―No, Robert, no me des las gracias, lo único que queremos es que te recuperes y puedas recordar toda tu vida; si podemos ayudarte con cosas tan pequeñitas como que vayas reconociendo a la familia estamos felices; los días pasados estuviste solo, pero ya nunca más, hermano.
Robert sonrió y estiró su mano tomando la de su hermana.
Abril apretó un poco a mano de su hermano en señal de cariño.
―Robert, cuando te den el alta si no has recuperado la memoria, hay que ponerse en todos los casos ―habló Steve―, vas a necesitar estar tranquilo; Susana no estará en todo el día por su trabajo…
―No, Steve, no iré a vivir con Susana, ya lo decidí; iré a vivir solo.
―¿Cómo que vas a vivir solo? ¡No puedes! ―cuestionó Abril.
―No quiero vivir con una desconocida, eso es para mí Susana, no la siento cercana y con el corazón como los siento a ustedes tres. Con ella es distinto y sería muy incómodo vivir con una mujer a la que no conozco.
―¿Es verdad lo que dices, Robert?
―Sí, Steve, ya se lo comenté a Jorge, Susana para mí es una verdadera extraña y no, no quiero vivir con ella.
―Está bien, esa es una decisión que debes tomar tú, pero… ¿ella lo sabe?
―Sí, se lo dije, Abril, y puso el grito en el cielo, pero no cambiaré de opinión.
―Nosotros estamos pensando en comprar una casa fuera de Santiago para que se vayan a vivir los papás, tal vez tú podrías…
―¿Vivir con ellos, Abril? ―interrumpió Robert.
―Sí, claro, así no estarías solo y tal vez ellos también te ayudarían a recordar, Robert, yo creo que debes estar con gente que te hable de tu vida, a ver si así puedes recordar más rápido.
―Sí, puede ser, pero creo que en estas condiciones sería más un estorbo que una compañía.
―No digas eso, amigo, jamás serás un estorbo para tu familia y amigos ―intervino Jorge―, además el estar fuera del ruido y de la locura de la ciudad les va a hacer bien a tus padres como a ti.
―Sí, puede ser, creo que no es una mala idea. ¿Cómo me llevo con los papás?
―Bien, Robert, muy bien, los siete nos llevamos muy bien ―explicó Abril.
―¿Los siete? ¿Susana no se lleva bien con la familia?
―Ella tiene su carácter, Robert, y… no le gusta juntarse mucho con nosotros, prefiere estar sola contigo, es solo eso.
―Bueno, creo que lo pensaré, Abril, pero hay que preguntarle a la mamá y al papá si están de acuerdo en que vaya a vivir con ellos.
―Estarán felices, ya lo verás, hermano ―aseguró Steve.
―Jorge, ¿tú podrías averiguar si dónde tú vives hay alguna casa en venta? ―pidió Steve.
―Claro, Steve, yo buscaré algo y les aviso.
―Gracias, amigo, para nosotros sería un alivio también saber que Robert está cerca de ti, con lo amigos que son.
―Sí, claro, a mí también me gustaría tenerlo cerca, sería muy bueno ―aceptó Jorge.
Después de un par de horas de estar con Robert, ellos dijeron que se iban.
―Robert, ahora nos vamos ya que el papá no supo lo que pasaba contigo, preferimos contarle en la casa más tranquilos ―anunció Abril.
―Sí, vayan tranquilos, yo también lo estoy ya que los vi, gracias por venir.
―Lo único que queríamos era verte, hermano, no sabíamos nada de ti ―expresó Steve.
―Bueno, ya saben dónde encontrarme, por ahora.
―No se nos olvidará ―bromeó Abril―, vendremos a verte todos los días.
―Gracias, hermanos.
―Bien, vamos ―dijo Steve.
―Yo creo que mañana viene Steve a verte con el papá y con Aline, seguramente, yo vendré después con Pablo.
―Está bien, como a ustedes les acomode más.
―Hasta mañana, hermano.
―Chao, Abril, y no te olvides mandarme las otras fotos.
―Ahora lo haré, Robert.
―Nos vemos mañana, Robert, ya no dejaremos de vernos.
―Así será, hermano.
Cuando ellos salieron, Jorge miró a su amigo, que tenía otro semblante.
―¿Cómo estás? Contento, ¿verdad?
―Sí, amigo, muy contento, a ellos los siento cercanos lo mismo que a ti, pero no me pasa lo mismo con Susana. ¿Tú sabes algo más? ¿Algo que yo te haya contado?
―No, Robert, solo eso, que me dijiste que ya no querías vivir con ella, que las cosas se habían complicado, que… ella es caprichosa, quiere todo en el momento y lo que dijo Abril, que no le gusta mucho compartir con ellos y eso a ti te molestaba mucho.
―Mmm, claro, tal vez por eso no la siento cercana a mí. ¿Estuve muy enamorado de ella?
―No, Robert, nunca estuviste enamorado de ella, solo era una atracción física, solo eso.
―Y si no estaba enamorado… ¿por qué diablos me fui a vivir con ella?
―Porque te sentías solo y ella te hacía reír, era divertida y buena compañía, eso dijiste, ah, y porque fue ella la que te insistió mucho en que vivieran juntos.
―No le diré nada de todo lo que sé, quiero ver hasta dónde llega, tampoco le diré que sé que no estamos casados.
―¿Estás seguro?
―Sí, amigo, solo le diré que sé lo que le pasó a la mamá, veré qué me dice ella, de qué me habla, necesito saber lo que ella me dice y compararlo con lo que me cuentan ustedes, no confío en ella.
―Pero no hagas nada que pueda alterar tu salud, Robert, ni que te altere, ya sabes que debes estar tranquilo para poder recordar, poco a poco los recuerdos irán volviendo a ti.
―Te prometo que estaré tranquilo, pero tengo que saber cómo es la mujer con la que vivo.
―Pero eso vendrá de a poco, amigo, a ninguno nos gustaría que te alteraras y eso te trajera algún retroceso en tu recuperación.
―Eso no pasará, quédate tranquilo, los tengo a ustedes a mi lado y eso es muy bueno.
―Siempre estaremos contigo, amigo.
―Lo sé, no me preguntes por qué, pero lo sé, ahora vete, me imagino que debes volver al trabajo, amigo.
―Sí, pero vendré mañana a verte, no faltaré ni un solo día.
―Gracias, Jorge, pero no quiero que descuides tu vida por venirme a ver.
―Pero si estamos a veinte minutos de distancia, Robert, estamos muy cerca.
―Claro, si tú vives por acá; lo que no entiendo es qué hacía yo por estos lados, se supone que vivo en Santiago, ¿verdad?
―Así es, yo tampoco lo sé, Robert.
―Tal vez Susana lo sepa, no le he preguntado.
―Sí, tal vez ella lo sepa.
―Bien, entonces nos vemos mañana.
―Sí, amigo, mañana nos vemos.
Jorge salió de la habitación.
Abril y Steve pasaron a hablar con Selena antes de irse.
―¿Cómo les fue con Robert? ―preguntó ella.
―Bien, doctora, se enteró de algunas cosas y vio una foto de nuestros padres ―contó Abril.
―¿Supo lo de su mamá?
―Le dijimos que se había sentido mal y que estaba en la clínica haciéndose unos exámenes, pero no le dijimos que la habían operado ―explicó Steve.
―¿Cómo lo tomó?
―Bien, preguntó cómo estaba ella, pero en general tomó todo bien ―explicó Steve.
―¿Supo que ellos no estaban en Europa?
―Sí, doctora, se enfadó al saber que Susana le había mentido, pero tratamos de bajarle el perfil diciéndole que tal vez ella le dijo eso porque no quería preocuparlo con el estado de salud de nuestra mamá ―contó Abril.
―Qué bien, él no puede alterarse, debe estar tranquilo para que su recuperación sea cada día mejor.
―Lo sabemos, por eso le hablamos de cosas agradables, le contamos de la familia.
―Eso está muy bien, hay que ayudarlo a recordar pero no llenarlo de mucha información, hay que ir de a poquito; yo iré a verlo más tarde, está con una visita todavía.
―Sí, doctora, está con Jorge que es su mejor amigo y amigo nuestro también.
―Qué bien, hasta ayer se sentía muy solo, el verlos a ustedes le hará muy bien.
―Mañana vendremos a verlo, yo creo que vendrá nuestro padre también ―contó Abril.
―¡Qué bien! Eso sería genial.
―Sí, queremos estar con él, usted no sabe lo preocupados que estábamos al no tener noticias de Robert.
―Pero ahora ya saben que él aquí está bien cuidado y no lo daremos de alta hasta no asegurarnos de que esté en condiciones para irse a su casa.
―Gracias, doctora, es usted muy amable.
―Cumplo con mi deber y lo hago con mucho gusto ―respondió Selena con una amable sonrisa en el rostro.
―Usted nos da confianza, doctora, y eso es muy bueno, sabemos que nuestro hermano está en muy buenas manos y eso nos tranquiliza muchísimo.
―Muchas gracias, son muy amables.
―Ahora nos vamos, doctora, tenemos que ir a ver a nuestra mamá y contarle al papá todo lo que ha pasado con Robert ―explicó Steve.
―Que les vaya bien en todo y que su mamá se recupere pronto.
―Muchas gracias, doctora, nos vemos mañana ―se despidió Abril.
―Hasta mañana, Abril.
―Hasta mañana, doctora, y gracias otra vez.
―Hasta mañana, Steve.
Ellos se fueron y unos minutos después llamaron a la puerta.