Capítulo 3: La fiesta de parejas

1693 Words
POV Nyra: —¡Ah, querida mía! —me dice la reina Vasilka. Camina hacia mí con un hermoso vestido color turquesa. Se puede decir lo que se quiera de ella, pero nadie en el mundo podría negar que tiene un gusto por la moda, espectacular. Siempre usa vestidos, yo en cambio, uso pantalones y un corse, adornado con una capa hasta el suelo que da la idea de que fuera un vestido. Soy luchadora, la mejor de esta manada. La reina, no lo es. Prefiero andar cómoda en caso de cualquier cosa. —Buenos días, su majestad —saludo con una pequeña reverencia. Ella chasquea la lengua. —No nos desconozcamos, querida. Sabes que puedes llamarme Vasilka —dice moviendo la mano. Toma mi mano y le da un pequeño apretón cálido. Me encanta Vasilka, porque es una reina justa y cariñosa. A diferencia de la madre del rey, que es casi como un témpano de hielo. Las veces que he estado en su presencia, he estado a punto de congelarme. Además, siempre me mira raro, como si creyera que escondo algo, lo que es verdad, pero ella no es vidente. Es imposible que pudiera sospechar algo. Quizás solo me mira así porque creen que no tengo ninguna habilidad. —¿Estás nerviosa por mañana? —me pregunta. Ah, mañana. Hay una fiesta de parejas. Este año me toca asistir junto con mi hermano porque hemos cumplido ya los veinte años. Se supone que vienen todos aquellos que no han encontrado a sus parejas. Y mentiría si dijera que no estoy un poco nerviosa. Tener el vínculo de pareja es una de las cosas más preciadas que tenemos los lobos. Aparte de nuestro lobo. Sin embargo, a pesar de lo que los libros cuentan, nuestro lobo es nuestra alma, no tenemos una conexión con otro ser dentro de nuestra mente. No. Yo soy Nyra y me convierto en un lobo cuando lo deseo. No hay nadie más dentro de mí. El vínculo de pareja es la otra mitad de nuestra alma, pero no funciona de forma absoluta. —Un poco, es decir, tengo miedo de quién pueda ser mi pareja —confieso. Como decía, no es una regla absoluta que encuentras a tu pareja y te enamoras de inmediato. No. De hecho, en esa fiesta es donde más se presentan los rechazos. Creo que ese es mi miedo, que alguien me rechace porque piensan que no tengo una habilidad. En ese caso, me harían un favor. No voy a estar con alguien que cree que mi valor se centra en una habilidad. —Estoy segura de que la Diosa de la luna te asignará a un buen hombre —dice ella, intentando tranquilizarme. Otra cosa importante del vínculo de pareja, es la tensión s****l. Puede ser alta o baja, pero siempre está ahí. —Todavía recuerdo aquel día. Cuando fue mi fiesta —dice ella mirando el salón que ya está bastante adornado—. Tuve suerte, o estuve bendecida, porque apenas vi a Orión, me enamoré de él. Por suerte a él le pasó igual —se ríe. —Sí, a mis padres les pasó lo mismo —digo con una sonrisa al recordar todas las historias que nos contaron—. Espero que mi hermano también tenga esa misma suerte. Solo espero que su pareja sea alguien de esta manada. A veces las cosas se complican cuando son de manadas diferentes. Mi hermano nunca dejaría su puesto de guardia persona de Zadkiel. —Ambos lo tendrán, querida —dice palmeándome la mano con suavidad—. Ahora, necesito de tu ayuda para terminar esto. Le sonrío y nos disponemos a terminar de adornar el salón principal. Aquí es donde estarán todos para el momento en que sea la medianoche, el vínculo de pareja se va a consolidar. Luego, aquellas parejas que se acepten, deben pasar a un comedor para una cena. El salón principal quedó adornado con cortinas rojas con el emblema de la manada real. Se despejó el espacio para que no estén todo apilados y se pueda caminar con normalidad. —Se ve precioso —digo. Los candelabros con forma de araña adornar toda la sala, y el color rojo de las cortinas pareciera que tiene vida propia. —Quedó bien —escucho la voz de Zadkiel detrás de nosotras. —¿Verdad que sí? Simple, pero elegante —concuerda la reina. En las paredes del salón están enmarcados todos los antiguos reyes y reinas que ha tenido la manada. La foto que más me gusta, es la de Lyra. Incluso nuestros nombres se parecen. Todo porque mi madre era una gran historiadora, y la admiraba demasiado. Decía que era la única mujer a la que hombres poderosos habían temido. Que por primera vez dejaron de sentirse superiores y más fuertes. —Siempre has tenido buen gusto, madre —dice él. —No, todo esto es obra de Nyra. —Lo dudo —dice despreciativamente. Me giro para mirarlo. Zadkiel está vestido elegantemente como siempre. Son pocas veces las que lo he visto solo con pantalón y la camisa. Lleva una chaqueta negra con pequeños tonos rojos que secretamente voy a decir que está echa a medida. Es alto, es una de sus mejores cualidades. Es todo físico atractivo, pero hasta ahí llega todo. Cuando habla es un ser repugnantemente irritable. —Hola, bestia. Quiero decir, su majestad —digo burlonamente. Él me fulmina con la mirada. —Estoy segura de que su madre le ha enseñado a ser humilde con las personas —provoco y miro a Vasilka—. Sobre todo porque usted es una gran persona y una gran reina. Ella me mira encantada. Puedo sentir el peso de la mirada de Zadkiel en mí. —Es cierto, Zad —le dice ella volviéndose a mirarlo—. Debes ser agradecido con la ayuda de Nyra. Ha dejado el salón precioso. —Mi padre te está buscando, madre —le dice él. —Ah, iré enseguida —se da vuelta para tomarme de los hombros—. Por favor, Nyra, espérame en el salón donde tomamos el té. Tengo una sorpresa para ti. Sonrío. —Así lo haré, majestad —me mira enarcando una ceja y yo rio—. Así lo haré, Vasilka. —Perfecto. Le da un beso a su hijo en la mejilla y se va rápidamente dejándonos solos. —Compadezco a la loba que tendrá que ser tu pareja —digo como si estuviera triste—. Probablemente amanezca pidiendo a gritos que la dejes ir. Le doy una sonrisa ganadora. Él se encoge de hombros. —Lo mismo digo. Estaré en primera fila cuando te rechace —se burla—. Después de todo, no tienes ni una habilidad. Da un paso hacia mí. Mucho tiempo me ha molestado con eso, intentando hacerme sentir mal. Pero yo sí tengo una habilidad, solo que él no sabe. Así que sus palabras me resbalan. —¿Todavía con eso? —inquiero colocando una mano en mi cintura—. Sé que te dejé en vergüenza aquella vez cuando te derribé en la pelea, pero ya supéralo. Frunce el ceño. Sí, una vez nos hicieron pelear a ambos porque éramos los más fuertes del grupo. Y lo derribe. Lo tomé por sorpresa porque me subestimó. —Te dejé ganar —dice entre dientes, haciendo que me ría—. Después de todo, eres una dama. Aunque con una gran boca. —Uy, supieras que no solo para envenenarte con mis palabras uso mi boca —sonrío. La virginidad no es algo importante en estos tiempos. No se espera que tu pareja sea virgen, y menos podría pedirlo Zadkiel, sabemos que no es virgen. Esto sí lo toma desprevenido, porque abre los ojos. Aunque rápidamente una mirada maliciosa se hace presente. —Ah, sabía que no eras tan inocente como todos creen —se burla—. ¿Quién fue el desafortunado? Sonrío con sorna. —Nadie que te interese —respondo tajante. Doy un paso más hacia él—. Pero no fue desafortunado si volvió pidiendo por más. Le guiño un ojo y paso por su lado. Ni siquiera miro por sobre mi hombro para saber si me está mirando. Porque lo puedo sentir. Él odia que me quede con la última palabra. Llego al salón justo cuando la reina está entrando. Tiene unos cuántos mechones del cabello suelto, lo que no estaba así cuando se fue. Aprieto los labios para no sonreír, porque ella ya parece lo suficientemente avergonzada. Bueno, ya sabemos para que la quería su esposo. —Eh… Bueno, Nyra —dice arreglándose el cabello—. Pasa, por favor. Lo hago sin decir nada. —Tengo algo para ti —camina hacia el armario. Este es el salón del en el que suele tomar té, pero también es su armario. La reina tiene infinitos vestidos que seguro que no caben en una sola habitación. Saca un vestido de color azul profundo con unos bordados de color dorado. Ella lo levanta y es hermoso. —Es precioso —digo admirándolo. Vasilka me sonríe asintiendo. —¿Verdad que sí? —dice y camina hacia mí—. Es para ti. La miro sorprendida. Pensé que ese era un vestido que ella usaría, ya que es la anfitriona de la fiesta. —¿Para mí? —Sí, lo pedí para ti —confiesa—. Tu madre me dio tus medidas, así que debería quedarte perfecto. —Pero ¿por qué? —pregunto sin entender—. Quiero decir, este vestido debe ser muy caro. Mueve las manos quitándole importancia. —Quiero que sepas que eres muy importante para mí, Nyra —agarra un mechón de mi cabello rubio dejándolo detrás de mi oído—. Acepta esto en agradecimiento por ayudarme hoy y todas las otras veces. —Nunca lo hice para conseguir algo —digo. —Lo sé, cariño —me deja el vestido en las manos—. Sé que te verás hermosa con él, y quién sea el afortunado de ser tu pareja, quedará completamente enamorado.
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