Paso 3

2551 Words
Paso 3. Enfréntalo y NO HUYAS: No creerá que eres su presa y, por lo tanto, no te atacará. *   *   * «Todo estará bien» Frase motivacional que repetía la voz de su cabeza en un intento por apaciguar sus propios nervios, Milo se quedaría sin uñas de tanto morderlas. No le importaba, prefería perder las uñas a causa de su inevitable ansiedad que perder una córnea a causa del bolígrafo que su nueva empleadora podría asestarle luego de considerarlo incompetente. Decidió mirar el sol saliente un poco más y grabar el recuerdo en su memoria, sería bueno recordarlo durante sus últimos minutos de vida. Mientras estaba perdido en sus pensamientos llegó a su destinada estación de buses, era el sitio más lejos al que podía ser llevado y aun así debía caminar un largo tramo hacia la dirección donde trabajaría -una zona de clase alta a la que, por obvias razones, sus integrantes no se veían en la necesidad de acudir a un medio de transporte público por lo cual la ruta de los mismos lo omitía- Milo suspira y se replantea si era buena idea lo que estaría a punto de hacer. No, necesitaba el dinero, sobre todo necesitaba ayudar a su hermana. Podría caminar kilómetros si fuera necesario con tal de poder ayudar a Perla. La semana que sería puesto a prueba inició en el preciso momento en el que pisó el umbral de aquella enorme e imponente casa, el ama de llaves que le abrió probablemente creyó que se trataba de un vagabundo al ver el estado fatigado en que llegó, lo miró de arriba abajo, escudriñándolo sin decir ni la más mínima palabra al respecto. La incomodidad de Milo sobre eso era notable, se había puesto su ropa más presentable, aparentemente ni siquiera eso sería suficiente. — Hola, mi nombre es Milo y soy el nuevo niñero. — Intentó presentarse, su mano quedó extendida hacia la mujer que le abrió. — ¿Podría… Pasar? Ya casi es mi hora de empezar y… Ya sabe… Si no soy puntual me despedirán antes de siquiera haber puesto el primer pie dentro de la casa… Creo que ninguno de los dos queremos eso… O al menos yo. Un silencio engorroso se creó en torno a ambos, Milo no recibía ningún tipo de respuesta, ni de reacción. Pensó que aquella mujer ni siquiera se trataba de una humana, tal vez era un robot moderno programado para abrir puertas y exterminar presencias perjudiciales. ¿Sería ejecutado si daba un paso dentro de la casa sin autorización? ¿Habrá algún tipo de comando especial para entrar? — ¿Abracadabra? ¿Patas de cabra? ¿El que parpadee primero pierde? No hubo respuesta. — ¡PAPÁ! Antes de que se desesperara su éxito o su probable fracaso se combinaron dentro del cuerpo de una niña pequeña que se acercó hacia él en cuanto lo vio, Sophie corrió en dirección a Milo y se abrazó a su pierna como un Koala. — ¿A-acaso me acabas de llamar papá? Sophie lo miró con aquellos ojos brillantes. — Si estás aquí es porque serás mi nuevo papá ¿Verdad? Milo buscó ayuda con la mirada, mínimamente cierta cantidad de apoyo emocional, pero tras de él no estaba siquiera la sombra del ama de llaves que le abrió la puerta. Solamente Sophie frente a él permanecía allí. «¿U-un fantasma?» No pudo evitar pensar. Sophie lo sacó de sus pensamientos al tirar de su ropa, entonces dejó de pensar tonterías y se agachó para quedar a su pequeña altura. — No soy tu papá, solo cuidaré de ti por un tiempo. «Y para beneficio propio» — ¡Vayamos a jugar! Por supuesto que Sophie no tomaría atención de sus palabras, tan pronto como tuvo la oportunidad haló la mano de Milo y lo guio escaleras arriba. ¿Qué tan difícil podía ser cuidar de una niña de cinco años? *   *   * Debía dejar de plantearse cualquier tipo de pregunta que empezara por ‘’qué tan difícil sería’’ porque al hacerlo definitivamente estaba marcando su propio destino -Y no de una manera positiva- Pero allí estaba, vestido de princesa con una tiara cuyos ganchos parecían encajarse hasta atravesarle el cráneo, por el bien de su situación económica se mantendría en silencio, ni siquiera se quejaría porque las plumas en la bufanda picaban en su nariz o porque el trasero se le quedó atorado en la diminuta silla para niños, mucho menos mencionaría lo que pensaba sobre las aterradoras muñecas de Sophie, las cuales en su mayoría no tenían cabeza, pelo o alguna que otra extremidad. — Aquí tienen, una taza para cada una, no se peleen por quién tiene más esta vez. — Sophie sirvió té imaginario a sus muñecas, luego le sirvió a Milo y a Jane, la mujer que fue obligada a tomar el té con ellos por estar en un mal lugar en un mal momento. — Para ustedes también hay té, tengan cuidado de no quemarse la lengua porque está muy caliente. Milo miró una vez más las muñecas y sintió escalofríos porque tenía la sensación de que aquellas monstruosidades aun sin tener cabeza le estaban regresando la mirada, decidió mejor concentrarse en su té imaginario. La pobre Jane estaba igual, o quizá más incómoda que él, sin embargo, por alguna razón se veía más temblorosa, a pesar de la frescura del ambiente estaba sudando y sus labios perdiendo el color se hicieron más notorios. — Jane… ¿Te sientes bien? — Intentó preguntarle Milo, pero ella se sorprendió cuando él le tocó el hombro y, como consecuencia, su taza de té se le resbaló de entre los dedos. Intentó recogerla rápidamente, era té imaginario, no había forma de que una niña se diera cuenta. Pero no contaba con el hecho de que Sophie no era como cualquier niña. — Derramaste mi té especial de hierbabuena y zarzamora con chispas de colores y nueces… — Murmuró, mirando la tacita de plástico. Jane entró en pánico. — Sophie, el té está muy sabroso ¿Por qué no le sirv-? — ¡Cállate Milo! Aquel simple grito lo enderezó en su diminuto asiento, todo lo que podía hacer ahora era beber té imaginario en silencio. Entonces fue cuando comprendió por qué le habían dado únicamente una semana de prueba: estaba completamente seguro que nadie había durado más que eso. Y pudo confirmarlo cuando la pobre Jane fue despedida por derramar el té imaginario en la fiesta de té de Sophie. Comprendió un poco más acerca de la posición de la niña en aquella casa: Ella manda, todos obedecen.  Y con una mujer influyente que era similar a un león rugiente cubriéndole las espaldas no había nadie capaz de llevarle la contraria, ni siquiera él, quien ya se había acostumbrado a reprimir sus verdaderos sentimientos. Sería cuestión de tiempo para que él también metiera la pata y terminara siendo echado de una manera cruel y lamentable, de eso estaba seguro. Mientras tanto decidió albergar una pequeña esperanza, aunque no le servía de nada al enfrentarse a los caprichos de la pequeña demonio de seis años. *   *   * Otro punto a resaltar era la indiferencia. Comprendía perfectamente que no era sencillo ser el chico nuevo, en ninguna parte, sin embargo- — ¡¿Es realmente necesario que todos en esta casa me ignoren?! Milo se perdió de camino al baño. Era difícil transportarse dentro de una casa que parecía más un laberinto, ni siquiera sabía dónde estaba, nadie tampoco le dio un recorrido, simplemente fue arrojado allí a su suerte sin ningún tipo de indicaciones ni siquiera por parte de su misma empleadora. Tuvo que arreglárselas él mismo, aún si le preguntaba por indicaciones a alguno de los trabajadores simplemente obtenía silencio como respuesta. Luego de estar dando vueltas como un cachorro extraviado logró ubicar la habitación de Sophie, como si fuera lo mejor que hubiera visto en décadas corrió hacia la puerta doble color blanca que le daría el acceso a una enorme habitación infantil. Realmente creyó que no volvería a verla. — Por todos los cielos, Sophie ¿Qué está pasando? — Milo casi fue acribillado por la cabeza de un bebé de juguete volador. — ¡¿Qué rayos?! La habitación que con tanto esfuerzo había ordenado luego de la desastrosa fiesta de té estaba hecha un desastre, Sophie rompía sus muñecas y lanzaba las cosas al suelo, en una -muy obvia- pataleta. — ¿Otra vez se derramó tu taza de té? ¿Alguna de tus muñecas te dijo algo? ¿El demonio bajo la cama te asustó? Milo intentaría, sin éxito, buscar el origen de los berridos de Sophie. En lugar de decir directamente qué le pasaba optó por arrojarle un libro de tapa dura a la cara, el golpe impactó la nariz de Milo, quien se quejó a voces. — La princesa conejo… — De casualidad leyó el título del libro infantil, apenas lo levantó del suelo Sophie empezó a llorar más fuerte. — ¿Es por esto que lloras? No tenía sentido, ¿Por qué lloraría por un libro de cuentos para niños? Seguramente se trataría de otra cosa. — ¡No se quedó con el príncipe sapo! Milo se detuvo en seco. ¿Cuándo dejaría de sentirse sorprendido ante el actuar de Sophie? — ¿Estás llorando porque la princesa conejo y el príncipe sapo no se quedaron juntos? Sophie lo miró como si se tratara de la cosa más obvia del mundo. — ¡No me gusta el príncipe conejo, quiero que termine con el príncipe sapo y lo quiero AHORA! «¡Por supuesto! Llamaré en seguida a la editorial que publicó el libro para que se ponga en contacto con el autor y le digan que cambie el final de su historia para que le guste a una mocosa engreída de seis años» Pensó Milo, por supuesto que no diría algo como eso -Al menos no en voz alta- Si cuidar de Sophie sería así de cansado todo el tiempo entonces la cantidad que recibía de paga no era ni remotamente suficiente. ¿Quién querría cuidar a ese pequeño monstruo de rostro adorable sin un buen incentivo? En ese momento dejó de pensar que la amabilidad que recibió para los cuidados de su hermana y la cantidad que le pagarían por cada hora que pasase allí dejaron de parecerle excesivas. *   *   * Agotado, con el alma caída hasta los pies y puré de calabaza en el cabello -También en el techo- terminó su día, el primer día de la semana que tenía de prueba. — Siento como si ya hubiesen pasado diez años. — Se quejó Milo. Su día terminaba exactamente a la hora en que Sophie tomaba su siesta de la tarde, alrededor de las 4:30-5:00pm, momento en que llegaría la madre de la niña y la cuidaría. Ni siquiera necesitaría esperarla, podía irse luego de cerciorarse que realmente estuviese durmiendo. Los primeros dos días de trabajo fueron así, no había vuelto a ver la aterradora cara de la madre de Sophie ya que casi siempre regresaba antes de que ella llegara y se quedaba junto a Perla durante la noche, asegurándose de que estuviese bien y cómoda El problema surgió al tercer día, cuando, su empleadora llegó antes de que él se marchara. ‘’Tenemos que hablar’’ Fueron las palabras que hicieron que todo su cuerpo débil y tembloroso sudara frío. De alguna manera se las arregló para seguirla en silencio, Milo no podía pensar claramente y tenía miedo sobre el motivo por el que estaría siendo convocado. «¿Acaso me van a despedir sin siquiera haber cumplido una semana de trabajo?» No pudo evitar angustiarse, realmente deseaba no ser despedido, ya esa mujer había interrumpido su muerte una vez, estaba seguro de que no lo haría una segunda. Cuando llegaron a la inmensa oficina de su empleadora ella le indicó que tomara asiento, Milo estaba rígido, su espalda se tensó cuando ella se le sentó en frente como si quisiera decirle cuántos días de vida le quedaban, se sirvió alcohol, silenciosa, sigilosa, y por supuesto, haciéndole casi orinarse en sus pantalones por el miedo. — ¿Cuál me dijiste que era tu nombre? — Preguntó de repente. — Milo, señora. — Oh, sí, Milo. — Dio un sorbo a su whiskey — Realmente no me interesa, todavía sigues sin agradarme, pero Sophie no ha parado de hablar de ti y creí que sería buena idea entrevistarte formalmente, ya sabes, para asegurarme de que no seas alguna clase de convicto que guiará a mi pequeña hija por el mal camino. No sabía si debía reírse, responder o simplemente seguir haciéndose el tonto. Pero, aún cuando la señora seguía hablando, todavía había una pregunta en su cabeza que no era debidamente respondida: — ¿Está bien contratándome aun cuando soy un desconocido? Cualquier madre con dos dedos de frente lo pensaría dos veces antes de dejar a cargo de su hija a una persona que no conoce de nada, ¿de verdad lo contrató solo porque a su hija le gustó? En ese momento ella cruzó las piernas, similar a un tigre cuando se estira antes de cazar a su presa, Milo, sintiéndose como la presa a punto de ser cazada, no pudo hacer más que rogar para que su pregunta no haya sido invasiva. Mas no bajó la mirada, demostró una seguridad que no sabía que tenía al enfrentar la mirada de aquella mujer, que no desistió tampoco. — A pesar de temblar como un cervatillo tienes las agallas para mirarme a los ojos, eso me gusta. — Ella sonrió. — No le voy a mentir, sé todo sobre ti, tu edad, tu fecha de nacimiento, dónde vives, historial médico, antecedentes, parientes más cercanos e incluso ese lunar extraño con forma de manzanita que tienes en el trasero y que te da inseguridad. No hay nada que no sepa. Milo se sintió más sorprendido que aterrorizado, avergonzado también. «¿Cómo pudo saber incluso sobre el lunar?» Aquella mujer era realmente terrorífica. — En mi casa hay seguridad las 24 horas del día, es decir; un simple error y desearás no haber vivido nunca. Además, tienes prohibido salir al exterior con mi hija y no dudaré en arrancarte las pelotas con mis propias manos si a pesar de todo algo le llegara a pasar a mi pequeña bajo tu cuidado, ¿Lo comprendes? Tomé precauciones incluso antes de que te dieras cuenta, que no te hayas percatado deja mucho que desear y habla mucho sobre tu mediocridad. A pesar de lo terriblemente ingenuo que pareces ser… No creo que seas un mal muchacho. — ¿E-es así? Ella asintió, Milo se sitió agradecido. — No sé qué decir, señora... Yo de verdad- — Helena. — ¿perdón? — Mi nombre es Helena. — Corrigió. — Dejé de ser señora hace un par de años así que mejor grábate mi nombre. Milo atinó a sonreír. — De acuerdo, Helena. Ella simplemente brindó hacia su salud con el vaso de Whiskey en la mano y bebió en silencio. Milo se sintió victorioso por primera vez en su vida. Como si el cazador estuviera dispuesto a convertirse en amigo de la presa.
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