Liam y Paris dejaron la carpa ordenada. Se llevaron las cosas de regreso a su Facultad. Iban con un carro lleno de insumos médicos.
—Está anocheciendo— dijo Liam, mirando el cielo.
—Tengo hambre— le dijo Paris, haciendo un puchero. Al castaño le pareció tierno.
—Te invito a comer.
—Dónde.
—Dejemos las cosas en la Facultad— le dijo Liam—Cerca de aquí, hay un lugar donde venden un rica comida casera.
Paris sonrió.
—Bien, hagamoslo.
Iban camino al edificio de Medicina, Liam llevaba el carro, mientras Paris caminaba a su lado.
Llegaron a la Facultad, entraron y fueron directo al laboratorio a dejar las cosas. Decidieron ordenar en la mañana, ya que se estaba haciendo muy tarde. Salieron del edificio, caminando al lugar de comida.
—Paris— los chicos se dieron vuelta, viendo a Lucas. El albino aún vestía con ropas deportivas—¿Vas a los dormitorios?.
—Yo.
—Podríamos cenar. Te puedo cocinar algo delicioso— le sonrió el vicepresidente. Paris no podía evitar ponerse algo nervioso. Liam comenzó a molestarse.
—No puede— dijo el castaño, tomando de una mano a Paris—Lo invité a cenar yo.
Lucas miró al castaño.
—Creo que debería decidirlo Paris— dijo, mirando al pelirrojo.
Ambos miraron al nombrado.
—Liam me invitó primero, Lucas, iré con él— le dijo Paris. Se sentía cómo sí tuviera a dos galanes peleándose por él—De todas maneras, gracias.
—No te preocupes— dijo el albino—Mañana te haré el desayuno— le cerró un ojo.
Liam sintió que la sangre le hervía. Tomó a su amigo con más fuerza, y lo jaló, sacándolo de ahí. Extrañado Paris siguió a un molesto castaño.
Lucas los vio alejarse.
En el camino, el pelirrojo trataba de hablar con su amigo.
—Liam, Liam, ¡Liam!.
—¡¿Qué?!.
—¡¿Qué carajos te pasa?!— dijo molesto Paris, que no lograba entender el comportamiento de su amigo—Has estado actuando extraño, hace varios días. ¿Me puedes explicar qué rayos te sucede?— se detuvieron.
Liam no sabía que responder, menos entendía las actitudes que estaba tomando hacia Paris. Se sentía posesivo con su amigo, sobretodo después de ver cómo le coqueteba Lucas. Su respuesta, miraba al pelirrojo tratando de buscar las mejores palabras para que lo entendiera.
—Liam, respóndeme— le dijo Paris, mirándolo.
Y ahí fue que el castaño encontró la mejor manera de decirle a Paris, lo que le estaba pasando. Se acercó a su amigo, lo tomó del rostro y le dio un suave beso. El pelirrojo quedó con los ojos cómo plato, sintiendo los labios de Liam sobre los suyos.
Luego se alejó sutilmente, mirando los profundos ojos del pelirrojo.
—Paris— dijo, el chico no respondió— No sé que me pasa contigo. Pero desde que apareció Lucas, las cosas se han vuelto algo confusas para mí.
—¿A-qué te refieres con confusas?.
Liam bajó sus manos deslizándolas por la espalda del contrario, las apoyó en las caderas de éste.
—No sé cómo explicarlo— le dijo el castaño—Pero siento celos cuándo veo a Lucas cerca de ti, y peor es saber que tienes que compartir habitación con él.
—Liam— dijo Paris, tratando de buscar una respuesta lógica— Nosotros somos amigos, desde hace tiempo. Creo que estás confundiendo las cosas.
—¿Te gusta?.
—¿Qué?.
—¿Acaso te gusta Lucas?.
—No— dijo Paris—Dios, no es eso Liam. Pero ubiquemonos en tiempo y espacio. Somos amigos, tal vez, no lo sé, te estás precipitando.
El castaño subió una de sus manos, y lo tomó de la nuca, nuevamente acercó sus labios, besándolo. Paris no se alejó, Liam acarició con su lengua el contorno de la boca del pelirrojo, haciendo que éste la abriera. Un rico y suave beso con lengua, que estaba atrapando a los amigos en algo más íntimo.
—Liam— dijo apenas Paris, alejándose del beso.
—No puedo decirte con certeza que me sucede— le dijo el castaño—Sólo sé, que no quiero ver que alguien más te coquetee— dicho esto, nuevamente lo besó.
—Liam— susurró Paris, alejando sus labios—Sí seguimos así, no iremos a cenar.
El castaño sonrió.
—Bien, te llevaré a comer algo.
Ambos salieron del edificio y fueron cerca de la universidad. No muy lejos de ahí, había un puesto de comida casera. Liam y Paris se sentaron a disfrutar de una rica cena.
Mientras en el edificio de los dormitorios, Andrew y Héctor habían llegado hace poco.
—Me iré a dar un baño— le avisó el rubio.
—Después te haré unas curaciones— le dijo el bicolor.
—No es necesario.
—Sí lo es— le dijo Andrew—Son cortes algo profundos, no querrás que se te infecten.
Héctor suspiró.
—Está bien, haremos lo que quieres.
El rubio tomó su toalla, y fue hacia el baño. Mientras que Andrew preparaba las cosas, para las curaciones.
Minutos más tarde, Héctor salía del baño, con una toalla envuelta en la cintura. El bicolor puso rostro serio, para que su compañero no se sintiera intimidado, aunque le parecía bastante extraño que el rubio saliera así del baño. Se supone que un homofóbico, evita el contacto visual de un gay, y menos saldría casi desnudo.
—Bien, soy todo tuyo— dijo Héctor, sentándose en el sillón. Andrew sintió que sus mejillas se sonrojaban. Trató de calmarse, respirando. Se concentró en la homofobia del rubio, y en que sí no dejaba de actuar cómo idiota, su compañero lo golpearía. Con esa mente, se tranquilizó y pudo hacer las curaciones.
Primero pasó antiséptico por las heridas, limpiando. Luego las fue cubriendo con pequeños parches. Mientras hacía eso, Héctor no dejaba de mirarlo.
—¿Qué ocurrió con Jake?— preguntó el rubio, mirando a su compañero.
Andrew sintió que el estómago se le revolvía.
—Mm, no creo que te importe escuchar la historia de un homosexual. En realidad a nadie le interesa— sonrió Andrew, continuando con las curaciones.
—Quiero saber que pasó con Jake— insistió Héctor. Andrew arrugó el ceño.
—¿Por-qué quieres saber?— preguntó el bicolor, terminando de colocar los parches.
—Porque te escuché hablando entre sueños. Llorabas.
Andrew se quedó tieso. No podía creer que aún hablaba dormido, y para peor fue escuchado por su compañero de cuarto, ¿qué habría dicho?.
—Sí, bueno, yo lamento que hayas tenido que escuchar algo desagradable. Que no te moleste— le sonrió el bicolor, ordenando las cosas—Una persona cómo tú, tiene asuntos más importantes que atender. Los problemas de los gays, no son parte de eso— le dijo, mientras tomaba el botiquín y se levantaba del sillón.
Héctor frunció el ceño.
—Necesito saber la verdad, o no podré protegerte— le dijo de pronto.
Andrew se quedó parado, mirando a su compañero. Su mente trató de entender que carajos pasaba con Héctor. Tal vez Mikel lo estaba obligando a cuidarlo, y sólo por el hecho de vivir bajo el mismo techo. No era justo, pues en su condición, estar de niñero debía ser desagradable.
—Escucha Héctor— le dijo Andrew—Sé que Mikel debió pedirte algo. Pero no tienes porque hacerlo. No tienes porque cuidar a un homosexual, yo sabré defenderme solo. No es una carga, que alguien cómo tú, deba llevar. Es decir, no tienes porque pensar en mí, ni en Jake. Sí sucede algo más, hablaré con Mikel, lo prometo.
—¿Una carga para alguien cómo yo?— dijo el rubio.
—No quise que sonara mal— le sonrió Andrew—Es sólo que eres homofóbico, entonces no tienes porque hacer caso de lo que Mikel diga. Está bien ser del centro estudiantil, pero yo estoy bien, lo prometo— dijo—Iré a guardar las cosas.
Salió del lugar y se metió a la habitación. Dejó los insumos ordenados y luego sacó su toalla. Se dirigió al baño.
—Iré a ducharme— le dijo el bicolor.
—Pediré la cena.
—¿Pedir?— dijo Andrew—Puedo hacer algo rápido.
—No te preocupes— le dijo el rubio—Pediré algo liviano, para ambos.
—Ok— dijo Andrew. Se metió al baño, dispuesto a darse una relajante ducha.
Mientras el agua caía por su cuerpo, el bicolor pensaba en las palabras de Héctor. Debía admitir que le hubiese gustado, que el rubio fuese así de buena persona. Sin embargo estaba agradecido, de que ya no quisiera correrlo del dormitorio. Tal vez sí lograría sobrevivir un año con él, y después se alejaría, para no molestarlo nunca más.
Afuera, Héctor se encontraba en la habitación, vistiéndose. Había enviado a pedir unas ensaladas, carne de soja y verduras salteadas. No era que supiera de su compañero, pero se había dado cuenta que el bicolor comía bastante liviano.
Pasaron unos minutos, cuando tocaron la puerta. El pedido había llegado. Héctor abrió, estaba recibiendo el pedido, cuando Andrew salió del baño. El bicolor se asomó, para ver quién era. Llevaba una toalla en la cintura y el torso desnudo.
—Buenas noches— saludó el repartidor, haciendo una sonrisa coqueta a Andrew. El bicolor estaba detrás de Héctor.
—Buenas noches— sonrió Andrew.
Héctor miró al repartidor, que no le sacaba los ojos de encima a su compañero de cuarto.
—Bien, gracias— le dijo el rubio, despachándolo.
—Sí necesitan algo más, lo que sea— dijo el repartidor, mirando a Andrew—Me avisan.
El bicolor le regaló una sonrisa.
—Sí, gracias— volvió a decir Héctor, cerrando la puerta.
Se giró, viendo a su compañero semidesnudo.
—Qué simpático— dijo Andrew, con una sonrisa.
—Demasiado para mí gusto— le dijo Héctor—Ve a vestirte, voy a servir la comida.
—Lo siento— dijo Andrew, dándose cuenta de cómo se había presentado. Se apresuró a la habitación. Con lo rápido que entró, se tropezó en la entrada, y se fue de rodillas. La toalla se le soltó.
Héctor escuchó el fuerte golpe. Dejó las cosas sobre la mesa, y fue a ver que pasaba.
—¿Estás bien?— preguntó el rubio, abriendo la puerta semicerrada. Sus ojos quedaron pegados en el blanco culo de Andrew, quién estaba de rodillas, con toda la dignidad al aire.
—Auch— dijo el bicolor, viéndose las manos. De pronto sintió un aire que le corría por ¿el culo?. Espabiló, viendo que estaba sin la toalla, y con Héctor observándolo desde atrás—¡Lo siento!— gritó Andrew, tratando de taparse. Rezaba por que su compañero no pensara que había sido una broma, o algo para molestarlo.
—¿Estás bien?— preguntó Héctor, mientras se agachaba.
—¡Sí, lo estoy!— dijo casi con un grito el bicolor. Retrocedió y luego se levantó—Yo-lo lamento— articuló, rojo hasta el alma. Tenía la toalla suelta, tapando su sexo—¿Puedo terminar de vestirme?.
—Sí, claro— le dijo Héctor. Se levantó del piso, y salió de la habitación.
Andrew soltó el aire. En esos momentos, sólo quería enterrarse vivo. No podía creer que había tropezado, y que para peor, Héctor le viera todo.
—Siento que me leyó entero— se dijo, mientras terminaba de vestirse. No quería salir, estaba avergonzado hasta el alma.
De pronto golpearon la puerta, Andrew dio un respingo.
—¿Estás visible?— le preguntó el rubio.
—S-sí— respondió, rojo hasta el cuello.
Héctor entró.
—¿Estás bien?— preguntó, mirando al bicolor.
—Sí, yo, es qué, me tropecé.
—Pude notarlo— le dijo Héctor.
—Sí— Andrew no sabía donde meterse.
—¿Vamos a cenar?.
El bicolor asintió, y salió junto a compañero.
Héctor tenía todo listo, se sentaron.
—Creí que algo liviano te gustaría— le dijo el rubio.
—Gracias, no debiste molestarte, cualquier cosa habría estado bien— dijo Andrew con una pequeña sonrisa.
—Me he dado cuenta que prefieres comidas livianas, a condimentadas— le dijo Héctor.
"Me he dado cuenta", esas cuatro palabras resonaban en la mente de Andrew, ¿acaso lo observaba?.
—Sí, es que tengo un estómago algo delicado, herencia de mí padre.
Los padres, llevaban pocos días conociéndose, y nunca habían hablado antes. Héctor era demasiado curioso, y poco delicado, ese era uno de sus defectos.
—¿Tus padres saben que eres gay?— soltó de pronto, haciendo que Andrew se atorace con el agua.
—Cof cof cof.
Héctor lo quedó mirando. El bicolor se recompuso.
—Mis padres— dijo mirando hacia abajo—Mis padres no lo saben. No es fácil hablar a los diesisiete, pero pronto seré mayor de edad, y podré irme de casa.
—¿No amas a tú familia?— le preguntó Héctor.
—Claro que los amo, pero ellos dejarán de amarme cuando sepan que soy gay. Y antes que eso suceda, y me rompa en mil pedazos, prefiero estar lejos, muy lejos, y sólo verlos por fotos— dijo con la voz quebrada, una lágrima rodó por su mejilla—Disculpa— Andrew se iba a levantar.
—Espera— le dijo el rubio—Lamento ser impertinente, no fue mí intención meterme en tú vida.
El bicolor estaba algo soprendido.
—No te preocupes Héctor, yo hablé de más.
El rubio no dijo nada. Continuaron comiendo.
Al terminar, dejaron todo ordenado, y se fueron a acostar.
—Debo terminar una tarea— le dijo Héctor.
—Bien, que descanses— dijo Andrew, acostándose.
El rubio apagó la luz, y encendió la del escritorio, abrió su computador y se puso a trabajar.
Pasaban de la medianoche, cuando Héctor terminaba al fin la tarea. Se levantó, estirando los músculos. Fue entonces que sintió unos leves sollozos. Fijó su vista en Andrew, que estaba tapado hasta la cabeza.
—¿Y ahora qué?— dijo el rubio, mientras se acercaba. Los sollozos se hacían más fuertes.
Entre el llanto, se escuchaba algo.
—No, no por favor.
—¿Otra vez?— dijo Héctor, sacando las ropas de encima.
—Dé-jame— susurraba Andrew, mientras sus mejillas se humedecían—¡No!.
—Andrew— le llamó Héctor, asustado por aquel grito—Andrew.
—¡No! ¡Jake! ¡No!.
Héctor no supo que hacer, tomó de los hombros al bicolor y lo sostuvo, gritándole su nombre.
—¡Andrew! ¡Andrew! ¡Despierta!.
—¡¡No!!— el chico dio un puñetazo, al mismo tiempo que abría los ojos. Su rostro era pánico.
Héctor le sostuvo la mano, mientras lo afirmaba de un hombro. El bicolor estaba agitado.
—Andrew— dijo Héctor, preocupado.
—Yo— el chico volvía en sí—Lo-lamento— le dijo regulando la respiración. Abrió su puño.
El rubio lo soltó.
—Andrew.
—No-te preocupes. Estoy bien— sonrió el bicolor. Se secó el sudor de la frente.
Héctor miró esos hermosos heterocromaticos. Tan diferentes y tan perfectos a la vez. Se acercó a su compañero.
—Últimamante tienes malos sueños— le dijo el rubio.
—Sí, yo prefiero no hacerles caso. No es nada.
Héctor se sentó en la cama de su compañero. Andrew quedó bastante extrañado por esa actitud.
—Parece cómo sí hubiesen abierto una puerta en ti— le dijo el rubio—Estabas más tranquilo, y últimamente tienes muchas pesadillas.
Andrew se quedó callado, y miró a otro lado. Era más que obvio, que los malos sueños comenzaron desde que apareció Jake. Pero no era algo fácil de hablar.
—Nombraste a Jake— le dijo Héctor, viendo la reacción del bicolor.
A Andrew se le cayó la cara, trató de componerse.
—Debiste escuchar mal— le dijo el bicolor.
El rubio frunció el ceño.
—Sé lo qué escuché, ¿por qué lo proteges tanto?.
—No lo protejo— le dijo Andrew—No quiero hablar de mí pasado, es todo.
Héctor se quedó pensando, sí no hacía algo, era obvio que no podría dormir con los gritos de su compañero. Apagó la luz.
Andrew se acomodó en su cama, dando la espalda al rubio, fue entonces que sintió un peso detrás de él.
Se dio vuelta, encontrándose con Héctor. El rubio tenía un rostro tranquilo.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó el bicolor, completamente descolocado.
—Sí sigues soñando pesadillas, me tendrás toda la noche en vela— le respondió el rubio—Qué descanses— le dio la espalda y cerró los ojos.
Andrew tragó saliva, y también le dio la espalda, cerró los ojos, tratando de quedarse dormido.
Cerca de las cuatro de la madrugada, nuevamente el bicolor comenzó con sollozos, Héctor lo sintió a lo lejos. Despertó, mirando a su compañero, que se quejaba bajito.
—Diablos— dijo el rubio, acomodándose para quedar frente a su compañero. Lo dio vuelta con cuidado—A ver, ven aquí— puso al bicolor cerca de su pecho, los sollozos fueron pasando—Bien, creo que tendremos que dormir así— susurró, cerrando sus ojos.
La noche fue pasando, y finalmente el sol comenzó a salir. Por la ventana se veían los rayos que se colaban, tras la cortina.
Andrew abrió los ojos, sintiendo un peso sobre su cuerpo. Las alarmas aún no sonaban, por lo que debía ser temprano. Giró su cabeza, viendo a Héctor, el rubio lo tenía muy abrazado. Las mejillas le explotaron. Andrew notó que su compañero iba a despertar, por lo que se hizo el dormido.
Héctor abrió los ojos, y vio al bicolor entre sus brazos. Olvidó por completo, que lo había hecho dormir en su pecho. Sacó su brazo con cuidado, sin despertarlo. Se quedó sentado en la cama, por algunos minutos. Las alarmas sonaron.
Andrew se desperezó, y abrió los ojos.
—Buenos días— le dijo el bicolor, tratando de sonar normal.
—Buenos días— saludó Andrew, mirando a otro lado—Ve a ducharte, te haré el desayuno.
—No-yo puedo hacerlo. Ve a ducharte primero— le dijo el bicolor.
—Ya dije— le habló Héctor—Haz caso y ve.
—Pero.
—Andrew— le dijo el mayor—Recuerda que tengo expulsión por tres días. No puedo ir a clases.
—¿Y los chicos?.
Héctor se levantó de la cama.
—No te preocupes. Le envié un mensaje a Mikel. Además él te cuidará, mientras yo esté fuera.
Andrew lo miró extrañado.
—No es necesario. Se supone que Jake también fue suspendido.
—No confío en ese imbécil— le dijo Héctor—Ve a ducharte.
Algo contrariado, Andrew se levantó de la cama y fue hasta el baño, mientras el rubio preparaba el desayuno.
Luego de la ducha, el bicolor se dirigió a la habitación para vestirse. Al entrar, notó que Héctor estaba haciendo la cama, y ordenando el lugar.
—Yo-¿me puedo vestir?— preguntó nervioso.
—Hazlo— dijo el rubio, sin salir de la habitación.
—Pero.
—Ya qué— le dijo Héctor—Ayer te vi todo, y fue realmente todo— lo miró—Creo que ya te conozco bastante bien.
Las mejillas de Andrew ardían de rojo. Se hizo el ofendido, y le dio la espalda, mientras se cambiaba de ropa. Héctor se sentó en su cama, viendo la blanca piel del menor.
Andrew dejó caer la toalla, y comenzó a vestirse, tratando de ignorar los ojos de su compañero. Cada vez le parecía más extraño el comportamiento del chico homofóbico de Ingeniería.
Una vez vestido, se giró, viendo al rubio muy sentado mirándolo.
—Bien, es hora de irme— le dijo Andrew, tomando su mochila.
Héctor le dio su bosla con el desayuno, y luego lo acompañó a la salida. Ahí en el pasillo, estaban los dos amigos de Andrew.
—¡Buenos días!— saludó Liam, con una sonrisa.
Paris hizo una reverencia.
—Buenos días— saludaron ambos.
El bicolor se acercó a sus amigos.
—Andrew— le llamó Héctor.
—Dime.
El rubio le pasó su celular.
—Dame tú número.
Liam y Paris se quedaron mirando. Sonrojado Andrew tomó el celular de su compañero y anotó el número.
—Bien, te estaré llamando.
—De acuerdo— le dijo el bicolor.
—No dejes que suene más de tres veces, o sabré que algo te pasó— le dijo Héctor.
—Está bien— dijo Andrew.
Se despidió de su compañero y se dirigió al ascensor, junto a sus amigos. Bajaron al primer piso, salieron del edificio.
—¿Y eso qué fue?— preguntó Paris.
—No lo sé— dijo Andrew—Ha estado actuando extraño, estos últimos días.
—Creo que se puso así, desde que apareció Jake. Y me alegra— sonrió Liam—Así ese imbécil no se te acerca.
—Sí, al menos logró espantarlo— les dijo Andrew.
Paris y Liam se quedaron mirando. Ambos amigos querían hablar con Andrew, de lo que había pasado la noche anterior entre ellos. Pero no querían importunar a su amigo todavía, por lo que decidieron hablarían después. Por ahora debían enfocarse en las clases. Caminaron a su Facultad, listos para iniciar su jornada.