Bosque Encantado de Hoia-Baciu.
Cumpleaños de Velkan y ascenso a Alfa de la manada Pure Blood.
Muchos años atrás...
La noche se cernía sobre el bosque, tan oscura como la historia que se estaba escribiendo esa noche. Velkan, el último lobo de su especie, que había sufrido en silencio durante cuatrocientos años, estaba a punto de asumir su papel como Alfa de la manada Pure Blood. Un lugar peculiar, donde las fronteras entre lo humano y lo sobrenatural se desdibujaban, con vampiros, brujas, hadas y otras criaturas de la noche conviviendo entre las sombras.
Yo, Sara, había cometido un error fatal. Había confundido la fecha de su ascenso con la de mi partida. Un error que no tenía marcha atrás. Aunque la cuenta había sido mal calculada, no había duda de que esa noche sería crucial para todos. Si solo hubiera sabido... si solo hubiera entendido en ese entonces lo que realmente se estaba jugando, no habría decidido dejar a Velkan.
—¿Entonces ahora sí entendiste, verdad? —la voz de Taker me sacó de mi ensoñación. Sus palabras eran claras, aunque con una chispa de burla—. No calcules según las fechas de tu dimensión. Aquí, todo es diferente. Ni siquiera sabemos si lo que crees que es un día, lo es realmente.
Lo miré confundida y algo molesta por su tono. Yo había vivido suficiente caos para saber que nada en este mundo era predecible, pero eso no me ayudaba a calmar mis nervios. Solodeseaba volver a casa.
—Lo entiendo, Taker. Pero, ¿esto va a terminar bien? —pregunté, ignorando su comentario anterior.
—No soy un adivino, Sara. Pero sé que esto no será fácil —su sonrisa se desvaneció por un momento, algo en su mirada se oscureció—. Y sobre cómo sé que vienes de otra dimensión... digamos que aquí las cosas no se nos escapan tan fácilmente.
Miré a mi alrededor. El ambiente estaba cargado, muy pesado. Una energía palpable recorría el aire, y no era la magia común. Era el tipo de poder que daba miedo. Velkan estaba a punto de transformarse, y no solo por la luna llena.
Un crujido en la distancia, casi imperceptible, me hizo girar la cabeza. El padre de Velkan, el mismísimo líder de la manada, observaba a su hijo con una mirada tan intensa que me hizo temblar. Sus ojos brillaban con un color que no lograba identificar, cambiaban, se desvanecían, como si estuvieran más allá de cualquier humana percepción.
El miedo se apoderó de mí al darme cuenta de que esa misma mirada, que ahora estaba dirigida a su hijo, también me estaba tocando a mí. Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
—¿No sabes que en esta manada, todos te estamos observando? —la voz de Daniels, el traidor, rompió el silencio. Su tono ácido y venenoso hacía eco en mi mente, mientras su resentimiento me alcanzaba, pesado y oscuro.
Un resplandor iluminó el cielo, la luna llena, bañando todo el bosque en un manto de plata. La campana a lo lejos resonó, y un aullido se elevó, lleno de poder. Los humanos que quedaban en el lugar se transformaron, y en un acto de respeto, hicieron una reverencia ante Velkan.
—¡No! ¡No lo alaben! ¡Soy yo quien debe estar al mando! —Daniels gritó, pero nadie le prestó atención.
Los vampiros, las hadas, incluso los más temibles, se inclinaron ante él, mientras Velkan, en medio de su dolor, ascendía hacia el poder que le correspondía.
El padre de Velkan observaba con una mezcla de desaprobación y arrogancia, y fue entonces cuando algo en el aire cambió. Una energía densa, oscura, envolvió el lugar y todos los ojos se volvieron hacia él.
—¿Traes a toda la liga de la justicia? —El padre de Velkan se burló. —Todavía no sabes controlarte, hijo.
El crujido de huesos fue ensordecedor. Velkan cayó al suelo, retorciéndose de dolor. Gritó, y esos gritos se colaron en mi corazón, desgarrándolo por completo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así?
—¡Ayúdenlo, por favor! —grité, sin poder soportar verlo así, pero Aarón me detuvo con su mano. El contacto me quemó, pero lo soporté.
—No puedes acercarte. No es seguro, Sara. Él está recibiendo el poder de la Diosa Luna, y si interrumpes el proceso, podría morir.
¿Morir? ¿Así de simple? La desesperación me llenó por completo, pero Aarón tenía razón. Ningún ser humano, ni siquiera uno de los nuestros, podría comprender lo que estaba sucediendo en ese momento.
Miré a Velkan, mi lobo, mi alma gemela, sufriendo sin que yo pudiera hacer nada. Pero entonces, en medio de su dolor, una voz penetró mi mente.
"No llores, bonita. Si lo haces, me harás sentir aún más inútil".
Mis lágrimas caían sin control, pero intenté sonreírle. Él estaba luchando por mantenerse con vida, por transformarse, por asumir su lugar como Alfa. No podía dejarlo ver lo destrozada que me sentía.
"Lo prometo, no lloraré más", dije, aunque sabía que no podría detener el torrente de emociones que se desbordaba dentro de mí. No podía dejarlo ver mi miedo, ni mi dolor. No quería que se sintiera más culpable.
De repente, un estruendo nos sacudió a todos. Un relámpago iluminó el cielo, y cuando la tormenta comenzó a arremeter, escuché el gruñido de Velkan en la distancia.
—¡Velkan! —grité, pero mi voz se perdió en el viento.
El padre de Velkan se transformó en una bestia colosal, y el caos estalló a nuestro alrededor. Las brujas, vestidas de n***o, aparecieron en un vórtice de sombras, dispuestas a destruir todo lo que se interpusiera en su camino.
—Debemos irnos —dijo Taker, su voz grave llena de urgencia—. No es seguro para ti aquí. Las brujas están cerca. Es hora de huir.
Pero no podía irme. No podía dejarlo. No cuando Velkan necesitaba mi ayuda, aunque no fuera más que un testigo de su sufrimiento.
—¡Sara, corre! —Ares me tomó del brazo, tirando de mí mientras las sombras se alzaban. El sonido de la batalla se alejaba detrás de nosotros.
Pero una bruja me alcanzó, y vi cómo su magia destrozaba el suelo a su paso. Fue en ese momento cuando vi a mi hermana, Rose, luchando por su vida. No podía dejarla atrás. No podía.
—¡Suéltala! —grité, lanzando una piedra con todas mis fuerzas.
—La perra mayor —la bruja me miró, su rostro deformado por el odio—. Vas a pagar por interferir.
En un abrir y cerrar de ojos, me vi atravesada por un dolor feroz. La bruja me lanzó al suelo, su magia perforó mi pecho y la oscuridad me envolvía.
Velkan llegó en su forma de lobo, devorando a la bruja que me había atacado, pero era demasiado tarde. Todo lo que sentía era un vacío profundo.
—¡Sara! —la voz de Velkan, llena de desesperación, me alcanzó antes de que todo se desvaneciera.
Mi cuerpo caía al suelo, incapaz de respirar. La muerte parecía ser la única salida y ni si quiera sabía si volvería a mi mundo.
—No... —susurré, apenas audible—. No quiero que sufras más.
—Sara, no te vayas... —la angustia en su voz me atravesó el alma.
Pero ya no podía más. La oscuridad me reclamaba. La luna brillaba con fuerza, pero su luz no podía salvarme. En mis últimos momentos, sentí su beso en mi frente, y me despedí, esperando que, algún día, él pudiera ser feliz.
—Te amo, Velkan. Y siempre te amaré.