El divorcio
¿Sabes cómo se puede recuperar una relación que pasó por múltiples tormentos y que terminó con dos corazones rotos? Es lo que se preguntaba Eloise Alberti, una poderosa mujer de 35 años que nunca ha estado dispuesta a hacer la voluntad de otros.
En la Facultad de Derecho siempre fue el referente de la excelencia académica; nunca le tembló el pulso para conformar a sus maestros; esa actitud la llevó a escalar en el mundo de la abogacía. Sin embargo, siempre tuvo competencia, un joven de cabello rubio y ojos verdes, con mirada penetrante y el único que no tenía miedo de debatir con ella, ese hombre al que no pudo cerrarles las puertas y evitar que entrara en su vida, al que por tanto tiempo llamó amor y en el día de hoy le dice adiós.
—Es una locura que hoy firmen el divorcio. Ustedes son la pareja más temida en el mundo de las leyes, nunca pensé que vería este día –dice Cynthia con voz incrédula.
—Los matrimonios terminan, Cynthia, debes de saberlo, esa es tu especialidad, querida hermanita —le responde Eloise sin dejar de teclear su laptop.
Sus dedos continúan recorriendo el teclado con una precisión impecable. Desde fuera parecía tranquila, como si aquella mañana fuera una más entre tantas. Solo ella sabía el enorme esfuerzo que le costaba mantener el rostro impasible.
—Por Dios, Eloise, Demian y tú fueron hechos el uno para el otro… yo puedo entender que los matrimonios se terminen, pero no el amor. Ambos se están divorciando enamorados, lo sé.
Ella no responde.
No porque no tuviera una respuesta, sino porque cualquier palabra amenazaba con quebrar la frágil muralla que había construido alrededor de sus emociones. La gallardía y valentía de Demian fue lo que hizo que Eloise bajara esas barreras y se diera la oportunidad de amar, en lo cual nunca creyó.
Sus padres no fueron un buen referente de una pareja feliz. Las hermanas pasaban más tiempo solas que con ellos en casa; las constantes peleas de sus padres y la poca afectividad que les brindaban la hicieron entender que aquello no era para ella.
El chico que la retaba siempre fue una bocanada de brisa fresca que la sacaba de su autoencierro y la llevaba a explorar nuevas opciones. Ellos siempre tuvieron las cosas claras de lo que querían hacer en la vida: crear su propia firma de abogados y ser la pareja más destacada en el campo. Los hijos no estaban en planes, no porque él no los quisiera, sino porque ella no contemplaba en sus planes ser madre; él siempre respetó eso; no obstante, su deseo de ser padre vivía muy presente, y eso empezó el final de una historia de amor.
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—Amigo mío, este día lo veía muy lejos. Tú y Eloise, divorciándose, ¿quién lo creía? —le dice su mejor amigo.
—Supongo que no todo puede salir como se desea —dice y toma unos documentos en sus manos y los firma—. Oficialmente divorciados, toma, encárgate de lo demás.
—Demian, ¿no crees que deberías hablar con ella? Ustedes aún se aman —vuelve a hablar, Jeremie tratando de mediar entre la pareja a sabiendas de que no dará resultados.
—Ella quiere expandir la firma, yo quiero formar una familia. ¿Piensas que sería justo para los dos dejar a un lado nuestros deseos? —cuestiona; Jeremie niega con la cabeza— Eso pensé.
Sale de su oficina sintiendo una opresión en el pecho por la pérdida de algo que pudo ser extraordinario. En el pasillo se encuentra con aquella mujer que por tanto tiempo soñó con verla llevar en su vientre un hijo de los dos; sin embargo, eso jamás pasó y nunca pasará, así que no tiene sentido seguir fantaseando con aquello que no se pudo lograr.
Ahora Demian intentará conducir su vida por el camino que siempre ha querido, el de construir su familia.
Ambos se miran desde su distancia y, más que tensión, son ganas de correr el uno hacia el otro y olvidarse de todo lo demás.
Él desvía su mirada y toca el botón del ascensor; para su suerte, este se abre de inmediato. Ya adentro, suelta la respiración que contenía al darse cuenta de que su obstinada esposa ya no despertara junto a él.
Mientras que Eloise lucha contra su corazón que late fuerte y que le dice que corra detrás de su esposo, que aún podrán conciliar y llegar a un punto medio, pero eso, ¿cómo sería posible? Cómo le dice a su mente que considere la opción de ser madre, o cómo le dice a su futuro exesposo que olvide sus deseos de ser padre.
Eloise no puede alegar que desconocía el anhelo de Demian; ella lo sabía, él siempre se lo hizo saber. No obstante, pensó, al igual que él, que en algún momento de su matrimonio uno de los dos abandonaría sus deseos y cambiarían de pensar. Cinco años construyendo un sueño que hoy se divide a la mitad, y no, ella no piensa en lo material.
—Ya que, si no se pudo, no puedo hacer nada más. Solo me queda avanzar —se dice para sí misma, reprimiendo sus ganas de llorar.
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En su auto, conduciendo sin dirección conocida para él, está Demian presionando el guía, esperando sentir un dolor más fuerte que el dolor que siente en su corazón. Es que no entiende cómo, después de que su relación pasó por tantas adversidades, terminó con un divorcio y, al contrario de su ex, este sí deja que sus lágrimas recorran por su mejilla, esperando que esto sí funcione para sacarla de una vez por todas de su vida.
—Adiós, amor mío, que seas feliz —dice y acelera el auto.