Capítulo 3
La Promesa
Parte 3 / Señales
[Pablo]
Recuerdo la primera vez que vi su sonrisa, sentada en el parque del barrio apenas hacía unos segundos estaba llorando por un amor que había salido del todo mal, recuerdo con detalle el haberme acercado a ella e inocentemente preguntarle si le había pasado algo, aunque era evidente que esto era cierto, ella tan solo me miro, pero enseguida siguió llorando, al tiempo que intentaba secar sus lágrimas con sus manos. No sé qué me impulso de manera un poco alocada a sentarme a su lado, esperando de forma un poco inútil a que cambiara de parecer y quisiera quizá contarme lo que le sucedía en ese momento, ya la había visto pasar por el barrio, tomada de la mano con un maloso que vivía a unas cuantas calles de su casa, sin embargo, el hecho de nunca haber cruzado ninguna palabra, no me impidió preocuparme por ella, un par de minutos después ella tomo mi mano y me pregunto si alguna vez había sido traicionado… tan solo tenía 19 años en ese momento, no conocía siquiera la sensación de sentirme enamorado, aunque ella al parecer ya lo había vivido pese a que su breve noviazgo tuvo un triste final.
—No, la verdad no… pero supongo que es como cuando tu jugador favorito se cambia de equipo…—le respondí en medio de mi inocencia.
Sonrió brevemente tras escuchar mi ridícula respuesta… bueno no fue tan ridícula en su momento, pero logro su propósito que fue el hacerle sentir bien por un momento, fue en ese instante que vi su sonrisa por primera vez en mi vida, desde entonces no podía olvidarla, si cerraba los ojos la imaginaba, si la sentía ausente me lastimaba… desde entonces sentí que ella me gustaba. Lo que sucedió tiempo después de ese día fue programáticamente un noviazgo juvenil, cuando su ex novio dejo de molestarla, tome la decepción de conquistarla, no pensaba en ella como una novia, esa palabra no existía en mi mente en ese momento, tan solo sentía en mi interior el afán de compartir con ella, de pasar el tiempo a su lado… y poco a poco resulto siendo parte de mi vida, y yo parte de la suya.
Mi pensamiento se había quedado grabado la sonrisa de Estela, tal como lo había hecho desde siempre, pero su nostalgia, mi inocente pero importante promesa de llegar temprano a casa y compartir un poco, había llenado de esperanza a mi esposa que sentía la necesidad de volver a vivir momentos como los de nuestro noviazgo. Sin duda alguna la promesa era mucho más que unas cuantas palabras reconfortantes en el sentido de aliviar una preocupación, eran una pequeña semilla que más que expectativa, estaba para dar un poco de esperanza, tanto a quien se promete, como a quien lo dice de manera honesta, pues yo sentía también la necesidad de demostrar que es el amor de mi vida… que me hace mejor persona de lo que puedo merecer. Había continuado con mi recorrido de nuevo a bordo del autobús, esta vez el tráfico estaba por completo terrible pues no había paso por ningún lado, apenas si había recorrido un par de kilómetros cuando estaba por completo detenido el tráfico por sobre la avenida, por supuesto las quejas y malas caras de los pasajeros no se hicieron esperar, aunque yo no tenía culpa alguna de lo que sucedía en ese momento, me tome mi tiempo para mirar con curiosidad a mi alrededor, revise mi teléfono celular, haciendo que el pasar del tiempo se sintiera menos lento mientras el embotellamiento aun continuaba en las calles de la ciudad. Tan solo había avanzado un par de metros cuando un policía de tránsito, agilizo el tráfico pasándonos al carril contrario… algo extraño a decir verdad, pero la situación al parecer lo ameritaba, tuve que esperar el momento más oportuno pues el autobús no es muy versátil en las calles pequeñas, además, que debía tener cuidado con los otros autos que erróneamente se había colado frente a mí, poco a poco el tráfico fue normalizándose y me dejo avanzar y seguir con mi recorrido, aunque fue solo cuestión de tiempo para que de nuevo quedara en medio de un embotellamiento, esta vez, cerca del centro de la ciudad, en el distrito empresarial, donde se ubicaban tanto los bancos principales como algunas grandes empresas que ni sabia a que se dedicaban. La paciencia era una amiga que iba y venía, por momentos me sentía estresado por sentir que estaba perdiendo el tiempo, por otro lado, estaba agradeciendo por el tiempo que me daban los embotellamientos parea pensar en lo que podría hacer con mi matrimonio… ¿Y si dejo todo como esta? Me pregunte en un instante, tal vez había cierta comodidad en el inconformismo de las situaciones, mejor llamada como resignación… pero no me sentiría bien el quedarme con los brazos cruzados, ¿y si lo dejo todo y busco una mejor manera de ganarme la vida?, quizá algo que no se lleve del todo mi tiempo, podría ser taxista o bien un chofer de alguna familia importante… conocía compañeros que se dedicaban a eso, ganaban bien, aunque el tema del tiempo no mejoraba, incluso se requería mucha más disponibilidad. Con la cabeza a punto de estallar, no solo por el calor del medio día que presagiaba la lluvia de la tarde, si no por la infinidad de ideas y dudas que en ese momento no dejaba de pensar, avanzaba poco a poco en el recorrido del autobús, los pasajeros no eran muchos a esa hora del día, tampoco parecían tener mucha prisa, al igual que yo ya se mostraban más despreocupados, no les parecía importar los embotellamientos o la demora en llegar a mi destino, se podría pensar que era una mejor hora para trabajar.
Llegando por completo al centro de la ciudad, había un pequeño choque entre dos autos en uno de los importantes cruces de la avenida, como era de esperarse, la calle se llenó de autos que esperaban su momento para pasar la calle, tanto los que estaban en la avenida como los que venían por la otra calle para cruzar… peor lugar habían escogido para cerrar la vía por completo, en ese momento tuve que abrir una de las puertas, pues una mujer que parecía no ser tan joven, me reclamo que la dejara bajar, no quise discutir, tampoco contradecir su prisa por bajarse en la mitad de la avenida, tan solo oprimí el botón de la puerta y junto con ella se bajaron casi todos mis pasajeros salvo por un anciano que parecía estar un poco distraído, llevaba consigo una rosa blanca y vestía de manera elegante, como los políticos de antaño, en esa época de tango y Vinotinto. Me tome mi tiempo de nuevo para pensar de manera redundante en mi situación, me pregunte por un segundo cual sería la opinión de ese anciano el cual era la única persona a bordo del autobús además de mí, de seguro había llevado una vida plena junto con su pareja… eso tienen los abuelos de ahora, llevaron vidas completas de amor pese a las circunstancias, y tan solo nos quedaba la pregunta… ¿Cómo lo hicieron? De vez en cuando volteaba a mirarle con curiosidad, pero el permanecía en el mismo lugar, parecía que hablaba solo o bien que repetía en su mente alguna palabra que se le había quedado pendiente de expresar. Poco a poco íbamos avanzando, hasta llegar a una de las paradas del autobús, tuve un poco de suerte pues logre acercarme a la acera para detenerme, sin embargo nadie se subió al vehículo, ni el anciano tampoco se bajó, tal como lo había precedido, una nueve gris y oscura, rápidamente cubrió el sol radiante que nos había acompañado toda la mañana, el día se sería gris y el viento comenzaba a avisarnos de que la lluvia estaba pronta a caer, pero antes de que comenzara la llovizna, un toque sutil en mi hombro me tomo por sorpresa mientras el autobús seguís detenido.
—Disculpe amigo…¿Podría abrir la puerta?, no quiero llegar tarde, tengo una cita importante y será mejor seguir caminando…—me dijo el anciano con algo de gracia.
—Pues creo que es la mejor opción… aunque está a punto de comenzar a llover…—le respondí con naturalidad.
—Pero no quiero llegar tarde… alguien me está esperando—insistió el viejo dentro de su terquedad.
Mire de reojo su forma de vestir, su gaban de pacho y sus zapatos perfectamente lustrados estaban a la altura de una cita muy importante, con mayor razón accedía abrirle la puesta en cuanto vi que sostenía con cariño y delicadeza una rosa blanca en medio de sus manos un poco arrugadas.
—Tenga cuidado al bajar…—le conteste yo abriéndole la puerta delantera del autobús.
El hombre se bajó con algo de precaución y se despidió con un breve gesto de su mano, se fue caminando por la acera y justo después de irse, no pasaron ni 5 segundos para que comenzara a caer una suave llovizna del cielo. Sentí un poco de preocupación por el hombre, más yo no podía hacer nada parta ayudarlo, en ese momento me había quedado completamente solo en el autobús, detenido por el embotellamiento, a tan solo unas pocas calles de finalizar mi recorrido. Con la frente sobre el volante, completamente distraído de mi trabajo, pues no había mi un solo centímetro para avanzar, me quede en silencio con los ojos cerrados, buscaba en mi interior la forma más oportuna de solucionar mis dilemas personales, en ese mismo instante, pensé en sonido de la lluvia cayendo cada vez con más fuerza sobre el parabrisas del autobús, pensé en el sonido del agua, lo cual me llevo a pensar en el mar… ese que era desconocido para mí y para mi esposa Estela, como si fuese una señala del destino, desee mi mirada sobre la calle de enfrente, y en un anuncio llamativo, parece que había dado con la respuesta a mis problemas, pues en la vitrina de una agencia de viajes se veía claramente la promoción de un viaje al mar con todo incluido, ¿El precio?, para quienes estuvieran familiarizados con este tipo de promociones, no sería considerado algo costoso, sin embargo, para mi o era algo exageradamente costoso, tampoco algo accesible en un primer momento. Me quede viendo el anuncio por un par de minutos, el tráfico avanzo un poco más, pero seguía viéndolo con curiosidad, más que eso, un nerviosismo comenzó a hacerse presente, ¿Era posible que estuviese pensando en eso?, me pregunte en el momento que analizaba los detalles de un improvisado plan. Sin esperar a que las dudas me dijeran lo contrario, sin esperar que mi pensamiento le diera mil vueltas más a mis asuntos, y claramente tomando un riesgo, me baje del autobús y con prisa cruce la calle para entrar a la agencia de viajes, debo admitir que no estaba pensando con claridad en ese momento… o bueno, estaba pensando más con el corazón que con cualquier otra cosa.