—¿Cómo está la mosca más linda del mundo? —dijo al contestarle la llamada.
Era la segunda vez que llamaba en el dÃa.
—Prefiero ser colibrÃ, y estoy bien.
—Niveles de azúcar.
—Sólo he tomado un chocolate caliente… con poca azúcar —agregué—. ¿Y tú?
—Extrañándote mucho, Ossy también te extraña.
—Yo te extraño a ti, pero cambiemos el tema, ¿Qué haces?
—Estoy a nada de irte a buscar.
—Ojalá pudiera abrazarte ahora mismo.
—Pienso secuestrarte, Colibrà —dijo con esa voz ronca de forma tan sensual que me volvÃa loca—. Lo digo enserio. Tengo que verte de algún modo o terminaré por raptarte.
—No te creo capaz.
—¿Sabes hasta dónde llega el arcoÃris? —inquirió de pronto.
—No tienen final, son un cÃrculo.
Estaba comprobado cientÃficamente, solo podemos ver la mitad y especular que tiene final, pero la verdad es que no tiene fin.
—Pues asà son mis sentimientos por ti, no tienen final ni comienzo.
Mordà mi labio. Lo que darÃa por besarlo ahora mismo.
—Me gustas, ¿te lo habÃa dicho alguna vez?
Que tonta me ha puesto este tarado.
—No. Te encanto, lo dijiste hoy —lo oà reÃr—. No he parado de alardear con eso.
—Presumido.
—SÃ, soy un presumido que te alardea con todos.
Segundo beso guardado.
—Bien sólo por eso, te disculpo —re×. ¿Cómo estuvo tu dÃa?
—Entrené mucho y ahora veo partidos de básquet —se le escapó un suspiró cansado, que frustrado y exhausto estaba—. Es muy importante la jugada de mañana.
—¿Qué tan importante?
—Los medios dicen que asistirá Gregory Smith, un gran cazatalentos, es representante de cinco de los doce mejores jugadores de ligas internacionales. Es muy importante.
Vaya. Era la oportunidad de cumplir su sueño y me detestaba por no estar a su lado.
—Estaré allÃ. —decidÃ.
—¿Qué?
—¿Voy por ti o vienes por m�
—¿En serio irás?
—Es la oportunidad de hacer tu sueño realidad. No me permitirÃa no verte lograrlo, sabiendo que puedo ayudarte.
—Pero tu familia…
—Mi familia entenderá que es hora de cumplir nuestros sueños, Trey.
—¿Nuestros? —cuestionó, liado.
—SÃ, nuestros, porque ayudarte a cumplir tu sueño es mi sueño personal.
No lo habÃa pensado, pero asà era. Verlo convertirse en un integrante de los Bulls era una de mis metas a mediano plazo, y a corto plazo ayudarlo a lograrlo.
—Eres lo mejor que me pudo pasar —sonreà con el tono atontado que utilizó—. Mándame tu ubicación, iré por ti mañana en la tarde.
—Te la enviaré al colgar.
—¿Tu dÃa?
—Vi un maratón completo de Friends con Nana y jugué ajedrez con mi abuelo. Mi tÃo Ricardo vendrá a casa unos dÃas. Tengo mucho sin verle.
—¿El aficionado al básquet?
—El mismo. Vendrá con su hijo Mateo, la última vez que lo vi fue cuando nació.
La imagen del pequeño y adorable bebé tocó a mi mente.
—¿Y el bebé de tu hermana?
—Está muy sano. DeberÃas de verlo, es una cosa pequeñita. Va a ser un niño.
—¿Un niño? —se sorprendió—. Yo quiero tres niños y tres niñas.
—¿Seis? —alcé la voz, perpleja—, estás con la mujer equivocada.
Seis niños. Era como que mucho con demasiado. DejarÃa la casa como una guarderÃa y a mà sin ovarios.
—No son muchos.
—Ja —reà sin ganas—. No, claro que no son mucho. Son demasiados.
—¿Cinco? —propuso.
—No —negué, todavÃa era una cifra muy alta—. Dos.
Dos niños son mejor que seis.
—¿Dos? —su voz se agudizó—. Cuatro.
—Dos —repetà con determinación—. Lo tomas o lo dejas.
—Tres y un hámster llamado Rolly.
Reà por su sugerencia.
—No.
—Sólo son tres. —suplicó tercamente.
—Ya veremos.
Abandoné la negociación que nos llevaba a ningún lado.
—Quiero una gran familia.
—Ya te lo dije. Si quieres tener seis hijos, estás con la chica con equivocada.
—Quiero tener una numerosa familia, pero deseo fórmala solamente contigo.
Yo querÃa que mis hijos tuvieran sus ojos.
—Tres niños no es un número tan alto —acced×. Tres niños con un hámster llamado Rolly y Serpentino el pez.
Soltó una risotada.
—Ahora viene la parte crucial —aclaró su garganta—, ¿Cuándo practicamos para procrearlos?
Reà ante su pregunta pervertida.
—Cuando dejes de ser tan cachondo —recriminé, y antes de colgar le dije—. Te extraño.
Si seguÃa aquella conversación terminarÃamos hablando de cosas insanas.
Mi teléfono sonó y alumbró un mensaje de mi calenturiento Rey Ricura.
Futuro Esposo♡
Lo siento, es que nada más de recordar lo rica que te veÃas con ese vestido, me vuelven las ganas de arráncatelo y comerte. No tienes ni idea de las cosas que quiero hacerte.
No puedo ni pensar en lo que hacÃamos en su imaginación, pero si tenÃa miles de ideas al respecto y mis mejillas ardÃan al armar la escena.
Trey y yo…
Mejor dejo de elaborar estupideces y me duermo.
Terminé mi taza de chocolate y subà las escaleras.
Me tomé unos minutos para prepararme a lo que sea que encontrará en mi cuarto e inflando mis pulmones empuje le puerta.
Mi poster de 5SOS, Imagine Dragons y Nirvana aún decoraban mis paredes violetas, junto a ellos estaban mis fotografÃas.
Nuestras fotografÃas.
En unas Alice sonreÃa exageradamente, en otras hacÃa las muecas que me sacaban más de una carcajada. En esas fotografÃas ninguna estaba ni la mitad de rotas que ahora, deseé con todas mis ganas poder regresar a esos lugares capturados por su vieja cámara y disfrutar, aunque sea un segundo de su presencia.
Odié cada dÃa que me enojé con ella por tonterÃas, desperdiciando mil abrazos y dejando morir posibles momentos juntas. Momentos que ahora necesitaba y jamás los tendrÃa ni por casualidad o milagro.
Quizá asà de equitativa debÃa de ser la vida.
No vale la pena condenar recuerdos venideros por resentimientos o enojo momentáneos, pues la vida es tan instantánea y efÃmera que no te permite dar replay a esos momentos.
Ayer la tenÃa y no la valore, por eso hoy ya no la podÃa mirar.
Me confÃe tanto de su eternidad que olvide disfrutarla porque creÃa que estarÃa ahà para siempre, sin saber que para siempre serÃan nuestros recuerdos no su presencia.
—Si habrÃa sabido que te ibas —lagrimeé—, te hubiera tratado de forma diferente.
Y ese el problema nunca sabremos la duración exacta o cuando se irán.
Esta es la manera más retorcida que tiene la vida para enseñarte a valorar; no el presente sino a las personas que dan vida a cada minuto de él.
Como extrañaba y envidiaba a mi yo del pasado.
Traté de seguir en mi habitación y me acosté en mi cama e ignoré el resto de las fotos. Intenté dormir, sin embargo, no obtuve buenos resultados. Miré el reloj y eran las una de la mañana.
La idea de llamar a Trey zumbo por cabeza. Él estarÃa dormido y tendrÃa que descansar para su partido.
Cerré mis párpados cansada de batallar con mi insomnio.