BREEZE
Alguien empuja más allá de Dash, y él se aparta del camino, derramando su cerveza sobre mis pies.
—Amigo, vamos— le digo. el mira hacia abajo.
—Mierda, lo siento— dice mirándome los dedos de los pies. Se mete en uno de los muchos bolsillos de sus pantalones cortos, y después de un momento, saca un pañuelo de papel arrugado. —¿Tengo esto? — dice, ofreciéndomelo.
Miro el pañuelo y me esfuerzo por no imaginar donde ha estado o para que se ha utilizado.
—¿Cómo diablos, eres enfermero? — digo, no me digas que andas ofreciendo a los pacientes pañuelos viejos y asquerosos y derramando cerveza encima—
Dash sonríe. —Mantengo mi cerveza en un vasito con sorbete cuando estoy de servicio— dice. —Normas del hospital. Vamos, loca, soy un profesional—
Casi le digo que no me llame loca, pero si algo me ha enseñado ser la hermana mayor de Dash durante veinticuatro años es que decirle que no haga algo es la forma número uno de que lo haga.
Profesional o no, Dash sigue siendo como un cachorro, todo manos y pies gigantes sin idea de donde comienza y termina su propio cuerpo. Especialmente cuando se ha tomado tres cervezas.
Vuelve a guardar el pañuelo en el bolsillo y vuelvo a mirar por encima del hombro, buscando a Jax e intentando con toda mis fuerzas que no parezca que estoy buscando a Jax. Por alguna razón, me hace sentir otra vez como la chica tonta y poco cool de la secundaria, la que usaba jeans y camisetas holgadas todos los días mientras las otras chicas aprendían a aplicarse brillo de labios y rímel.
Al final descubrí el rímel. Demonios, estoy usando un poco ahora. Pero, aun así, cuando me habla tengo que luchar contra el impulso de mirar por encima del hombro para poder encontrar a la chica con la que realmente está hablando.
¿hombre con ojos grises, patillas y un hoyuelo, alto y constituido como estatua de mármol, pero realmente sexy y musculoso? Esos hombres no me hablan. Hablan con chicas que logran actuar como chicas al menos de vez en cuando. Además, no lo veo por ninguna parte. Probablemente se fue.
—Oye, esta es nuestra última canción— dice el cantante, apartándose el pelo de los ojos. Aplaudo junto con todos los demás.
—¿Escribí esto una noche cuando estaba en las montañas en una búsqueda espiritual? — continúa, terminando cada frase con una pregunta. —Y había tanta paz ahí afuera, solo yo y los árboles y sentí una intensa sensación de pertenecer a todo. ¿incluso a los gusanos y los mosquitos? —
> pienso.
—Pero el mundo es realmente uno— continúa. —Y escribí esto esa noche porque quería respetar la unidad de toda la vida, incluso las extrañas. Esto se llama. Tierra, lombriz, amor—
Aplaudo de nuevo. En el escenario, mi otro hermano, Asher, hace contacto visual con los otros miembros de la banda y luego comienza a tocar. En realidad, no son malos, al menos si lo que te gusta es el rock fumado. Siempre he preferido mi música con un toque más duro, pero tengo una debilidad por este tipo de cosas. Es difícil no tenerlo si creces aquí.
—Están mejorando— dice Dash cuando termina la canción, y yo asiento con la cabeza.
—¡Gracias! — grita el cantante. La banda deja sus instrumentos y sale del escenario, y la música mouse vuelve a sonar.
—Eso sonó bastante bien— digo. —¿Quieres quedarte con la próxima banda? —
—Si, pero puedo conseguir un aventón de Asher o uno de los chicos— dice Dash, señalando con el pulgar hacia el lado del escenario donde desapareció la banda.
—¿Ya paso tu hora de dormir? —
Miro mi teléfono. Son más de las diez, y aunque sé que Dash solo está siendo un idiota, ya es hora. Ha sido una semana larga, estoy cansada y quiero levantarme e ir a surfear mañana.
—Podría salir— digo.
—Genial— dice. La banda sale por una puerta lateral, así que Dash y yo nos dirigimos hacia ellos. Asher ya tiene una cerveza en la mano, le doy un abrazo y le digo que fue un gran espectáculo. El y Dash chocan esos cinco y todos charlamos por un momento.
Mis ojos regresan a la barra. Se ha despejado un poco y, después de un momento, puedo ver a Jax sentado en el lado opuesto. Hablando con una guapa rubia. Mientras lo miro, ella se ríe y juega con su cabello, y siento que se abre un hoyo en mi estómago.
Apuesto a que se ha hecho los colores de sus sombras y creo que puede aplicarse delineador de ojos sin apuñalarse el globo ocular. Mierda, apuesto a que su ropa interior combina con su sujetador y todo.
Intento no sentirme decepcionada. > me recuerdo. > Dios mío, estoy demasiado rodeada de policías. ¿hasta las rodillas? ¿En serio?
Al otro lado de la habitación, Jax se endereza, tomo otro sorbo de su bebida y luego sonríe. Ese hoyuelo.
> pienso. Luego miro a mis hermanos.
—Muy bien— le dice Asher a Dash, asintiendo. Luego me mira.
—¿Dash dice que te vas a ir temprano? —
—Si, he tenido una semana larga— digo.
—Gracias por venir al espectáculo y pasar el rato con nosotros, sucios hippies— dice Asher, sonriendo.
—No estás tan sucio— bromee. Los abrazo a ambos y me voy cuando lo recuerdo.
—Dash— digo. —Necesito mis llaves— Me mira sin comprender.
—¿De cuándo dejaste tu teléfono en mi auto antes y tuve que volver a buscarlo? — El parpadea. Luego mira hacia otro lado. Luego hace otra mueca y comienza a revisar sus bolsillos, uno por uno.
Al instante se dónde están mis llaves, pero le dejé buscar un momento primero.
—¿Las dejaste encerradas en mi auto otra vez? — pregunto. Me cruzo de brazos y lo fulmino con la mirada, porque no es la primera vez que esto sucede.
Sigue buscando sin decir nada. —Por el amor de Dios— digo, y empiezo a caminar hacia la puerta. Dash corre detrás de mí. —Dime que están encerradas en el auto y no en la calle donde cualquiera podría haberlas recogido— digo por encima del hombro.
—¿Están en el carro? — él dice. Pasamos por delante del bar y, a pesar de lo irritada que estoy, todavía miro furtivamente a Jax y a la chica rubia. Ella todavía juega con su cabello y ahora estoy aún más molesta.
En el último segundo, Jax de repente me mira. Aparto la mirada porque siento que me pillaron mirando.
—¿Te mataría seguir algo durante cinco minutos? — le pregunto a Dash.
—Lo siento— murmura.
—¿Solo una vez? — yo digo.
—Lo siento— murmura de nuevo, y caminamos hacia mi auto, estacionado al lado de la calle.