DespuĂ©s fue subiendo el borde de mi vestido poco a poco hasta dejar mi sexo completamente expuesto para Ă©l. El deseo ardiĂł en sus celestes ojos, mientras se lamia dos dedos sensualmente, los mismos que utilizĂł para separar mis labios, para mejorar el rozarse de mi clĂtoris, el cuál masajeĂł con lentitud y yo vibre en respuesta.
Mi cuerpo fue sumergiĂ©ndose en el deseo que sentĂa y me obligaba a arquear mi cabeza hacia atrás, mordĂa con fuerza mi labio inferior para no dar pequeños gritos y suspiros de placer. Pero Ă©l hacĂa muy bien su labor.
De pronto sentà su lengua lamer, y no pude controlar mis piernas que temblaban frenéticamente.
—Oh, Dios —exclamé cegada por el placer—, ¡Trey! —gemà con fuerza su nombre.
IntentĂ© apoyarme en la pared, pero las ondas placer que se esparcĂan por todo mi cuerpo me hacĂa tambalearme, y no querĂa arruinar el momento.
Trey se dio cuenta y me ayudĂł colocando mis muslos sobre sus hombros mientras continuaba, pero ahora estaba centrándose en mi clĂtoris, trazando cĂrculos lentos que hacĂan palpitar mi entrepierna.
—Se siente tan bien que quiero gritar. —jadeé con mis párpados cerrados.
En ese momento notaba tambiĂ©n como actuaba su lengua, mientras yo, me retorcĂa de placer, sintiendo mi sexo que cada vez estaba más hĂşmedo.
—MĂrame —pidiĂł con voz extraña—. MĂrame mientras te enloquezco, Mia.
Su voz era familiar, pero no la de Trey.
Entre suspiros y jadeos me costó abrir mis párpados, pero lo que vi me dejó helada. Él chico agachado frente a mi vientre era Chris. Su sonrisa retorcida y ojos llenos de malicia me asustaron demasiado que empecé a gritar paranoica.
—¡NO! —desperté.
Miré mi habitación de reojo y aún estaba en mi casa. Llevé una de mis manos al pecho para evitar que mi pecho explotara, mi frente estaba empapada en sudor.
—¿QuiĂ©n es Trey? —inquiriĂł una segunda presencia en mi habitaciĂłn, que al escuchar saltĂ©. La mirĂ©, era Lya, estaba de brazos en cruzado con un semblante que me obligaba a dar explicaciones o mĂnimo responder su pregunta.
—¿De que Trey hablas?
Mejor hacerse la desatendida.
—¡Cariño! Âżestás bien? —hablĂł mamá preocupada, asomada en el marco de la puerta—. Te oĂmos gritar fuerte y asustada.
AbrĂ mi boca para emitir alguna palabra, pero nada.
—Tuvo una pesadilla. —contó Lya.
—¿Seguras?
—SĂŤ. —dijimos al unĂsono altamente.
Era la excusa perfecta para no contarles sobre mi penoso sueño.
—Bien, bajen a desayunar. —ordenó y se fue, cerrando la puerta de mi habitación.
—Dime quien es Trey y no le digo a papá sobre tu sueño húmedo.
Tragué grueso y mi cerebro elaboraba que decirle.
—Fue una pesadilla.
Era verdad, mi subconsciente me jugĂł una mala broma.
—Aja —levantó su mano—. Digamos que te creó, pero qué hay de tus gemidos.
Oh, chispas.
—¿Gemidos?
—¡Oh, Dios!, Trey. ¡Se siente tan bien! —imitó mofando.
—Nunca dije semejantes cosas. —cubrà la vergüenza con mi manta.
—No. Las gritaste.
—Me referĂa a Trevor Rabin —mentĂ—, el cantante de las bandas de rock de papá.
—Trevor y Trey —pensó de forma falsa—. No me convence.
—Ya. No quiero hablar de eso.
Me levanté para encerrarme en el baño.
HabĂa tenido un sueño hĂşmedo con Rey Ricura, y no sĂłlo eso tambiĂ©n estuve con Chris. Nada más de recordarlo un escalofrĂo me recorrĂa cada parte de mi anatomĂa. Es mejor olvidar ese… erĂłtico sueño. Será lo correcto.
—OlvĂdalo, Mia. —me dije con severidad.
El transcurso de la mañana fue momentáneo, puesto a que se esfumaron las horas, los minutos corrĂan y lo segundos volaban. Ya eran las doce, debĂa prepararme para ir al partido con Trey. Me habĂa llamado en la mañana, justo despuĂ©s del riquĂsimo desayuno que preparĂł Matilde. Mis mejillas ardĂan de sĂłlo oĂrlo hablar, culpa de mi traicionera memoria volvĂa a aquel censurado sueño de anoche. Me debĂa calmar un poco, no querĂa que mis tomates delataran mis Ăntimos secretos con Trey.
—¿Cuál se me ve mejor?
Me referĂa a dos opciones para ir al partido. PedĂa la asesorĂa de Lya. La misma que no dejĂł de molestarme con mi disque pesadilla.
—El azul te favorece. —opinó, soplando sus uñas recién hechas. Le gustó mi esmalte de brillos. Ambas amábamos los brillos, empezaba a pensar que ya era algo de familia.
—Considero lo mismo. —coincidà con ella.
El azul era más cómodo y lindo.
—¿Será una cita? —sospechó.
—No, sólo iré a apoyarlo.
AsintiĂł procesando mi oraciĂłn.
—¿Cómo se llama?
El nudo en mi panza se apretĂł. Si le decĂa su nombre sabrĂa que el Trey de mi sueño era el mismo con Ă©l que saldrĂa en unos minutos. Ni por equivocaciĂłn le mencionarĂa en su presencia.
—Ya es tarde, tengo que vestirme —vio suspicaz—, vete. —la desaloje amablemente.
—Necesito conocer a ese chico. —demandó antes de salir.
Ni por causalidad.
—Eso estuvo cerca. —susurre para mĂ.
Me dediquĂ© a arreglarme y como Lya supuso, el conjunto deportivo azul me favorecĂa bastante, el mono era en proporciones correctas para mi morfologĂa, y la franelilla era muy cĂłmoda. Los deportivas blancas que tenĂa jugaban a la par con el atuendo, ajuste mi gorra de Yankees en señal de estar más que lista para el partido.
Tomé mi bolso y bajé con prisa cada escalón de la larga escalera.
—Me voy a un partido de básquet. —grité, avisando mi salida.
Sin más caminĂ© hacĂa la parada de taxis cerca de mi casa. QuedĂ© con Trey en vernos ahĂ, le enviĂ© un mensaje para avisarle que lo esperaba en el lugar acordado.
La tarde era fresca y soleada, fue buena idea usar la gorra para protegerme del sol, las personas pasaban de aquĂ para allá centradas en sus asuntos, vi pasar a perritos algunos con pelaje esponjosos y otros con casi pelo, los niños reĂan e iban de la mano de sus padres, las chicas bromeaban entre sĂ y nos visualicĂ© a Alice junto a mĂ; riendo al salir de la heladerĂa con nuestras paletas de colores.
—¡ColibrĂ! —gritĂł el chico de mi sueño, uno de sus brazos sostenĂa el volante, sus ojos me escrutaron y guiño uno de ellos coquetamente.
No puedo resistirme a sus encantos.
—Sube. —hizo un ademán con su mano, animándome a subir.
SonreĂ al verle, tenĂa tres dĂas sin poder mirar esa carita tan linda.
—CreĂ que te habĂas olvidado de mi existencia —bromeĂ©, ya que habĂa tardado media hora en llegar—. ÂżPor quĂ© tardaste tan…
Y fui interrumpida por unos labios deseosos de los mĂos.
—Es absurdo no querer darte un beso cada vez que sonrĂes —dijo a centĂmetros de mi rostro—. Me encantas.
—Mentira.
SabĂa que decĂa la verdad, pero querĂa evidencia.
—Pruebas. —le exijo.
Dio media sonrisa.
—Me encanta tus ojos, tu sonrisa, tu risa, tu trasero, tus labios, tus pensamientos, tus sueños, tus sentimientos, tus sonrojos —carcajeó—. Hasta tus ataques de rabia me encantan.
SoltĂł una risita.
—Que me hagas enojar no significa que sea rabiosa, Trey. —refunfuñé.
—Te ves muy sexy enojada.
Me contagiĂł su sonrisa.
—Me gustas.
—Exijo como pruebas muchos besos. —apuntó a sus labios.
—Me besaras todo lo que quieras como premio si ganan el partido.
—Todo lo que quiera —repitió, estirando su sonrisa—. Hecho.
—Vamos, tenemos un partido que ganar.
Y acelerĂł por las calles que nos llevarĂan a cumplir nuestras metas.
El partido iba cabeza a cabeza, los equipos eran buenĂsimos como para apuntar a un ganador, me ubicaba en una de las sillas en primera fila, en donde podĂa ver cada movimiento de Trey y su equipo. EvitĂ© con todas mis fuerzas ignorar a Chris, pero sentĂa su mirada pesada en mĂ y cada vez que le miraba de reojo lo pillaba mirándome de forma morbosa. Ese chico tiene problemas.
La actitud de ese demente no me afectĂł para disfrutar del partido y con respecto a los de The Dragons, Ă©stos se les notaba lo exhaustos que estaban, eso no ayudarĂa a ganar. Sin embargo, tenĂan un punto a favor en base a sus estrategias, de lo que el otro equipo carecĂa. Eran ágiles y rápidos en cuanto a destreza, pero sus pases y posiciones eran muy inestables. ParecĂan perdidos o enjaulados en su propia trampa.
—¡Vamos! —grité—. Ustedes pueden.
Los animé y el entrenador me palmeo la espalda en gesto de apoyo.
—Ellos llevarán el trofeo a casa —indicĂł Ă©l—. ConfĂa en ellos.
—Eso hago. —dije, sin despegar la vista de mi novio.
Se veĂa tan sexy sudado.
Mia, cálmate.
—Quiero hablar algo contigo. —habló en tono serio.
SentĂ mis cejas hundirse, me desconcertĂł mucho. Hablaba con el entrenador pocas veces y nunca hubo asuntos entre nosotros. ÂżQuĂ© tendrĂa que hablar conmigo?
Lo miré y asentà perdida en mi intriga.
—DĂgame.
—Es de Trey.
Ahora si entendĂa mi rol en este asunto.
—¿Qué pasa con Trey?
—El cazatalentos quiere conocerle.
—¿Habla en serio? —me asombré.
Era la oportunidad que Trey habĂa estado esperando. En respuesta a mi pregunta, el entrenador negĂł sin quitar su sonrisa. Yo saltĂ© y le abracĂ©, acto del cual me arrepentĂ luego.
—Lo siento —dije avergonzada de mi comportamiento, pero la emoción volvió a insistir en que saltara y gritara.
Estaba tan feliz, Trey por fin cumplirĂa sus sueños.
—No te emociones, les pedirá una entrevista y luego irá a unas pruebas. Si es seleccionado será su camino al estrellato.
—¿Les? ¿Se ha interesado por más jugadores?
—Trey y Eddy.
Me lo esperaba, era el dĂşo perfecto para aniquilar a su paso. Juntos eran dinamita.
—¿Lo saben?
NegĂł.
—Te imaginas cuando se enteren. —me motivó a visualizar su reacción ante la noticia.
—Gracias por decĂrmelo.
—Trey te necesita más que nunca. —miré su semblante serio.
SonreĂ.
—Yo le apoyaré. —asegure, volviendo mi vista a el jugador más sexy de The Dragons.
Que me dedicĂł una mirada fugaz llena de cosas indescifrables.
—¡Vamos, háganlos comer piso! —vocifere, sin una pizca de compasión por el equipo contrario.
El entrenador me mirĂł perplejo.
Vale, tal vez, habĂa sido muy ruda.
—¿Qué? —emità apenada.
—Me caes bien —giró a sus jugadores—. Destrócenlos. —ordenó con un feroz grito.
La tensiĂłn se olĂa a las afueras de la cancha y el esfuerzo se plasmaba como pintura en las caras de los jugadores. El marcador iba a empate todavĂa. El tiempo se acababa, al igual que las oportunidades de encestar y ganar.
Solo faltaban unos minutos para cerrar el partido cuando sucediĂł.
Vi a Eddy con el balĂłn en sus manos rebotando el balĂłn y esquivando a cualquiera en su camino, y cuando estaba a mitad de la cancha se vio emboscado por tres jugadores del otro equipo, Eddy mirĂł a su alrededor en busca de apoyo, Ă©l estaba decidido a encestar y desigualar el marcador. Entonces Trey pasĂł a espaldas de los jugadores, atrapo el balĂłn que su amigo le habĂa lanzado.
Trey saboreaba la posibilidad de ganar el partido con el balĂłn en sus manos, driblo y se desplazĂł con mucha destreza por la otra mitad de la cancha, de pronto otros dos oponentes lo interceptaron, pero no le fue difĂcil esquivarlos y pasar sobre ellos, y con Trey a la cabeza el otro equipo supo que no iban a salir victoriosos de está.
SonreĂ al ver lo cerca que Ă©l estaba del aro y sin más saltĂł, lanzando el balĂłn hacia Ă©l. Mi corazĂłn latiĂł con frenesĂ mientras veĂa la trayectoria de la esfera, todos; absolutamente todos; fuimos ser testigos de su anotaciĂłn perfecta. Mas el rostro de Starboy fue todo lo que necesitaba para estallar de felicidad, sus celestes ojos miraban el balĂłn ya en el piso con euforia, su sonrisa era enorme tanto que dibujaron unas maravillosas comillas a sus lados.
Los fanáticos en las gradas gritaron hasta degastar sus pulmones y el entrenador corriĂł hacĂa sus chicos, los cuales estaban rodeando y brincado festejando la jugada de Trey. ReĂ al ver que se quitaban las camisetas y gritaban victoria.
El marcador dio la razĂłn he hizo presente la desigualdad:
The Dragons — 09.
The Boys — 08.
Ganaron.
Cuando sus ojos dieron con el marrĂłn de los mĂos, brillaron pidiĂ©ndome que fuera a Ă©l e iba hacerlo, pero Ă©l fue más rápido y vino corriendo a mĂ. Al estar cerca saltĂ© a abrazarlo, me cargĂł levantándome del suelo para rodearlo con mis piernas. En ese instante no escuchĂ© gritos y dejĂ© de ver personas en nuestro entorno, sĂłlo Ă©ramos Ă©l y yo. Mia Hill y Trey Lifford.
—Espero mi premio. —amé su voz sensual.
Miré sus rosados y húmedos labios derritiéndome por tocarlos.
Y lo besé, con ganas locas de probar el cielo de su boca y dejar volar mi imaginación en él.
Él era el cielo que querĂa explorar cada dĂa.
En el momento en que mi boca se moviĂł con suavidad contra la suya, me sorprendĂ al sentir sus manos en mi trasero, tanto que mi boca se abriĂł para quejarme, pero Ă©l aprovechĂł eso para adentrarse en mi boca, y su lengua tentĂł a la mĂa a jugar con ella.
Yo gustosa de pelear de esta forma, aunque sabĂa que ambos estábamos perdidos.
—Felicidades, Starboy. —dije sin aliento.
Era mi primer beso con lengua y se repetirĂa de sĂ o sĂ.
—Gracias por estar aquà y apoyarme, a pesar de ser un pervertido que está loco por ti.
—Te lo dije, mientras no cometas una imbecilidad, estaré contigo.
—Trey. —llamó el entrenador.
Ambos lo miramos, sonreĂ porque sabĂa que querĂa.
—Entrenador. —contestó Starboy, devolviéndome al suelo.
—Tenemos que hablar. —soltó con seriedad ancestral.
Me preocupĂł.
—Ya irĂ© —afirmĂł Trey, y me dio un casto beso—. EspĂ©rame aquĂ, me debes todos los besos que quiera.
Asiento.
SonriĂł juguetonamente, antes de irse tras el entrenador.
Chispas, me gusta demasiado.
—Caperucita. —oà una voz profunda, era Chris.
—¿Qué quieres? —fui cortante.
De verdad, Ă©l caĂa bien… por las escaleras o por un puente.
—Sólo trato de conversar con la novia de mi mejor amigo.
ÂżMejor amigo?
Ja, Trey no podĂa serlo.
—Te equivocas, estás hablando de Eddy.
NegĂł y carcajeĂł cĂnicamente.
—No después de que Trey se follara a la chica que le gustaba. —delató resentido.
Lo observĂ© como si fuera aquel libro La biblia matemática. No contenĂa explicaciones entendibles.
—¿De dónde sacas tal estupidez? —disputé molesta.
VolviĂł a emitir unas carcajadas, pero Ă©stas iban cargadas de ironĂa.
—Veo que aún no conoces a Natasha.
Otra vez. ¿Quién Chispas era Natasha?
–¿Y tú s�
—Demasiado. Es más, está ahora mismo aquĂ. —elevĂł el mentĂłn, señalando a mis espaldas.
Por lo que me di vuelta y lo que encontré no me gustó nada, ni un poco.
Era ella. Natasha. Era la representaciĂłn de todo lo que a Trey le gustaba, rubia, ojos de color, alta y muy voluptuosa, tal vez demasiado. Caminaba meneando sus caderas al ritmo de cada paso que marcaba y resonaba en el suelo. Se dirigĂa hacia nosotros.
—Hey, Chris. —saludo con un beso en la mejilla, y se quitó sus costosas gafas de Chanel que complementaba con su lujosa ropa de diseñador.
Sus ojos eran verdes y me escaneaban con altivez.
—Natasha, ella es Mia Hill. —presentó Chris con una sonrisa maligna.
¿Qué planeaba?
—Natasha Collins. —estirĂł su mano esperando la mĂa, sostenĂa una sonrisa falsa.
HipĂłcrita.
—Un gusto, Natasha. —no sonreà ni me empeñé en fingir nada. Ella y yo éramos polos opuesto. Yo no era hipócrita.
—Ella es la novia de Trey. —continuó el demente de Chris.
Se miraron con complicidad, tramaban algo entre manos.
La mirada verdosa de Natasha recorriĂł con otros ojos mi presencia, desaprobando todo en mĂ.
—Su novia. Trey está cambiando mucho sus gustos. —terminó con sonrisa postiza