Adiós, mi amor

2726 Words
No volví a hablar de aquella noche hasta unos días después, ya en la academia, que salí a dar una vuelta con Saúl y me preguntó qué había hecho el fin de semana. Saúl había dado por hecho que yo tenía novia en Madrid y se quedó muy sorprendido cuando le conté como hui de Claudia en aquel botellón y cómo al ver a mi antigua compañera de clase por primera vez en la discoteca se me quitaron la ganas de buscar ninguna chica más aquella noche. Era una persona nueva en mi vida, no sabía nada de mi pasado, y parecía no juzgarme, pero en lo poco que le había contado ya había llegado a la misma conclusión que Borja, Desi me gustaba, aunque yo no lo admitiese. Me había enrollado con muchas chicas, casi todas más parecidas a Claudia que a Desi ¿cómo podían los demás estar tan seguros de que era Desi la que me gustaba? Era cierto que ya no era la misma Desi, pero todos cambiamos, yo tampoco era el mismo Checo que ella conoció. Las semanas y los meses fueron pasando en la academia. Muchas clases, muchos entrenamientos, muchos exámenes y como pude fui sacando adelante toda la instrucción básica. En unos pocos meses empecé a sentir que aquello me gustaba, que podía ser mi lugar. Cuando volvía a casa, mamá empezó a decir que la disciplina me estaba sentando bien. Salir con mis amigos era mi momento de desconexión, pero el resto del tiempo intenté mantener la disciplina que nos inculcaban en la academia. Empecé a plantearme que de verdad quería aquello para siempre y que sería mi nuevo estilo de vida. Aproveché las horas de orientación profesional en la academia para ver las opciones que había dentro del ejército, a mi alcance, para un buen desarrollo profesional. La instrucción básica duraba unos nueve meses, parecido a un curso escolar, pero para hacer carrera profesional, la instrucción básica se convertía en dos cursos completos. Después de mucho pensarlo, decidí que cuando terminase ese primer curso, continuaría con el segundo. Iba a continuar con mi formación para hacer una carrera profesional militar lo mejor que pudiese. Mamá lloró en silencio cuando le conté mis planes en primavera. Lo supe porque su única reacción fue abrazarme mucho más fuerte de lo que lo hacía siempre, pero mientras me abrazaba me susurró que ella ya sabía que aquella iba a ser mi decisión desde el día que papá y ella me dejaron en la academia. Volver a Madrid cada dos o tres semanas se había convertido en rutina, pero una rutina que me gustaba. Ver a la familia, ver a los amigos de siempre… les echaba de menos en mi nueva vida, así que poder verlos de vez en cuando era genial. De reojo seguía mirando a Desi cuando nos cruzábamos. De verdad ya no era la misma niña y me encantaba verla bailar cada sábado por la noche con sus amigas. ¿Cómo alguien tan torpe en clase de gimnasia podía bailar tanto? Me reía yo solo con ese pensamiento. Físicamente había cambiado, la veía más guapa y mucho más atractiva también físicamente, pero empecé a pensar que siempre sería inalcanzable, si fuese yo el que la hiciese daño no podría perdonármelo, intentaba protegerla de los demás, pero iba a tener que protegerla también de mí mismo. No volví a hablar con ella. Sólo nos saludábamos de lejos e intercambiábamos sonrisas cuando nuestras miradas se cruzaban en la calle o en la discoteca. Me sentía tranquilo porque Borja decía que en clase iba todo bien, pero era ese mismo Borja el que cada vez me pinchaba más a menudo para que le dijese algo a Desi o que me acercase a hablar con ella. Acepté que los demás tenían razón y que aquella chica cada vez me gustaba más, pero no pude decirle a mi amigo que no me acercaría a ella porque debía protegerla de mí mismo. Seguía siendo joven y mi cuerpo tenía unas necesidades. La chica que más me gustaba no estaba a mi alcance y realmente no era capaz de pensar en ella para echar un polvo, quizás sí para algo más lento, había fantaseado alguna vez con cómo sería besarla; pero, aunque fuese ella la que más me gustaba, eso no me echó para atrás en buscar alguna otra. Conocí algunas chicas, aunque no fueron más que rollos de una noche, y un par de días pasados de copas dejé que Claudia volviese a acercarse. Conscientemente hice todo aquello cuando Desi no estaba en la discoteca… pero al día siguiente siempre me reconcomía lo que había hecho, placer del cuerpo opacado por dolor de cabeza y sentimiento de culpa por no permitirme lo que realmente quería, intentar acercarme a ella. Pero, aunque ella estuviese creciendo y cada vez estuviese más guapa, Borja decía que no había chicos cerca, así que por dentro seguramente seguiría siendo la niña inocente que se sonrojaba por casi cualquier cosa y yo no podía ser quien arrancase esa inocencia, no me creía con derecho de hacerlo. Cuando llegó el día de mi cumpleaños pude ir a Madrid y celebrarlo con mi gente, así que aprovechando el buen tiempo y que los días ya eran más largos, quedamos para hacer botellón en el parque no solo los amigos de siempre del instituto, sino que llamé también a los antiguos compañeros del equipo de futbol. Ya había bebido un poco y saludado a casi todo el mundo cuando me llevé la mayor de las sorpresas. - ¡Feliz cumpleaños! – dijo una chica justo detrás de mí, no reconocí su voz, pero me giré, al fin y al cabo, me estaba felicitando a mí. Se me abrieron los ojos como platos al ver justo delante de mí a Desi con su amiga Lidia. Solté la bolsa de patatas que tenía en la mano y la miré fijamente a los ojos, los ojos más bonitos que había visto jamás. Ella se sonrojó un poco pero no apartó su mirada de la mía, así que la abracé fuerte. Me salió sólo, sin pensar, sin mirar a nadie más. Estaba ahí, la chica que me robaba los pensamientos más a menudo de lo que me hubiese imaginado. - Suelta… no me dejas respirar – intentó alejarse y solté mi abrazo. - Hola Desi. – Le planté dos besos en las mejillas y la agarré de una mano para que se diese una vuelta sobre sí misma. Estaba guapísima con una falda larga y una blusa ajustada marcando su figura que ya no era de niña. - ¡Mírate! ¿Dónde está la pequeña tímida que me enseñaba matemáticas y ciencias hace un par de años? ¿qué has hecho con ella? No sabía que vendríais hoy. Sin soltar su mano eché mi brazo sobre sus hombros, quería sentirla cerca y en ese mismo momento me admití a mí mismo que la echaba de menos demasiado. Saludé a Lidia también y justo en ese momento llegó su hermano y me separé de Desi para saludarle. - Ojito tío, como te metas con ellas te las verás conmigo. ¡Felicidades, tío! Cuánto tiempo sin vernos. - Vente a por una cerveza – le dije a Roberto cogiendo la bolsa de patatas otra vez. Sonreí a las chicas y me fui con Roberto mientras me ponía al día de cómo iba el equipo en la liga. Después vinieron Álvaro y su novia, y me quedé también un rato hablando con ellos. Iba a ser un cumpleaños genial, estaban allí todos mis amigos, y Desi. Que estuviese ella sería lo que haría mi 19 cumpleaños especial, la buscaba de vez en cuando entre la gente y la veía siempre con Lidia, pero parecía que se lo estaban pasando bien, y eso me hacía feliz. Más tarde quizás me acercase a ella una vez más, con un par de copas más quizás me atreviese a decirle que me gustaba. En esas estaba dando vueltas mi cabeza cuando alguien echó un brazo sobre mi hombro derecho, cogió mi brazo izquierdo para ponerlo alrededor de su cintura y me besó con tanta fuerza que podría haberme atragantado con su lengua. Claudia. Tenía que ser ella. Me enfadé. Llevábamos más de un mes sin vernos y la última vez que nos vimos habíamos discutido, otra vez. - ¡¿Qué coño haces, Claudia?! – grité enfadado mientras me soltaba de su agarre. - Feliz cumpleaños, amor – dijo ella sonriendo. - ¡¡Dije que no quería volver a verte!! ¡¡Vete de mi cumpleaños y nunca más te acerques a mí!! – estaba intentando contenerme mucho, pero mi voz sonaba fuerte y enfadada. - ¡Ay! Cómo eres, amor… el parque es de todos… - seguía diciendo ella en plan meloso. - ¡Claudia! – gritó Roberto mientras llegaba a nuestro lado a la vez que Borja, aunque ambos venían de direcciones distintas. – Déjanos a solas con Checo. - Y piérdete con tus amigas que no pintáis nada aquí – Borja también sonaba enfadado. A Claudia no le quedó más remedio que irse. - Te lo advertí, Checo. Te dije que nunca hicieses sufrir a Desi… - ¿Qué haces, tío? Invité a Desi por ti, para que por una vez estuvieseis cerca y pudieseis hablar… Roberto y Borja hablaban a la vez, los dos enfadados y aquello me estaba agobiando, ¿qué le pasaba a Desi? No podía haberlo visto, apenas habían sido unos segundos de beso hasta que me solté de las garras de Claudia. Ella no podía haberlo visto. - ¿Dónde está Desi? ¿qué ha pasado? – fue lo único que salió de mi boca. - Se han ido – sentenció Roberto muy serio. – No puedes hacer eso delante de un corazón puro que está enamorado de ti. Intenté apartarles, quería salir corriendo hacia el paseo, seguramente se habrían ido por allí. Debía encontrarla, decirle que no había sido nada, que era ella la que me gustaba. Pero no me dejaron moverme. - ¿Dónde crees que vas? – gruñó Borja. - A buscarla… tengo que hablar con ella. - Me pediste que me encargase este curso de que nadie la jodiese… así que no te mueves de aquí. Ya la has cagado suficiente. - Pero yo no he hecho nada… ha sido Claudia, sin mi permiso, la que me ha besado, ni siquiera quiero que esté aquí, ella no es bienvenida con mis amigos. Ya la mandé a tomar por culo la última vez que la vi… por eso la he apartado de mí, porque no la quiero aquí… estaba intentando coger valor para hablar con Desi… Me dejé caer sobre el banco que estaba detrás de mí con esa última frase. Borja tenía razón… tanto la había querido proteger y al final el peor de los monstruos era yo. Sin quererlo, pero aquella noche era yo el que la estaba haciendo daño. Durante bastante rato Roberto y Borja se quedaron conmigo impidiendo que yo me fuese a no sabía dónde a buscarla y ya de paso impidiendo que Claudia volviese a acercarse. Yo seguí bebiendo, pero ya toda la alegría de mi cumpleaños y de ver a Desi como sorpresa se había ido. En ese momento sólo bebía y fumaba de forma mecánica. Roberto se terminó yendo porque había quedado, así que cuando Borja dijo que nos íbamos a la discoteca, simplemente me levanté del banco y le seguí. Ya iba un poco borracho, pero no podía volver a casa aún. Miré mi reloj y aún quedaba bastante rato hasta la hora en la que Desi y sus amigas solían volver a casa, quizás si habían ido a bailar la vería en la discoteca. Ella siempre parecía muy feliz bailando, así que si le hice daño esa podría ser una buena cura. Ni me enteré del camino en metro. Sólo nos fuimos los chicos, mi grupo de amigos de siempre, los más cercanos, y cuando íbamos subiendo la calle hacia la discoteca de siempre, Borja me dio un codazo y entonces las vi. Desi estaba con sus amigas en la fila para entrar en otra discoteca y se escondía entre ellas para que no la viésemos. Vi a Borja hacerle señas a sus amigas y a Lidia negar con la cabeza. ¿Qué pasaba? ¿No iban a venir a la discoteca de siempre? Por mi culpa… ¿Tan mal estaba Desi? Sólo imaginarla llorando por mi culpa me partía el corazón. Un corazón que estaba muy borracho aquella noche. Entramos a nuestra discoteca de siempre, en menos de una hora me tomé dos copas más y le dije a Borja que me iba. Quiso impedírmelo, pero le dije que era la hora en la que ella se iría a casa y necesitaba pedirle perdón. Quizás fuese lo único cuerdo que haría aquella noche, si ella me dejaba. Al final Borja accedió, aunque tampoco tenía muchas opciones, yo no quería estar allí, prefería irme a casa, pero quería verla a ella primero. Corrí calle abajo y me apoyé en un coche en una zona de la calle donde apenas había ruido, pero quedaba de camino al metro, ella y sus amigas bajarían por allí y aún quedaban unos minutos para la hora en la que solían marcharse. Me encendí un cigarro mientras esperaba, hasta que las vi aparecer. Cantaban y bailaban por la calle, de nuevo parecía feliz. - Chicas, ¿puedo hablar con Desi un momento? – fue lo único que conseguí decir, si había necesitado permiso de Borja, seguramente también lo necesitase de ellas. - Tú decides, Desi – dijo Lidia – pero tenemos que coger el metro en 20 minutos para llegar a casa a tiempo. – Mientras Desi se acercaba hasta mí, sus amigas se alejaron un poco – te esperamos aquí. - ¿Lo estás pasando bien en tu cumpleaños? – dijo en tono de reproche cuando se paró justo delante de mí, ¿qué quería que le respondiese a eso? – ¿Cuántas copas has tomado? - Supongo que alguna más de la cuenta – miré al suelo avergonzado, le di una última calada a mi cigarrillo y lo tiré antes de mirarla a los ojos. - Desi… – dije poniendo mi mano derecha sobre su mandíbula y acariciando con mi pulgar su mejilla. Su piel era muy suave. Ella cerró los ojos y apoyó su cara en mi mano como si le gustase aquel gesto. – Lo siento – dije mirándola a los ojos cuando los abrió, y en respuesta ella agarró mi muñeca, aunque no supe si quería mantener mi mano cerca de su cara o alejarla. - No tienes que darme explicaciones, Checo. - Sabía a qué hora te sueles ir a casa y quería verte una vez más – dejé unos segundos de silencio. – De verdad que lo siento Desi, no quería hacerte daño, no quería verte sufrir por mí. - No pasa nada Checo, soy mayor, soy fuerte, soy valiente. - Siempre serás mi Desi – dije triste mirándola a los ojos, no pude decir que era ella quien me gustaba y que era a ella a quien quería besar esa noche. - No lo creo, Checo. Nunca me dejarás ser la Desi que quiero ser para ti. Se puso de puntillas y me dio un beso en la mejilla. La abracé. La abracé y respiré entre su pelo como si fuese el mayor de los tesoros. Sentía que aquello nos alejaría, que la perdería para siempre. Todo por un malentendido. Ella no correspondió mi abrazo y eso dolió. - Tengo que irme, no quiero llegar tarde a casa. – Susurró, así que aflojé el abrazo para dejarla marchar, pero antes de irse, fue ella la que acarició mi cara como había hecho yo con la suya unos minutos antes. Mirándome a los ojos soltó lo más bonito y lo más triste que nadie me había dicho nunca. – Adiós, mi amor. Encendí otro cigarrillo mientras la veía alejarse calle abajo con sus amigas, y cuando las perdí de vista, supe que era hora de irme yo también. Decidí bajar andando hasta casa, aunque fuese una larga caminata, pero me vendría bien para bajar la borrachera y aclarar la cabeza.
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