Christian.
Nunca pensé que una mujer tan hermosa tuviera tantos problemas, primero la vi defenderse como una fiera cuando un joven le dio tremenda nalgada, bueno... si yo fuera joven también le hubiera dado una nalgada con un ligero apretón de nalgas, tampoco estoy tan viejo, apenas tengo 28 años pero mi honor no me permite hacer ese tipo de cosas con una señorita como lo es Emma Pierce, con prostitutas si me doy el lujo de sacar el animal que llevo dentro, pero aun así no he encontrado a la mujer con la que realmente me muestre tal y como soy. Retomando el tema de la bella Emma, después del acontecimiento de la mañana le siguió el otro problema de su ex suegra, pude escuchar toda la conversación gracias a que iba caminando cerca de su oficina y simplemente me quedé a escuchar todo, no podía creer que esa mujer estuviera pidiéndole a Emma que regresará con su hijo, eso era algo demasiado vergonzoso. Pude observar demasiado bien las bofetadas que ambas se dieron, pero lo mejor fue cuando Emma abofeteó tan fuerte a esa mujer que hasta la hizo caer, una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver aquella escena, sí que Emma era una mujer de carácter fuerte.
Y bueno... para coronar todo aquello se me ocurrió la brillante idea de entrar y ver en el estado en el que se encontraba Emma, sin quererlo puse mis manos en su pequeña cintura, ¡oh Dios! era tan pequeña que mis manos la rodearon por completo, sentir su cuerpo tan cerca del mío me provocó sensaciones que jamás había experimentado, me gustó estar tan cerca de su cuerpo y mirar sus hermosos ojos verdes. Me puse demasiado celoso cuando ese maldito hombre le dijo "hermosa", bueno era una mujer hermosa pero no tenía el derecho de hablarle de esa manera, además era un hombre despreciable, no me gustaba para nada su forma de ser, pensando en todo aquello subí a mi habitación y me coloque un pantalón de deportes y una camiseta sin mangas, salí de la habitación y me dirigí al gimnasio del hotel, comencé a realizar mi rutina, poco a poco mis músculos se tensaban y el sudor baño completamente mi cuerpo, algunas chicas me miraban con algo de deseo, no le tome importancia. Salí completamente sudado del gimnasio, me coloque una sudadera color blanco mientras el elevador subía al piso de mi recamara. Ordene un poco de comida mientras me recostaba en la cama, minutos después un hombre de servicio entraba a mi habitación para dejar la comida que ordene y antes de que se marchará le pedí que me trajera varias bolsas de hielos, el hombre me miro algo desconcertado pero obedeció mi orden, disfrute de la comida y antes de terminar de comer, el joven de servicio volvió a tocar mi puerta para depositar las cinco bolsas de hielo que le había pedido hace varios minutos atrás. Comencé a quitarme toda la ropa y tomé las bolsas de hielo para llevarlas al baño y depositar todos los cubos de hielo en la gran tina que se encontraba en la mitad de aquel enorme baño, abrí la llave de la tina, dejando que el agua la llenara por completo. Camine de nuevo a la habitación y encendí el reproductor de música, al instante se escuchó música electrónica, subí todo el volumen para después caminar al baño y meterme a la bañera. Relaje mi cuerpo, sentir aquella agua helada me recordaba gran parte de mi vida, realmente estaba disfrutando ese baño. No sé por cuántas horas permanecí en la tina, pero de pronto percibí un aroma que conocía muy bien era tan exquisito que abrí los ojos y me encontré con el rostro de Emma frente a mí, me miraba con esos hermosos ojos verdes, estaba nerviosa.
—Perdón señor Jones, tuve que entrar a su habitación— me miró un poco apenada — Estaba tocando su puerta pero usted no respondió.
—No se preocupe—me acaricie el pecho—¿En qué puedo ayudarle?.
—Una mujer está en la recepción, quiere verlo, pero no dijo su nombre y por políticas del hotel no puedo dejarla subir a su habitación hasta que usted vea quien es— miraba mis piernas.
—¿Es una mujer?-pregunté mientras me ponía de pie frente a Emma.
—Si... una... una... mujer — miró mi pene y abrió demasiado los ojos— Lo espero en su recamara.
Inmediatamente salió del baño casi corriendo, quería reírme de su aspecto pero no podía, coloque una toalla en mi cintura, sabía muy bien que mi m*****o era demasiado grande, era obvio que fuera enorme por el simple hecho que yo era un hombre de 2.10 centímetros, todo en mi cuerpo era grande. Salí del baño y mire a la señorita Pierce de pie frente a la cama, camine en dirección al reproductor y baje el volumen de la música, enseguida me coloque cerca de la señorita Pierce y pude percibir su delicioso perfume.
—Esta es la mujer que está preguntando por usted— me mostró la foto de las cámaras de seguridad.
—Mmh — mi mandíbula se tensó demasiado.
—¿Quiere que suba a su habitación?- preguntó mirándome.
—No— dije en un tono cortante— Prefiero que me espere en recepción.
—Como usted diga— camino hacia la puerta—Una vez más le pido una disculpa por entrar a su habitación.
—No se preocupe.
Enseguida que se marchó Emma, comencé a cambiarme, me puse un traje color n***o, era demasiado ajustado, se podría decir que se amoldaba perfectamente a mi cuerpo, también me coloque una camisa negra, deje varios botones desabrochados, por ultimo me coloque unos zapatos negros muy bien lustrados, tomé mis trenzas africanas en una coleta, me coloqué perfume y mi reloj acompañado de varios anillos, salí de la habitación y subí al elevador, inmediatamente me encontraba en recepción, mire a Emma en la entrada del hotel, estaba tan hermosa como siempre, al instante gire mi rostro para encontrarme a Camila en la recepción esperándome, tomé un poco de aire para después detenerme frente a ella.
—¿Qué quieres? —dije con odio.
—Necesito hablar contigo — dijo levantando la cabeza para mirarme.
—No quiero que me busques más, ¿Entiendes? —la fulmine con la mirada.
—Por favor, Christian déjame hablar contigo — intento acariciar mi rostro pero gire mi cabeza.
—¿Ahora que mierda quieres, Camila? —dije demasiado enojado.
—¿Podemos hablar en otro lugar?.
Enseguida comencé a caminar para salir del hotel, Camila intentaba seguirme el paso, cuando salí del hotel tomé mi celular para pedir un uber, enseguida llegó a recogernos, nos llevó a un restaurante cercano. Entramos al restaurante y tomé asiento frente a Camila, la mire con demasiado resentimiento y enojo.
—¿Que mierda quieres? —cerré con fuerza mis puños.
—Christian, por favor —sus ojos eran de súplica.
—¿Cómo me encontraste?.
—Te vi en el antro de Manuel y te seguí — levantó una ceja.
—Mmh...¿Y luego? —dije sin interés.
—Christian, te extraño tanto.
—No me vengas con pendejadas— di un fuerte golpe en la mesa— ¿Qué quieres?.
—Te diré la verdad, mi padre está apunto de perderlo todo, tu padre se encargó de llevarlo a la ruina— dijo tristemente.
—Se lo merece —mire a la ventana—Tu padre es una mierda, trafica con mujeres, así que se merece lo que le está pasando.
—¡No digas eso, Christian! —gritó con fuerza —Tu también eres un mafioso.
—No se me olvida que soy un mafioso que trafica con drogas— hice un gesto de burla en mi rostro.
—Necesito de tu ayuda, Christian.
—No cuentes conmigo Camila, busca a alguien más — intente ponerme de pie pero Camila tomó mi brazo.
—Hazlo por lo que tuvimos en el pasado.
—No me recuerdes el maldito pasado— bufé del coraje— Tú más que nadie sabes que nuestro pasado fue una mierda.
—No digas eso.
—¡¿Qué?! — grite — Te recuerdo que abortaste a mi hijo, además de que hiciste que me enamorara de ti solamente para quitarme mi dinero.
—Era muy joven Christian, tienes que comprender — sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Joven?, no me digas estupideces, tú ya tenías 27 años cuando te conocí, yo apenas tenía 21 años, ¡maldita sea Camila!, ya eras una mujer — la miré con desprecio.
—Olvida eso, y dime si me ayudaras.
—Jamás te voy a ayudar, para mí no vales nada. Tú y tu padre se pueden ir al mismo infierno — me puse de pie y camine para salir del restaurante.
—¡Me las vas a pagar, Christian! — grito.
—Jamás me amaneces, maldita mujer de mierda — la sujete fuertemente del brazo mientras con la otra mano sujetaba su cuello.
—Jamás vas a ser feliz, Christian.
—No deseo ser feliz, así que puedes irte a la chingada, Camila.
—¡Eres un maldito!.
—Tú eres una maldita zorra —la solté con brusquedad.
Salí del restaurante y comencé a caminar, estaba realmente enojado, necesitaba asesinar a alguien para calmarme, no podía creer que esa maldita zorra me buscó para pedirme ayuda, ¿acaso olvidó todo lo que me hizo? ¿Olvidó que asesinó a mi hijo? ¿Olvidó que me enamoró y después me tiro a la basura? ¡Maldita sea la hora en la que la conocí!, aborrezco tanto a esa mujer, me provoca tanto asco, que a veces pienso que fue lo mejor que mi hijo no naciera, hubiera sido un niño demasiado infeliz, seguí sumergido en mis pensamientos. En toda mi vida de asesino jamás había deseado la muerte de una persona como deseo la muerte de Camila, ella era la única persona que no se merecía vivir, era un ser despreciable. Me alegro saber que mi padre se encargó de destruir toda su fortuna del padre de Camila, bien merecido se lo tiene ese maldito perro.
Cuando llegué al hotel subí rápidamente a mi habitación, me quite toda la ropa y me metí a la cama, cerré mis ojos para poder dormir, no quería pensar en nada más, pero un extraño recuerdo se apoderó de mi mente, el hermoso rostro de Emma se dibujó en mis pensamientos, me sentí demasiado relajado y sin pensarlo el sueño y el cansancio se apoderó de mí, sumergiéndome en un profundo sueño.