Paso 4

2612 Words
Paso 4: ¡Felicidades! Has logrado sobrevivir, pero NO BAJES LA GUARDIA, a partir de ahora otros miembros de la manada empezarán a notar tu presencia. *   *   * ''Te echaré a patadas si te atreves a llegar después de las siete'' Esa fue la frase con que su empleadora le dio la despedida antes de echarlo de su lujosa oficina, Milo salió como perrito regañado, al menos tuvieron la bondad de regresarlo a casa en un cómodo automóvil en el cual jamás habría tenido siquiera la oportunidad de soñar que subía. No había sido un día tan malo, cuando llegó a su edificio todavía se sentía bien, incluso mientras subía las escaleras hasta la pequeña habitación en el último piso, abrió la puerta de su departamento, la cerró bien luego de entrar, también dejó su abrigo en el perchero. Había sido un buen día. Realmente un buen día. Muy bueno. «¿Entonces por qué...?» Intentó cuestionarse cuando sus ojos, cargados se sentimientos que desconocía, terminaron desbordándose en lágrimas haciendo que rompiera en llanto antes de que siquiera pudiera ser consciente de ello.  ¿Qué hizo mal? ¿En qué falló? Al solamente ser abrazado por la soledad de una fría habitación sus pupilas se vidriaron, todavía le resultaba dificil regresar a casa y no ver a Perla ahí, Milo la regañaría por el mismo desorden que ella siempre mantenía y que ahora -que estaba todo limpio y en su lugar- no creyó extrañar tanto. — Maldición... Por qué- —Se regañó a sí mismo or ser de temperamento tan débil y emocionalmente inestable, aunque no fuera su culpa, no podía dejar de llorar ante la inminente sensación de ser abandonado. Sin importar qué, sin Perla el silencio lúgubre seguiría permaneciendo allí y seguiría agitando su pecho con un penoso ronquido sibilante, propio de una agonía silenciosa, como si le ahogase el llanto al no encontrar salida en aquel cuerpo. Milo dormitó en medio de su llantén, rogando que, al día siguiente las cosas fueran mejor. *   *   * Bien sea antes de ir a trabajar o después de salir se toma su tiempo para visitar a Perla y cuidar de ella, conocía su temperamento testarudo y las enfermeras del antigüo hospital donde estaba internada también ya sabían cómo controlar su fuerte carácter, cosa con que todavía seguía lidiando el nuevo personal médico a cargo de ella. — ¿Y cómo te ha estado yendo últimamente? — Preguntó Perla con cierta curiosidad, Milo le extendió un trozo de manzana que había picado para ella. Ya sabía a qué punto quería llegar con esa pregunta, quería saber sobre su trabajo -Aún no le decía de qué se trataba- — Toma, come un poco más. Es buena para tí. — Le extendió otro trozo. — Traje más de la cuenta. Perla lo miró con una ceja alzada, tragó la manzana que masticó y volvió a dirgirise a su hermano para repetir la misma pregunta. — ¿Cómo te ha estado yendo últimamente? ¿Acaso conseguiste trabajo? — Preguntó — ¿Desde cuando podemos permitirnos comer tanta fruta? ¿No eras tú el que se quejaba de lo costosas que eran y regresaba con un Yogurt de ciruela pasa? Milo se rió al recordarlo, realmente no pudo creer que e haya reído de un momento en donde no podía sentir más que frustración. — Conseguí trabajo, ya no será necesario limitarnos tanto como antes. Pudo ver en el delgado rostro de su hermana la euforia, la noticia la emocionó al punto en que abrazó a Milo. — ¡Sabía que este cabeza de chorlito podría!— Exclamó de felicidad. — Si tu cara no me causara repulsión realmente besaría ese par de mejillas. — Has soportado mucho, Perla. Gracias por aguantar hasta ahora. — Milo despeinó el cabello de su hermana. Perla sonrió, con aún más curiosidad que antes. — ¿Y de qué trabajas? Escuché que no es fácil ser internado en este hospital, hay que tener muy buenas conexiones, por eso todos me tratan como si fuera algún tipo de celebridad, es tan irritante. — Se quejó — ¿Cuál fue la empresa que se tomó el riesgo de contratarte? Si estamos aquí quiere decir que tienes un puesto muy importante... Espera, no eres un mafioso ¿Verdad? — Por supuesto que no ¿Qué tonterías estás diciendo? — ¿Entonces qué haces? ¿Cómo es que de repente consigues trabajo y tenemos tantos lujos? Milo se lo pensó, ¿Cómo decirle que cuidaba de una niña caprichosa que lo hacía vestirse de princesa y beber té en sillitas diminutas? — Cumplo con una labor muy importante, mi jefa es muy estricta. — Concluyó luego de meditarlo, solo estaba tomando partes de la verdad al azar para contárselas a Perla. Ella lo miró de regreso. — ¡Lo sabía! — Exclamó. — Quién diría que mi tonto y sentimental hermano llorón terminaría en un importante puesto ejecutivo, esa arrogante mariam se morderá la lengua de la envidia en cuanto lo sepa, siempre se la pasa presumiendo, es hora de que alguien le cierre la boca. — Por favor no presumas. — Pidió Milo mientras le limpiaba la comisura de los labios con un pañuelo. — Sí, como sea. Por supuesto, ya sabía que no le haría caso. Cuando llegó la hora de despedirse Perla estaría durmiendo, Milo se encargó de darle cobijo, ya había recibido medicación así que podía irse tranquilo. Cuando nuevamente llega a trabajar se lleva una sorpresa al cruzar el umbral de la puerta, Helena seguía allí, habian varias personas a su alrededor terminando los últimos detalles de su atuendo y peinado. Milo no tenía reloj pero sí un agudo sentido de la responsabilidad y el tiempo contado. — ¿Tal vez llegué demasiado temprano? — Se le escapó preguntar. Helena, que hasta el momento no se había percatado de su presencia, levantó la mirada y lo saludó con un formal asentir. — Al contrario, a mí se me hizo tarde. — Respondió. — Hubo un problema con alguien que desajustó mi despertador, todos aquí tienen miedo de ser despedidos así que no han querido decirme la hora, pero, que tú estés aquí tan puntual como siempre ya puedo saber lo tarde que es. Todas las almas en desgracia sintieron escalofríos apenas la escucharon, habría una reducción de sueldo bastante segura. Y si antes Milo era despreciado ahora que sin querer metió la pata se había ganado el odio de unos cuantos más. — Siempre tan puntual, Milo. Tú si pareces apreciar tu trabajo. — Elogió — Deberías tener un segundo trabajo como mi reloj humano. — ¿Sería también con un segundo sueldo? Helena se ríe. El pequeño momento de paz se vio afectado cuando una mujer salió de quién sabe dónde, de mediana estatura y cabello rizado que miró con desconfianza a Milo desde el mismo momento en que lo miró por primera vez. — Escuché risas ¿Quién es él? — Preguntó ella. — Es el nuevo niñero de Sophie. — Respondió Helena. Aquella mujer, al enterarse de esto se sobresaltó. — ¿Lo contrataste sin notificarme antes? Sabes perfectamente que no se puede dejar a un extraño a cargo de nuestra pequeña ¿Qué pasa si es un ladrón? — Daynna. Solo bastó que Helena dijera eso una sola vez para que la presunta 'Daynna'' cerrara la boca, aún así Milo tenía un mal presagio con respecto a ella. Helena luego se dirigió a él. — Sophie todavía está durmiendo, cuida bien de ella. Milo asintió y luego la dejó marchar, no sin antes recibir un gruñido rabioso de ''Daynna'' Ni siquiera sabía quién era, pero al parecer ya eran enemigos declarados. *   *   * Durante la hora de la siesta de Sophie, cuando por fin podía tomarse un descanso se vio en la necesidad de llevar la ropa sucia hacia el cuarto de lavado, en un solo día ya estaba completamente llena, y era que realmente no podía entender el don que tenía Sophie de ensuciarse. Creía que las cosas iban bien, al menos hasta que sintió la aterradora presencia de alguien al final del pasillo. El pobre chico intenta seguir a Daynna de largo, por supuesto, sin éxito. — Está más que claro que no eres digno de estar aquí. — Dijo en cuanto Milo cruzó por su lado, detendiéndose poco antes de bajar las escaleras. — Tendré que pedirte que te marches o terminarás arrepintiéndote. Intentó relajarse un poco, no creyó que lo enfrentarían tan rápido. — Tú no eres quién para despedirme, fue Helena quien me contrató, no tú. — Respondió con seguridad. — Solo aceptaré ser despedido por la persona que me dio el empleo. A él no le importaba el precio que tuviera que pagar ni los enemigos que le caerían encima, con tal de poder darle un buen tratamiento en un buen hospital a su hermana se aferraría a ese trabajo con todas sus fuerzas, aún si se le desgastaban las manos, se humillaría si eso era necesario, haría cualquier cosa. — ¿Cómo te atreves a llamar tan casualmente a tu empleadora? es ''Señora Helena'' no ''Helena'' ignorante. — Lo corrigió. — Deja que le cuente a la señora Helena sobre tu altanería, veamos si le parece tan divertido y poco relevante como a tí, es decir, ¿No querías que ella misma sea quien te despida? Ten por seguro que lo hará, ella solamente escucha lo que yo le digo así que será mejor que empieces a tratarme con el debido respeto. «Por mí puedes ir y menearle la cola tanto como quieras» Milo se vio en la necesidad de tragarse sus palabras, Daynna se retiró no sin antes mirarlo de manera despectiva, Milo pudo suspirar de alivio cuando aquella loca mujer finalmente se fue. Al menos ahora sabía por qué nadie duraba en el trabajo. Pero las cosas no se detuvieron solo en palabras, pues Daynna no dudó en tomar acciones, las cuales, vista desde la perspectiva de Milo, eran jugarretas para niños. — ¿Pintura verde en el shampoo de Sophie? — Abrió el envase de mala gana y vació el frasco con fastidio. — ¿Por qué ahora se mete con la niña en vez de directamente hcaerlo conmigo? Tal vez porque quería verlo siendo regañado. La semana trasncurrió en ese tipo de bromas donde Daynna lo hacía tropezar, reventaba huevos podridos en su cabeza, llegó a poner arena para gatos en su comida y sal en su jugo, todas sus bromas lo convirtieron en el centro para recibirlas, no había tocado ni un solo cabello de Sophie, así que solamente por eso no la creyó tan infantil como se estaba comportando. Aún así no podía bajar la guardia o en cualquier momento podría ser inculpado a causa de ella. — Milo, papá Milo... — Sophie lo movió un poco. — ¿Estás bien? Cuando Milo se percató se había quedado dormido sobre la mesita de té de Sophie mientras jugaban a cocinar. — Lo siento, pequeña... — Bostezó. — Papá Milo, te ves muy cansado por favor duerme otra vez. — Ella palmeó su cabeza un par de veces, a había trenzado mechones de pelo coloridos en su cabeza y maquillado su rostro mientras él dormía. Más que cansado estaba sintiéndose paranóico. *   *   * Por otro lado estaba Helena, a quién le tocaría soportar los parloteos incesantes de Daynna. — Te estoy diciendo que no me gusta ese chico, no me da buena espina y tú sabes perfectamente que mi sexto sentido nunca falla. — Seguía diciendo detrás de ella, como una molesta mosca. — Hay que hacer algo, ese chico tiene que irse. — Nunca te gusta ninguno de los niñeros que contrato para cuidar de Sophie ni tampoco puedes cuidarla tú ¿Entonces qué quieres que haga? Daynna se quedó en silencio. — Un niño necesita estar al cuidado de su padre... De ambos padres, juntos. — Daynna. Parece que en todo este tiempo que has estado trabajando para mí te ha crecido la lengua, podrás ser mi secretaria de confianza... — Helena, amenazantemente contestó — Pero no rebases los límites. Por instinto Daynna retrocede. — Sí, lo siento. No insistió más. Cuando estaban a punto de retirarse del despacho la puerta se abre, Helena le da la bienvenida a la diminuta figura de su hija que corría hacia ella con tanto esmero. — ¡Mamá! — Sophie, tan pronto como estuvo cerca saltó a los brazos de su madre. Helena se preocupó al verla tan exhaltada. — ¿Qué sucede? ¿Dónde está Milo? Levantó a su hija en brazos, a los pocos segundos Milo entra corriendo a la oficina. — ¡Sophie! ¿Po-por qué corriste tan de repent-? — Entonces se percata de la presencia de Helena y Daynna, a quienes creía fuera de casa. — S-señora. — ¿Qué es todo este alboroto, Milo? — Seguramente no supo cómo cuidar de Sophie y ya se aburrió de él. — Respondió Daynna. Helena le pidió que se cerrara la boca con solo mirarla. — N-no lo sé, ella de repente echó a correr, me costó mucho alcanzarla. — Estaba tan sofocado que le costaba hablar. Helena decidió que en su lugar fuera su hija la que dijera por qué tanto escándalo. — ¿Qué sucede, por qué corriste así? Sophie frunció el ceño, eso solo significiaba una cosa: Estaba realmente enojada. Lo único que se le vino a la cabeza era que Milo había hecho algo que no le gustó, y eso realmente sería una pena considerando que no era una mala persona, incluso pensó en cómo despedirlo sutilmente, pero Sophie no respondió como lo tenía planeado. — ¡Dile a tía Daynna que deje de ser mala con papá Milo! — Gru{ó la pequeña, tirando de la ropa de su madre y señalando a su ''Tía'' — ¡Por su culpa papá Milo está cansado y se duerme durante la hora de té! Entonces Helena se extrañó. — ¿Por su culpa? Sophie asintió. — ¡Siempre le está causando problemas y lo está molestando! Helena se giró hacia Daynna, Milo se intimidó. — Lo siento, Milo. Daynna es un poco recelosa con Sophie ¿No es cierto, Daynna? — Consultó Helena, ella asintió. — Esto no volverá a pasar, ha sido una gran falta de respeto hacia ti y ten por seguro que no quedará impune, ni siquiera por ser mi hermana. — ¿Hermana? — Sí, Daynna es mi hermana y secretaria personal dentro del negocio familiar. — Respondió Helena a su pregunta. Sophie caminó hacia Milo. — ¿Así está bien? ¿Ya no te vas a ir? Milo sonrió, de cierta manera no podía creer que la pequeña niña berrinchuda lo haya defendido de esa manera. *   *   * — No te excedas con tus acciones, Daynna. — Dijo Helena cuando ambas se quedaron a solas. — ¡Pero hermana! — Replicó. — ¡Ese chico es-! — ¡Ya cállate, Daynna! Cierra la boca. No quiero oir ni una sola palabra más de tí o juro que podría arrancarte la lengua. ¿Acaso crees que no me siento avergonzada? ¿Qué va a pensar ese chico que somos? Daynna se silenció, cabizbaja. — Vas a ir y te disculparás con él, de lo contrario puedes esperar a que mi padre se entere de lo que ha sucedido. — ¡Pero-! — ¡Ya he dicho! Daynna apretó las manos en un puño, maldijo a Milo con todas sus fuerzas y entonces se retiró silenciosamente tras haber sido severamente reprendida.
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