MIA HILL
Sumergida en las sábanas tan blancas y vacĂas como mi vida, luego de pasar toda la noche mirando al Sr. Techo, lleguĂ© a pensar en muchas cosas y en ninguna en concreto.
Es increĂble ver que solo basta un segundo para cambiar el rumbo de tu vida. Hoy crees tenerlo todo y mañana con suerte te tienes a ti.
Todas las noches me preguntaba lo mismo ¿Cuántos tropiezos hacen falta para aprender a caminar? ¿Cuántos obstáculos nos enseñan que el camino es el erróneo? ¿Cuántas personas me dejarán para aprender a despedir?
Supongo que la vida no tiene sentido, pero muy pocas cosas lo tienen Âżno?
Quizá la vida y el álgebra son temas que jamás entenderé.
El sonar del rechinar de la puerta de mi habitaciĂłn seguido de unos pasos lentos pero imponentes me alertan de no estar sola, pero no tenĂa que mirar para saber que se trataba de Steven. El chico con el cual compartĂa departamento.
El departamento era una chulada, pero más lindo era el precio, asĂ que decidĂ buscar compañero y dividirnos el costo. Si no fuera por Ă©l estarĂa viviendo bajo un puente.
—¡Renacuajo desnutrido!, levántate, desayuna y nos vamos.
No vi su cara, pero pude deleitarme de su tono mandĂłn.
—Buenos dĂas para ti tambiĂ©n, Steven, claro que puedes pasar, es más sigue ignorando mi cartel.
De verdad, se los digo, ese cartel era digno de respeto.
—Me daña la retina —refuta volcando sus orbes verdes, insolente—, además, tiene muchos brillitos y purpurina. Parece más un tributo a los unicornios que un cartel de advertencia.
Entiendo, tengo que ahorrar mi creatividad.
—¿CĂłmo que nos vamos? ÂżA dĂłnde? —preguntĂ© ya sentada en la cama, de brazos cruzados, con una mirada que podĂa aniquilar.
No me juzguen, no soy muy simpática por las mañanas. Tengo hambre.
—Verás, es una sorpresa.
La palabra sorpresa en la boca de Steven tenĂa un Ăşnico sinĂłnimo: ¡Trampa! Y yo no caigo en trampas.
—No vas a engañarme. —fĂo de por sĂ.
—Te va a gustar. Me lo agradecerás después.
—No saldrĂ© de esta cama —declaro— ni, aunque me saque el mismĂsimo Christian Grey.
Aunque Grey no busqué sacarte sino mantenerte en la cama.
—Sales por las buenas o me veré obligado a sacarte por las malas.
Se ha puesto en la defensiva, no me gusta esta versión cabreada, cuando en sà Steven eran un gruñón altanero.
—De verdad, no quiero ir. —pongo mi mejor cara de cachorro abandonado que hay en mi arsenal.
¿Qué si funcionaba? Era letal. Claro que iba a funcionar con Steven.
—¡NO! —vocifera regalándome un brinco—. De que vas conmigo, vas conmigo.
Ok, debo actualizar y mejorar mi mecanismo de defensa.
No hay camino.
No hay escapes.
TenĂamos que ceder, equipo.
Chispas, odiaba ceder.
—BIEN. —grité irritada por la derrota.
Él sonrĂe gustoso.
—Te doy cinco minutos para arreglarte, si en diez no bajas, te arrastraré con lo que tengas puesto. —sentenció dando por terminada la conversación, saliendo como todo un semental.
Dios, Âżsabes? no me vendrĂa mal una paciencia o compañero nuevo.
Tranquila.
Respiro amor, soy amor, doy amor.
Respiro amor, soy amor, doy amor.
Respiro amor, soy amor, doy amor.
(Bis) No olvides el BIS.
Ahora toca la parte difĂcil: Desalojar a la pereza de mi fabuloso cuerpo. Tuve que reunir todas las fuerzas (incluida aquellas cuya existencia desconocĂa) para lograr levantarme de la blanda y calentita cama. Te extrañarĂ©.
Me dirigà al baño, me bañé, lavé mis dientes y luego de unos minutos estaba lista frente al espejo, analizaba mi atuendo sencillo y simple. Vestido casual en tono rosa cereza, era nuevo y me encantaba mucho, lo combiné con unas zapatillas blancas.
Mi cabello castaño natural era lacio, como llevaba tiempo sin cortarlo, me sorprendà de su largo, siempre lo llevaba a la altura de los hombros, pero ahora terminaba en mi cintura ¿Cuándo creció tanto? Ha pasado un tiempo.
Mi maquillaje era sencillo, natural, constituĂa en rubor, base, labial y mucho corrector de ojeras que no las ocultaba del todo.
EstĂşpido insomnio.
Ya lista, bajé a desayunar con Sr. Gruñón.
—Buenos dĂas, Mia.
Su sonrisa era muy agradable, ojalá pudiera decir lo mismo de su carácter.
—Buenos dĂas, Steven. —devolvĂ sonriente.
Nuestros desayunos tradicionales eran cereales con leches, pero en mi plato no estaban mis cereales de colores con leche chocolatada, en su lugar una torre de panqueques con miel y fresas lo reemplazaba.
Esto no era buena señal.
La Ăşltima vez que Steven hizo algo asĂ fue en gesto de disculpa ÂżQuĂ© habĂa hecho? Les cuento.
HabĂa una vez un Steven que decidiĂł usar mi bici para ir a una discoteca, mala idea, lo sĂ©, pero su cerebro no lo sabĂa, de regreso se estrellĂł, la bici quedĂł como un monopatĂn y Ă©l ni un rasguño.
No le hablé durante tres semanas, hizo tortitas para persuadirme, obvio no le disculpé, no sin antes comprarme una bici nueva.
—¿Qué hiciste ahora? —ataco entrecerrándolo entre mis párpados— ¿No te habrás metido con mis gomitas? Oh, Steven si te las comiste juro que voy a...
—Nada de eso. —interrumpe evitando mi posible ataque de histeria.
—¿Entonces?
—Me aburrà de los cereales.
El presentimiento de que algo andaba mal se acentuĂł en mi estĂłmago, consiguiendo desaparecer mi hambre. No confiaba del todo en su justificaciĂłn, y como no me bastĂł fui a asegurarme de que todo estuviera bajo control.
Las gomitas estaban ahĂ.
Mi bicicleta parecĂa intacta.
Mi laptop no tenĂa historial de páginas XXX.
Y mi colecciĂłn de libros estaba completa.
¿Entonces qué hizo ese energúmeno?
—¿Ya vistes que soy inocente? —me recalca—. Deja de ser tan suspicaz, renacuajo.
—No pidas imposibles, estúpido.
—Desayuna rápido o llegaremos tarde. —balbuceó con la boca llena de panqueques.
Asco. Además de ser gruñón, mal educado. Válgame Dios.
—¡No hables con la boca llena! —reprendĂ.
—Pero no te enojes, mami. —hizo mofas.
—Insurrecto.
—Desquiciada.
—Energúmeno.
—Anormal.
—Subnormal.
—Tonta.
—Pelele.
—Patética.
—Te odio.
—Qué lindo se siente ser correspondido. —dijo llevándose las manos al corazón con cara de felicidad fingida.
DeberĂa ser actor.
Nos miramos un rato después estallamos de risas.
—Te odio desde el fondo de mi corazón. —solté limpiando una lágrima fugitiva del ataque de risa anterior.
—Te odio con toda mi existencia. —respondió estando abrazados.
Nuestra amistad era rara, pero Ă©ramos felices asĂ.
—Ya suéltame —me quejo—, mira que la brutalidad se me pega.
Se separa de mĂ riendo para terminar de comer, yo me dediquĂ© a digerir un poco del plato. Finalizamos nuestro primer plato del dĂa, salimos del departamento y sentĂ impaciencia por no saber a dĂłnde Ăbamos.
Ya en el elevador inicié mi plan "Pregunta y forzar respuestas". Me giro para comenzar mi interrogatorio.
—¿Me vas a secuestrar?
—No.
Que tosco.
—¿A dónde me llevas?
—No.
Strike uno.
—¿A qué lugar nos dirigimos?
—No.
Strike dos.
—¿Eres gay?
—SĂ.
¡HOME RUN!
Esperen... ¿Qué?
—¿ERES GAY?
—Algo.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Por qué no lo preguntaste.
Okey.
Su lĂłgica era irrefutable.
Anonadada salgo del elevador, diviso nuestro medio de transporte, irĂamos a no sĂ© dĂłnde en la motocicleta de Steven o como Ă©l la llamaba "Mi baby". Ponerle nombre a una motocicleta es algo de estĂşpidos, y Steven lo era, por ello no me molesta.
Abrochándome el casco subà a moto, la encendió y nos abrimos paso a ciudad frente a nosotros.
TenĂa unos meses sin salir del departamento, de mi habitaciĂłn, y nada parecĂa haber cambiado, me impresiona que todo permanezca igual, me imaginaba miles de cambios, quizá la del cambio fui yo.
El clima era fresco, la brisa acariciaba mi rostro intentando calmar mi nerviosismo, el olor a combustible y calle hĂşmeda se inhalaba desde cualquier lugar, el sol se ocultaba; como mi valentĂa; entre las nubes grises que anunciaban lluvias.
Tal vez para mĂ sĂłlo habĂa eso. Lluvia.
Transitar las calles de la ciudad que me vio crecer me despertĂł tanta nostalgia. Todo me recordaba a ella, a veces creo que nunca la voy a olvidar, tampoco quiero olvidarla, lo que deseo es recordarla sin este dolor en el pecho.
—Ya llegamos. —anunció Steven, frenando la moto y mis pensamientos.
Me quité el incómodo casco, para disfrutar de la “sorpresa”.
Miré un edifico totalmente pulcro y limpio, era de tonalidades blancas.
Según el letrero estábamos afueras del "Hospital General de Houston".
ÂżUn hospital?
ÂżDe verdad?