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1833 Words

Al llegar la noche, el cansancio pesaba en mis hombros después de un día interminable en la clínica. Estaba a punto de salir cuando vi a Pato caminando hacia mí con una sonrisa en los labios y un ramo de rosas en la mano. Mi corazón se ablandó al instante. Lo saludé con un beso en los labios, sintiendo el aroma de las flores mezclarse con el suyo, una combinación que me hizo olvidar el estrés del día por un momento. —Amor, que seas mi esposa no significa que no pueda ser romántico, —dijo con esa sonrisa que siempre me desarma, entregándome el ramo de rosas con una delicadeza que contrastaba con su habitual actitud despreocupada. —Gracias, amor. Fue un día horrible, —respondí, soltando un suspiro de alivio mientras me refugiaba en su abrazo. Sus brazos fuertes me envolvieron, brindándome

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