Me corrí como un demonio en aquel Twingo y ella acabó entre temblores sobre el suelo de aquel baño de avión. Mi pequeña traviesa, nunca me equivoqué cuando dije que sólo su cara era la de un ángel. -¿Te gustó?- preguntó de nuevo acercando su rostro precioso a la cámara, estaba sonrojada y sonriente, se notaba relajada y complacida. Le sonreí a aquel precioso par de orbes. -Me gustaría más estar junto a ti para besarte justo después de hacerlo, mi amor- suspiré. -Falta poco- avisó- Voy a… Recoger este desastre- dijo riendose y yo la seguí mostrándole lo que había hecho yo. -Sí, comprendo el sentimiento- aseguré y de nuevo su risa inundó mi auto- Te amo muchísimo, Alex. -Y yo a ti, Nicolás- aseguró y lanzándome besos ella colgó. . . . -Alex- No hay peor trabajo que el que no se ha

