POV Nyra:
—No, no, no, no —digo cuando veo que el lazo me lleva directamente a Zadkiel.
—Debe ser una broma —lo escucho decir.
Diosa, espero que sí. Porque es imposible que mi pareja sea Zadkiel. Me llevo una mano al pecho porque el tirón del lazo es intenso. Me ordena acercarme a él, pero intento retenerlo. Hay una chica a su lado que lo mira con impaciencia, seguramente esperando que el lazo se active entre ellos. Zadkiel tiene la mirada puesta en mí.
—¿Son pareja? —pregunta Soren mirándonos. Luego se larga a reír—. La Diosa seguro que los está castigando.
—Imposible —digo moviendo la cabeza.
Trago saliva.
—Imposible, porque eres una loba menor y yo soy de la realeza —escupe él.
Lo fulmino con la mirada.
—Ya quisieras tener tanta suerte, maldito idiota.
La chica a su lado jadea, sorprendida por mis palabras.
—¿Cómo te atreves a hablarle así a tu alfa? —inquiere, colocándose a su lado—. Debes ser castigada por tu deso…
—¡Cállate de una maldita vez! —le gruño molesta.
—¿Acaso no sabes quién soy? —pregunta molesta.
Es hija de un alfa, porque deja salir la esencia de alfa que afecta a los demás, pero no a mí. Maldita tonta, quiere doblegarme, pero yo no soy afectada por sus esencias.
—Arrodíllate y pide perdón —me ordena.
Doy un paso hacia ella.
—Te puedes meter tu perdón por…
—¡Nyra! —me reprende Zadkiel.
No lo miro, simplemente miro a la chica fijamente. Ella frunce el ceño al ver que no me doblego. Ya hay varias personas que nos están mirando fijamente. Pero no me importa, las multitudes no me afectan.
—¿Qué está pasando? —pregunta la madre de Zadkiel junto a mi hermano.
—Nyra es la pareja de Zad —le informa Soren.
—¿Qué? —pregunta. La reina se lleva las manos a la boca sorprendida.
—Nos vamos a rechazar, ¿verdad, Zadkiel? —digo.
Sé que el rechazo duele muchísimo, pero prefiero eso a ser su pareja. Él no dice nada, lo que me hace fruncir el ceño. Las puertas se abren, mis padres, el rey y el abuelo de Zad, entran y caminan hacia nosotros. Me quejo en silencio.
—No pueden rechazarse —dice el abuelo. Gimo internamente.
—¿Son pareja? —pregunta mi madre sorprendida.
Asiento a regañadientes. El rostro de ambos se iluminan. Seguro que están orgullosos, porque ser la pareja del alfa es un honor.
—Ella es una loba menor —dice Zadkiel mirando a su abuelo.
Él se acerca con su bastón hacia ambos. Me mira, luego mira a su nieto.
—La Diosa de la luna solo le otorga como compañera a un alfa, a la loba más fuerte.
—Pero esa soy yo —dice la chica nuevamente. Pongo los ojos en blanco. Tiene el ego por las nubes.
El abuelo la mira de arriba abajo haciendo una mueca que a ella la hace encogerse.
—Por lo visto no —replica y vuelve a mirar a Zadkiel—. No puedes rechazarla. Así lo ha establecido la Diosa de la luna.
No, no no. Quiero que nos rechacemos. ¿Cómo es que vamos a sobrevivir a esto si ni siquiera nos soportamos? ¿Qué karma estoy pagando?
—Pero abuelo…
—Pero nada, Zadkiel —niega él—. La Diosa nunca se ha equivocado en una compañera fuerte para el alfa.
Me mira y yo me mantengo firme, aunque el peso de su mirada, me hace sentir demasiado observada. Pocas personas logran eso en mí. Pero me incómoda, más que miedo.
—Estoy seguro de que esta vez tampoco lo hizo —mira a los actuales reyes—. Deben comenzar los trámites de la boda.
Quiero gritar. Juro que quiero hacerlo. Siento como si me estuvieran colocando una soga en el cuello. Creo que eso sería mejor. Zadkiel tampoco se ve mejor que yo.
—Oh, mi niña —dice mi madre acercándose a mí para abrazarme—. Estamos tan orgullosos de ti. Siempre supe que eras valiosa.
Me besa en la mejilla, luego es turno de mi padre que me dice las mismas palabras. Pero yo me siento en piloto automático.
—¡Nyra! —dice Vasilka—. ¡Qué alegría que seas la pareja de mi hijo!
—Es un placer tenerte en la familia —me dice su padre.
Ambos me sonríen con cariño. Siempre me han tenido en estima, algo que usaba para burlarme de Zadkiel. Sé que ellos harán de mi estadía aquí, algo agradable, pero es el hecho de tener que convivir con su irritable hijo, lo que no me gusta. Lo peor de todo.
Tener que acostarnos.
¡Y tener hijos!
Ni siquiera quiero mirarlo. Todo pasa en un borrón. Las personas nos felicitan, algunas chicas me miran con envidia, esa alfa me mira con un odio que no puedo entender. Está bien que ella haya querido ser su pareja, pero tampoco puede odiarme por algo que no está en mi control.
Siento el tirón del lazo que me llama hacia él, pero lo resisto.
—¿Estás bien? —me pregunta Rylan llegando a mi lado.
Niego y lo miro. No se ve sorprendido, tampoco me mira con lástima.
—Se veía venir —dice en voz baja.
—¿Qué?
—Tu don, hermana —susurra en voz baja—. Tu habilidad para pelear. Eres la loba más fuerte de este manada y de las demás.
Mierda.
—No puedo soportarlo —digo.
Él sonríe.
—Nyra, eres capaz de soportar cualquier cosa —me acaricia la mejilla—. Nadie más será mejor reina que tú.
Diosa. Ser reina.
Jamás en mi vida se me hubiera ocurrido algo así. Mi madre se acerca a nosotros.
—¿Lista para ir a casa? —pregunta—. ¿O quieres quedarte con Zad?
—Lista para ir a casa —digo rápidamente.
Me giro rápidamente y salgo sin despedirme de nadie. Necesito aire, porque siento que en cualquier momento voy a explotar. Si alguna vez pensé que podríamos rechazarnos, eso se fue totalmente a la mierda. Nuestros padres están encantados. Rechazarlo, sería un deshonor incluso para mi familia. Nunca me lo perdonaría si los hiciera pasar por eso.
Corro por el bosque hasta el lago. No puedo ir de inmediato a casa. Necesito aclarar mi mente. Necesito respirar. Tengo algo que me aprieta el pecho. Vivir con Zadkiel es una locura. Toda la vida nos hemos odiado. Toda la vida nos hemos desafiado, y ahora de repente tenemos que casarnos, reinar juntos y tener hijos.
—Hola —escucho una voz desde las sombras. No me asusto, porque sé quién es—. ¿Cómo estás?
Me rio amargamente.
—¿Cómo estoy? —murmuro—. Todavía no puedo entender qué pasó. ¿Cómo es que ese idiota y yo podemos ser pareja si no nos soportamos?
Anthas se sienta a mi lado en la roca.
—Bueno, será por algo —dice en voz baja—. Debes confiar en la Diosa de la luna.
Lo miro.
—¿Tú encontraste tu pareja? —pregunto. Él niega encogiéndose de hombros como si eso no le importara.
—La verdad, tenía a alguien en mente que me hubiera gustado, pero no pudo ser —dice.
¿Anthas quería estar con alguien? Me sentí incómoda.
—¿Tú estás interesado en alguien? —pregunto mirándolo de reojo.
Me mira dándome una sonrisa incómoda.
—En ti —dice, dejándome pasmada—. Pero no fuiste mi pareja.
Suspira. Miro hacia delante sin saber qué decir.
—Supongo que ya no podremos seguir viéndonos —dice luego de unos minutos.
Suspiro.
—Supongo que no.
Y a mí realmente me gustaba estar con él.