Selena sintió un cosquilleo en el estómago.
―Así es, yo lo encontré en el lugar del accidente esa noche.
―¿Usted estuvo allí? ―preguntó Steve.
―Así es, pasaba por allí en ese momento y vi un auto chocado.
―Doctora cuéntenos todo por favor ―pidió Abril.
―Está bien, pero pasemos a mi consulta, por favor.
Selena los condujo hasta su oficina y allí les ofreció asiento y un café.
―Gracias, doctora, la escuchamos ―exclamó Steve.
―Cuando vi el accidente me bajé y me cercioré de que el herido estuviera vivo y lo saqué del auto y traté de reanimarlo, en unos minutos el auto explotó.
―Es decir que usted le salvó la vida a mi hermano, si no lo hubiese sacado del auto él ahora estaría muerto ―exclamó Abril.
―Muchas gracias, doctora, estaremos toda la vida agradecidos de usted ―expresó Steve.
―No, cualquiera habría hecho lo mismo ―explicó Selena.
―Pero no fue cualquiera, fue usted ―replicó Abril―, gracias a usted nuestro hermano está vivo.
―Así es, doctora ―acotó Steve.
―Lo importante es que ahora ustedes están aquí, no ha venido nadie de la familia a verlo, solo su esposa.
―Sí, claro su esposa ―repitió Steve―, ella no nos dijo nada de todo esto, por eso no habíamos venido, además con la cirugía de nuestra madre y Robert desaparecido…
―¿Qué pasa con su madre? Necesito saberlo para entender cómo actuar frente al señor Ivanek.
―Sí, claro, lo que pasa es que Kate, nuestra madre, hace poco más de una semana sufrió un infarto al corazón y tuvieron que operarla de urgencia, ahora se está recuperando pero sigue en la clínica; apenas el papá nos contó que se sentía mal y que iba a la clínica con ella, llamé a Robert pero no me contestó, estaba en una reunión y entonces llamé a Susana para que le dijera lo que pasaba, pero Robert nunca llegó; ella dijo que había salido en un viaje de negocios a Escocia, pero lo llamábamos y no contestaba, tampoco nos llamaba él, hasta ahora que me llamó y me contó lo sucedido y que estaba con amnesia.
―Claro, él no estaba en Escocia, estaba aquí recuperándose del accidente.
―Un accidente que pudo costarle la vida y Susana no nos avisó. ¡Qué impotencia! ―se enfadó Abril.
―Señorita, pero ya están ustedes aquí.
―Doctora, dígame Abril, por favor.
―Está bien, como guste. Robert, debo decirles que él me pidió que lo llamara así ya que al estar solo y sin recordar nada, se sentía más solo aún al ver que lo llamaban señor.
―No hay problema, doctora ―exclamó Steve.
―Bueno, ustedes ya saben que Robert está con una pérdida de memoria temporal; no presenta ninguna alteración física que nos demuestre que hay algún problema por el golpe en la cabeza que recibió, por eso hablamos de un cuadro temporal. Lo está viendo un neurólogo y un psiquiatra, que lo ayudarán a seguir los pasos para una recuperación segura.
―Doctora, no se sabe cuánto demorará en recuperar la memoria, ¿verdad?
―No, Steve, eso se irá viendo paso a paso, por eso es necesario que esté acá un tiempo más para ir viendo los avances con los dos especialistas.
―Si él nos pregunta cosas de su vida, ¿podemos contarle, doctora?
―Sí, solo que hay que ir de a poco, mucha información podría ser contraproducente, vayan contándole cosas en general, sin especificar mucho en algún conflicto, si es que lo hubiera.
―Lo de nuestra madre es mejor que no lo sepa, ¿verdad?
―Les puedo hacer una pregunta?
―Claro, doctora, la que quiera ―respondió Steve.
―Yo tengo entendido, y Robert también, de que sus padres están en un viaje por Europa.
―¿Quién dijo eso?
―Susana, la esposa de Robert.
―¡Pero eso no es verdad! ¡Ellos no han salido desde el año pasado! ―comentó Abril, que había vuelto a enojarse.
―Se los digo porque tal vez él les pregunte si han hablado con ellos, como están, cosas así.
―Doctora, ¿usted cree que estará bien si le decimos la verdad? No quiero mentirle a mi hermano.
―No lo sé, no sé por qué Susana dijo eso y él así lo cree, ahora si le dicen que ellos nunca han salido provocará un problema entre Susana y Robert y él necesita estar tranquilo.
―Sí, claro, pero ¿qué hacemos entonces? ―preguntó Abril― Susana me escuchará y tendrá explicarnos muchas cosas.
―Ahora lo importante es la salud y la tranquilidad de Robert, Abril, luego hablaremos con ella ―exclamó Steve.
―Creo que Steve tiene razón ―acotó Selena.
―Sí, doctora, pero ahora ¿deberemos seguir con la mentira de Susana y decirle a Robert que nuestros padres están en Europa? ¿Qué pasará cuando él se entere de la verdad? Querrá lincharnos ―expresó Abril cada vez más molesta.
―Abril, entiendo tu punto de vista, pero podrían decirle a Robert que sus padres ya volvieron y que la mamá está en la clínica haciéndose unos exámenes ―indicó Selena―, luego, cuando él esté recuperado le dicen la verdad.
―Sí, eso podría ser. Bien, doctora, ¿ahora podemos pasar a verlo?
―Sí, en estos momentos él está con un amigo.
―¿Un amigo? ―preguntó Steve.
―Así es, Jorge creo que se llama ―respondió Selena.
―Jorge, está bien, a él lo conocemos, doctora, ¿Cuándo salgamos de ver a Robert podemos pasar a hablar con usted?
―Sí, Steve, estaré aquí, no hay problema.
―Gracias, doctora, usted ha sido muy amable.
―Por nada, Abril.
―Gracias, doctora ―agradeció Steve.
Los hermanos salieron camino a la habitación de Robert; al llegar, tocaron la puerta y esperaron que les contestara. Cuando Robert lo hizo ellos entraron en la habitación.
Abril, luego de saludar a Jorge, abrazó a su hermano.
―Robert ―exclamó ella sin poder evitar el llorar al ver a su hermano postrado en la cama―, hermano, ¿cómo estás? ¿cómo te sientes?
―Bien, ya mejor, tú debes ser Abril, ¿verdad? Mi hermana Abril ―afirmó Robert con una media sonrisa.
―Así es, no me recuerdas, ¿verdad?
―Físicamente… no, pero creo que en mi corazón sí te recuerdo, Abril.
―Oh, hermano, nos tenías muy preocupados al no saber nada de ti, debes tener mil llamadas en tu teléfono.
―Perdí mi teléfono, no tengo nada, solo los números de teléfonos de gente que no sé quiénes son.
―Ya pasará, Robert, ya lo verás.
―Abril, déjame saludar a mi hermano, ¿sí? ―pidió Steve en son de broma.
―Sí, claro, perdón, hermano.
―Steve…
―El mismo, hermano, aunque no me reconozcas, soy tu hermano.
―Te digo lo mismo que le dije a Abril, en mi corazón sí te reconozco, hermano.
Ellos se abrazaron.
―Por fin juntos ―intervino Jorge.
―Sí, Jorge, la verdad es que Robert nos tenía muy preocupados, pensábamos que estaba en Escocia, jamás en un hospital.
―Susana les dijo que yo estaba en Escocia y no les contó nada del accidente, ¿verdad?
―Así es, Robert, pero eso da lo mismo, ahora lo importante es que estamos juntos y pronto saldrás de todo esto ―exclamó Steve.
―Pero… ¿Cómo que no importa? Susana les mintió y además les ocultó lo del accidente ―expresó Robert, enfadado.
―Ahora debes estar tranquilo, amigo, por tu bien no debes alterarte, ya hablarás eso con ella, pero cuando te recuperes un poco ―aconsejó Jorge.
―Sí, tienes razón, pero siento rabia de que Susana haya actuado así ―agregó Robert.
―Pero eso déjalo para más adelante, ahora aprovechemos este tiempo juntos ―aconsejó Abril.
―Es tan bueno tenerlos a los tres aquí, me sentía tan solo y… sin saber quién soy.
―De a poquito dijo la doctora, de a poquito irás recordando las cosas, tu vida, entre Jorge y nosotros te ayudaremos a recordar ―aseguró Steve.
―Así será, amigo, de a poquito irás recuperando tu vida ―acotó Jorge.
―¿No sabes quién eres? ―preguntó Abril― pues te diré que eres Robert Ivanek, nuestro hermano mayor, al que adoramos con todo nuestro corazón y que ya jamás volverá a estar solo.
―Abril, no te recuerdo, pero te siento en mi corazón ―respondió Robert―, lo mismo que a Jorge y a Steve, siento que son sinceros y que puedo confiar en ustedes.
―Claro que puedes confiar en nosotros, amigo ―exclamó Jorge―, y como dice Abril, ya no volverás a estar solo nunca más.
―Gracias por estar aquí.
―Somos tus hermanos, tu amigo, no te íbamos a dejar solo, eso jamás ―expresó Steve.
―Quiero preguntarles algo y quiero que me digan la verdad.
―¿Qué quieres saber, Robert? ―preguntó Abril.
―La mamá y el papá… ¿es verdad que están de viaje por Europa?
Steve y Abril se miraron.
―Eso no es así, ¿verdad?
―Robert, te contaré algo, pero debes estar tranquilo ―comenzó Steve.
―¿Les pasó algo a ellos?
―No, ellos están bien, solo que la mamá se sintió un poco mal y ahora está en la clínica haciéndose unos exámenes, nosotros venimos de allá ―contó Steve.
―Pero… ¿ella está bien? ¿El papá…?
―Ella está bien, Robert, y el papá la está acompañando, pero no está solo, Aline y Pablo están con él ―respondió Abril.
―Pero… ¡¿Por qué Susana me dijo que ellos estaban de viaje?! ―se alteró Robert.
―Robert, tranquilo, sabes que no puedes alterarte, tal vez lo hizo porque no quiso preocuparte, amigo ―justificó Jorge.
―Así debe haber sido, hermano, tú preguntarías por ellos y al ver que no venían te preocuparías y quizás es lo que Susana quiso evitar ―habló Abril.
―Pero ustedes me aseguran que ellos están bien.
―Sí, Robert, yo creo que el papá va a venir mañana a verte ―comentó Steve.
―El papá… no tengo ninguna foto de ellos, no los recuerdo…
―Mira, aquí están ―dijo Abril mostrándole una foto de sus padres que tenía en su celular―, ellos son.
―Envíame esa foto, Abril, quiero tenerlos conmigo, por favor.
―Sí, claro, te la envío altiro ―respondió ella―, y te enviaré una de Aline y otra de Pablo, también de nuestros hijos, así tendrás a la familia completa.
―Gracias, Abril.