Vanna Russo
Seguí sin apartar mi mirada de Damián, la pelirroja trataba de obtener por completo su atención, pero el mantenía su ceño fruncido, su mandíbula tensa, le hablaba con los dientes apretados conteniendo su furia, parecía estarle hablando muy fuerte, me resultaba interesante ¿Por qué un hombre como el rechazaría a una mujer que se le ofrece así?... para mi es claro que ella se le acercó con otras intenciones, se nota muy provocativa y con ese vestido tan corto cualquiera hubiera caído, es guapa, pero desde aquí no distingo su rostro.
—¿A quien estas asechando, rubia? —preguntó Rod haciendo que apartara mi vista de Damián.
—A nadie, solo observaba a mi alrededor —respondí tomando un trago de mi bebida.
—A mi me parece que si, pero bueno si no quieres decirme esta bien. ¿Cómo vas con tu hermano? —solté un suspiro cansada ¿Acaso no podía hablar de otra cosa? No es que no quisiera hablar de mi hermano, es solo que sentía que me volvería loca tratando de descifrar lo que esconde.
—Mal, muy mal. No puedo hacer nada como el dice es su vida, no quiere que me meta y yo le doy su espacio, lo quiero pero tampoco puedo obligarlo a nada, es difícil ver como quiere destruirse, porque es eso lo que él busca —respondí, clave mis ojos en mi bebida.
—Eso te duele ¿cierto?.
—Es mi hermanito, aunque ya creció. Sabes que siempre lo cuide mucho, pero ahora le toca cuidarse solo y no lo está haciendo bien —comenté con tristeza.
—Ven Vani… —Priscila llego muy sonriente a nuestro lado, parece que el alcohol hizo su efecto —Vamos a divertirnos, mueve ese trasero qué no es solo para estarlo calentando en esa silla.
—No quiero Priscila —ella tomó mi mano y me jaloneo.
—Vienes conmigo, quiero ver a mi amiga disfrutar y dejar el maldito estrés a un lado —me llevo junto a ella y me animo a bailar, al cabo de unos segundos la música se sentía en mi cuerpo, comencé a bailar junto a ella. Rod nos observaba desde la barra donde se encuentra pidiendo otra bebida, sonrió junto a Priscila, trato de olvidar todo lo que atormenta mi cabeza. Momentos después la tonta de Priscila me deja sola se aleja con un hombre, de pronto siento una mano en mi cintura, justo cuando estuve a punto de marcharme, los latidos de mi corazón se aceleraron y ahí estaba Damián a mi lado.
—¿No quieres seguir bailando? Te mirabas muy feliz haciéndolo —dijo hablando cerca de mi rostro para que pudiera escucharlo, tenerlo tan cerca me dejo sin aliento, mis ojos se clavaron en los suyos y me quedé perdido en el hermoso color que ellos poseen.
—Prefiero ir a descansar… ya me siento muy cansada —dije totalmente nerviosa.
—Es una lastima, me hubiera encantado bailar contigo —dijo manteniendo su agarre firme en mi cintura —¿Quieres algo de beber? —asentí, porque de repente sentía mi garganta seca y no podía encontrar mi voz. Me llevo hasta la barra, busque a Priscila y Rod con la mirada, pero no encontré a ninguno. Pedí un cóctel sin alcohol no necesitaba beber con un hombre muy atractivo como el cerca.
—¿Estas solo? —pregunté.
—Con mi amigo Diego, pero se fue a bailar y me dejo solo —tome un trago de mi bebida. —¿Has venido a celebrar algo? —preguntó y negué.
—Solo he venido a distraerme —respondi.
—¿Problemas? —lo miré, estudie su rostro, el es muy guapo en verdad, el tipo de hombre con el que caería, pero ese no será el. Al menos eso creí, en ese momento.
—Necesitaba un descanso del trabajo, creo que necesito vacaciones —suspiré, ni se porque estaba hablando con el.
—Imagino que debe ser muy difícil hacerte cargo de la empresa —asentí.
—Lo es, mas aun cuando siento el peso de toda la responsabilidad en mis hombros —dije pensando en Jacob —¿Es muy difícil para ti dirigir tus hoteles?.
—Si lo es, sobre todo cuando se presenta algún problema en alguno de ellos, pero mi personal está muy capacitado para cualquier situación —mencionó.
—Seguro eres un buen jefe —el ladeo una sonrisa, que lo hizo ver aún más atractivo.
—Seguro tu también eres una muy buena jefa —comentó. La verdad creo que si lo soy, pero a veces no me siento capaz de llevar la carga de la responsabilidad, después de todo lo que se habla de la empresa, quiero hacerle de una buena reputación, que se hable de los trabajos realizados, quiero que se hable cosas maravillosas, pero a veces no me siento capaz de hacerlo.
—Creo que es hora de irme…
—¿Tan temprano? —inquirio.
—Tengo planos que hacer, debo ser responsable con mi trabajo…
—Y también debes preocuparte por ti —dijo y luego tomo todo el contenido de su vaso, se acerco más a mi, mi corazón se aceleró, respire profundo al tenerlo tan cerca —Eres muy hermosa Vanna, admiro tu trabajo, te admiro a ti.
—Lo dices como si me conocieras —el sonrió.
—No hace falta conocer a una persona cuando sus ojos son los que hablan, podrás con todo Vanna —trague con dificultad.
—Así que ves lo que dicen mis ojos ¿eh? —reí —¿Qué crees que dicen ahora? —él sonrió y se vio tan guapo.
—Que me vez guapo —solté una risita.
—Eso no es verdad —no aceptaría eso.
—Lo es. ¿Qué crees tu que los míos dicen? —observé sus ojos, había muchas cosas en su mirada, cosas que no lograba descifrar y otras que yo no podría cumplir.
—Que debes irte ya —respondí, el dio un paso más, pude sentir su aliento, con ese dolor a alcohol.
—¿Segura? —asentí.
—Si, porque lo que pretendes no será posible, no me involucro con mis clientes, por muy atractivos que sean —le deje claro.
—Quiero entender eso, pero mi corazón no —solté una carcajada.
—¿Tu corazón? ¿No me digas que has enamorado de mi?.
—¿Y por que no? Eres una mujer muy hermosa, que puede tener a cualquier hombre a sus pies con solo mirarlo a los ojos, tienes unos ojos hermosos —retrocedí y el avanzo más a mi, estábamos aun en la barra.
—Los hombres si que saben mentir…
—Escuche que robas corazones, y es lo que has hecho conmigo —aleje mi vista de la suya, su mano acarició mi mejilla, un escalofrío extraño recorrió mi cuerpo.
—Tu intento de coqueteo no funcionara conmigo, en este lugar hay muchas mujeres que si creerían las palabras que salen de tu boca, pero yo no —lo miré desafiante.
—No quiero que las creas, puedo demostrarlas —sonrío y negué, esta vez fui yo quien se acercó a el, acaricié su pecho y el observó cada uno de mis movimientos, su camisa estaba desabrochada de los primeros botones, levante mi vista y le sonreí.
—No me importa que puedas demostrarlas, eso no cambiara nada en mi, pero como te veo decidido a no rendirte —subí mi mano por su cuello. Si el quería seducirme, no lo lograría porque yo lo haría primero, le sonreí contemplando sus hermosos ojos —una noche —dije y el pareció comprender.
—Haré que sean más —sonreí y negué.
—Tienes mucha confianza en ti mismo, pero solo será una —el me tomo por la cintura, en un agarre fuerte y posesivo qué me gustó.
—Ya lo veremos —dijo antes de apoderarse de mi boca, aquel beso sellaría algo nuevo, algo desconocido, algo lleno de muchos secretos, muchas cosas que me llevarían a un lugar sin salida o más bien la salida sería dolorosa y mucho…
Tres meses después
Mi móvil suena con insistencia, me remuevo en la cama y siento su brazo fuerte en mi cintura y sus piernas enredadas con las mías, sonrió con los ojos aun cerrados, no me quiero levantar aun, pero el dichoso sonido del móvil me obliga a abrir mis ojos, abro mis ojos y reniego. No se que hora es y no me interesa, pero quiero saber quien me molesta tanto. Me alejo de su cuerpo e inmediatamente siento un frío y la falta de su toque en mi piel desnuda, lo escucho gruñir.
—Ven aquí —pide adormilado.
—Guarda silencio— le digo mientras tomo el móvil y respondo sin mirar a la pantalla.
—Señorita Vanna, disculpe si la molesto, pero es algo importante, sobre el proyecto del señor Johnson —todo el sueño que sentía se me fue de golpe, me enderece sobre la cama, me cubrí los pechos con la sábana como si alguien pudiera verme.
—Dime Leila, hay algún problema —ella se mantuvo en silencio —¡Habla, Leila!.
—Parte de la construcción colapso hace algunos momentos, es por eso que llamo —me informo, deje de escucharla, esto no podía ser… esto no podía estar pasando…