Emma.
Por la mañana me metí a bañar, salí del baño y me coloque un vestido azul marino, tenía un escote en forma de corazón, los hombros estaban descubiertos, era ajustado hasta la cintura, después de la cintura era un poco holgado, me llegaba a media pierna, me coloque unas zapatilla del mismo color del vestido, me maquille y me peine en una coleta de caballo, rice un poco las puntas, después de colocar algunos accesorios, salí de la habitación y subí al elevador, baje hasta recepción y comencé a organizar algunos documentos.
—Buenos días, señorita Pierce — me dijo con alegría una de las chicas de recepción.
—Buenos días a todos, me alegro de verlos—sonreí.
Estaba demasiado ocupada con los documentos que ni siquiera me percate de las personas que se encontraban a mi alrededor, de pronto sentí una fuerte nalgada en mi glúteo derecho, la piel me ardía un poco, seguido de eso escuché la risa de un caballero, gire mi cuerpo al instante y le di una fuerte bofetada en la mejilla al culpable de aquel acto.
—¡¿Que mierda te sucede imbécil?! — grite mientras le daba otra bofetada en la otra mejilla.
—Te caes de buena, hermosa — dijo burlonamente.
—¡No tienes ningún derecho a tocarme! — dije con demasiado odio.
—Cálmate un poco, zorrita —me miró con unos enormes ojos —¿Acaso no sabes quién soy yo?.
—¡No! —dije con fuerza— Y no me interesa saberlo.
—Mira, perrita de esquina — me apuntó con uno de sus asquerosos dedos—Mi nombre es Edwin, soy un importante rapero.
—No me importa quien seas tú, eso no te da el derecho de faltarme al respeto.
—Ya te dije que te calmes, además debes de ser una gata más en este hotel — levantó sus dos cejas.
—¡Mira, mocoso de quinta! —lo mire de arriba abajo —Soy la señora Pierce, y para tu sorpresa soy la dueña de este hotel.
—Sigue soñando querida —comenzó a reírse.
—Armando, ¿te puedes encargar de esta persona por favor? —mire a Armando quien ya se encontraba junto a mí con alguno de sus hombres.
—Espera un momento —dijo el joven antes de que lo sacaran del hotel—No fue mi intención faltarte el respeto, lo siento.
—En esta vida no existen las segundas oportunidades —dije mirándolo a los ojos —Armando, sácalo de aquí, por favor.
Enseguida gire mi cuerpo para darle la espalda al joven, camine un poco cuando de pronto sentí la mirada de alguien, gire mi cabeza a la derecha y vi al señor Jones mirándome con esa mirada fría y calculadora, inmediatamente agache la cabeza y seguí caminando, abrí la puerta de mi oficina y me deje caer en la silla frente a mi escritorio, tomé aire y acaricie mi cabello, estaba apuntó de comenzar a trabajar cuando escucho a Erick entrar a toda velocidad a mi oficina.
—¿Que te sucede? — le pregunté con un poco de molestia.
—Tu ex suegra está afuera de tu oficina, quiere hablar contigo —me dijo con un poco de preocupación.
¿Es enserio?, tenía que soportar otro maldito problema, comencé el día de la peor manera y ahora esto... la madre de Héctor estaba preguntando por mí, ¿Que mierda quiere esa despreciable señora?, en verdad que era un fastidio su presencia, no le dije nada a Erick pero con un solo movimiento de mi cabeza le indique que la dejara entrar, acto seguido observe cómo entraba a la oficina una mujer con sobrepeso y un estilo demasiado grotesco para mi gusto.
—¿En qué le puedo ayudar señora? —le dije mientras me ponía de pie.
—¡No puedes dejar a mi hijo, Emma! — comenzó a gritarme.
—Señora por favor, su hijo jamás sintió nada por mí — dije molesta.
—Eso no importa, el necesita de ti en estos momentos— comenzó a mover sus manos.
—No pienso ayudarlo en nada, usted ayude a su hijo — dije con molestia.
—¡Eres una maldita ramera! — al instante me dio una fuerte bofetada en la mejilla.
Al instante que sentí el golpe mi cuerpo reaccionó, le devolví la bofetada con más fuerza que hasta hice que la señora se sentara de golpe en el sillón.
—¡No vuelva a ponerme una mano encima maldita bruja! —le grité con demasiado enojo.
—Te juro que te vas arrepentir de esto — se intentó poner de pie.
—No me amenace, ni siquiera sabe con quién se está metiendo — mi respiración era agitada.
—Te juro Emma, que lo vas a pagar con sangre — me dijo al salir de la oficina.
Me quedé de pie en medio de mi oficina, cerré los ojos mientras me acariciaba la mejilla, sentí unas manos en mi cintura, gire con rapidez mi cuerpo y me encontré con el rostro del señor Jones, inmediatamente me alejé de él, mis manos comenzaron a temblar, lo mire directamente a los ojos.
—Yo... Solo vine a ver si necesitabas algo— me miró directamente a los ojos — ¿Se encuentra bien, señorita Pierce?.
—Si... creo que si estoy bien—dije un poco avergonzada.
—Déjame ver —puso su enorme mano en mi barbilla, movió mi cabeza para después fruncir el ceño — Espéreme aquí, en unos minutos regresó.
Sin decir ni una sola palabra me senté en el sillón, mire al señor Jones salir de mi oficina con demasiada tranquilidad, ese hombre sí que me ponía demasiado nerviosa, se suponía que el señor Jones era gay ¿no?, o... ¿estaba confundida?, la verdad no sé qué creer pero eso no me importaba en estos momentos, lo que deseaba a gritos es que alguien se preocupara por mí aunque fuera por unos minutos, escuche que la puerta de mi oficina se cerró, levante la mirada para ver al señor Jones caminar en mi dirección con una bolsa llena de hielo.
—Esto ayudará a desinflamar el golpe — se puso en cuclillas frente a mí.
—Gracias —baje la mirada.
—Sí que sabes defenderte —miró mis labios.
—Pues me hubiera gustado darle una paliza a esa bruja pero no quiero ir a prisión por maltratar a viejitas — reí un poco.
—Puede que con la paliza se arregle todo el problema— su tono de voz era demasiado serio.
—No sé porque me siguen tanto los problemas — cerré mis ojos.
—Todos tenemos problemas — dijo con seguridad.
Estar tan cerca del Señor Jones me provocaba cosas demasiado agradables en mi cuerpo, ni hablar de los sentimientos, esos sí que estaban al mil por hora. Mire con más detenimiento su rostro, realmente era muy hermoso, era tan guapo que no podía dejar de mirarlo, no tenía rastro de ninguna imperfección, su piel parecía de porcelana, sus ricos labios se veían tan suaves que me dieron ganas de besarlo, espera... ¿Qué mierda estoy penando? Seguramente él tenía novia o novio, no podía dejarme llevar por mis instintos, mire en otra dirección, sentía la mirada penetrante del señor Jones.
—Hermosa, ¿Estas bien? —dijo casi gritando Omar cuando entró a la oficina.
—Sí, no te preocupes —mire al señor Jones —El señor Jones me trajo hielo para el golpe.
—Muchas gracias —dijo Omar mientras lo miraba de pies a cabeza —Soy Omar Lombardo, mucho gusto, ¿Usted es?.
—Christian Jones Lara— dijo mientras se ponía de pie frente a Omar.
Cuando Christian se puso de pie pude observar que era enorme en tamaño y altura en comparación a Omar, quien se veía demasiado diminuto, bueno no es que Omar fuera bajito, simplemente que era delgado y el señor Jones era todo un hombre musculoso.
—Gracias por ayudar a Emma — dijo Omar mirando a Christian
—No fue nada — el señor Jones tenso la mandíbula.
—¿A que debo tu visita, Omar? —dije mientras me ponía de pie.
—Ya tengo los documentos para tu divorcio —metió sus manos a los bolsillo.
—Creo que debo irme —dijo el señor Jones mientras miraba su reloj.
—Muchas gracias señor Jones, gracias... por todo —le sujeté la mano con suavidad para acariciarla un poco.
—Un gusto conocerlo señor Lombardo —miró a Omar para después salir de la oficina.
—¿Es un poco raro el señor Jones? —levantó ambas cejas.
—Yo no lo veo raro — dije con molestia.
—Además es musculoso y que decir de su altura — miró al techo — Es muy alto.
—Es un hombre perfecto para una mujer —camine un poco.
—Bueno dejemos ese tema para otra ocasión —me abrazo un poco —Ya tengo los documentos para que puedas gozar de tu soltería.
—Eso sí que es una buena noticia.
—El abogado de tu esposo se puso en contacto conmigo, ambos estamos de acuerdo en los puntos a tratar en el divorcio.
—¿Cuándo podré firmar los papeles?- dije sin mucho interés.
—Aproximadamente la próxima semana.
—Eso está genial, muchas gracias, Omar.
—No tienes que agradecerme nada— me dio un ligero beso en la mejilla —Qué te parece si vamos a comer algo.
—Sí, muero de hambre— sonreí de oreja a oreja.
Ambos salimos del hotel para subir a su auto y trasladarnos hasta un lujoso restaurante, donde disfrutamos de una rica comida acompañada de una larga charla. La compañía de Omar era agradable, era un hombre muy tranquilo en todos los sentidos, además era uno de los hombres más codiciados del país, varias de las hijas de importantes empresarios andaban tras sus huesos, pero ese no era mi caso, yo solo podía verlo como amigo y nada más, en estos momentos de mi vida no necesitaba estar con alguien, tenía que arreglar demasiados problemas antes de pensar en una nueva relación de pareja.