3. Hermoso y desgarrador

1735 Words
Hermoso y desgarrador 3 A veces solo ocurre. Y sé que para mí, para mi familia y para las manadas, lo inesperado nunca es inesperado. La costumbre de ver sobre nosotros arribar desgracias y sucesos traumáticos, es tan escalofriante como los mismos eventos. Sin embargo, el hospital estaba colmado de inquietud e incógnitas. ¿La razón? A más de uno, sin explicación ni correlación alguna, le había tocado padecer una extraña descompensación que sacó a relucir heridas internas infectadas, y poca capacidad respiratoria. Veía a rostros conocidos angustiados en la sala de espera, estremecidos por la preocupación y la sorpresa. Pero más allá de todo, siendo que nosotros deberíamos mantener cierta calma, siendo que yo debería haber previsto algo tan grande como esto… estábamos peor que ellos. No lo había visto ni sentido. Una desgracia así debió ser percibida, y no lo fue. —Linn. —La voz apesadumbrada de Thomas me hizo detener el incesante movimiento de mi pierna. Alcé la mirada, puesto que él estaba de pie apoyado en la pared. Sus ojos navegaban insólitos en un abismo oscuro. —Algo… ¿No lo has visto? La boca se me secó de la culpa. —Lo siento… Negó. —Debe ser mucho más grande de lo que puedes soportar…—Su pesimismo era completamente entendible. Su madre, pese a mil problemas existiesen entre ambos, seguía siendo la primera mujer que su corazón había amado. Pero no solo estaba ella, estaba Alina, estaban los hijos, hermanos, tíos, abuelas, nietos, sobrinos de otros, estaba Delsy, también uno de los hijos menores de un integrante de la manada de Frederic, y la hermana de Anthony Black. Estábamos todo el pueblo ahí, las cabezas de los más importantes, y las familias esperando impacientes en sus hogares. Algo estaba amenazando la vida de nuestra gente, y el hecho de que Thomas me haya dicho de que quizás era más grande de lo que yo podía tomar, calaba muy hondo en mi alma. —Thom saldremos de… El pasillo se tornó silencioso, los rostros desaparecieron, incluso el de mi novio. Exhalé, el vapor broto de mi boca, señalando el frio del lugar. No era del todo extraño, algo en mí se alivió de saber que finalmente tendría respuestas. Y abandonando mi asiento, empecé a caminar, primero sin rumbo, y luego, cuando la puerta donde la madre de Thomas era atendida se abrió, en dirección a ella. Empujé levemente la puerta, y la vi. Atada al respirador, conectada a mil cosas, y sumamente enferma. —Llegó su hora. —La voz del hombre que había aparecido en mi sueño, se hizo presente a mi lado. Giré la cabeza algo sobresaltada, y le vi. Apacible, oscuro, con un aspecto paliducho enfermizo, y contradictoriamente lucido y vivo. — ¿De qué hablas? —Su presencia era helada y escalofriante. Clavó sus ojos negros en los míos, absorbiéndome en su oscuridad, y di un paso hacia atrás. El señaló a la madre de Thomas, y luego, chasqueó sus dedos. —Lo siento. — ¿Qué? —Exclamé. El cuerpo de ella comenzó a convulsionar, y la maquina con su largo y agudo pitido a perforar mis oídos. Tuve que taparlos, viendo como de pronto, dos figuras casi fantasmales, como sombras blancas moviéndose, la tomaban e intentaban reanimarla. Sus acciones eran confusas, pero eran humanos. Y ella, estaba muriendo. — ¡Oye! El extraño oscuro no estaba. Salí rápidamente de la habitación y miré a ambos lados del pasillo. Ahora existían murmullos lejanos y sombras blancas. —Lo siento. —Volvió a repetir, aunque no lo viera. — ¡Vuelve! —La desesperación se subió a mi como poderosas nauseas, y tuve que contener y apoyarme con una mano en la pared para poder controlar mi angustia. —Vuelve… — ¡La estamos perdiendo! —Oí una voz en la lejanía. Inmediatamente corrí a la habitación de la madre de Thomas, y la vi. Su extraña alma, tan solo un sopló casi transparente queriéndose aferrar a su cuerpo. Se movía inquieta y asustadiza, y entonces, sin miedo, fui acercándome. Retenía las lágrimas, he visto la muerte, pero nunca creí que fuera tan bellamente desgarradora. Era lo más precioso que mis ojos habían admirado, una energía en su interior corría como agua calma, de un dulce aspecto, aunque extraño sin lugar a dudas. Lo que permanece dentro de nosotros no es contemplado por nadie, y ver su insistencia, me hizo caer de rodillas. Estaba desesperada, sentía su tristeza, su anhelo, su miedo… sus fuerzas por mantenerse tan solo un poco más en el terrenal mundo que conocemos. Mientras que su piel y sus huesos permanecían apáticos de cualquier emoción, su alma explotaba en un sin fin de sentimientos que la arrastraban a seguir intentándolo. Y entonces, se revolvió, y el último hilo de su alma se despegó de su inmóvil cuerpo. La vi volar fuera de la habitación como un definitivo aliento, diciendo adiós de forma suave y resignada, hasta que desapareció como si nunca hubiera existido. Y yo… ahogada en lágrimas de incomprensión y angustia, regresé. — ¡Por favor! ¡Déjenme verla! —Oí los sollozos y el lamento de Lukas. Subí la mirada, cansada y apagada. El golpe de ver a los dos hermanos Hunt conteniéndose entre sí, fue tan malditamente devastadora que rompí en llanto. Lukas se revolvía con lágrimas entre los brazos de Thomas, quien tan solo admiraba la puerta, y ponía en raya sus emociones para no quebrarse allí mismo. —Lo sentimos, la señora Emily… Me levanté del asiento, y cubrí mis descubrimientos y emociones entre capas de fortaleza para contener a mi novio y a su hermano. Thomas dirigió su triste mirada hacia mí, y tan solo, extendí mis brazos. El dejo a Lukas, y se envolvió a mi como un pequeño niño solitario. Fue solo entonces donde empezó a llorar, y su dolor se acopló al llanto de Lukas. Fui acariciando su ancha espalda, tratando de envolverlo con todo lo que era, de cubrir cada parte de sí mismo para retener su –quizás tardía- caída. Y aunque no importara si eventualmente lo hiciera, tan solo deseaba hacerle sentir con cada fuerza de mi existencia que no le abandonaría, que podría reposar en mí tal como yo lo hice en él durante tantas circunstancias. —Nunca…—Su voz brotó rota y baja. —Nunca le dije… —Ella lo sabe… —Musité contra su hombro. Minutos más tarde, el siguiente paso tuvo que separarnos. El funeral. No quise dejarles a ellos la responsabilidad- Con el dolor que cargaban, la organización de su entierro solo sería agregar más leña al revolucionado fuego, por esa razón tome las riendas del asunto, y les deje en el hospital. Vi por última vez los ojos rotos de mi novio, y me fui a toda fuga, intentando no llorar en su presencia. El me necesitaba fuerte, necesitaba que alguien le sostuviera, y yo sería su sostén. Cuando estacioné el coche frente a la funeraria, tuve que detenerme un segundo antes de salir. ¿Qué… había sido eso? Presencié su muerte… la vi intentarlo y marcharse, la vi siendo condenada… por él. Froté mis parpados y solté un pesado suspiro. Podía creerlo todo, y sin embargo era una ironía que me costara entender que el Ángel de la muerte existía. ¿Pero porque se revelaba ante mi ahora? ¿Cuál era el propósito de haber cruzado de dimensión para verle? Mis manos empezaron a temblar, perdía los estribos porque esto era demasiado para mí. Tal vez Thomas tenía razón, quizás no lo vi venir porque era muy grande de soportar. Aun así, quisiera, anhelaba, haber tenido al menos la oportunidad de cambiar las cosas. —No puedes detener lo escrito. —Su voz me dejo helada y temí mirar. —Lo he hecho…Ha funcionado, ¿Por qué ahora no? ¿Cuál es la diferencia con aquellas veces y hoy? —Le pregunté con cansancio. En la voz se me notaba lo agotada y perdida que me encontraba. —El manejar el destino es una ilusión de los hombres para no sentirse impotentes por no controlar sus vidas. Tú no has controlado nada Linn… creíste hacerlo, pero el que sucediera también estaba destinado. Lo que tus ojos ven son posibilidades, no tiene poder para elegir cual, solo te engañas creyéndolo. Me apegué al respaldo, y giré la cabeza crudamente. — ¿Qué estás diciéndome? ¿Qué todo esto fue una ridícula mentira? El hombre asintió. —Lo fue, y si no viste este futuro, es porque no hay nada que puedas hacer. Un nudo en mi garganta corto el aire, llevé mi mano a mi pecho, sintiendo una horrible punzada. —N-no… ¿Me estás diciendo que… sea lo que sea…? —La gente morirá Linn, y no hay nada que puedas hacer. — ¡¿Por qué?! —Exclamé. — ¡No voy a sentarme a esperar y ver como tú, maldito infeliz, vienes y vas llevándote a gente que no lo merece! Imprevistamente, me vi presionada contra la puerta de mi lado, con él reclinado contra el asiento, ajustando mis muñecas entre sus pálidas y frías manos. Era joven, pero lucía un aura vieja, y por lo visto, poco paciente. Me miraba enojado, con sus mares oscuros revolucionados y tenebrosos. —Esa es la muerte, yo soy quien la da, sea quien sea y no soy un maldito infeliz por ello. —Mis muñecas dolieron, pero aunque intente zafarme, su fuerza era increíblemente poderosa. —Pero…—Un rayo cálido de esperanza iluminó mis ojos. —No has venido a mi dimensión solo para romperte en pedazos con cada apagar de vida. Yo solo soy muerte, y ninguna de estas personas debería morir, solo que alguien, una fuerza mayor a mí, lo ha permitido. Y si yo te enseño como hacerlo, podrías ser mi otro rostro. Estaba increíblemente confundida. — ¿Tu qué? —El Ángel de la vida. —Podría jurar que mi cara estaba en el suelo de la enorme impresión. —El destino predijo, pero no significa que esto haya sido así durante mucho tiempo. Ha cambiado en unos meses sorpresivamente para todos, y la única manera, es que alguien ocupe el lugar que hace siglos no se tomaba. ¿Estas dispuesta Linn Olson? ¿Estas preparada para conocer lo que significa la vida y la muerte?
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