Imox (Iván) Desde que era niño sentí una gran necesidad de ser reconocido, pero crecí a la sombra de mis hermanos mayores, sobre todo de Maximiliano, él, siempre fue el hijo favorito de nuestra madre, la reina blanca, como la gente de nuestro pueblo la llamaba. Siempre admiré a Maximiliano, él era fuerte, inteligente, poderoso y sobre todo amado y respetado por todos, hasta los sabios ancianos lo veneraban como a un dios, y si efectivamente lo era, o lo sería en algún momento. Cuando tuve la edad necesaria, mi madre me envió a la comunidad para que los hombres me educaran, debía ser un guerrero o un agricultor, pero yo nunca sería un dios, ni siquiera un sacerdote. Durante el tiempo que pasé en la comunidad, conocí a Ikal, o, mejor dicho, él me acechó y me abordó, hasta que consiguió m

