El primer indicio de una avalancha de problemas
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Me tomo largos minutos empezar a caer en cuenta. Hacía meses que no se me presentaban premoniciones, ni del ayer o del mañana. Un tiempo tranquilo, donde mi loba permaneció apacible, acomodándose a la grata normalidad que la post guerra traía.
Esto era el primer indicio de algo malo. La señal de que las cosas cambiarían.
—Feliz cumpleaños princesa. —Me dijo Thomas al oído, pillándome desprevenida. —¿Estas bien? Te siento preocupada.
Se que lo hacía, pero mi boca enmudeció cuando la idea de decirle lo que había visto, fue rechazada por las dobles inquietudes que traerían. Era suficiente conmigo, no quería involucrarlo. Necesitaba tiempo hasta tener la certeza del sentido de la premonición, porque de nada valía confesarlo sin tener en claro que significaba.
—El hecho de tener un cumpleaños normal...—Hablé finalmente, encubriendo con esa escusa la raíz de la verdad.
—¿De eso se trata? —Los dedos de Thomas corrieron mi cabello hacia atrás, y dejaron al desnudo mi cuello. Agradecí el nulo contacto visual que teníamos, él podía creerme con más facilidad de esta forma. —No tienes que preocuparte, todo será como hemos estado organizando.
Tenía razón, en ese sentido nada podría salir mal. Estaría tranquila durante la mañana y tarde, hasta el anochecer, donde celebraríamos en casa de papá. Comida, amigos, música, ya saben, todo eso que hay en las fiestas.
Suspiré, obligándome a relajarme. “Ya habrá tiempo para que te ocupes del asunto” Me dijo mi loba.
—Gracias cielo. —Musité, tomando su mano para enredarla con la mía.
Thomas y mi loba, acompañados de mis fuertes intensiones, lograron serenarme, y distraer mi enfoque hacia lo que venía importando desde ayer a la noche. Mi día especial.
— ¿Sabes que hemos hecho en tus cumpleaños anteriores? —Su voz era rasposa, pero se oía más despierta. Presa del misterio, me di la vuelta para verle hablar. Un par de ojos ambarinos se abrieron como faroles, iluminando mágicamente la habitación semi oscura. —Cantábamos en la habitación, y te relatábamos nuestras historias.
Mi corazón se conmovió. Agaché la mirada para evitar sensibilizarme, y vi sin buscarlo, la cicatriz en su pecho, que bajaba hasta rozar el ombligo. Ya hace tiempo que sabía la verdad, fue cuando buscaron la flor para salvarme. Al ser enjaulados por los vampiros, uno de ellos los rodeó con un extraño fuego que marco a muchos de la manada, entre ellos, a Thomas y Jacob.
—Me alegra saber que este año será diferente. —Expresé, subiendo los ojos a su rostro. Vacilé, y estoy segura que el miedo de aquella visión volvió a renacer, exponiéndose hacia Thomas como una avalancha de nieve. —Aún me aterra… que todo esto acabe.
—No acabara. —Apoyó la mano en mi mejilla y dio una suave caricia. —Aunque el cielo caiga sobre nosotros, nunca dejaremos que acabe.
Era un cursi, malditamente y encantadoramente cursi. ¿Cómo podía decirlo con tanta seguridad? Apostaba a que mentía, no estaba seguro, pero no quería comprometer mi felicidad –ya arruinada de cualquier modo- con los viejos temores.
Sufrimos demasiado, así como permanecimos. Tal vez la visión no significaba algo malo, quizás estaba siendo paranoica.
Aun así, mentí, sonriendo, diciendo y empujándolo a prometer. — ¿Es una promesa?
Sus labios besaron mi frente, y se mantuvo allí por largo tiempo. —Es una promesa.
No quise confiarme, pero me sentí aliviada y esperanzada. Ese era el dulce y cruel efecto que Thomas tenía. Sin importar si fuera verdad o mentira, siempre le creería. No existía manera de imaginar un mundo oscuro y desolado, si él me decía mirándome a los ojos que nada de eso ocurriría.
Los dos cerramos los ojos, disfrutando el momento. Hasta que el teléfono de Thomas sonó precipitosamente, en su mesita de luz, llevándome un pequeño susto. Él se giró despacio a tomarlo, y miró unos segundos la pantalla con extrañeza. Al atenderlo, toda la atmosfera de promesas y consuelos, se fue abatida por la alteración de su voz.
— ¿Hola?... ¿Qué?... —De un saltó se levantó de la cama. A trompicones se puso los pantalones chándal. Me senté, la ansiedad e inquietud se me subió hasta la cabeza. Algo había pasado, y era malo. —Iré enseguida.
“¿La visión?”
— ¿Qué sucede? —Le pregunté mientras salía de la cama.
Podía sentir la desgracia flotando entre nosotros como una serpiente invisible, gélida, y verde. Un color que solo existía en un mundo inexacto, turbio, oscuro y putrefacto. La habitación se llenó de esa sensación verdosa y maloliente rápidamente, poniéndome los pelos de punta.
Estaba conectado, mi sueño, esa llamada, y lo que sea que le habían dicho.
—Mi madre esta… —Se quedó en silencio, mirando un punto fijo en el suelo. Me asusto lo que podría haberle pasado, y corrí a él para sostenerle cuando vi como tambaleaba. Puse mis manos en sus mejillas, buscando que haga contacto conmigo. —En el hospital, no lo sé, Lukas la encontró en el supermercado con falta de aire, se desmayó y la hospitalizaron, tiene síntomas extraños, erupciones. Algo… algo la está matando por dentro.
Limpié las lágrimas que se deslizaron por su rostro. El pecho se me encogió, y presioné sus hombros con una fuerza desmedida, tratando de que no se dispersara. Pues ya veía su mente yéndose lejos, su cuerpo volviéndose nada, y lo difícil que me seria traerlo devuelta.
Quería alejar de mi cualquier suposición, pero estaba segura de que estaba relacionado con lo que había visto, aunque desconocía la forma. Trate de mantener la calma, en este momento era importante saber que pasaba con su madre, y evitar que Thomas se descompense de la incertidumbre.
—Vamos a verla. —Sentencié. —Llamaré a Peter para que cuide de Claire, e iremos juntos. ¿Okey? Respira profundo mientras que lo llamo. —Besé su mejilla, y corrí a mi mesita de luz para comunicarme con mi hermano.
Un tono, dos tonos, miraba a Thomas de vez en cuando, mi corazón latía desesperado, y justo cuando el ultimo tono iba a sonar, la voz de Peter hizo que mi alma tomara una bocanada de consuelo.
— ¡Linn!
— ¡Peter! —Exclamé, yéndome de la habitación. Aún estaba en pijama, y el tender de ropa limpia estaba en la sala de estar, al lado de la chimenea que permanecía a fuego mínimo. Necesitaba una camiseta, pero en el trayecto, el tono de voz de Peter me distrajo, y me detuve mucho antes de llegar. —Oye, ¿Qué sucede? ¿Por qué suenas alterado?
Su agitada respiración me indico que estaba al borde del llanto. Thomas me había seguido, y colocado sus manos sobre mis hombros. Doble el cuello y clavé los ojos en él con urgencia. —A-Alina, está en el hospital. No puede respirar.
Me detuve abruptamente al final del pasillo, bajo el umbral, al borde de la sala de estar. Llevé los dedos a mi boca, y titubeé; —La madre de Thomas también… quería pedirte que vieras por Claire. —Tragué la poca saliva que me quedaba, como signo nervioso. —P-pero la llevare con papá.
—Él no está, se ha ido con Tessa al campamento ¿Recuerdas?
“Cierto”.
Moví la pierna con impaciencia. La abuela tampoco podía, ella estaba visitando a sus hermanas en su ciudad natal. —Mierda. Bueno, ¿Dónde estás ahora?
—Saliendo de casa.
—Dejare a Claire con Nicholas e iremos por ti.
—Los espero.
Colgué la llamada, mi rostro se contrajo de miedo y desesperación. Algo malo definitivamente estaba ocurriendo. Y me estaba tomando desprevenida. Mi visión no estaba relacionada con muertes, además ellas eran muy específicas, lo que significaba que no había visto esto. La sensación de picor en la piel, el sudor en el nacimiento del cabello, y la ansiedad que se formaba en el cuarto, comenzaba a hacerme cuestionamientos. ¿Qué y que estaba pasando? ¿Por qué mierda no lo había visto? Thomas esperaba a mis espaldas. El corazón le latía rápido.