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976 Words

Dante Estaba desayunando cuando vi a Regina bajar. A pesar del maquillaje, no pude evitar notar las marcas en su cuello. Me dolía saber que se estaba acostando con él. El infeliz la sentó en sus piernas mientras se acomodaban en la mesa. —Te ves pálida, Regina... —dijo Lisandro, mirándola con preocupación. —Solo me duele un poco el estómago... —respondió ella, evitando sus ojos. Cuando uno de los sirvientes le ofreció fruta cortada, vi cómo hacía una mueca de asco. —Está echada a perder... —dijo con desdén. —Tienes un pésimo gusto, la fruta está perfecta, Regina... —Sabrina roló los ojos, ignorando su queja mientras empezaba a comer. —Amor, ve a recostarte... —le sugirió Patricio, con una voz que sonaba casi demasiado dulce. —Sí, me siento muy mal —admitió, y mi corazón se hundió u

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