5. Un sentimiento de perdida

1347 Words
Un sentimiento de perdida 5 Sostuve su mano. La estruje tanto que tal vez fue excesivo. Pero estaba asustada. Aquí, viendo como a la llovizna matutina bajaban el ataúd de Emily Hall, temía que Thomas se desmoronase. Había estado llorando silenciosamente desde que había regresado de hacer los arreglos, el cuerpo debía ser enterrado rápido por orden del hospital. Su piel y órganos se descomponían a una velocidad inquietante, y no podíamos darnos el tiempo de esperar al día siguiente. Esa misma tarde del cinco de enero la tierra cubrió el ultimo rastro de la madre de los hermanos Hunt, y su muerte fue tan impactante y dolorosa, que se llevó a Lukas al interior del bosque, y segundos más tarde su desgarrador aullido hizo temblar los corazones de los lobos. Por eso tuve que soltarlo, deslicé los dedos suavemente y el aire alivio el sudor de nuestras manos. Thomas giró el cuello hacia mí, y le regale una pequeña sonrisa compasiva. No tuve que decir nada, el solo se alejó, y corrió tras su hermano. La llovizna se transformaba en chubasco. —Linn, ¿Por qué no lo has visto? —La voz discreta de Peter alzó mis orejas, y clavó en mi pecho un puñal envenenado. —No puedo decírtelo. —Alina. Ella seguía en estado crítico en el hospital. —Encontrare la forma, lo prometo. —Moví la mirada hasta mi pequeño hermano. Peter estaba sucumbido en la inquietud, tal como todos. Con las pieles demacradas, y el espíritu machacado. ¿Saben cómo se ve un lobo deprimido y asustado? Como un animal moribundo. Así nos veíamos todos, muertos. —Peter, no dejare que esto vuelva a suceder. Mi seguridad fue reconfortante para él, porque pude distinguir algo de brillo en sus ojos, y eso trajo esperanza para mi alma. —Los quiero a todos en casa de Sam al terminar. —Oímos a Frederic. Jacob rechisto. — ¿No puedes esperar? —Esto es serio. —Ten un poco de respeto. —Dijo Sam en contra de Frederic. El ambiente entre los alfas erizó la piel de todos, y empezó a levantar alteraciones entre los lobos más jóvenes. —Mi hija depende de lo que hagamos, y eso debe ser rápido. —Gruñó el sawelita. —Deténganse. —Intervine. Los jóvenes se calmaron, y los alfas dejaron de emitir gruñidos disconformes. —No se hablará del tema hasta que el entierro finalice. Nadie emitió quejas. Cuando el sepelio termino, llovió con fuerza. Nuestras escasas ropas se apegaron a nuestra piel como una segunda. Peter se alejó de mi para reunirse con Kange y Frederic. Mi hermana se acercó por detrás, sentí su mano posarse en mi espalda baja. —Linn, tranquila. No es tu culpa. La miré, su compasión me revolvió el estómago, y entonces separando la atención de ella, la pose en el resto. Algunos lobos me miraban recelosos, otros extrañados, y el resto, desesperados por una respuesta de mi parte. —No lo se. —Encontraran la forma, siempre lo han hecho. Pero, recuerda no sobrecargarte tu sola. —Lo que me pides... —Es difícil, lo se. ¿Quién ha dicho que debes ser tú el chivo expiatorio? Sonreí de lado. Quizás divertida, quizás adolorida. —Lo soy. —Mis vellos se erizaron, tuve que alejarme de ella. Antes de convertirme la miré una última vez y dije: —De eso se trata Tessa. Galopé hacia el bosque, salté los arbustos y esquivé los árboles. Thomas me necesitaba. A medida que me alejaba, como luces siendo prendidas al primer toque de la noche, iban activándose una a una las voces de los lobos en mi cabeza. Sus emociones me golpearon con fuerza, ellos exigían y reclamaban soluciones que no podía darles, estaban enojados, llenos de ira por lo sucedido, y porque no lo había visto. La impotencia que los abatía era tan grande como la mía, y eso rebalso mi culpa. Tropecé con una raíz cuando mi visión se nublo. Antes de llegar al prado donde presentía que Thomas estaba, caí sobre mi hocico contra el suelo. Mi torpeza me hizo enojar, y gruñí con fuerza. “¡Ya basta!” Exclamé y desactivé todas las mentes que estaban dentro de la mía. El silencio fue un viento de vida, y solo ahí pude levantarme y continuar el camino. La energía de Thomas vibraba con miedo y angustia, como una pequeña llama a la intemperie bajo la nieve. Había discutido con Lukas, lo sabía porque se estaba marchando apurado y enojado al este, y antes de cortar conexión, había percatado sus pensamientos en contra de todos nosotros. No estaba molesto con su hermano, ni con nadie en especial, solo enojado por el arrebato, porque su madre ahora yacía en aquel lugar donde los males son leyendas. Y nadie tenía una explicación concisa para eso. Sin embargo, en ese deseo de soledad, estaba dejando a su hermano –igual de herido que él- en un vacío que no quería enfrentar solo. “No pude detenerlo.” Dijo. Entre nosotros, la conexión telepática existía quisiéramos o no. “No tienes que hacerlo” “Estará solo” “Quiere estarlo Thommy” Vi como en su mente esa última palabra flotaba. Fue girando en espiral, hasta caer y encender a su roce un amplio recuerdo fresco que observe como si fuera el pedazo de un video o película. Estaba en el bosque y había una mujer, una chica mejor dicho, de rostro pálido como la mayoría de la gente de aquí y el cabello cobrizo. Yo la miraba dentro de los ojos de Thomas, la vi acercarse, extender su mano y limpiar el rastro de lágrimas con el dorso de la otra. Sus dedos se entrelazaron a los de mi novio, ella suspiró y casi pude sentir en vida propia los acalorados latidos de Thomas. Él va a entenderlo. Su voz era dulce. No pude detenerlo Sunny. Estará solo, y estaré solo...no podemos, nos prometimos...Estaba devastado, y eso calaba hondo dentro mío, resurgiendo amargamente como si fuera un sentimiento real y mío. Quiere estarlo Thommy. Pero tú nunca estarás solo, siempre estaré contigo. Ella le hablo, como una madre consolando a su hijo, como el corazón enamorado buscando recomponer el corazón de su amor partido. Así, tibio y dulce, rozando con suavidad los pedazos rotos. El recuerdo se disolvió, y volví –sorpresivamente agitada- a verlo a la cara. “Linn” Oí su voz, como un eco bajo. “¿Quién…?” Thomas no dijo nada, o mejor dicho, nada de lo que pudiera oír con su voz mental. Solo cruzaban relámpagos de pensamientos y recuerdos. Ella sonriendo, ella riendo, ella llorando, ella…besando. La angustia subió por mi garganta hasta bloquearme los pensamientos. No era mía, era suya. Completamente suya, porque yo no podía sentir tristeza por aquella extraña, porque en realidad mis emociones eran de incertidumbre y celos. Lo que estaba contagiándome me erizaba el pelaje, aprisionaba mi cuerpo, y formaba lágrimas en mis ojos, de la fuerza, el ahogo, y la tristeza. Quería arrancarlo de mí, escupírselo todo. Thomas clavó la vista en la tierra, pero yo aún podía sentir ese amor extraviado. Un sentimiento de pérdida. Algo que ocultaba, algo que le seguía doliendo. Una marea que tentaba a hundirme con él, en ese desconcertante caos de emociones rebeldes. No se detenían, iban y venían chocando con todo, conmigo, con él, y con nosotros. Entonces recordé a Jacob. No fue casualidad, fue la respuesta que estaba buscando a medida que trataba de desligarme de los sentimientos de Thomas. Sonreí apenas, con un amargo entendimiento. Mi loba me advirtió que me detenga, estaba tan adolorida como yo –quizás y seguramente, tan herido como lo estuvo mi Thom en su momento-. Y porque lo tenía presente, y no podía victimizarme, lo hice de todos modos. Entrelacé el nombre de Jacob con la mujer, y recaí en que los dos eran lo mismo para mí y para Thomas. El nefasto e imposible amor del sol y la luna.
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