… mi novia tan solo me miraba con un poco de esperanza a la par que yo no sabía que responder, parecía que me estaban jugando una broma, pero Hernando no quiso esperar a mi respuesta y le entrego a Sara dos tiquetes de autobús, y unos cuantos billetes.
—No entiendo…—balbucee sin pensar.
—Amor… está todo listo… perdón por ocultarte esto, pero queríamos sorprenderte…—me dijo Sara tomándome de las manos, —Vamos a visitar a tu padres… sé qué hace mucho que los extrañas…y cada vez que quieres ir a verlos has tenido que postergarlo por alguna razón… por eso te sientes así de frustrado… distinto… y lo mejor es que yo iré contigo…—agrego ella.
Mi mirada congelada en un punto en la distancia, Sara tomándome las manos para explicarme lo que estaba sucediendo… de repente sentí un calor en mi pecho y mi pensamientos fue claro desde ese primer segundo, tenía la oportunidad de darle un alivio a la preocupación que estaba atormentando mi alma en ese momento de mi vida… mi trabajo en la firma de abogados había terminado de repente, la universidad estaba sumergida en la monotonía, tal solo Sara era parte de la luz que me daba algo de ánimo día tras día.
—Entonces debemos irnos ahora…—dije con especial ánimo.
Hernando sonrió como si celebrara mi respuesta, Sara me abrazo enseguida pero me soltó de inmediato.
—Yo tengo todo listo… solo falta algo de tu ropa…—aclaro al mismo tiempo que se alejaba.
—Los esperare abajo para llevarlos a la terminal de autobuses—dijo Hernando tomando camino hacia la puerta del apartamento.
Sara corrió de un lugar a otro, empacando en nuestras mal estas de viaje ropa y artículos que necesitábamos, le pregunte si debía avisarles a mis padres y ella dijo que sería mejor tomarlos por sorpresa, sin embargo, le escribí un mensaje algo sospechoso a mi hermana menor y creo que lo entendió pues desde ese momento me comenzó a preguntar sobre el tiempo que tardaría. Mis ojos permanecían aguados desde el momento que Sara me entrego mi maleta de viaje, estaba tan emocionada como yo, más sin embargo yo no tenía la mente en ese momento para expresarlo, parcia un poco conmocionado, ni siquiera recordaba el problema de que me habían despedido, en su lugar tome mi maleta, le ayude a Sara a llevar la suya, y pese a la lluvia, salimos del edificio abordando el auto de Hernando, él nos estaba esperando en su auto, tan pronto como subimos las maletas y cerramos la puerta, el dio marcha a su carro y nos llevó en cuestión de minutos a la terminal de autobuses, no era más de las 3 de la tarde en ese momento, la lluvia apenas estaba terminando de caer del cielo, lo hacía con menos fuerza con forme pasaba el tiempo. Llegamos a la terminal y Hernando no se bajó del auto para despedirnos, abrazo desde su lugar a Sara y me dio un apretón de manos que más que respeto tenía un tinte de aprecio, y no estaba de más sentirlo en ese momento. Todo paso muy rápido a decir verdad, tan solo había pasado una hora desde que había llegado a casa sin ilusión alguna, perdí mi empleo y solo me quedaba el seguir estudiando en la facultad, pero Sara había hecho lo posible por algo que casi siempre las personas ignoran, ella entendía de manera atenta que para estar bien con las personas que quieres, se debía estar bien desde adentro, con nosotros mismos y yo no había cumplido esa regla, me faltaba mi familia y eso era algo que no podía posponer más de la cuenta. Sin pensarlo mucho y al cabo de unos minutos, nos encontramos a bordo de un gran bus, con una espera por llegar a mi pueblo, mi nerviosismo, al igual que mi nostalgia por lo que estaba ocurriendo, recibían consuelo apenas de Sara, que con cariño tomaba mi mano, al tiempo que se acomodaba en mi hombro y me abrazaba con cariño, mientras veíamos el paisaje de la ciudad quedando atrás, tan solo era el comienzo de un viaje, que en nuestra mente era inesperado, pero lo deseábamos con el corazón… en especial en el mío.