Capítulo 2

2628 Words
Emma. La tarde transcurrió de lo más normal en el hotel. Me gustaba caminar por los largos pasillos para asegurarme que todo estuviera en orden, mi padre me había heredado un gran patrimonio que tenía que cuidar muy bien para que la fortuna familiar siguiera creciendo. Lo cierto era que siempre estuve al pendiente de todos los negocios que tenía mi padre, jamás se asoció con ninguna persona para construir el gran Hotel de cinco estrellas que poseía, no le gustaba tener socios. Después de que mis padres murieron, tuve que hacerme cargo de todo. —¡Nena! — grito Erick mientras caminaba en mi dirección —¿Que sucedió con el señor Jones?. —Pues nada... solo me pidió que el servicio a la habitación entrará después de las nueve de la mañana —Respondí casi sin ganas. —Se cae de bueno el condenado —se mordió los labios. —Te pasas Erick, no tienes piedad de nadie — comencé a reírme. —Por favor Emma, no me digas que no te gustó— cerró un poco los ojos. —Claro que sí me gusto, es un hombre demasiado atractivo. —Si yo estuviera en tu lugar ya estaría fornicando con él. —No creo que eso suceda— sonreí. —Bueno, en fin — movió sus manos — ¿Que sucedió con el imbécil de tu marido?. —Le pedí el divorcio y lo corrí de mi casa. —Por fin, gracias al cielo —brinco de alegría— Esa sí que es una buena noticia. —Necesitaba dar ese gran paso en mi vida, además ya no lo amo, necesito a alguien especial— suspiré. —Exacto, hermosa. —Creo que hoy me quedaré en el hotel, no quiero ir a mi casa y ver que mi ex esposo. Aún no se ha largado — dije con desprecio. —Esa sería una buena idea. —Erick, necesito que llames a la boutique de Amanda y le encargues un poco de ropa, por favor— dije mientras abría la puerta de mi oficina. —Claro que si hermosa, en un segundo hablo con ella— me sonrió de oreja a oreja —¿Necesitas algo más?. —No, muchas gracias. Me deje caer en la silla, me recosté un poco y cerré mis ojos, me sentía liberada y tranquila, sabía perfectamente que dejar a mi esposo era lo mejor, jamás imagine que mi matrimonio fuera todo una farsa, recuerdo el día que me case con él, fue una ceremonia demasiado sencilla sin muchos invitados, no sé porque diablos me case con un hombre de 40 años y además viudo y con dos hijos, ¿En qué carajos estaba pensando?, no sé qué me paso por la mente cuando tomé esa decisión, me dolió mucho recordar mi luna de miel, la primer noche de bodas Héctor ni siquiera me hizo el amor, parecía que éramos personas desconocidas, fue hasta mucho después que tuvimos relaciones sexuales. Yo era virgen y mi ex esposo solo me penetro por menos de 5 minutos y ni siquiera sentí nada, esa fue la primera vez, la segunda vez que tuvimos sexo fue porque Héctor tomó de más en una reunión, bueno a eso no se le puede llamar sexo, ni siquiera sentía placer ni un poco de cosquillas, después de esas dos veces jamás volvimos a tener relaciones, no me sentía feliz con mi matrimonio, algo me faltaba y hoy comprendí lo que era, me faltaba amor y pasión. Algo que jamás encontraría en Héctor. Abrí despacio mis ojos y enfrente de mí se encontraba Omar, me sobresalte un poco al verlo mirarme con una enorme sonrisa. —Hola hermosa, siento mucho haberte asustado —me miro a los ojos. —Hola Omar, no te preocupes estaba pensando — me puse de pie y camine hasta el para abrazarlo. —Me llamo Erick, me dijo que necesitabas de mi ayuda. —Si Omar —ambos tomamos asiento —Quiero que tramites cuanto antes mi divorcio. —¿Es en serio? — sus ojos se abrieron mucho al escuchar mis palabras. —Sí. - sonreí. —Claro que sí Emma, sabes que estoy para ayudarte en todo lo que necesites. —Te lo agradezco demasiado. Después de charlar un par de horas, Omar salió de mi oficina. Nuevamente me quedé completamente sola, esta vez pensé en lo atractivo que era Omar, jamás lo había mirado con tanto detenimiento, era un hombre alto, aproximadamente de 1.90 centímetros, piel bronceada, era delgado con cabello color n***o, sus ojos eran oscuros, su boca era pequeña con labios gruesos, su nariz era cuadrada pero bien definida. Sí que era atractivo. Es un buen hombre en toda la extensión de la palabra, me agrada saber que cuento con él para todo lo que necesite. Las horas pasaron demasiado rápido, sin darme cuenta ya eran las 11 de la noche, ordene todos los documentos que tenía sobre mi escritorio y salí de la oficina. En el pasillo me encontré a Erick quien me dio varias bolsas con ropa, ambos nos despedimos con un beso en la mejilla, camine en dirección al elevador, presione el botón del último piso. Me detuve frente a la habitación 120, estaba abriendo la puerta cuando escuché que alguien caminaba en mi dirección, gire el rostro para mirar a la persona que se acercaba a mí, mis mejillas se sonrojaron cuando observe al señor Jones caminar con tanta elegancia y sensualidad. —Buenas noches señorita Pierce —me dijo sin mirarme, con una sensual voz. —Buenas noches señor Jones — dije con seguridad. Lo observe entrar a su habitación, >, olvidé que el señor Jones se encontraba en la habitación 121, justamente enfrente de la mía. Me deje caer en la enorme cama, me quite las zapatillas y me metí al baño, me di una larga ducha dejando que el agua recorrerá todo mi cuerpo, a los pocos segundos salí del baño, seque mi cabello y me metí completamente desnuda a la cama, necesitaba disfrutar de mi soltería, cerré los ojos y me quedé dormida. No sé por cuánto tiempo dormí pero unos gritos me despertaron, me puse de pie y busque una bata de seda de color rojo y me la puse, camine a la puerta y salí al pasillo. Varios hombres de seguridad del hotel estaban discutiendo con dos caballeros, me acerque a ellos para saber lo que sucedía. —¿Que sucede? — le dije a uno de los hombres de seguridad. —Señora Pierce, buenas noches —dijo educadamente Armando — Estos jóvenes están drogándose e insultaron a una chica de servicio. —¿Qué es lo que les sucede, jóvenes? — pregunté con un poco de enojo. —Pues andamos al cien— contestó uno con un tono burlón. —No quiero escándalos en este hotel, por favor Armando, sácalos del lugar— ordene. —Si señora, como usted diga —respondió Armando mientras los sujetaba de los hombros. Uno de los chicos forcejeo un poco con el otro guardia de seguridad y le quito su arma, apuntó el arma en mi dirección, no me moví de donde estaba, no sentí ni siquiera miedo, Armando inmediatamente se colocó frente a mí, enseguida mire como la puerta de la habitación del señor Jones se abría. Rodeo el cuello del chico con su brazo, hizo un ligero movimiento para quitarle el arma de las manos y darle un fuerte golpe en la cabeza con la cacha, el chico cayó al suelo desmayado, inmediatamente el señor Jones le quito el cartucho y la desarmo, nos miró a todos con una mirada demasiado fría. —Deben de tener más cuidado al someter a las personas — le dijo a Luis mientras le devolvía su arma. —Gracias señor, nos salvó de una tragedia — respondió Luis. —Solo tengan más cuidado — dijo el señor Jones. —Gracias señor Jones, lamento haberlo despertado con todo este alboroto — le dije mientras caminaba hacia él. —No se preocupe — me miró sin interés. —Señora Pierce ¿Está bien? — Armando se acercó a mí. —Si Armando, no te preocupes —sonreí. Observe como Armando y Luis se llevaban a los dos chicos, me quedé de pie hasta que los vi desaparecer en el elevador, sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal al recordar que solamente traía una bata de seda cubriendo mi cuerpo, mire mis senos y sujete con fuerza la bata, gire mi cuerpo para mirar al señor Jones quien estaba justo de tras de mí. —Gracias por su ayuda— me mordí el labio. —No se preocupe— me dijo demasiado cortante. —Que descanse, señor Jones. —Igualmente—dio un paso atrás para después cerrar la puerta de su habitación. Me quede de pie por unos segundos, después camine a mi habitación y me encerré dentro de ella, nuevamente me metí a la cama. Jamás había conocido a un hombre tan misterioso y sexy a la vez, no sé por qué diablos me atraía ese hermoso y musculoso hombre, ¿por qué se comportaba de esa manera? ¿Será casado?, tal vez sea eso y ama demasiado a su esposa, no lo sé, pero sé que él señor Jones jamás se fijaría en mí, creo que nadie en su sano juicio desearía estar con una mujer como yo. A la mañana siguiente me desperté más tarde de lo común, me metí a bañar y cuando salí del baño me comencé a vestir, me coloque un vestido color n***o de mangas largas con botones desde el escote hasta el final del vestido, era corto, me llegaba a la mitad de las piernas, me mire en el espejo y me agrado demasiado como se observaban mis curvas. Después de vestirme me maquille y dejé mi cabello suelto, me coloque unas hermosas zapatillas doradas, tomé mi bolso y salí de la habitación. Subí al elevador y presione el primer piso. Me encontré al señor Jones frente a mí, traía una sudadera negra con una capucha sobre su cabeza, su cuerpo estaba completamente bañado de sudor, se veía tan sexy. —Buenos días señorita Pierce — dijo casi en un susurro. —Buen día señor Jones —camine lo más rápido posible. Entre rápidamente a mi oficina y suspiré, no podía creer que ese hombre me pusiera demasiado nerviosa, no podía dejar que eso sucediera, ni siquiera lo conocía, no sabía nada de él, pero él maldito cuerpo y la mente me traicionaba. Comencé a realizar todas mis actividades, hice un par de llamadas a algunos clientes y amigos, después de un par de horas Armando tocó la puerta de mi oficina, se observaba demasiado asustado. —Señora Pierce necesito que me acompañe, es muy urgente —dijo con la voz entrecortada. —¿Que sucede? — pregunté con preocupación. —El señor Jones está golpeando a un huésped. —¡¿Que?! —grite. Al instante corrimos los dos para llegar más rápido al lugar, en uno de los jardines principales se encontraban varias personas mirando el espectáculo, cuando estuve frente a todo aquel alboroto no pude creer lo que estaba viendo, el señor Jones tenía sometido a un hombre, lo sujetaba con fuerza de las manos mientras recargaba todo su peso en su espalda. Uno de mis empleados lloraba con demasiada intensidad. —¡Por favor regresen a sus labores!— grite con fuerza para que todas las personas se alejaran del lugar. —¿Que sucedió? — me incline un poco para preguntarle a Mario quien estaba llorando a mares. —Ese hombre... — me señaló al chico que tenía sometido el señor Jones — Me insulto y además de eso me manoseo. —¿Que? —dije demasiado enojada —Por favor Armando encárgate de él. —Si señora —al instante el señor Jones se alejó del hombre y le dio paso a Armando para que él lo sujetará. —No pienso soportar este tipo de actitudes, este hotel es un establecimiento decente — mire al señor Canseco —No sé por qué tomó esa actitud, pero tiene que irse inmediatamente. —¡Solo fue una maldita nalgada! — dijo con fuerza el señor Canseco. —Eso no le da el derecho de insultar al jovencito —dijo el señor Jones. —¡Maldita mujer, eres una ramera! —me miró con odio. —Cuide sus palabras, caballero — inmediatamente el señor Jones tenso la mandíbula. —No quiero verlo por el hotel nunca más — dije con suavidad. —Sácalo de aquí por favor —el señor Jones le dijo a Armando. —Señor Jones me acompaña a mi oficina por favor — le dije con suavidad— También tú, Mario. Los tres caminamos en dirección a mi oficina, abrace a Mario y le extendí un pañuelo para que secara sus lágrimas, el señor Jones caminaba detrás de nosotros, cuando llegamos a mi oficina los tres tomamos asiento en un sillón, el señor Jones se sentó frente a nosotros, mientras que Mario y yo estábamos juntos. —¿Que sucedió Mario?- dije con suavidad mientras sujetaba sus manos. —Me encontraba limpiando los jardines cuando ese hombre comenzó a insultarme, me dijo marica y muchas más palabras altisonantes con respecto a mi orientación s****l, para después darme una nalgada e intentar acariciar mi m*****o — se detuvo un poco — El señor Jones solamente me defendió y me lo quitó de encima. —Muchas gracias por ayudar a Mario, señor Jones — dije mirándolo a los ojos. —Nadie merece que lo traten de esa manera, todos somos iguales —su voz sonaba más sexy de lo común. —Muchas gracias —dijo Mario. —Puedes irte a casa, si así lo deseas —mire a Mario— ¿Quieres que llame a alguien de tu familia para que venga por ti?. —No es necesario señora Pierce, puedo irme solo a casa —se puso de pie. —No te dejaré ir solo, le pediré a mi chófer que te lleve a casa — inmediatamente tomé mi teléfono y le di órdenes a mi chófer para que esperara afuera del hotel — Mi chófer te espera en la entrada del hotel. —Muchas gracias señora Pierce, siempre ha sido una buena persona con todos nosotros— me dio un abrazo. —No te preocupes, mañana te veo —dije mientras lo vi salir de la oficina. —Muchas gracias señor Jones — estaba un poco nerviosa. —No me agradezcas, solo hago lo correcto. —Con esta ya serían dos veces que me ayudas— sonreí un poco. —Creo que sí. —Espero que algún día me aceptes una invitación a cenar. —Me gustaría, pero por el momento no quiero compromisos. —Entiendo— mis mejillas se pusieron un poco rojas— De todas formas muchas gracias. —Me retiro, tengo cosas pendientes— se puso de pie y salió de mi oficina. No podía creer que lo había invitado a cenar, ¿qué carajos me sucedía? ¿En qué estaba pensando?, no sé por qué dije eso, pero con la respuesta del señor Jones confirme mis sospechas, el jamás se fijaría en mí, quizás no era una mujer de su agrado o quizás era casado, pero comprendí perfectamente que debía alejarme de él cuanto antes, además aún estaba casada, bueno... me estaba divorciando, necesitaba pensar las cosas con la cabeza fría y dejar de hacer tonterías, no podía cometer el mismo error que cometí con mi primer matrimonio, tenía que buscar esta vez al hombre de mis sueños, aquel hombre que necesito en mi vida.
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