Capítulo 21

1666 Words
Robert quedó solo en la habitación. No creía todo lo que Susana le había dicho. No le tenía confianza. En ese momento tocaron a la puerta y luego entró Diego acompañado de Abril y Steve. ―Papá… ―exclamó Robert al sentir que su corazón latía más rápido al verlo―, papá… ¿eres tú? ―Sí, hijo, soy tu papá ―respondió Diego, abrazando a Robert―, no sabíamos que habías sufrido un accidente, pensábamos que estabas en Escocia. ―Escocia… nunca fui a Escocia, papá, no sé dónde sacó eso Susana. ―Ya aclararemos todo cuando tú estés bien, hijo, ahora solo debemos preocuparnos de tu recuperación ―exclamó Diego. ―Sí, creo que tienes razón, papá. Abril, Steve, ¿cómo están? ―Bien, Robert, felices de que el papá haya venido a verte. ¿Cómo pasaste la noche? ―preguntó Abril. ―Bien, dormí muy bien. ―Hola, Robert, que bueno que hayas descansado bien. ―No es que me canse mucho tampoco, aquí no hay mucho qué hacer ―respondió Robert con una sonrisa. En ese momento tocaron a la puerta. ―Pase ―respondió Robert. La puerta se abrió y entró Jorge. Luego de saludar, preguntó a Robert cómo estaba. ―Bien, eso les decía a ellos, dormí muy bien anoche. ―Qué bueno, amigo, eso está muy bien. ―La doctora nos puso al tanto de tu estado, Robert ―habló Diego―, aunque ayer tus hermanos habían hablado con ella yo también quise hacerlo. ―Gracias, papá. ¿Cómo está la mamá? ―La próxima semana la darán de alta. Robert, quería preguntarte algo. ―¿Preguntarme? Te digo que no podré responderte ya que no recuerdo nada. Todos echaron a reír con la respuesta de Robert. ―No te preocupes, no te preguntaré nada de antes, hijo; con tu mamá estamos pensando en venir a vivir a Viña, buscar una casa cerca de la playa, y pensamos en que tal vez tú quisieras venir a vivir con nosotros hasta que ya estés recuperado, luego retomas tu vida como tú quieras. ―Sería fantástico, papá, claro que me gustaría vivir con ustedes. ―¿Lo hacemos entonces? ―Sí, papá, y gracias por pensar en mí para esto. ―Pienso que es lo mejor, Robert, tus hermanos me contaron que no quieres volver a vivir con Susana, que prefieres vivir solo. ―Así es, papá, hay algo en ella que no me da confianza y, a propósito de eso, me gustaría preguntarles algo, a los tres. ―Claro, pregunta lo que quieras ―respondió Steve. ―¿Es verdad que ustedes no pasan a Susana? Me dijo que ustedes piensan que ella es poca cosa, ¿es cierto eso? Los cuatro se miraron sin saber qué decir. ¿Le contaban la verdad a Robert? ¿Sería bueno eso? ―Por favor, contéstenme. ―No, Robert, eso no es verdad, nosotros no somos clasistas, para nosotros todas las personas valen lo mismo, así tengan dinero o no, tengan estudios o no, sean de clase alta o no, eso a nosotros no nos importa, lo que nos importa es que sean personas leales, honestas, verdaderas ―explicó Diego―, y tú eres igual, hijo. ―Lo que pasa, Robert ―intervino Jorge―, es que a Susana no le gustan tus padres ni tus hermanos, ella siempre quiso alejarte de ellos, te quería solo para ella; siempre que ibas a verlos tenías un problema con Susana y cuando iba contigo, iba de mala gana. Robert guardó silencio. A su mente vino como un ramalazo de recuerdo, solo unos segundos en los que veía a Susana enojada, gritando, pero no sabía qué, no lo escuchaba. ―¿Pasa algo, Robert? ―preguntó Abril. ―No sé, fue algo extraño, solo unos segundos en los que vi a Susana enojada, gritando, pero no pude escuchar qué decía ―respondió Robert. ―¡Robert! ―expresó Abril― hermano, tal vez de a poco empezarás a recordar, tal vez lo que viste fue el inicio de eso. ―¿Tú crees? ―Llamaré a la doctora ―indicó Steve―, ella debe saber esto. Steve toco el timbre y llegó Alice. ―Buenos días, ¿necesitan algo? ―Señorita, ¿sería posible hablar con la doctora, por favor? ―Sí, claro, ¿pasó algo? ―Señorita Alice, es una sensación que tuve y quiero comunicárselo a la doctora, ella me dijo que cualquier cosa nueva tenía que decírselo de inmediato ―explicó Robert. ―Está bien, le diré que venga, esperen unos minutos, por favor. ―Está bien, muchas gracias. Alice sonrió y salió cerrando tras de sí. Unos momentos después entraba Selena a la habitación. ―Dígame, Robert, ¿qué pasó? ―Doctora, estábamos hablando y de pronto vi a Susana, enojada y gritando, pero no escuchaba lo que ella decía, fue solo unos segundos. ¿Usted cree que esto sea el indicio de que voy a empezar a recordar? ―Puede ser, Robert, y ojalá así sea, pero voy a hablar con el psicólogo para que lo vea hoy y no mañana, ¿le parece? ―Sí, doctora, gracias. ―¿Hoy vino a verlo? ―preguntó Selena. ―Sí, vino antes que llegara mi familia y Jorge, doctora. ―¿Le dijo algo? ¿Discutieron? ―No, bueno, ella siempre está enojada por algo, ahora me dijo que estaba remodelando el departamento para hacerme sentir más cómodo cuando me fuera a vivir con ella, me dijo que, si estaba con mis padres, ellos nos separarían, que no la querían y que por eso estábamos pensando en venir a vivir acá a Viña, para alejarnos de ellos. Se molestó más cuando le dije que no iría a vivir con ella, aunque ya se lo había dicho antes. ―¿Eso a usted que le provoca? ¿Se siente mal? ¿Pierde la paciencia con ella o lo pone nervioso o algo así? ―Pierdo la paciencia, doctora, me gustaría decirle que no venga a verme, pero ya le dije que quiero ver hasta dónde es capaz de llegar. ―Pero eso no es bueno para su recuperación; usted debe estar tranquilo y sin problemas para que su recuperación sea más rápida, sobre todo su mente debe estar tranquila para que los recuerdos empiecen a fluir. Hablaré con Sergio para ver qué se hace con Susana, tal vez no es bueno que la vea todos los días. ―Eso sería muy bueno, doctora, no confío en ella. ―Veremos lo que dice Sergio ―respondió Selena―, más tarde pasaré a contarle lo que hable con él. ¿Está bien? ―Sí, doctora, muchas gracias ―respondió Robert. ―Nos vemos después ―se despidió Selena saliendo de la habitación. ―¿Quién es Sergio? ¿El psicólogo? ―preguntó Diego. ―Sí, papá, es él. ―Qué bien, él debe saber todo lo que pasa por tu mente, Robert, ¿es primera vez que sientes esto? ―Sí, papá, es la primera vez y espero que ahora vengan muchas más. ¿Ustedes saben algo de que con Susana nos vendríamos a vivir a Viña? ―No, tú no nos habías dicho nada, hijo. ―A mí tampoco ―respondió Abril. ―Ni a mí ―agregó Steve. ―Yo sé algo de eso, Robert ―respondió Jorge. ―¿Sabes algo? ¿Qué sabes? ―preguntó ansioso, Robert. ―No es que estuvieran planeando venirse a vivir a Viña, Susana era la que estaba buscando departamento acá, pero tú no querías; ella quería que compraras una casa grande y como tú le dijiste que no, optó por un departamento, eso me lo contaste tú. ―Por eso no dije nada entonces, porque no estaba de acuerdo; a todo esto… ¿dónde vivimos con Susana? ―En Santiago, en el departamento de ella; cuando decidieron vivir juntos, tú no quisiste llevarla a tu departamento y te fuiste a vivir con ella. ―¿Y mi departamento? ―Está cerrado, de vez en cuando vas allá cuando necesitas estar solo ―respondió Jorge. ―¿No quise que ella fuera a vivir a mi departamento? ―No, Robert, Susana nunca fue a tu departamento, siempre iban al de ella ―contó su amigo. ―No saben las ansias que tengo de recordar todo y poder encontrar las explicaciones a muchas interrogantes. ―En lo que podamos ayudarte lo haremos, Robert. ―Lo sé, Steve, pero son cosas mías, lo que yo siento, lo que quiero, lo que me gustaría hacer. ―En eso no podemos ayudarte, Robert, solo contarte las cosas que tú nos contabas. ―Sí, Abril, eso lo entiendo, pero no sé si lo que quiero ahora es lo mismo que quería antes del accidente. ―Mientras tanto tendrás que ir viviendo de acuerdo a lo que sientas ahora, Robert, no puedes parar tu vida ―aconsejó Abril. ―¿Y si comienzo a vivir con lo que quiero ahora y cuando recupere la memoria ya no lo quiero? ―Lo dejas, Robert, nada te obliga a nada ―respondió Steve. ―Y si lo que quiero ahora se contrapone con lo que quería antes y dejo lo anterior? ―Debes vivir como tú lo quieras, Robert ―contestó Jorge. ―¿Sin importar lo que haya sentido antes? Robert pensaba en Selena. ―La vida cambia, amigo, y hay veces en que ya no queremos lo que queríamos antes y no hay nada que hacer contra eso. Recordó a la doctora, tenía unos ojos muy bonitos, una mirada transparente y unos labios que invitaban a besarlos. A él le gustaría tomarla entre sus brazos y besarla y decirle que ella le gustaba mucho; que antes de dormir la recordaba. De pronto Robert vio en su mente el rostro de Selena, sonriendo, hermosa, había árboles y agua, pero fue solo un instante, solo unos segundos…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD