¿Selena? ¿Por qué veía a la doctora riendo en medio de árboles y agua atrás? Era como si un recuerdo llegara a su mente como cuando vio a Susana gritar, pero… ¿recordar a Selena? No, solo debía ser que estaba pensando en ella.
―¿Pasa algo, Robert? ―preguntó Abril, al ver como cambiaba el semblante de su hermano.
―No, no nada, es extraño, es algo que no puedo explicar.
―¿Recordaste algo? ―preguntó Diego.
―No, no, fue solo como un flash que cruzó por mi mente, pero no puedo explicar lo que fue.
―Tal vez tu mente está empezando a trabajar para ir recordando pequeñas cosas, hijo ―exclamó Diego.
―Sí, eso debe ser, entonces quizá tengo esperanza en recuperar pronto la memoria.
―Espera a hablar con Sergio, él te irá guiando, Robert ―aconsejó Steve―, yo creo que nadie puede solo con algo así.
―Sí, sí, hablaré con él.
Félix tocó la puerta de la consulta de Selena; cuando ella respondió, él abrió y se asomó.
―Félix, pasa.
―Selena, has estado muy perdida, no te he visto desde que salimos a la playa en tu día libre.
―Félix, perdón, he estado muy ocupada y cansada. Solo llego a buscar a Evans y a acostarme.
―Sí, lo entiendo, pero necesito verte. ¿Podemos juntarnos hoy?
―Mañana tengo mi primer día libre, veámonos mañana, ¿te parece?
―Selena, necesito estar solo contigo, tomarnos un trago, ir a cenar, no sé… pero solos los dos.
―Félix, no le dije a la Marce que llegaría tarde hoy y ellos tenían algo que hacer, definitivamente no puedo ahora.
―Selena, si no vengo ahora hasta aquí, no nos vemos ―reclamó Félix.
―Discúlpame, pero de verdad he estado con mucho trabajo; ahora estoy completando unas fichas con el diagnóstico de algunos pacientes y necesito tenerlos listos esta tarde.
―Pero tendrás tiempo para un café, ¿no?
―Está bien, vamos.
Los dos salieron de la oficina y caminaron hasta el ascensor para bajar a la cafetería del hospital.
Una vez allí, buscaron una mesa al fondo y pidieron dos cafés.
―Selena, ¿te das cuenta porqué te pido que formemos una familia? Si viviéramos juntos nos veríamos todos los días, cada mañana desayunaríamos los dos, cada noche cenaríamos los dos, estaríamos siempre juntos y no como ahora que nos vemos solo en tus días libres.
―Félix, Marcela cuida a Evans para que yo pueda trabajar, sé que si le pidiera que se quedara un poco más para salir contigo, lo haría, pero no quiero abusar de su buena voluntad, además a Evans no lo veo en todo el día y se me hace larguísimo.
―Selena, tú le pagas a Marcela para que cuide a tu hijo, no lo hace gratis.
―Y eso ¿qué, Félix?
―Bueno, que podría quedarse más tiempo con él, le pagas un extra y ya.
―No, Félix, estás muy equivocado, yo le pago a la Marce no porque ella lo necesite, sino porque se lo merece, no le voy a dejar a Evans para que lo cuide así sin más solo porque es mi amiga, además echo de menos a Evans y los días que estoy acá se me hacen largos porque quiero estar con él.
―Pero a mí no me das ninguna oportunidad, yo quiero verte más seguido, todos los días, cuando estás en turno podrías quedarte en mi departamento un rato y así estar juntos; un par de horas te servirían para distraerte y no creo que te vas a morir porque llegas un poco más tarde.
―No, Félix, definitivamente, no. No voy a abusar de Marcela y a Evans llego a bañarlo y a leerle un cuento antes de dormir y si me quedara un par de horas contigo, seguramente lo encontraría dormido y no me vería más que un rato en la mañana, no, quiero estar con mi hijo el mayor tiempo posible, por eso postulé al hospital solo en turnos de día.
―Entonces casémonos, así estaríamos siempre juntos, Selena.
―No quiero casarme, Félix, ya te lo he dicho antes, tú sabes lo que pienso sobre eso.
―¿Quieres estar eternamente así, viéndonos solo un par de días y ni siquiera solos porque tenemos que estar con Evans?
―Félix, eso lo supiste desde un principio, siempre te dije que lo más importante para mí es mi hijo y no lo descuidaré por nada del mundo.
―No te digo que lo descuides, solo que me des un poco de tu tiempo a solas, Selena.
―Ese tiempo a veces no lo tengo, Félix. Mañana no puedo estar sola contigo, no voy a dejar a Evans con Marcela otra vez si es mi día libre.
―Está bien, pero entonces déjame quedarme en tu casa esta noche, amor, por favor.
―Félix, sabes que no quiero que Evans vea que hay un hombre en nuestra casa, que salgamos los tres, que almorcemos juntos, que estemos juntos en el día no importa, pero nunca ningún hombre se ha quedado a dormir en mi casa, Félix.
―Pero yo no soy cualquier hombre, nosotros tenemos una relación y los días libres yo podría quedarme contigo.
―No, Félix, yo estoy acostumbrada a vivir sola, por favor, entiéndeme.
―No puedo entenderte, Selena, todas las parejas, si no viven juntas, se quedan un par de días juntos, disfrutando de su amor.
―No, Félix, no me pidas lo que no puedo dar, no quiero un hombre en mi casa, aún no.
―Entonces… ¿cuándo, Selena?
―Félix, yo te dije que si necesitas una familia ahora, ya, solo tenías que decírmelo, yo te entenderé; sé que quieres tener tus propios hijos y yo no quiero más hijos por el momento.
―Selena, entonces siento decirte esto, pero creo que lo mejor es que lo nuestro quede hasta aquí.
―Está bien, Félix, te entiendo.
―Selena, tú no me das ninguna oportunidad de estar contigo a solas…
―No tienes que darme explicaciones, Félix, te entiendo perfectamente, tú necesitas algo que yo no puedo darte; gracias por todos los momentos bonitos que pasamos juntos y deseo que encuentres a la persona que sepa llenarte y darte todo lo que tú necesitas, que seas muy feliz.
―¿Solo eso?
―¿Qué?
―¿Solo me dirás eso? ¿No me dirás que lo pensarás y que tal vez sí quieras vivir conmigo?
―¿Quieres que te mienta, Félix? No te voy a decir algo que sé que no puedo hacer; es mejor dejar todo hasta aquí y que seas libre para buscar a la mujer que necesitas.
―Solo quería hacerte reflexionar, Selena.
―No, Félix, es muy válido lo que tú necesitas y yo, sinceramente, no te lo puedo dar.
Félix bajó la mirada. No había sido buena su idea de hacer reflexionar a Selena con algo así; ella era muy dueña de sí misma y no dejaba que nadie le impusiera nada y ya lo había comprobado.
―¿Vamos? ―preguntó Selena― Debo seguir llenado las fichas.
―Sí, vamos, yo también tengo mucho trabajo.
Caminaron hacia el ascensor sin decir ni una palabra.
Luego, cuando llegaron al piso donde Selena tenía su consulta, se miraron.
―Gracias por todo, Selena.
―Gracias a ti, Félix, adiós.
―Adiós, Selena.
La doctora salió y las puertas del ascensor se cerraron.
Ella suspiró profundo y se dirigió a su oficina.
Comenzó a completar las fichas, pero llegó a su mente Robert.
Su corazón palpitó un poco más fuerte. Si él llegaba a recordar, ¿qué pasaría entre ellos? ¿Sería ella capaz de contarle que tenían un hijo? ¿Tendría las fuerzas para hacerlo? ¿Cuál sería la reacción de Robert? También estaba Susana que, por supuesto, no le gustaría nada la situación. ¿Qué pensarían todos al saber que ella, la doctora de Robert era la madre de su hijo?
Trató de concentrarse en su trabajo; era verdad que debía tener listas esas fichas antes de irse a su casa.
Diego estaba en su casa cuando lo llamó la corredora de propiedades.
―Paloma, ¿cómo está? ¿Me tiene alguna noticia?
―Sí, don Diego, hay una casa con una vista preciosa al mar, tal como usted me lo pidió, vengo llegando de allá, la verdad es que es muy hermosa y está en venta.
―¡Qué buena noticia, Paloma! ¿Cuándo podemos ir a verla?
―Mañana podemos ir si usted tiene tiempo.
―Sí, mañana voy a ver a mi hijo que está en el hospital regional y luego de eso podemos ir a verla, ¿estará bien mañana a las doce treinta?
―Sí, don Diego, yo mañana lo paso a buscar al hospital a esa hora, ¿le parece bien?
―Sí, claro, Paloma, muchas gracias.
―Por nada, don Diego, solo espero que le guste la casa, reúne todas las condiciones que usted me pidió.
―Entonces creo que me gustará, en realidad son las condiciones que quiere Kate.
―¡Qué bien! ¿Cómo está ella?
―Mejorando cada día, quiero que cuando salga de la clínica nos vayamos directo a nuestra casa nueva.
―Es una muy buena idea, don Diego, así sigue su recuperación en un lugar hermoso, tranquilo y acogedor.
―Eso es lo que quiero, Paloma, que esté tranquila y en un lugar cómo y agradable, sin la prisa de Santiago.
―La casa es un lugar perfecto para eso, don Diego.
―Bien, Paloma, entonces nos vemos mañana.
―Sí, don Diego, a las doce y media en el hospital.
―Gracias por todo, Paloma.
―Por nada, don Diego, solo quiero que quede conforme con lo que pidió y dele muchos saludos a la señora Kate y que se recupere muy pronto.
―Gracias, Paloma, yo le daré sus saludos y sus buenos deseos, hasta mañana.
―Hasta mañana, don Diego.