Las clases de la mañana terminaban. El timbre para el almuerzo sonó.
Los chicos se levantaron de sus puestos, y fueron al comedor. Ese día y los dos siguientes, Andrew almorzaría tranquilo, pues no vería a Jake.
Paris buscó una mesa vacía. Al encontrarla, se sentó, esperando a sus amigos.
—Aquí tienes bebé— le dijo Liam al pelirrojo, dejando la bandeja frente a él.
—Gracias— dijo Paris, con una sonrisa.
Andrew quedó mirando a sus amigos.
—¿Qué les pasa a ustedes?— preguntó interesado.
Los chicos se quedaron mirando, tal vez era el momento de decir la verdad. Paris iba a hablar, pero una visita inoportuna llegó.
—Hola Andrew, que tal— Jake se sentaba al lado del bicolor. El chico creyó que era una mala broma. ¿Qué se supone hacía ahí, sí estaba con suspención—El otro día no pudimos terminar nuestra charla— le sonrió el pelinegro.
—No tengo nada que hablar contigo— le dijo Andrew, con rostro serio.
Iba a comer, pero Jake le detuvo la mano. Liam iba a defender a su amigo, pero no fue necesario.
—Parece que no te quedó claro— le dijo Héctor, tomando de un brazo a Jake—¿Quieres qué te lo diga de nuevo?.
Andrew miró descolocado a su compañero de cuarto, ¿qué carajos hacía ahí?. Sus ojos recorrieron su anatomía, debía admitir que se veía bastante sexy.
Héctor miró al bicolor.
—No respondiste mis llamadas.
—¿Qué?— dijo Andrew. Sacó su celular, tres llamadas perdidas, con razón Héctor estaba ahí—Lo siento, le bajé el volumen, cuando estábamos en clases.
El rubio suspiró.
—Bien, me alegra haber venido— dijo, apretando más el brazo de Jake.
—Maldito imbécil— le dijo el pelinegro, levantándose del asiento. Trató de safarse del agarre de su compañero—No te sigas metiendo en mí vida, y en lo que yo haga con Andrew. Él es mí novio.
—No es tú maldito novio— le dijo Héctor, apretando más el agarre. Jake sentía que le cortaba la circulación—Te dije que no te metieras con él. Andrew es mí problema ahora.
Liam y Paris se miraron extrañados. Era bastante insólito ver a un homofóbico defendiendo a un gay, aunque fuese por no gustarle el abuso. De todas maneras se agradecía, pues con lo bruto que era Liam, las cosas estarían peor.
Jake sonrió.
—¿Qué mierda?. ¿Acaso ahora te gusta Andrew?.
—Y qué sí es así— le dijo Héctor, desafiante.
El bicolor sintió las mejillas rojas. Miró a sus amigos, sin enteder que pasaba. Paris se quería reír de la cara de Andrew.
Jake se enojó más. Se soltó del agarre.
—Déjate de mierdas, Héctor— le dijo el pelinegro—Ambos sabemos que la gente cómo tú no cambia. Además no vas a dejar unas zorritas, por un culo varonil— se burló.
Andrew se levantó de golpe, y le dio una fuerte cachetada a Jake, que le dejó los cinco dedos marcados. Dejó la comida sin tocar, tomó su mochila y se alejó del lugar. Héctor lo siguió.
Jake iba a hacer lo mismo, pero Paris y Liam ya se habían puesto frente a él.
—Ni se te ocurra— le dijo el castaño—O te mato.
—¿Me amenazas imbécil?— sonrió Jake.
—Yo también te voy a matar— dijo Paris, apoyando a su chico.
Jake los miró a ambos, y luego se alejó del lugar. Los chicos continuaron comiendo. Paris pidió una cajita, y guardó el almuerzo de Andrew. Tenían clases hasta tarde, y seguramente al bicolor le daría hambre.
Mientras del otro lado del edificio, Andrew continuaba caminando, sin rumbo fijo. Estaba harto de los comentarios de Jake, tampoco quería que Héctor se enterara de más cosas, y lo odiara más. Era una estupidez que haya dicho eso, sólo por llevarle la contra al pelinegro, Héctor era homofóbico, y eso nadie lo iba a cambiar. Si embargo se sentía mal, no entendía el porque el rubio había dicho eso, aunque estaba claro que al ser un alumno connotado en Ingeniería, era obvio que no se dejaría perder. Era impensable que a Héctor le gustara a un chico gay.
El rubio lo seguía desde atrás.
—¡Andrew!— era tercera vez que le gritaba. El chico realmente iba en otra. Apuró el paso, y lo detuvo de un brazo—Andrew.
—¡¿Qué quieres?!. ¿No han tenido suficiente?. Jake es una mierda todos los días, tú tienes que cuidarme, porque Mikel te lo pidió, pero no es necesario que te quieras burlar de mí, por mi condición. No soy el chiste tuyo, ni de ese maldito loco. Déjenme en paz. Hablaré con el rector, tal vez me puedan trasladar a otra universidad.
—No— le dijo Héctor—¿Por qué tienes que ponerte así?. Yo no me estaba burlando de ti. Además, Mikel no me ha ordenado nada, no sé porque siempre lo metes a él.
Andrew lo miró con el ceño fruncido.
—No entiendo, porque entonces me ayudas. Sé la fama que tienes con las mujeres, y también la que tienes entre los hombres. Creo que ayudándome, sólo manchas tú imágen. Déjame tranquilo, Héctor, ya tomé mí desición.
Caminó, para alejarse de su compañero. Ambos se encontraban en la parte trasera del edificio de Medicina. No habían alumnos cerca.
Héctor caminó hacia el bicolor y le tapó el paso.
—Y ahora qué— le dijo Andrew, mirándolo. Ya no quería más guerra, y tampoco malos entendidos.
—No quiero que te vayas.
—¿Es un chiste?— le dijo Andrew—Deberías estar feliz, que me vaya. Ya no tendrás que estar con un homosexual.
—Las cosas no son tan fáciles— le dijo Héctor—Nosotros tenemos mucho de que hablar.
—Nosotros compañero, no tenemos absolutamente nada de que hablar— le dijo Andrew—Nada.
El rubio frunció el ceño, dándose cuenta que el chico no cambiaría de desición. Fue entonces que hizo una maniobra precipitada, tal vez una jugada algo insólita, para que el bicolor se quedara.
—Ahora seguiré— le dijo Andrew, pasando por su lado.
De un rápido movimiento, Héctor lo tomó de un brazo, lo jaló hacia su cuerpo, y lo besó.
Fueron lapsos de segundos, que a Andrew le parecieron eternos. Al separarse, el bicolor miró a su compañero completamente descolocado, tratando de buscar una explicación.
—Hablemos en la noche— le dijo Héctor, mirando sus labios—Tal vez entiendas mí homofobia— terminó de hablar y se alejó del chico. Andrew quedó perplejo, viendo cómo se alejaba.
Al espabilar, caminó de regreso al comedor, donde se encontró con sus dos amigos
—Te guardé la comida— le dijo Paris—¿Te pasa algo?.
Liam miró a Andrew, viendo su rostro indecifrable.
—¿Viste un fantasma?— le preguntó el castaño.
—Héctor.
—Héctor qué— le dijo Paris—¿Qué hay con él?.
—Héctor me besó— les dijo, mirando a ambos.
—Sí, eso ya lo dijiste— dijo Liam.
—No. Ahora, recién, él me besó.
Ahora sí los otros dos quedaron descolocados.
—Pero, ¿qué?— dijo Paris.
—No lo sé. Sólo me dijo que habláramos en la noche. Creo que me quiere contar porque es homofóbico.
—Eso no me lo esperaba— dijo Liam—Pero realmente suena interesante. Yo también quiero saber de su homofobia.
Paris lo quedó mirando.
—¿Te gusta Héctor?— preguntó el pelirrojo.
—No amorcito, me gustas tú— le sonrió Liam.
Andrew los miró.
—A ver, ¿me pueden aclarar que pasa con ustedes?.
—Nada aún— le sonrió Liam—Pero ayer le comí esos ricos labios.
—Liam— lo reprendió Paris, con las mejillas rojas.
—¿Qué cosa?— dijo Andrew.
El pelirrojo suspiró.
—Ayer Liam y yo nos besamos. No preguntes cómo, ni por qué, simplemente sucedió.
—¿Y cuál sería la razón?— dijo confundido el bicolor.
—Claramente no te la puedo dar, porque ni yo sé como inició— le dijo Liam—Pero lo que sí te puedo decir, es que no me gusta que Lucas le coquetee, y pues viendo eso, me puse celoso, además de posesivo— sonrió el castaño.
Andrew seguía confundido. Pero sí las cosas se dieron así, entre sus amigos, entonces los iba a apoyar.
—Bien— dijo el bicolor—Mientras se amen y se cuiden, yo los apoyo.
Los tres se abrazaron.
—Bien— les dijo Liam, tomando a ambos por los hombros—Vamos a clases.
Las horas de la tarde fueron pasando y finalmente las clases llegaban a su fin. Los tres amigos salieron de su Facultad, cerca de las ocho de la noche. Cada vez se le alargaban más las horas de estudios, además del acumulo de trabajos que tenían. Estaba más que claro que ninguno iría a su casa por el fin de semana.
—Qué Dios me lleve ésta noche— dijo Liam, mirando el cielo.
—Déjate de estupideces, mejor pide que te mande un mejor cerebro— le dijo Paris.
—Tú no me quieres— le dijo el castaño. Paris lo abrazó.
Andrew le gustaba ver a sus amigos en esa faceta. A ambos les haría bien cuidarse mutuamente.
—¡Chicos!— Mikel aparecía frente a ellos, junto con Lucas. El albino llevó sus ojos directo a Paris, Liam lo quedó mirando. Tomó a su chico por la cintura, y lo acercó a su cuerpo.
—Buenas noches— los saludó Andrew.
—Salieron tarde— les dijo Mikel.
—Nos absorven— le bromeó Liam.
—¿Van a los dormitorios?— preguntó el presidente.
—Sí— respondió Paris.
—Entonces, caminemos juntos— les dijo Lucas.
Liam no soltó a su chico. Los cinco caminaron hacia el edificio de los dormitorios.
—Hablé con el director, no sacarán a Héctor— le contó Mikel a Andrew—Y fue gracias a ti, creo que defenderlo, a pesar de que no lo conoces, lo ayudó mucho.
—Es lo que menos podía hacer— le dijo el bicolor—Héctor ya me había salvado de muchas, y no iba a permitir esa injusticia.
—Gracias— le sonrió Mikel—Héctor es un chico especial, pero no es malo.
—Lo sé—dijo Andrew—Creo que de a poco, nos entendemos mejor.
Llegaron al edificio, y subieron al ascensor. Una vez en su piso, se despidieron.
—Estos son los apuntes de las clases de hoy, ¿se las puedes pasar a Héctor?— le dijo Mikel a Andrew.
—Claro— el chico tomó la carpeta.
—¿Ya nos vamos?— le preguntó Lucas a Paris—Tengo hambre, para que cenemos.
El pelirrojo iba a responder, pero Liam se puso frente a él. Lo tomó del rostro y le dio un profundo beso, que le pasó la lengua por todos lados. Paris quedó con la cara roja, Lucas miraba molesto.
Andrew y Mikel se quedaron boquiabiertos, con tremendo beso que le mandó el castaño.
—Descansa, y avísame cualquier cosa— le dijo Liam a Paris—Le partiré la cara, sí te hace algo.
—¿Qué esto?— dijo Lucas.
—Qué cosa— le dijo Liam—Paris y yo estamos saliendo, así que ni se te ocurra acercarte. Y sí lo haces, me voy a olvidar que eres un año mayor que yo, y te voy a romper todo lo que se llama cara.
Mikel se quedó callado, pues por muy presidente que fuera, no se iba a meter en peleas de parejas. Eso sí que no, aunque tampoco podía permitir que se agarraran a golpes.
Paris le apretó la mano al castaño.
—Tranquilo amor— le dijo, delante de todos—No creo que Lucas sea tan desubicado de molestar a alguien con pareja— miró al albino—Descansa, nos vemos mañana— le dio un corto beso, y luego caminó al dormitorio.
Lucas le dio una última mirada a Liam, y siguió a Paris.
—Bien, vamos también— le dijo Mikel al castaño.
Liam y Mikel fueron a su dormitorio. Andrew continuó al suyo. Al entrar sintió un rico aroma. Cerró la puerta.
—Hola— le dijo Héctor—Yo, hice la cena.
—Gracias— dijo Andrew—Huele exquisito.
—Date una ducha, pondré la mesa.
El bicolor asintió, y se dirigió a la habitación. Dejó sus cosas, sacó una toalla, y fue al baño.
Unos minutos después, Andrew salía del baño, con su pijama. Se sentó frente a Héctor.
Dieron las gracias, y comenzaron a comer.
—Antes de contarte mí verdad, quiero pedirte disculpas por el beso.
Andrew sintió un sabor amargo en la boca.
—No te preocupes, ni siquiera sé por qué lo hiciste.
—Creo que no quería que te fueras, sin que supieras la verdad— le dijo Héctor.
—¿Y por qué te interesa que yo la sepa?. No soy nadie.
—Porque es la primera vez que alguien me ve, sin juzgarme Siento que fui injusto contigo— se excusó el rubio.
—Entonces, ¿me vas a contar tú verdad?.
—Primero, quiero preguntar yo— le dijo Héctor.
—Bien, te escucho.
—Quiero saber todo de Jake— le dijo el rubio, mirándolo.
Andrew se quedó en silencio por algunos segundos.
—Nos conocimos en el primer año de la secundaria. Liam estaba conmigo, y Paris recién se juntaba con nosotros. Cuando Jake llegó, creí que era el amor de mí vida. Me entregué a él por completo.
—¿Fue tú primer hombre?— preguntó Héctor.
—Sí, lo fue— dijo Andrew, algo incómodo—Con el pasar de los meses, las cosas se fueron colocando peor. Jake comenzó a celarme con todos, incluso mis amigos. Logró alejarme por un tiempo de ellos. Luego todo empeoró, cuando me llamaba y había bebido, se volvía agresivo. Me golpeaba, incluso me obligaba a tener relaciones.
—Te violaba— dijo Héctor, con un notorio tono de enojo.
—Sí. Busqué ayuda con mis amigos, y la psicopedagoga de la secundaria. Mis padres nunca se enteraron, pues nunca abrí una denuncia por violación. Logré terminar con él, y luego fue expulsado. No lo volví a ver, hasta que lo encontré aquí.
A Héctor le quedaba más claro los motivos, ahora sí lo iba a odiar con todo.
—Y tú— le dijo Andrew—Yo también quiero saber de tú historia.
—Cuando tenía siete años, íbamos a la casa de mí tío— comenzó Héctor—Él tenía un vencino que tenía un hijo de mí edad. Habían veces que me quedaba en su casa jugando hasta tarde. Cada vez que me quedaba solo en la casa del vecino, con su hijo, él nos hacía cosas. Ya te imaginarás qué.
Con sólo escuchar, Andrew comenzó a sentir náuseas. Era sólo un niño.
—Nadie nos creyó, hasta que una noche su hijo no sobrevivió al fuerte abuso, y a mí me encontraron con graves heridas. Estuve con psicólogo, hasta que inicié la secundaria. Después de eso, desarrollé la homofobia. No quería terminar siendo un vírgen, por eso me acosté con cada chica que escogí.
El bicolor no sabía que decir. A decir verdad, lo que había vivido Héctor había sido terrible.
—Lo lamento— dijo Andrew—Pero ahora te comprendo.
El rubio lo quedó mirando.
—Eres la primera persona que sabe mí verdad.
El bicolor hizo una pequeña sonrisa—Pierde cuidado, que nadie sabrá nada.
—Lo sé.
Terminaron de cenar. Andrew lavó los platos, mientras su compañero se daba una ducha.
Después de deja todo ordenado, Andrew se fue a la habitación. Se sacó las ropas y se acostó rápidamente, se tapó hasta la cabeza.
De pronto sintió que Héctor entraba a la habitación, dio un par de vueltas, y luego apagó la luz.
Andrew abrió los ojos cómo plato, al sentir un peso a su lado. Se destapó la cabeza.
—¡¿Qué haces?!.
—Está claro que sí duermes solo, comenzarás a soñar pesadillas, y yo no quiero estar despertando en la madrugada. Necesito dormir, y tú también.
El bicolor no alcanzó a decir nada. Héctor le dio la espalda y se quedó dormido. Andrew lanzó un suspiro, y se acomodó, quedándose dormido.