Estuvimos una semana en el hospital, para mí, no era necesario, pero mis doctores insistieron en que era mejor que me atendieran allí hasta que me recuperara, mis padres llegaron a visitarme en cuanto se enteraron que había dado a luz, me pareció increíble que ambos hubieran encontrado tiempo para hacerlo, y yo era la más feliz del mundo de que estuvieran conmigo.
Afortunadamente, era la esposa del director del hospital, porque de no ser así, nos habrían llamado la atención, mi habitación estaba siempre llena de gente, de flores y de regalos, las mujeres de la comunidad, les hicieron a mis bebés una gran cantidad de ropa y pañales bordados y se los trajeron como una ofrenda, ellas conocían la naturaleza de su nacimiento y su linaje, por lo que les tenían un profundo amor y respeto.
Después de una semana mis padres regresaron a la ciudad y nosotros regresamos a casa, Zazil era la más feliz en atendernos y Alitzel me pidió cuidarlos cuando no tuviera que ir a la escuela.
Lol y Salvador los visitaban antes de irse al hospital y cuando regresaban, yo instalé los cuneros en mi habitación, mi corazón de madre y la espantosa pesadilla que tuve cuando estaba en el quirófano, me impedía sepárame de ellos y dejarlos solos, lejos de mí, sobre todo, sabiendo que Lucrecia podía estar acechando.
Lol utilizó sus conocimientos en herbolaria y en menos de dos semanas, la herida en mi vientre había sanado, dejando una cicatriz apenas perceptible, me dio una crema hecha por ella misma y me dijo que si la usaba durante algún tiempo, la cicatriz desaparecería por completo.
Los días pasaron rápidamente, y mis hijos crecían a pasos agigantados, mis padres me presionaban preguntando por el bautizo y yo no sabía que decir, no había considerado realizarlo, ya que las creencias religiosas de mi familia, no eran precisamente afines a las de mis padres.
Fue unos días antes de que cumplieran tres meses de nacidos, cuando Maximiliano abordó el tema.
—Miriam, mi amor, sé que estás preocupada por el tema del bautizo de los niños, no me has dicho nada, pero…
—Puedes leer mis pensamientos. ¿Verdad?
—Sí, puedo, aunque trato de no hacerlo porque no quiero invadir tu privacidad, pero esta vez tu mente grita y yo estaba esperando a que me lo dijeras. ¿Qué sucede? ¿No me tienes confianza? Pensé que al conocer todo lo que vivimos en tu vida pasada las cosas estaban más claras entre nosotros.
—A veces creo que todo eso fue un sueño, he intentado desprender el alma de mi cuerpo, y no logro hacerlo, y tampoco puedo escucharte.
—Seguramente tu mente está bloqueada por algún pensamiento que te atormenta. Miriam, es muy importante que confíes en mí, mi amor, yo nunca te haría daño, y a nuestros hijos tampoco.
—Max, tengo mucho miedo, el día que nacieron los niños, tuve una pesadilla espantosa, en el momento en el que me desmayé pude ver a Lol y a Salvador devorando los cuerpos sin vida de nuestros hijos, y tú… tú me ofrecías un corazón para que lo comiera y consiguiera la vida eterna.
—Hermosa, ven —Me abrazó y puso mi cabeza junto a su pecho —¿Escuchas mi corazón? Late únicamente por ti y para ti, si yo quisiera, podría provocar el fin del universo, con tan solo chasquear los dedos, eso te lo debo a ti y al sacrificio que hiciste hace más de doscientos años, sin embargo, he tenido la fortaleza de mantener los pies en la tierra y de vivir como cualquier hombre común, trabajando y ayudando a mi gente, salvando vidas y honrando la herencia que me dejaron mis ancestros y eso, eso, solo es por ti, por tu amor y ahora por el de nuestros hijos.
—Es que yo, yo confío en ti, pero hay tanta maldad rodeando nuestras vidas.
—Lo sé, pero ha sido desde el inicio de los tiempos, no se puede concebir el bien, sin la existencia del mal, en algún momento vamos a enfrentarlo, pero no podemos vivir pensando que todo lo que nos rodea es malo o nos va a hacer daño, debemos vivir nuestra vida, ser felices, nada de lo que pasa en el mundo pasa sin razón, todo, está escrito y lo enfrentaremos, cuando sea el momento ¿Está bien? Vamos a hablar de lo realmente importante para nuestra familia. En dos semanas Amaité cumplirá tres meses y quisiera que realizáramos el ritual de integración a la comunidad.
—¿Solo Amaité? ¿Y qué pasa con Yaxkin?
—El Hetzmek, es la ceremonia del ciclo de vida [Al igual que muchos otros rituales de integración para los recién nacidos, los mayas consideraban esta ceremonia con fines de integración social, para marcar el inicio de otra etapa para los infantes y para presentarlo a la comunidad.][1]se realiza a los tres meses en el caso de las niñas y a los cuatro meses en el caso de los niños, es por eso que se realizaría primero el de Amaité y un mes después el de Yaxkin.
—Sí, estoy de acuerdo en que es importante que se realice ese ritual, quiero que mis hijos vivan todas las experiencias que los hagan sentirse parte de su comunidad y de su gente.
—Entonces realizaremos las ceremonias y cuando cumplan seis meses, haremos un bautizo católico ¿Te parece? Así invitamos a tus padres y los colaboradores del hospital.
—¿De verdad? ¿Podemos hacer eso?
—Miriam, nuestras creencias religiosas son diferentes, pero los dioses conspiraron para unirnos. Nosotros, representamos la unión de dos mundos, de dos culturas, nuestra vida, tiene un significado divino, tu representas el cielo, yo el inframundo y nuestra unión debía ser en la tierra, así como mi padre y mi madre fueron elegidos para crear una nueva r**a, tu y yo fuimos elegidos para continuarla y nuestros hijos, deben ser educados en ambas culturas, tal como lo fuimos mis hermanos y yo.
Maximiliano tenía razón, yo debía dejar mi temor a un lado y vivir la vida, disfrutar a mis hijos y a mi esposo, sin dejar de estar alerta, pero sin llegar a ser tan aprensiva como me había vuelto en los últimos tiempos.
Llamé a mis padres y les informé que habíamos decidido bautizar a los niños hasta que cumplieran seis meses y estuvieron de acuerdo, así tendrían más tiempo para organizar sus guardias en el hospital y venir a pasar unos días en nuestra casa.
El día del Hetzmek de Amaité, fue un día de júbilo para la comunidad, Salvador fue elegido como padrino, cargó a la niña sobre su cadera izquierda y encendió una vela, el maestro ceremonial les entregó varios objetos (Tijeras, ollas y un comal, en alusión al bordado y cocina, lápiz, cuaderno y libros para que sea un buen estudiante, teléfono móvil y computadora para que esté preparada para la era tecnológica) Tanto al padrino como a la niña, se les dio a probar un poco de huevo, pepita de calabaza, hojas de chaya hervidas y maíz con miel, simbolizando inteligencia, razonamiento, sensibilidad y dulzura. [El Hetzmek, es una ceremonia que representa el ciclo de vida y renacer, que a lo largo de su vida transformará al menor, adquiriendo habilidades físicas e intelectuales para ser un “hombre o mujer de bien, con un oficio” que lo integre a su comunidad][2]
Al terminar la ceremonia, Salvador puso a Amaité en mis brazos, y sucedió algo que me sorprendió de sobremanera, una pequeña vocecita en mi mente, «Yo también te amo madre» un balbuceo de los labios de Amaité y yo, no estaba segura si lo había imaginado, había escuchado a mi hija, “Eso es imposible” pensé, pero sucedió de nuevo «Me gusta escuchar tu corazón» las lágrimas salieron de mis ojos, esto era asombroso y maravilloso, ninguna madre en el mundo tenía el privilegio que yo estaba experimentando, ¡Podía comunicarme con mi hija! Y ella tan solo tenía tres meses de vida.
—¿Qué sucede? ¿Por qué las lágrimas?
—¡Amor no lo vas a creer, puedo escuchar la mente de Amaité!
—Claro que lo creo, yo la he escuchado desde que comenzó a formarse en tu vientre.
—Es que es… es algo maravilloso.
—Lo es, somos privilegiados por eso, solo debes tener en cuenta, que lo hará solo cuando ella quiera, no debes frustrarte si no te contesta, no le hagas preguntas y esperes respuestas, es un bebé con un alma muy evolucionada, pero debes esperar a que tenga la madurez para entablar una comunicación […]
Pasaron los días y no volví a escuchar la voz de mi princesa, Max tenía razón, yo intenté preguntar, pero ella solo balbuceaba como todos los bebés de su edad, cuando cumplieron cuatro meses, el Hetzmek de Yaxkin fue igualmente, un día lleno de algarabía, esta vez la madrina fue Lol y por tratarse de un varón, los objetos presentados en la ceremonia fueron acordes a su naturaleza masculina y a los cuatro puntos cardinales (por eso a los cuatro meses).
Inexplicablemente, escuché la vocecita de Yaxkin justo cuando Lol me lo entregó después de la ceremonia. «Eres hermosa madre» fue una experiencia hermosa, pero de igual manera, no volvió a suceder […]
El día de la ceremonia religiosa llegó, los bebés habían cumplido seis meses y parecían de nueve, estaban creciendo mucho más rápido que los bebés “normales” todas las personas lo notaban.
Realizamos el bautizo en una iglesia en el centro de Cancún, solo estaban mis padres, Nancy, Téllez y Jorge, con sus respectivas esposas, mis padres fueron los padrinos y el sacerdote estaba impresionado por lo bien portados que estaban los niños, no hubo llantos, por el contrario, su risa se escuchaba en toda la iglesia, se les veía felices. Como se acostumbra en los bautizos católicos, mi padre lanzó monedas al aire al salir de la iglesia, de pronto, algo llamó la atención de Amaité, con su pequeño dedito apuntó hacia la gente que estaba de pie frente a nosotros, su pequeña vocecita dijo algo que me heló la sangre «Imox»(el nombre maya de Iván) tardé un segundo en entender la palabra y traté de que repitiera, pero no lo hizo …
[1] https://yucatantoday.com/tradiciones-mayas-el-hetzmek/
[2] https://yucatantoday.com/tradiciones-mayas-el-hetzmek/