Capítulo 3

2809 Words
Me encontraba en la recepción del hotel cuando el señor Hernández se acercó a mí con sus dos hijas, me tomo de sorpresa mirarlo por estos rumbos, tenía mucho tiempo que no se hospedaba en alguna habitación, sonreí al mirarlo para después saludarlo con un beso en la mejilla. —Señor Hernández, que gusto verlo por aquí —dije con alegría. —Siempre es un honor mirar tu hermoso rostro Emma— sonrió mientras tomaba mi brazo. —¿En qué puedo ayudarlo? —fruncí en ceño. —Tengo un problema con uno de tus clientes — miro en dirección al señor Jones quien estaba de pie cerca del elevador- —El hombre que está de pie esperando el elevador no ha dejado de mirar a mis hijas desde que llegamos al hotel. —Señor Hernández entiendo perfectamente su disgusto, pero debe de entender que la vista es algo natural —dije con algo de molestia. —Si lo sé, pero no me gusta que mire a mis hijas —comenzó a molestarse. —El señor Jones al igual que usted está pagando su habitación, así que no puedo hacer nada para ayudarlo señor Hernández. —Emma por favor haz algo, mis hijas están como animales detrás de ese hombre— me sujeto con fuerza del brazo. —Cálmese señor Hernández, no les sucederá nada a sus hijas— respondí mirando a las dos hijas del hombre— Le aseguro que cualquier mujer estaría demasiado feliz al saber que un hombre como el señor Jones se fije en ellas. —No lo sé, estaré al pendiente de mis hijas —dijo mientras caminaba en dirección a sus hijas para salir del hotel. Suspiré profundo antes de girar mi cuerpo para caminar a mi oficina, el señor Jones aún se encontraba de pie frente al elevador, pasé a su lado demasiado lento, quería oler su rico perfume, al instante que mi nariz percibió su aroma una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo, me sentía tan bien estando cerca del señor Jones, no entendía porque me sentía tan protegida con su presencia, tal vez sería el simple hecho que varias veces intervino en problemas del hotel, no lo sé... pero quería conocerlo un poco más. Moví mi cabeza para que esos pensamientos salieran de mi mente, sabía perfectamente que él señor Jones no quería ningún compromiso, me lo dijo el día que lo invite a cenar que por cierto no aceptó mi invitación. Seguí caminando hasta llegar a mi oficina, me detuve en la puerta y mire en dirección al señor Jones, él me observaba con una mirada demasiado fría casi calculadora, desvíe la mirada un poco y abrí la puerta, me recargue en un muro y cubrí mi rostro con mis manos, mi cuerpo temblaba un poco. Erick entró a mi oficina y me abrazo. —¿Qué pasa, nena? — me susurro al oído. —Estoy muy nerviosa —suspiré. —Sé que en estos momentos tienes muchos problemas con lo de tu divorcio— sujeto mis manos—Es por eso que te voy a invitar a un antro. —No Erick, en estos momentos no estoy de humor—dije con un poco de enojo. —¡No espero una respuesta negativa de tu parte!— gritó con su voz aguda — Además es un antro gay, no tienes de qué preocuparte. —Pensé que me estabas invitando para poder fornicar con un hombre —reí de mis palabras. —Eso es lo que más necesitas, pero en estos momentos solo necesitas distraerte un poco. —Está bien, ¿a qué hora? — rodé los ojos. —A las nueve, nena —se dibujó una enorme sonrisa en su rostro. —OK. Observe salir a Erick de la oficina, tomé asiento en una silla y comencé a trabajar en todos los documentos pendientes que tenía, poco a poco el trabajo fue disminuyendo, pase toda la tarde en mi oficina que ni siquiera me di cuenta que ya casi era la hora de verme con Erick. Tomé mis pertenecías y corrí al elevador para subir a mi habitación, rápidamente abrí la puerta para correr al baño y darme una ducha. Cuando salí comencé a vestirme, me puse un vestido color rojo demasiado ajustado a mi cuerpo, era de tirantes, me llegaba más arriba de la mitad de las piernas, me coloque unas zapatillas del mismo color, me maquille un tanto natural, rice mi cabello de las puntas para después ponerte unos aretes largos y una hermosa gargantilla, tome un bolso color n***o y salí de la habitación. Estando dentro del elevador mire el celular y estaba justo a la hora que acorde con Erick. Mire a Erick en la entrada del hotel, me miró con una enorme sonrisa. —Te ves perrísima— me tomó de la mano. —Gracias— sonreí. —Bueno, pues vámonos—caminamos los dos juntos fuera del hotel—Iremos en mi auto. —Vale. Ambos subimos a su auto, Erick lo puso en marcha para salir en dirección al antro, el trayecto fue un poco largo, escuchábamos un poco de música mientras llegábamos a nuestro destino. La enorme entrada de aquel centro nocturno se miraba demasiado hermosa, se podía escuchar la música desde afuera, cuando entramos había demasiadas personas bailando y disfrutando de la noche, Erick y yo tomamos asiento en una de las mesas que se encontraban cerca de la barra. —Voy por unos tragos, en un momento regresó — Erick casi corrió a la barra. Mire a mi alrededor, había chicos y chicas por todas partes, algunos se besaban y otros casi estaban teniendo sexo sobre la ropa, gire mi rostro a la derecha y observe al señor Jones subir a uno de los sitios vip del antro, lo seguí con la mirada, se veía tan sexy, traía un pantalón color n***o con una camisa del mismo color, su chaqueta de piel le daba un aire de rudeza, no le quite la vista ni un segundo, un hombre se acercó a él y le dio un beso en la mejilla, el señor Jones le dio varias palmadas en la espalda para después sentarse en un enorme sillón junto a varias chicas. No podía creer que el señor Jones fuera gay, ¿estaría saliendo con alguien? ¿Esa sería la razón por la que rechazó mi invitación a cenar? ¡Carajo!, que tristeza saber que aquel hombre tan hermoso y sexy no le gustaban las mujeres, me puse un poco triste, jamás pensé que tuviera tanta mala suerte. De pronto sentí como alguien sujeto mi brazo, gire rápidamente para darme cuenta que Erick casi me arrastró a la pista para comenzar a bailar. Christian. Cuando llegué al antro la música se escuchaba desde afuera, sabía perfectamente que está noche la pasaría acompañado de alguna hermosa chica. Camine a toda velocidad para llegar hasta donde mi amigo Manuel se encontraba, me gustaba mucho reunirme con él cada vez que venía a México, se convirtió en un buen amigo desde que adquirió mi antigua casa de la playa. Manuel se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, sabía perfectamente que él era homosexual, no le importaban sus preferencias sexuales, para mí él era igual a todos los demás. Tomé asiento junto a unas bellas señoritas, quienes comenzaron a acariciarme y hacerme mimos. —Me encanta verte de nuevo, Christian— Manuel me miraba a los ojos. —Lo mismo digo Manuel— comencé a besar a una de las chicas. —Cálmate un poco — sonrió con picardía. —No me digas nada —dije un poco molesto — ¿Cómo van los negocios?. —Muy bien, de hecho están mejorando. —Me alegro mucho por ti. Me puse de pie y camine hacia el barandal, mire a las personas bailando en la pista y entonces la vi... esa mujer siempre está en todos los lugares a donde voy, bueno no es que me esté siguiendo, pero es algo extraño. Siempre la encuentro en cualquier parte del hotel, se perfectamente que ella es la dueña pero es mucha coincidencia encontrarnos por los pasillos. Es una mujer demasiado hermosa y con un carácter fuerte, me gusta la forma en la que me mira con esos bellos ojos verdes, tenía un cuerpo demasiado antojable por no decir riquísimo. Tiene los senos grandes, no al grado de ser vulgar, de esos senos que son redondos y firmes, sus glúteos son grandes y demasiado bien formados, sus piernas de igual modo son grandes, sus caderas eran perfectas, su cintura... ¡maldita sea! esa cintura me atraía tanto, me encantaba la forma. Su espalda y brazos eran delgados y pequeños, > si su cuerpo era perfecto su rostro era el de una mismísima diosa, tenía unos ojos preciosos, con unas enormes pestañas rizadas, su nariz era recta y pequeña, sus labios eran carnosos en forma de corazón, su boca pequeña como el de una muñeca, su cabello era color n***o, un n***o tan intenso que se parecía al color de mi alma, realmente era hermosa. La mire moviendo sus hermosas caderas, se veía tan sexy con ese vestido rojo, estaba seguro que podía hacerle el amor sin ni siquiera quitárselo. Me gustaba mucho la señorita Pierce, me encantaba mirar la forma en la que la ponía nerviosa, me agradaba tanto mirarla por las mañanas, oler el exquisito aroma de su perfume. —¿Te gusta? —Manuel me miró con una sonrisa. —Un poco — dije sin mucho interés. —¿Un poco? —sonrió de lado —Me parece que te gusta demasiado. —Sabes perfectamente que no soy un hombre que se enamora de una mujer. —Jamás digas nunca — se burló un poco de mí. —Si lo que digas Manuel — le conteste un poco molesto —¿Dónde están las chicas?. —Esperándote en la habitación— levantó las cejas. —En un momento regresó—comencé a caminar. —Tomate tu tiempo. Seguí caminando por un largo pasillo hasta que encontré una puerta y la abrí para entrar a la habitación, dos hermosas mujeres me esperaban en la cama completamente desnudas. Inmediatamente que me vieron entrar se pusieron de pie y comenzaron a besarme el cuello, poco a poco me despojaron de mi ropa dejándome completamente desnudo, saqué un condón de mi chaqueta y lo coloque en mi m*****o erecto, enseguida comencé con el placer, una de las chicas comenzó hacerme sexo oral mientras que acariciaba los glúteos de la otra acompañante, al poco tiempo ambas se recostaron en la cama, comencé a penetrar a una de ellas, acariciaba sus senos, escuchaba sus gemidos, por otra parte la otra chica se masturbaba con sus manos, después de muchos minutos hice venirse a la chica a la que estaba penetrando, sin descansar tome a la otra mujer y la puse en posición de perrito, inmediatamente la penetre con intensidad, le daba nalgadas con demasiada fuerza, la otra chica me besaba el cuello y recorría mi cuerpo con sus manos, después de casi una hora de sexo, por fin tuve un largo y placentero orgasmo, mi cuerpo estaba bañado en sudor, una de las chicas me quito el condón y siguió jalando mi pene para que nuevamente tuviera un orgasmo, esta vez eyacule en los rostros de ambas mujeres, observe como se tragaba mi semen caliente. Sin cruzar ni una palabra, tomé mi ropa y camine al baño, cerré la puerta detrás de mí y abrí la llave de la regadera, me di un largo baño con agua fría, seque mi cuerpo con una toalla para después vestirme. Observe a las dos chicas dormidas en la cama, sentí demasiada satisfacción al saber que habían quedado demasiado satisfechas, salí de la habitación y camine hacia donde se encontraba Manuel. —Sí que tienes pila para rato— comenzó a reírse. —Jamás estoy satisfecho — me recargue en el barandal. —Tu chica de cabello n***o no ha parado de bailar con su acompañante— miró en dirección a Emma. —Es su asistente del hotel— conteste cortante. —¿Quieres un trago?. —Claro que si — sonreí de lado. Comenzamos a beber, charlamos de algunos negocios, sin darme cuenta no se escuchó la música del antro, la noche de fiesta se acabó dejando un silencio espectral, mire en dirección a la pista de baile y no observe a ninguna persona. —Manuel, fue un placer verte, tengo que irme—dije mientras me ponía de pie. —Lo mismo digo, Christian—me dio un fuerte abrazo—Te vas con cuidado. —Gracias, espero verte pronto— comencé a bajar las escaleras. Camine en dirección a la salida del establecimiento y busque mi moto deportiva, me coloque el casco y encendí la moto. Las calles estaban vacías, se disfrutaba de una fría noche, mientras me concentraba en manejar de regreso al hotel observe a una mujer caminando por la calle, disminuí la velocidad y entonces pude ver que era Emma quien caminaba sola por la calle, me acerque a ella haciendo mi motor rugir. —Hola señorita Pierce— levante la mica del casco y la mire a los ojos— No creo que sea seguro que usted esté caminando sola por la noche. —Señor Jones, que gusto verlo— sonrió un poco. —¿Se dirige al hotel? —observe sus piernas— Puedo llevarla. —No es necesario, puedo caminar, gracias señor Jones— se puso un poco nerviosa. —No la dejaré sola —apague la moto y me baje de ella. Ambos estábamos frente a frente, la observe con más detenimiento y en verdad que era una mujer demasiado hermosa, pude confirmar que era una chica alta, a pesar de que traía unos enormes tacones podía asegurar que su altura normal era de 1.70 centímetros. Dirigí mi vista a un grupo de hombres que se dirigían hacia nosotros, tomé con suavidad el brazo de la señorita Pierce y gire su cuerpo para que se quedara detrás de mí, me quité el casco y se lo coloque a la señorita Pierce. —Es momento de irnos— la tomé de la mano. —No creo que sea buena idea subirme a su moto con este vestido tan pequeño— se sonrojo un poco. —Eso no importa en estos momentos— subí a la moto—Si nos quedamos un minuto más, esos chicos comenzarán a insultarnos. —Entiendo, señor Jones— subí con cuidado a la moto y se sujetó con fuerza de mi cintura. —Sujétese bien señorita — tome sus manos y la atraje más a mí, sentí sus pechos en mi espalda. Puse en marcha la moto y salí a toda velocidad, por el espejo observe a los chicos mirar a la señorita Pierce, gritaron un par de cosas, me parece que eran piropos, seguramente la vista de su trasero era fenomenal, me encantaría mirar lo rico que se le vería en el asiento de mi moto. Después de varios minutos llegamos al hotel, la señorita Pierce se bajó de la moto, observe que su vestido estaba más arriba dejando ver su linda lencería, al instante bajó su vestido e intentó quitarse el casco, baje de la moto y le entregue las llaves a un joven de servicio, me puse de pie frente a la señorita Pierce y con cuidado le quite el casco, me miró con esos hermosos ojos. —Gracias por traerme señor Jones— sonrió un poco. —No agradezca— levante una ceja—¿Entramos? —Sí, claro. Ambos entramos al hotel, subimos al elevador y esperamos hasta que estuvimos en el piso de nuestras habitaciones, no pude decir ninguna palabra, no quería ilusionar a esa bella mujer, sabía perfectamente que nunca me quedaba por mucho tiempo en un lugar, así que no tenía caso ilusionarla ni lastimar sus sentimientos. —Que descanse, señor Jones —dijo sin mirarme. —Igualmente — entre a mí habitación. Sin encender la luz camine hasta la cama y me recosté en ella, cerré los ojos y solo puede imaginar el hermoso rostro de la señorita Pierce, me encantaba esa mujer, jamás me había sentido así con alguna persona, tenía una enorme necesidad de protegerla. No podía ceder a mis instintos, mis propias reglas me lo impedían, mi trabajo me lo impedía, jamás llegaría a tener una familia por el simple hecho de que era un asesino profesional y en cualquier instante mis instinto de sangre podrían lastimar a los seres que más amo en la vida y realmente deseaba que esa mujer no llegara a ser nada mío, deseaba con todas mis fuerzas alejarme de ella.
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