Él vuelve a atacarme a besos, primero, dulces, para luego pasar a unos más apasionados, justo como los describen en las novelas románticas, que leo a escondidas de mi madre. Por instinto comienzo a desabrochar su ropa, es algo tan extraño, siento la necesidad de sentir su piel. Él se detiene, muerde su labio inferior y solo observa mi desesperación. Me detengo ante la vergüenza, no sé qué me está pasando, ni que sea esto que mi cuerpo está sintiendo.
—No te detengas, quiero que hagas todo lo que desees hacer, sin pudor —él detiene mis manos y las pone sobre su pecho, el cual ya está al descubierto, tocar su piel hace que mi vientre se contraiga.
Me toma de la barbilla para besarme con ternura, baja por mi cuello, yo correspondo y poco a poco la vergüenza que sentí hace un momento se desvanece, haciendo que mis manos vuelvan actuar, él me ayuda un poco y cuando menos lo pienso él también se encuentra completamente desnudo frente a mí.
—¡Santo dios! —grito al bajar mi mirada y ver lo que hay entre sus piernas.
—No te asustes, ven, puedes tocarlo —dice y se acerca a mí, toma mi mano y la lleva directo a eso.
Me siento apenada y volteo mi mirada hacia otro punto de la habitación, siento como él lo pone en mi mano y junto con la suya lo masajea, mi cuerpo tiembla es algo extraño que pueda sentir placer al tocarlo.
—Maeve, mírame, quiero que me mires —él demanda y yo obedezco, volteo para mirarlo, mientras ejerce más velocidad al movimiento de nuestras manos, puedo ver en su rostro que lo está disfrutando y por alguna extraña razón yo también.
Así seguimos hasta que él da un quejido, yo quito de inmediato mi mano pensando que lo he lastimado, él solo cierra sus ojos y sigue con su mano, un líquido escurre y yo me angustio aún más.
—¿Estás bien?, ¿Te hice daño?
—Tranquila, estoy de maravilla, y no me has hecho daño, al contrario —Abre sus ojos, limpia su mano y luego me ataca a besos desaforados, que apenas si logro seguir el ritmo, me lleva directo a la cama y me recuesta en ella.
—¿Seguro que estás bien? —Vuelvo a preguntar para estar segura, me beso con tanta intensidad y salvajismo, que temo que lo haya hecho por sentir dolor.
—Sí, y ahora estaré mucho mejor y tú también —Se posiciona encima de mí y besa mis senos, sé que esto es algo inapropiado y quisiera detenerlo, pero el placer que me causa es mayor y lo dejo seguir.
Él sigue acariciándome y besando por todas partes, yo siento que mi vientre se contrae, es algo inexplicable, pero placentero. De pronto él abre mis piernas e introduce su parte en mí, al principio siento un dolor terrible que siento que me partiré en dos.
—Tranquila, sé que duele, pero poco a poco irá pasando, solo mírame —Escucho que me dice, ya que al sentir el dolor cierro mis ojos, lo miro y él está quieto, solo observándome, me besa y vuelve a acariciar, pero ahora con más calma y ternura.
Se queda un momento así, yo siento que poco a poco el dolor va pasando y de nuevo mi cuerpo comienza a reaccionar ante sus caricias, él comienza a moverse lentamente y ese movimiento solo logra hacerme sentir mejor, comienza con movimientos más rápidos y eso me hace enloquecer, ya que por inercia mi cuerpo hace lo mismo, siguiendo su ritmo y explotando en placer, un placer que no imagine que existía, me siento como en las nubes.
—¿Estás bien? —él pregunta —¿No te hice daño?
—De maravilla y como tú me dijiste hace un momento, no me hiciste daño, al contrario, me siento de maravilla —Le digo y le doy una sonrisa, me siento feliz y plena.
—¡Oh! Meave, mi dulce Maeve —sale de mí y se recuesta a mi lado, me enreda entre sus brazos y yo no puedo estar más feliz y agradecida con mi madre, por esto.
Nos quedamos un momento abrazados, hasta que el sueño nos vence, él no lo hace toda la noche, ya que un par de ocasiones más me despierta solo para llevarme nuevamente a ese mundo de placer, en el cual me siento sumergida y feliz, si esto es estar casada no me arrepiento de nada, creo que he sido tan afortunada de tener a un esposo, guapo, lindo, que me trata con amor, ternura y deseo, porque ahora ya puedo comprender lo que esa palabra significa y estoy plenamente segura que solo él podría hacérmelo sentir.
Al despertar por la mañana lo busco a mi lado, pero ya no está, me levanto no sin antes cubrir mi cuerpo, lo busco en la habitación de baño, pero tampoco se encuentra en ese lugar, al salir del cuarto de baño una mujer de servicio entra sin siquiera tocar, cosa que me molesta, ya que yo solo estoy cubierta con la manta de la cama.
—¿Cómo te atreves a entrar así a mi habitación?
—El duque ordenó, que viniera a ayudar a vestirla, para que baje a desayunar y a empacar sus pertenecías —Me dice, sin siquiera responder a mi pregunta, cosa que me molesta aún más, por su falta de respeto.
—Pues, aunque el duque lo ordene, te voy a pedir que cuando vengas a mi habitación toques antes de entrar —Le digo y ella solo me mira de mala manera, ¿Qué demonios se cree? —¿Y empacar para que a dónde iremos? —Le pregunto, porque yo tenía entendido que nos quedaríamos en esta Villa.
—No sé, solo sigo órdenes del Duque, el cual ordena que se empaque todo. —Su respuesta me deja aún más sorprendida, hace un par de días trajeron casi todas mis cosas aquí, ya que es el lugar donde viviremos. No sé por qué ha ordenado eso, ni sé a dónde iremos.
Busco lo que me pondré hoy y la mucama comienza ayudarme a vestir, claro que mirándome raro por las marcas que hay en mi cuerpo y que yo no había notado, pero que viendo en que partes están y recordando mi noche de bodas, puedo entender de que son, yo solo sonreí de felicidad, mientras esta mujer me sigue mirando con desdén y espanto al ver cada una de mis marcas, las cuales son la huella de mi ardiente deseo por él.